Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

martes, 5 de agosto de 2014

Mis 100 Canciones Favoritas.



Es de reconocerse que con los años uno va escuchando y aprendiendo; aprehendiendo de igual manera. Los clásicos musicales se nos obligan a los oídos como una academia justa para con el tiempo, sí, pero después cada uno crea su juicio y muchos de estos obligados o bien se estancan o simple y llanamente se guardan en el cajón de los básicos. Algunas melodías, es cierto, se nos pegan con caramelo y aunque uno no quisiera del todo, aparecen repentinamente en la retina gustativa quedándose ahí atrapadas para crear lo que somos en cierta etapa de nuestras vidas. En una lista de favoritas siempre habrá una que otra cursilería, dos que tres rarezas, diversos "básicos" que se pernearon con la honestidad de los años y muchas más piezas que nos construyen musicalmente. 

De los 32 años que tengo en este momento, la gran mayoría de ellos me la he pasado escuchando música a conciencia; me encanta devorarla en la paz de mi memoria; me fascina su diversidad. A pesar de que hubiera podido realizarla más heroica o más elitista, fui honesto con mis gustos y mis llamamientos durante este largo periodo y elegí las que sinceramente lo son... A conciencia sé que esta lista cambiará con el paso de los ciclos pero debido al ocio de estos días, esa es la puritita verdad, he aquí mi primer corte de caja. 



Mis 100 Canciones Favoritas
(en orden alfabetico)

74 Years Young
Buddy Guy

And You And I
Yes

April Come She Will
Simon & Garfunkel

Baba O' Riley
The Who

Babe I'm Gonna Leave You
Led Zeppelin

Be In My Video
Frank Zappa

Beast Of Burden
Rolling Stones

Bell Bottom Blues
Derek And The Dominoes

Black Sabbath
Black Sabbath

Blue Train
John Coltrane

Boof Of Saturday
King Crimson

Bravado
Rush

Broche De Oro
El Personal

Burden In My Hand
Soundgarden

Canción De Los Plomos
Oveja Negra

Beglückt Darf Nun Dich, O Heimat" (Pilgrims Chorus)
Richard Wagner

Cause We've Ended As Lovers
Jeff Beck

Child In Time
Deep Purple

Children Of The Grave
Black Sabbath

Dark Globe
David Gilmour
(Versión)
Days
The Kinks

Déjà Vu
Crosby, Stills, Nash & Young
Discontinuous Spiral
KBB

Distante Instante
Rockdrigo Gónzalez

Django
Joe Pass

Fade
Lite

Family Snapshot
Peter Gabriel

Fly… Nightbird
Roy Buchanan

Frame By Frame
King Crimson

Free Bird
Lynyrd Skynyrd

Garden
Rush

Girl From The North Country
Bob Dylan

Given To Fly
Pearl Jam

Good Morning Little Schoolgirl
The Derek Trucks Band
(Versión)
Harvest Moon
Neil Young

Hill Farmer Blues
Mark Knopfler

I Could Never Be A Soldier
Gnidrolog

I've Never Been In Love Before
Chet Baker

In My Tree
Pearl Jam

Indifference
Pearl Jam

Innuendo
Queen

It Ain't Me Babe
Bob Dylan

It Makes No Difference
The Band

Jessica
The Allman Brothers Band

Kickin' Back
The Derek Trucks Band

Knots
Gentle Giant

Lady Of The Island
Crosby, Stills And Nash

Larks' Tongues in Aspic, Part Two
King Crimson

Laya
Pochakaite Malko

Leave My Girl Alone
Stevie Ray Vaughan & Double Trouble
(Versión)
Life On Mars
David Bowie

Love Is Green
Jeff Beck

Mary
Robert Fripp

Mercy Street
Peter Gabriel

My God
Jethro Tull

On The Beach
Neil Young

Panama Blues
Danilo Pérez

Regular People (Conceit)
Pantera

Pilar
Chucho Valdés

Revival
The Allman Brothers Band

Rude Mood
Stevie Ray Vaughan & Double Trouble
Sahib Teri Bandi Maki Madni
The Derek Trucks Band
(Versión)
Secret World
Peter Gabriel

Secuencia
Matias Pizarro

Shine On You Crazy Diamond
Pink Floyd

Since I've Been Loving You
Led Zeppelin

Sleep Song
Graham Nash

The Snake
Al Wilson

Something For Nothing
Rush

Sometimes World
Wishbone Ash

Song For Ellen
Joe Pass

Sonny's Back
Art Farmer & Benny Golson Jazztet
Southern Accents
Tom Petty & The Heartbreakers
Space Oddity
David Bowie

Strange Kind Of Woman
Deep Purple

Stuck Inside Of Mobile With The Memphis Blues Again
Bob Dylan

Tarkus
Emerson, Lake & Palmer

Té Para Tres
Soda Stereo

The Endless Enigma, Part I & II (Incluido"Fugue")
Emerson, Lake & Palmer

The Eternal Triangle
Sonny Stitt

The Rain Song
Led Zeppelin

The Zookeeper's Boy
Mew

Think About The Times
Ten Years After

Think Of Me With Kindness
Gentle Giant

Throw Your Arms Around Me
Hunters & Collectors

Time And A Word
Yes

Traje Desastre
Los Tres

Unknown Legend
Neil Young

Utopia
Tony Levin

Voodoo Child
Jimi Hendrix Experience

War Drums
War

Watcher Of The Skies
Genesis

We're Going Wrong
Cream

Were Not Gonna Take It
The Who

When A Blind Man Cries
Deep Purple

Whipping Post
The Allman Brothers Band

Why Have You Betrayed Me
Oscar Peterson

Wish You Were Here
Pink Floyd

Wreck
Gentle Giant

Zakir
Shakti

jueves, 31 de julio de 2014

Músicos En Ruta 01: Ismalo

El primer episodio de Músicos En Ruta fue el reto inicial; hacer que alguien accediese al concepto sin tener un previo o una prueba de lo que buscábamos. En este caso debemos agradecer una vez más a Ismalo Días que sin pensarlo dijo sí y nos abrió la pauta para que los consiguientes invitados ya tuvieran una referencia visual de lo que traíamos en manos y mente. Ismalo es ejecutante de diversos instrumentos en distintas bandas cuyo punto en común es un Rock apegado al Blues, al sonido del Sur de los Estados Unidos y la improvisación. De él aprendí que aún las nuevas generaciones escuchan, estudian y sobre todo creen y sienten el origen del Rock más puro, reacio y formal: El Blues.









jueves, 24 de julio de 2014

Músicos En Ruta: Promo


En octubre del años pasado comencé un proyecto junto a unos colegas: "Músicos EnRuta". El objetivo era entrevistar a 10 músicos de la ciudad donde vivo, Xalapa. Reuní a un pequeño equipo de grabación y comenzó la aventura. Ésta ya ha terminado y ahora, viendo hacía atrás, he decidido compartir dichas entrevistas en este mi blog personal. Cada semana iré colocando los episodios que la gente fue experimentado en los pasados 10 meses. Para comenzar, aquí está el Promocional original que realizamos para darle la bienvenida a este proyecto. Alfredo Marín, quién sería nuestro conductor (las entrevistas se realizaron en su Taxi) se dio el chance –y nos brindó también esa oportunidad– de salir a cuadro.



viernes, 9 de mayo de 2014

Cuarto 32


Cuarto 32.
A. Güiris V.

Cuando Sigifredo Márquez salió del baño después de limpiarse la cara y la ropa del pastel que le habían obsequiado en la oficina por su cumpleaños, miró al horizonte. En su familia siempre le habían dicho que mirar al frente era mirar hacía el futuro. Pensó entonces que poco había de cierto entre sus ambiciones y el ocaso de una jornada, pero al mismo tiempo, dado el caso de su pasado reciente, se debía admitir también que esa imagen empezaba a cobrar algo de sentido, mucho sentido. Suspiró, se ajustó la corbata e intentó viajar un poco más dentro de su mente mientras regresaba a su cubículo.

Cuando tenía veintitantos creyó haber encontrado el amor en una mujer cuyo paso por su vida quedó resumido en el mísero recuerdo de la letra inicial de su nombre; ésta en medio del abecedario. Obviamente en el ajetreo de sus más acaecidas sensaciones de tierno amorío –nunca fue muy pasional con respecto a lo que ciertas damas resumen a bien como: “cerdo” o incompetente– ella era la mujer más hermosa que el universo había creado. Y en cierto rincón de sus especulativas reflexiones, el aroma concluía con el pensamiento: “y la creó para mi.”

Por azares del destino nunca pudieron compartir el camino como hubieran debido o gustado aunque tampoco se siente del todo derrotista. En algún momento, en alguna arista del tiempo detenido, ella se interesó por él y se lo confesó antes de que éste siquiera pudiera dominar sus demonios hacía ella. Bajando las escaleras, mirando trozos de pastel embarrados en los escalones, Sigifredo justificó esa truncada aventura amorosa –que le había coloreado los cachetes– suponiendo que no ha sido el único que se ha sentido como un estúpido al descubrir que un hombre sin mucho talento –digamos físico– puede conquistar simple y llanamente con su honesto aliento a la mujer más hermosa con la que se ha topado. En ocasiones, sí, aún la recuerda. Mentiría al afirmar lo contrario. Cuando por ejemplo algún elemento, vegetal, fruta u objeto comienza con el único recuerdo que le queda de ella, la insolación del momento le hace verla en la superficie de aquello que recoge como un suspiro antes de que una perturbadora voz le haga saber su precio. Quizá sea un asunto de karma universal, sueldo caído o bien pura suerte de dados hechos con piel humana, pero mientras más se acerca a esa esperanzadora fecha en cada hombre aguarda saber que nunca madurara, se he dado cuenta que las cosas que más desea son las que más lejos están de su corazón capital.

Bajo aquellos preceptos, claro, le gustaría confesarle en alguna ocasión futura lo que ha sido en todas esas maquetas pretéritas que ha creado para no matarla de lleno en las memorias que aún desea escribir algún día bajo el seudónimo de Carioco: una manzana, un mármol, una marmota, una madera y hasta una mantequilla. “Es curioso como la importancia de esas personas que en algún momento te robaron el corazón se van tornando en objetos tan triviales con el fin de aferrarse a tus recuerdos”, escribió en una pequeño post-it color naranja antes de esperar al final de la jornada cruzado de brazos.

Al salir del edificio se dirigió a la parada y cogió el camión con la ruta más larga hacía su hogar, no llevaba prisa. Sigifredo nunca llevaba prisa... No iba a ningún lado en especial... A mitad del camino, cuando vio a detalle como el camión mojaba con el agua sucia de un charco a un transeúnte, se dio cuenta que lo más lejos que había marchado en su vida había sido en un viaje a Ixatapa Zihuatanejo que realizó a los 8 años junto a su familia, hoy deshecha. Se percató, con un sinfín de sentimientos cruzados, que su vida estaba o bien libre o bien faltante de los estereotipos de su generación; no conocía Acapulco, Chiapas, Guadalajara, Oaxaca, mucho menos Europa, Asia y Oceanía. Pensó que le encantaría conocer la Isla del Japón milenario; aquella que prohibía la entrada a los comerciantes extranjeros, aquella que mataba a quienes eran sorprendidos exportando cualquier tipo de mercancía pero igualmente se percató que se encontraba muy lejos en el tiempo y la distancia.

Repasó su biblioteca mental de historias a desarrollar al cruzar la frontera que le era asignada popularmente a su colonia; una patrulla de policía y una tanqueta. Pensó en la del hombre que busca la tumba de su hija en un viaje de expiación, en la de los Mexicanos muertos en el extranjero, en la del padre que secuestra a su hijo para demostrarle su amor… La del detective que es contratado por otro detective para hacer el trabajo sucio que él primero no se atreve. Recordó entonces que en ella había un diálogo que le había hecho reír mucho cuando lo diseñó.

El detective principal última detalles con él que lo empleó, que es a quien contactó la familia para un caso inspirado libremente en una novela de Fadanelli. La conversación, de un humor negro más inclinado hacía lo acido, se torna hacía un antiguo amor platónico del primero. El detective oficial, no el principal de la trama, le cuestiona al protagonista si no andaría con la mujer en cuestión pues en el presente de la historia que se desarrolla se encuentra sola (libre), a lo que el principal se niega y defiende entre sombras y humo de cigarrillo detrás de su escritorio: “Me enamoré de la mujer que era ella en sus tiempos, no de ésta que es ahora y busca desesperadamente el pasado. Al igual que ella, tengo el mismo derecho a fantasear; con su cuerpo joven, su rostro joven y su cintura joven. La quiero a ella, a ella de 23, porque nunca me dejo tenerla cuando la deseaba obtener de todas las formas posibles. Ahora no me interesa, se me hace un tanto como todas… Créeme, todos los hombres y mujeres deberíamos tener ese derecho pactado en la ley… Te aseguro que si ella tuviera una máquina del tiempo, en este mismo momento correría hasta su casa para acostarme con ella.” Sigifredo volvió a reír y trató de recordar quien en realidad le había inspirado esa frase. No había sido “M” pues en ese tiempo aún no se dedicaba a crear guiones mentales. No habían sido las tantas otras “emes” que le siguieron en esa etapa en la que al parecer era un requisito llamarse así. Habrán sido “F”, “G”, “P” o “Z”, pensó, quizás. El tiempo cuadraba mejor pero no logró dar con la verdadera personalidad detrás de la amargura pasional del detective. Sus personajes, por obvias razones, nunca tenían nombre.

Se imaginó con un sombrero y una gabardina al bajar del camión. Aún le tocaban caminar 5 calles, 3 de ellas comidas por la oscuridad. Paso a paso cedió su andar al ritmo parsimonioso del cuidado y la precaución. Recordó la frase que alguna vez le sacó a Fernando, uno de sus mejores amigos en la secundaria, cuando le cuestionó si no tenía miedo al sacar a pasear a su perro a las once de la noche: “Doy más miedo yo del que me pueden dar” y deseó por un instante ser él al menos esa vez; en ese instante y no otro u otros más. Pensó como sería una película sobre la vida de Fernando, o la de toda la cuadrilla de amigos que siempre se le hicieron especiales. Pensó si tendría algo de interesante una historia sobre él mismo, se preguntó de que manera podría ser mejor contado: ¿en una canción, una novela, una serie de televisión o simplemente una revista de espectáculos? Un chiflido le despertó de su trance, era El “J”; en la esquina de su cuadra éste personaje de la vida real le exigía “la renta” semanal puntualmente. Era viernes. Sigifredo se acercó hasta él dándole 50 pesos en sus callosas manos sin decir nada. El “J” entonces le sonrió y le deseó las buenas noches con un gesto. Se perdieron de vista bajo la luz de las farolas de su unidad habitacional.

Si bien era cierto que no iba a ninguna lugar, había llegado hasta ese rincón al que pertenecía. Subió las escaleras hasta el quinto piso bostezando y todas su elucubraciones se perdieron, se tornaron grises y sin que se diera cuenta todo el mundo a sus espaldas se tornó blanco y negro: cual personaje de Jordi Soler, sólo podría encontrar la libertad después de que alguien lamiese el iceberg que le tenía prisionero. Arribó al departamento 32, enumerado éste con un masking tape que resistía a su funcionalidad debido a la imaginación de los vecinos y abrió la puerta; se quitó los zapatos. Cenó un sándwich de jamón de pavo después de unos corn flakes calientes sumamente azucarados y entró a su cuarto cerrando la puerta. Se quitó los calcetines, la ropa y se enfundó en su pijama. Pensó en todas las letras que había dejado pasar en su vida, sobre todo “V”, quién deseaba fuera inscrita en su epitafio de alguna manera simbólica, quizá como un compás que redireccionó su vida para bien. Igual pensó en sus personajes, en sus historias y en su vida... En como sería el terreno que dejaría detrás suyo al  partir a la inexistencia y ver de cerca el ocaso de las jornadas; la última de ellas. Se sonrió y quedó dormido imaginándose que se confrontaba a si mismo por la vestimenta a colocarse en la mañana, como “V”, pero no sin antes mencionarse que quizá todo sería más sencillo si todos fuéramos tan especiales como conocer el alfabeto. El alfabeto. Deletreó la palabra y cerró los ojos. Jamás volvió a despertar. Ese era el pensamiento al que estaba predestinado a llegar… Y como solía decirle a “V” con una sonrisa secretamente entre los labios mientras ella se alegraba o se enojaba: “cuando uno llega, cuando uno verdaderamente llega, es para quedarse… Quedarse para siempre”.