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lunes, 14 de junio de 2021

Saloon Cazale Num. 23

 Para esta ocasión nos centramos en la Ciencia Ficción, ese popular o impopular género que fuera de tener efectos especiales y demás parafernalia tecnológica, se abraza a la reflexión sobre las conscuencias futuras de nuestros actos presentes. 

¡Dale Play! 




domingo, 15 de octubre de 2017

Blade Runner 2049

REDONDO.

Blade Runner 2049
Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017)

Con un balance idóneo entre el paralelismo y la equidistancia con su predecesora, Blade Runner 2049 se erige como una inteligente cinta que acentúa las incógnitas vertidas en el distópico universo que creara Philip K. Dick –a finales de los 60– y que fuese presentado en el escenario cinematográfico a principios de los 80; interrogantes que se tiñen de una convicción prodigiosa, misterios envueltos en un velo cuasi sacro que ha de re-interpretarse acorde a las necesidades de un mundo donde la insuficiencia envuelve los entornos: arquitectura vacía de afectos y emociones, de lastima, ternura y hasta dolor. Donde los recuerdos son plenamente el campo sensitivo y el presente es un relato alegórico de lo que fue –y hubo– sin que a nadie en realidad le importe ya reconocer el paso del tiempo y su caminar por las arenas de la lógica. Sitios donde el único alimento es el beneficio propio. 
El milagroso enigma que circunda la trama se ubica desde los primeros minutos como algo que ha de ejercer una presión mayúscula en los involucrados. El acercamiento a ese pretexto que parte los limites de lo conocido, no sólo atraerá el pasado al horizonte de nuestros personajes sino que les partirá en dos sus posibilidades de fe, ira, encanto y devoción. Furor. La presión de la esperanza, entonces, se torna inscrita en un gotero que no tiene segundas oportunidades ni relevos. El polvo alzado del pretérito marcará no sólo el camino de nuestros personajes, sino que alzará sus capacidades rumbo al destino que habrá de cauterizar sus sacrificios con cierta carga de animadversión y decoro. Y es que esta nueva entrega de Villenueve nos enfrentamos a un encadenado de búsqueda y caza, de seguimientos que encaran la nostalgia con el temor de perderlo o hacerse consciente, ya, de haberlo perdido todo. Con el turbante eje del abandono y los ecos del extravío, el realizador matiza y adereza con la propia retórica visual y léxica del filme que no regalara Ridley Scott en 1982. 
Bajo un guión sumamente estructurado; dialogación madura y preconcebida para anudar las tramas separadas por 35 años, un orden de acciones sumamente perspicaz que marcadas a un ritmo pausado, latente y considerado, nos abre las puertas a un universo cautivante, obscurecido por el ocaso y tristemente derrotado. La siempre pasmosa fotografía de Roger Deakins no deja espacio para el suspiro, su andar lumínico sorprende a cada escena y a cada plano; se atañe a las reglas propias del Blade Runner original aunque postrándolo en un pedestal mucho más alto y rico en plástica y forma. Por su parte, el montaje de Joe Walker cede a esa calma que se denota al interior de la cinta, manifiesta más que describe, recalcando una cadencia que atrapa en el orden propio en que se exhibe la diégesis del filme. El diseño de Dennis Gassner no se queda atrás y tanto se nutre como subleva lo ya conocido en pos de lo que habrá de acontecer, su edificación atestigua y admite las impresiones de quienes se exponen y ocultan en su manto. La partitura de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch abraza y sofoca, une las acciones con un telar invisible pero de fuerte talante que nos rastrea y acorrala en las direcciones adecuadas para el aprovechamiento de la elegante personalidad de la película. 
Al final, es cierto, Blade Runner 2049 nos aboca a un espíritu onírico que atrae las vacilaciones que han permitido a la cultura popular acrecentar su encanto dentro de la ciencia fición. El uso de los elementos que abrieron algunas de las puertas se delinean agradecidas hacía su origen pero caminan dentro un campo fértil aumentando los limites del dilema, de la sospecha y la desconfianza propia del sentir y el actuar humano. El trabajo de Villenueve no sorprende, pues es un director que ya ha demostrado en más de una ocasión una mano sumamente firme, pero en efecto demuestra que es capaz de tomar un proyecto cuyo peso histórico y comercial es de alta envergadura y no traicionarse por ninguna de las fuerzas circundantes. Su firma se respira y le autoriza el legado de una trama tan de culto como la presente. Su trabajo, pues, queda plasmado de manera brillante y nos arroja a la cara que después de 7 lustros, aún quedan las vacilaciones sobre si tendremos la posibilidad de clasificar las diferencias de lo que hemos sido y lo que habremos de ser como raza… Y eso si es que sobrevivimos. 

Blade Runner 2049 de Denis Villeneve

Calificación: 4 de 5 (Excelente). 

sábado, 17 de diciembre de 2016

Arrival

REDONDO.

Arrival
La Llegada (Dennis Villeneuve, 2016)

Como claro preámbulo a una de las cintas más esperadas por los cinéfilos en el 2017, “Blade Runner 2049”, Dennis Villeneuve se inscribe de lleno en la ciencia ficción con una cinta que si bien tiene sus ligeros detalles, nos hace esperar con ansias una obra justa y merecedora del legado de su antecesora. Y es que con “Arrival" da muestras de una mano cada vez más controlada en la cadencia, una madurez latente en la tesitura de sus temas así como una exploración más fresca de los mismos. De paso, claro, se da el lujo –y la libertad– de sacarse la espinita y por fin manejar a sus anchas ciertos elementos que había bocetado ya en anteriores cintas. Si bien su obra se ha ido abriendo de a poco a un mercado más global, ésta no ha dejado de otorgarse a desafíos más complejos y profundos en las aristas narrativas, estéticas, histriónicas y dramáticas a cada paso. Su filmografía es, pues, su propia escuela; seminario que intenta captar lo sombrío y taciturno de la naturaleza humana. 
El conflicto plenamente narrativo de “La Llegada” es simple y hasta lógico, su primera parte inclusive puede definirse así. No obstante, el trasfondo que se nos irá develando de paulatina manera abre un envase que doblega la incógnita propia de nuestros personajes en pantalla. Es un miramiento a lo desconocido, a los temores de ello: las posibilidades, la pertinencia, el beneficio y la convivencia. “Arrival" no es una elemental cinta de encuentros extraterrestres, es un filme anacrónico ilustrado a través del lenguaje; lo que conlleva éste no sólo como proceso comunicológico sino como exploración en el campo emotivo y temporal. Villeneuve se nota suelto y escrupuloso dentro de un género que en muchas ocasiones ha sido maltratado; arrinconado en recovecos cercanos a la fábula, lo exacerbado y lo no formal.
Bajo una batuta de estética puntual, y agraciadamente sin hacer alarde de espacios y figuraciones recargadas en su estética, el entramado se desarrolla en espacios comunes, en un circulo de hechos que a la par que se presentan de manera más concreta, se van profundizando en el subtexto. Estamos, pues, ante un filme que se puede dar el corte de “inteligible” aunque tampoco se inscriba por completo en ese campo. “La Llegada” resulta al final en una película bien hecha, seria y formada al detalle. Aunque parezca que no pasan muchas situaciones diferentes a lo largo del camino, en el fondo se revela la materia de aquello que nunca ha sido puesto a prueba.
Como ejercicio guionistico la cinta carece de una redondez total. El entramado diseñado de Eric Heisserer peca en ocasiones de falta de desenvolvimiento. Si bien la voz en off que divide parte de la estructura fílmica hacía la mitad de la cinta se justifica para un metraje más acomodado, podría haber sido tratada con un poco más de calma. Igual pasa con las elipsis temporales a la “Nolan” que se suscitan hacía la parte final de la cinta, donde dicho sea de paso, el estilo cíclico presentado se torna un tanto más intrincado. Parte de ello bien podría haber funcionado mejor si se obviaban las posturas críticas a los actuales enemigos económicos e ideológicos de los Estados Unidos. Pero claro, hay que dejar la marca de la casa. 
En los demás elementos técnico/creativos hay poco que escarbar. Es una constante de Villeneuve el hecho de amalgamar de manera precisa la homogeneidad de los elementos de sus cintas. Tanto la fotografía realizada por Bradford Young, como la música de Johánn Jóhannssonn (basada realmente en muchos de los temas de sus anteriores trabajos) y el montaje de su editor de cabecera, Joe Walker, van de la mano. No sobrepasan el todo del filme, participan en el entramado desde su rincón de manera efectiva y sin protagonizar. Igualmente, como ya es costumbre en los filmes de este realizador, la dirección actoral es de un muy buen corte. Sus talentos se muestran eficaces en el set, con personajes que han construidos sus niveles de atención dentro del entramado final. 
Si bien el paso de Dennis Villeneuve ha sido un tanto zigzagueante –no todos esos retos fílmicos de los que hablamos al inicio han dado un resultado cien por ciento óptimo– continúa siendo uno de los directores a seguir. Su mano va imponiendo un sello particular, uno que se adentra a las líneas no visibles de un filme. Es un cineasta que gusta de detallar sus contenidos de tenaz manera antes que al vestido decorativo (aunque también hay algo de ello). Y con “Arrival”, claro, nos da además una prueba en su manejo de géneros, de que su discurso puede incursionar en distintas fronteras de manera clara y capaz dejándonos a espera de más. No sólo la secuela antes citada, sino más desafíos cinematográficos que seguro estaremos disfrutando. 

La Llegada de Dennis Villeneuve

Calificación: 3.5 de 5 (Buena).