Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

lunes, 2 de diciembre de 2013

Capitán Phillips


REDONDO.

Captain Phillips
Capitán Phillips (Paul Greengrass, 2013)

Para el tercer acto del filme, lejos de la obviedad en la que ha caído el básico entramado ya conocido desde el trailer, los objetivos de la película quedan cruda y evidentemente al desnudo: la sobreexplotación –una vez más– del poderío militar de los Estados Unidos y su hosco proceder que los hace autonombrarse la policía del mundo; un discurso soso, tosco y tan rústico y reconocible que resulta en suma ordinario. Pocas cosas funcionan realmente en la película que no se basen en estrategias y formulas repetidas hasta el cansancio por el cine que asoma como gran apuesta para el cine estadounidense que incluye, claro, a una estrella de alta alcurnia cuya carrera se ha visto un tanto relegada de la popularidad, así como un director de moda cuyo mayor aporte es un agilísimo uso de la cámara que ha posicionado también en boga. Al final, es cierto, la última apuesta de Greengrass es llegar a todo ese público que hace suyos todos esos valores patrioteros con los que nos ha obligado a vivir la industria.

El arco, como ya hemos mencionado, resulta simple y llano. Inclusive la mercadotecnia no le ha hecho fuerte ni auxilio; siempre vamos un paso delante de la cinta… Las propias acciones nos proveen la lógica cuando la situación podría prestarse a una ligera impresión de cambio o sorpresa. La mano del realizador, queda plasmado claramente (no sólo en esta obra sino en su filmografía), se inclina por una plástica sin mayores aspavientos que logran su mayor ejecución cuando de acción desenfrenada se trata. Lamentablemente, el caso aquí es distinto, la apuesta mayor es por el manejo de la emoción, de cierta tensión que lejos de ser lograda por medio de su puesta en cámara (ni mencionemos la puesta en escena), queda relegada a la simplicidad de sus personajes; caracteres sin un objetivo que nos circunde a seguirlos, a sentir la presión a la que son objetos durante el desencadenamiento de los sucesos.

De burda y patente manera, la historia toma partida desde el inicio a través del simple guión de Billy Ray, al dejar de lado todos los posibles complejos fondos sociales de nuestros chauvinistamente tratados antagonistas, al igual que todo el factor humano-familiar de nuestro protagonista con que lo intenta presentar, o más bien presenta, y que repentinamente vuelve hacía el final en un mal logrado intento de hacernos creer lo que la actuación de Tom Hanks nunca puede durante toda la cinta, sentirlo realmente hastiado y oprimido hasta el punto de quiebre con su situación; misma que nos deja de interesar al entrar en escena el siempre buscado, y recetado como oración, factor de la inteligencia y manejo de situaciones de crisis por el poderío del gobierno “americano”… Y es que para ese momento, seamos sinceros, nada nos debe interesar más que ese vacuo espacio que pasa por la mente de la gente que se autoproclama con la flama de la paz y se da –a la vez– la libertad de matar a quien sea que le estorba en sus objetivos a nombre de todos nosotros; su mundo.

La cámara de Barry Ackroyd, lejos de presentar ese constante movimiento tan gustado por el director, resulta inocua al igual que la partitura de Henry Jackman, que pasa mayormente desapercibida. El montaje, en caso (a cargo de Cristopher Rouse), convierte esta básica apuesta Hollywoodense tan común y trivial en una situación con el ritmo necesario para que el entretenimiento sea mayor y sobre todo occidentalmente constante en ciertas secuencias.

Lejos de contarnos una historia de vida basada en el sufrimiento de un personaje que se ha visto azarosamente en circunstancias por total extremas, la última película de Paul Greengrass resulta panfletaria, peligrosamente patriotera. Si bien podemos y queremos detallarla desde cierto punto de vista humorístico y a la vez alarmante, resulta ser una prueba más de que ciertas películas deberían llegar directamente a la tele abierta y ser programadas sin discreción para el entretenimiento de una sociedad que, eso sí muy lastimeramente, ha sido sólidamente conquistada por toda esa radical valorización de la moral Estadounidense.

Capitán Pillips  de Paul Greengrass
Calificación: 2 de 5 (Regular).



No hay comentarios: