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viernes, 4 de octubre de 2013

Miradas Múltiples: La Máquina Loca


REDONDO.

Miradas Múltiples: La Máquina Loca
Miradas Múltiples: La Máquina Loca (Emilio Maillé, 2012)

Gabriel Figueroa no es sólo el mejor y más importante cinefotógrafo en la historia del cine nacional, sino que es uno de los más notables e influyentes directores de fotografía en la historia del también llamado séptimo arte. Su legado trasciende las fronteras y ha sido, desde sus años en activo hasta el presente: académica, cinematográfica y lúdicamente la escuela de muchos adeptos al cine y la técnica de la luz; una de sus razones de ser y existir.

Su obra no sólo enmarca un estilo sumamente personal y fuertemente distinguible que ha causado a lo largo de los años la imitación como tributo, sino que se alza como relatora; cronista y creadora. Sus encuadres, en conjunto a las acotaciones y sugerencias de Eisenstein sobre el territorio mexicano, trazaron un territorio ficticio en el que todos creían vivir o haber vivido. La fantasía de su cámara se convirtió no sólo en la realidad de las masas, sino en los sueños de generaciones que le relevarían y un simbolismo nacional. Según se relata, fue el primer director de fotografía del mundo cuyo nombre aparecía en los carteles de las películas al ser un indicativo de lo que la gente quería observar y sentir; un estilo apegado a un deseo nacional.

Ahora, a 16 años de su fallecimiento, el realizador televisivo Emilio Maillé le rinde un homenaje más –de todos los que ha tenido (y merecido)– al entrevistar a diversos fotógrafos de alcurnia en el cine del mundo bajo dos vertientes muy claras: su personal oficio dentro de la construcción cinematográfica y el portento y herencia del propio Figueroa. Desde Haskell Wexler hasta Vittorio Storaro, pasando por Janusz Kaminsky, Javier Aguirresarobe, Phillipe Rousselot, Shoji Ueda, Luciano Tovoli y una serie de nombres que han trabajado con directores de la talla de Kurosawa, Kubrick, Bertolucci, Godard, Coppola, etcétera, se dan cita de una manera sumamente simple y franca para hablar sobre estos temas de manera sencilla y esclarecedora.

Junto a algunas de las tomas más poderosas del fotógrafo (la mayoría de ellas sumamente bien remasterizadas) y bajo las entonaciones de la característica música de Michael Nyman, el resultado es un documento que desnuda por un lado el siempre debate combatiente de la labor de un director de fotografía dentro de la escritura de una obra cinematográfica (¿hasta dónde debe llegar su poder?), al tiempo que asombra; no nostálgicamente sino prodigiosamente, a través de los fotogramas (imágenes vivientes) que Figueroa realizara durante su carrera.

Miradas Múltiples: La Máquina Loca es una obra realizada con simpleza y pulcritud, con cariño y honor ante un realizador que bien puede ser la excepción de la regla ante aquellos que mitigan el acercamiento en la importancia de la belleza fotográfica al de la obra fílmica como un todo. “No sólo puede ser bello el campo visual sino todo el conjunto”. Figueroa bien puede ser ese nexo que existe entre estos campos siempre secuaces que a oscura suelen atacarse… Queda claro, pues, que el “arte” de realizar la fotografía en una cinta ha ido cambiando brutalmente con la tecnología; lo ornamental y la técnica ha sido cedido a la prontitud y la práctica. El mundo hoy se mueve y maneja de una forma distinta. No obstante, observar estos pequeños fragmentos ensombrecen la novedad al presenciarse en ellos algo que no es más que la Total Belleza.

Gabriel Figueroa, es pues, uno de los más grandes maestros de la luz. Trabajó con gente de la talla de John Ford, Luis Buñuel, John Huston, Roberto Gavaldón, El Indio Fernández, Fernando de Fuentes y demás. Fue pedido por la industria Hollywoodense en varias ocasiones pero decidió quedarse en México para poder retratarlo de una forma tan especial, que aún al ver su obra en una de esas nostálgicas cintas, se nos aparece en la pantalla como lo que es cinematográficamente y más allá: nuestro hogar... Siempre es y será un buen momento para recordarlo.

Miradas Múltiples: La Máquina Loca de Emilio Maillé
Calificación: 3.5 de 5 (Buena).

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