Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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martes, 16 de enero de 2018

La Forma del Agua

REDONDO.

The Shape Of Water
La Forma del Agua (Guillermo del Toro, 2017)

La relación de Guillermo del Toro con los monstruos se explica de manera por demás sencilla, el propio discurso que diera al recibir el Globo de Oro a mejor director lo resume de primera mano; amor y salvación. Un amor que bien ha presentado y construido a través de eslabones y elementos durante toda su filmografía y que se reedifican y redireccionan en esta su más reciente entrega a favor de una excelsa plástica pero una previsible narrativa. El afecto e idilio que emerge como uno de los ejes narrativos principales tras la silueta de un poema en la diégesis del filme, termina por ser una romántica misiva del propio director a sus creaciones. 

Bajo un código plenamente melodrámatico, las disertaciones sobre la discriminación, el aislamiento y la incomprensión que han mantenido el curso de la obra del realizador mexicano se mantienen y acrecientan en una etapa marcada por un moralino espectro de imputaciones en Hollywood, así como el racismo latente del gobierno estadunidense. El conjunto de sus personajes se autojustifica en un collage de minorías: desde nuestra discapacitada y sensible protagonista hasta la postergada criatura que le acompañará en la aventura, pasando claro por el sospechoso y relegado extranjero, el adulto e introvertido artesano homosexual y, so pretexto del espacio temporal, varios guiños a los afroamericanos y su falta de derechos. 

El nuevo cuento de hadas de Guillermo del Toro contiene las nociones que le han influenciado así como los fundamentos técnicos y artísticos con los que ha construido un sello sumamente distinguible en la actualidad. No obstante, ciertos manejos ornamentales de su manufactura comienzan por ser reiterativos y pronosticables. Su manejo en el campo emotivo recae en mismas dimensiones y en vez de profundizar en ciertas aristas de la propia historia, pasa de largo y se encubre en el aspecto visual dejándonos algunas de las más bellas imágenes que nos haya regalado hasta ahora; lleva de paseo a su monstruo y lo coloca en la comunidad de tal forma que casi es posible permanecer allí para poder ser querido. Cosa que, de alguna u otra forma logra. 

La soledad, pues, juega el papel predominante ante el comunicativo silencio con que se manifiestan las compasivas y vengativas fuerzas de aquellos a quienes se le ha negado cuasi por completo la tolerancia, la simpatía y la agudeza del deseo y la pasión. La puesta en escena resulta gentil y como es costumbre en del Toro, los pormenores están manejados con lujo del detalle para un eficiente funcionamiento en la lógica de su universo. La fotografía de Dan Luastsen reafirma el colorido especifico de las atmósferas a las que nos veremos sumergidos, al igual la partitura de Alexandre Desplat, cuyos acentos generan una bella entonación cuasi imperceptible pero sumamente afectuosa y esencial para la ilación de la trama. El montaje de Sidney Wolinsky pauta un ritmo entendible y permite que la película avance de manera conexa a pesar de los visibles huecos que tiene el guión escrito por Vanessa Taylor y el propio director. De sobra está decir el excelso trabajo que llevan acabo Paul D. Austerberry y Nigel Churcher con el diseño de producción y la dirección del arte correspondientemente. El mundo físico que crean le ofrece una dosis mayor de belleza a algunos de los mejores momentos del filme. 

La Forma del Agua termina, entonces, por ser una carta abierta a ese bestiario tan integrado en la visión de Guillermo del Toro. A ellos, sus creaciones, les presenta un espacio donde pueden convivir junto a las emociones humanas, hacerlas suyas y luchar por ellas; tener el derecho a vencer y ser vencidos. No todo les será fácil, claro, habrá que sortear dificultades reacias y triviales en espera de que al final los buenos prevalezcan. Y queda más que claro, ya, para todos, que en esa gama polarizada del bien y el mal, la esquina que les corresponde estará casi siempre lejos de las sombras, pues esa la naturaleza que les ha conferido. 

La Forma del Agua de Guillermo del Toro

Calificación: 3 de 5 (Buena a secas). 

martes, 30 de julio de 2013

Pacific Rim


REDONDO.

Pacific Rim
Titanes Del Pacífico (Guillermo Del Toro, 2013)

Sin pretensiones, homenajeando de manera clara y sumamente eficiente la tradición de los “mechas” y monstruos japoneses, Guillermo Del Toro nos integra con precisión en un mundo que intenta (y logra en breves ocasiones) contener una esencia del mundo y sus visiones para con el desastre; prevención y respuesta. Su mano aquí deja de trastocar las sutiles criticas sociales de sus anteriores filmes (aunque hay un poco de ello) para concentrarse en un espectáculo visualmente espectacular lleno de añoranza, nostalgia y remembranza para los amantes de aquella época en que los Robots dominaban el circuito Televisivo –los 70, los 80– pero a su vez comprensible y emotivo para los ajenos a este.

Bajo una premisa sumamente sencilla y avocada a los ya clásicos prefacios de Del Toro, la cinta se va abriendo paso ágilmente al colocar a sus personajes bajo claros estereotipos y esquinas de combate. Estamos, pues, no sólo ante una cinta que explota la pelea entre hombres (enfundados en gigantes armaduras metálicas) y monstruos, sino entre la propia competencia de “héroes” que deberán vencer sus alegatos personales por el bien no propio, sino de la humanidad misma. La transitoria y sentimental globalización se abre camino ante la firme línea de ritmo que traza el propio realizador a través de capítulos que tal vez no complementan del todo la trama inicial, pero sí le dan un guiño de peso al homenaje: los personajes cómicos que también luchan entre si y esa portentosa secuencia de la niña en medio de una ciudad destrozada.

Haciendo alusiones que van desde cintas como “The Iron Giant” (Bird, 1999) y la saga de “Mazinger Z (Nagai, 1972), Titanes del Pacífico se alza no sólo por su portentoso universo visual, sino por el cobijo del más que creativo y respetuoso –históricamente– imaginario de su director; un bestiario no por completo original pero sí sumamente personal. La más reciente película de Del Toro, entonces, no termina por ser un capricho ni una de sus obras más complejas; es una cinta encarnada en sus entrañas bajo una visión que refresca, evoca, recapitula y presenta sin mayores ataduras que el vil entretenimiento, el buen entretenimiento.  

Escrita por Travis Beacham y el propio realizador, las directrices son aterrizadas con simpleza y empuje en los primeros minutos para darle vida a una trama que mantiene un ritmo estable y equilibrio entre las pulcras escenas de acción (que benéficamente no rigen la película en su entereza) y el resto de la trama: los pretéritos como lozas y pretextos, los egos, la atmosfera, el contrabando… Montada con vigor por Peter Amundson y John Gilroy bajo la respuesta de los movimientos de máquina y hombres, fotografiada con suma atención por el connacional Guillermo Navarro, musicalizada fervorosamente por Ramin Djawadi y vestida bajo el excelente trabajo de los diseñadores Carol Spier, Andrew Neskoromny y un extenso equipo de maquillaje, vestuario y efectos especiales, la cinta no deja de lado la humanidad de su elenco que se nota comprometido, bien dirigido y efectivo. Todos sus miembros se establecen en su papel y hacen explotar su rol cuando entran a escena; quizá un poco sobrecargados los encomendados a la parte cómica.

Guillermo Del Toro, pues, da muestras de peso para poder sobrellevar una producción multimillonaria. No nos ofrece su mejor cinta ni mucho menos, nunca la presentó ni  vendió así. Se aleja de las ligeras criticas y complejidades de sus anteriores cintas y se divierte y divierte con su más reciente cinta. Es un paso más, pues, para una carrera que demuestra tener más por ofrecer... Sus “Titanes del Pacífico” son sólo un escalafón para lo que esperamos, sea algún día, una de las obras maestras del cine fantástico; algo que en este país casi es un castigo. En hora buena.

Titanes del Pacífico de Guillermo Del Toro
Calificación: 3 de 5 (Buena).