Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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viernes, 9 de diciembre de 2011

Inconcluso: Invierno (Fragmento)

INVIERNO (Fragmento)

A. Güiris V.

El invierno habrá comenzado a inicios de febrero, hace ya 6 o 7 años… Al inició del camino intenté contar los días, esculpir los soplos de la gente que veía pasar e irse sin rumbo fijo –integrándose a la penumbra y la llovizna– pero el hambre fue más fuerte que el recuerdo y el olvido; las sombras se habrán abatido sobre nuestros rostros un par de meses después de que la gélida tormenta de mayo acabase con los menos fuertes. Los cuerpos de los ancianos y los jóvenes dejaron de ser sepultados al cabo de semanas sirviendo mejor como combustible para las improvisadas fogatas que adornaban el paisaje.

La casi perpetua caída del rojizo polvillo no tardó en hacer acto de presencia. Era turbia, espesa, pegadiza y al cabo de unos días cubría las principales vías como si tuviera conciencia y ubicación. Los días comenzaban a dividirse, ya no por noches, sino mediante la fatiga y retentiva. Algunos, los pocos, comenzaron a dormitar un par de horas antes de emprender de nueva cuenta la vigilia de algún sitio, trotando en círculos por un nuevo mundo. Los otros, no pudieron jamás volver a abrir los ojos. Con el paso de los días fue cada vez más usual encontrarse por los arados –huyendo del eje principal, cansinamente carmesí– entre zapatos de niños y sacos porosamente gastados, botones carbonizados y agujetas hechas jirones por el frío. La comida era un recurrente sueño entre los débiles y un repetido fracaso entre los ambiciosos.

Tiempo atrás, incontable tiempo atrás, la arena había cambiado de sabor; mis manos endurecidas por el clima habían ennegrecido bastante al igual que mi rostro. Los dos últimos acompañantes de ruedo se habían dejado vencer por las inclementes horas sin esperanza. El mar se encontraba cerca, la marchita brisa del océano se acoplaba a ese fétido olor que provenía del norte; penetraba en los sentidos. En ciertas esquinas, o lo que comenzamos a conocer como Las Esquinas, se rumoraba que en aquellas tierras altas la situación era inhabitable. Nadie podría haber decidido quedarse allí, nadie podría haber sobrevivido. Todos los caminos se acoplaban al sur, no existía otra ruta para aletargar el incipiente destino de todos los hombres. Las leyendas comenzaron entonces a tomar forma, y con ellas las rutas de escape, los aguardos, la fe; ciega como en los tiempos de la luz…

Fue pocos días después de que la noche y oscuridad conquistarán la inmensidad cardinal que la música comenzó a sonar repetidamente como si de una voz angelical se tratase. La melodía fue repetida una y otra vez sin el cansancio. Los pocos cuerpos que acicalábamos el camino detuvimos el paso y recordamos el aire, las notas y el tibio sabor de un abrazo; las palabras que emanaban de tan alegórica belleza melódica atenuaba dichas imágenes. En el horizonte las luces comenzaron sus esporádicas apariciones y nuestras sombras terminaron por formarse en el yugo al tiempo que aquellos cuerpos, a contra luz, se nos iban acercando. No había cabida para ninguna emoción certera. Tan sólo esperamos…

viernes, 9 de septiembre de 2011

El Planeta De Los Simios (R)Evolución

REDONDO.

Rise Of The Planet Of The Apes

El Planeta De Los Simios (R)Evolución (Rupert Wyatt, 2011)

En cierto momento, que ni parece ser tan crucial por lo que va del metraje de la cinta, nuestro ya emotivo protagonista mono, Caesar, le pide permiso a su amo/padre Will Rodman (James Franco en una actuación poco más que decorosa) para liberarse de sus ataduras como figura de autoridad y vagar libre en un paradisiaco bosque de secoyas (donde también se llevara a cabo parte de la legendaria Vertigo de Hitchcock) y experimentar por vez primera la libertad en todo su esplendor. Otorgado éste, es en esta misma atmósfera y ambiente que lo veremos crecer y contemplar, al final de una muy bien desarrollada escena de montaje temporal, que contempla no sólo la ciudad de San Francisco desde lo alto de las copas de los árboles, sino el mundo entero. Un mundo, que como todos ya sabemos desde el inicio, pronto cambiará de régimen, de estilo, de vida y de mando.

Y es que sin dudarlo, nos encontramos ante la mejor película que nos ha ofrecido y ofrecerá el verano Hollywoodense en el presente año. Esto gracias que su director, el casi novel Rupert Wyatt, logra eficazmente hacer valer el poder de los magnánimos efectos especiales del cine de industria dentro de la narrativa y no al revés como ha sido la tradición últimamente. Sobre todo ahora que los súper héroes son el colchón económico de los grandes estudios.

Situada en los años previos de la ficción original de 1968, The Planet Of The Apes (Schaffner), esta precuela no se queda a medias como ha sido también la moda en las últimas presentaciones pretéritas de cintas de éxitos ya transitados, sino que hace referencia inteligiblemente a la historia que le sucederá para hacer coincidir todo lo que debe de; nótese –como un ejemplo obvio– la escena cuando el aún pequeño Caesar juega con un modelo a escala de la Estatua de la Libertad. No obstante, alejado del campo referencial, podemos hacer notar también la eficiente plantación de ciertos actos simbólicos (como al que dimos cabida al inicio de este texto) para ir integrándonos como espectadores a una nueva mentalidad cuya causalidad encuentra su fuerza en la unión y la mano del hombre; misma que irónicamente la detonará mediante la incomprensión del territorio que ambos habitan. El Planeta de los Simios (R)Evolución, plantea, pues, en un discurso de primera mano comprensible, ágil, atractivo, sumamente entretenido y hasta emotivo en ciertas partes, las fatídicas consecuencias de una decadencia social a través de los elementos más en boga: el mal cuidado del ambiente, la apatía por la aprehensión social y el temor ante el progreso médico.

Con una vigorosa técnica por parte del fotógrafo Andrew Lesnie, un detallado arte de Dan Hermansen, Grant Van Der Slagt y Helen Jarvis, un montaje creciente en emoción (con una cuasi estructura de cinta de acción; sobre todo en la segunda parte del filme) realizado por Mark Goldblatt y Conrad Buff, acompañado por un casi imperceptible score de Patrick Doyle y un guión decoroso de Rick Jaffa y Amanda Silver, la historia se va dando paso dinámicamente con excepto de aquella subtrama del padre con Alzheimer que nunca llega a calzar y creerse del todo.

Esta nueva entrega de la interminable serie de los simios conquistadores habla por si misma desde uno de los puntos de vista más finos del entretenimiento. No deja de ser una trama más de la fatídica industria que nos sigue demostrando su falta de actualidad, pero bien podemos tomarla en cuenta como la siempre excepción de la regla. Si bien quiere uno acercarse a ella, que no nos quede duda que será la más segura y bien armada narrativa que nos ofrezca el cine veraniego hollywoodense en este 2011.

El Planeta De Los Simios (R)Evolución de Rupert Wyatt

Calificación: 3.5 de 5 (Buena).

viernes, 12 de agosto de 2011

Pop

Pop

A. Güiris V.

Podrán decirse, e interpretarse, muchas de las cosas que pasan por la cabeza de un hombre cuando se encuentra frente a un grupo de mujeres bellas –atractivas en todo caso– y sus aspiraciones para el termino de la jornada. Y no es que uno sea de esos banales pseudo-machos-alfa que creen que porque se ha cruzado la mirada con la dama de enfrente (esto por pura física elemental del tiempo y el espacio) ésta ya debe formar parte de las conquistas logradas en el terreno de los orgullos y las famas de los 15 minutos. No, en realidad, todo ese asunto me resulta un tanto agobiante, paranoico y vulgar. Digamos que soy más bien del tipo realista; tampoco me enfoco, pues, como en años anteriores: en los latifundios de la pereza y el derrotismo. Ya no soy de los que piensan, “¿qué hago yo en un lugar rodeado de mujeres bellas?”, no. Honestamente, me conformo ahora con ser el tipo al que le derraman las cervezas en el pantalón y se disculpa por haberse interpuesto en el camino del liquido hacía el suelo.

Aquella noche, entonces, cuando las últimas gotas de cebada eran filtradas por mi calcetín hacía mi siempre inoportuno píe derecho (tengo esa maldita mañana de cruzar las piernas para hacerme ver más interesante) desperté: No era yo quien veía hacía ese trío de mujeres de alta alcurnia frente a mi, no. Era yo –yo mismo– quien estaba sentado en su mesa, ¡y conversando de vez en cuando!... …¿Qué como llegue yo hasta ahí?, bueno, no es que sea una larga historia, ¡no!, pero es tan bofa, lógica y carente de argumento dramático y especulativo, que podría categorizarse como tal. La música, pues, comenzó a sonar; “música para bailar”, como había deseado una de las doncellas en el bar anterior (habíamos estado en un par más con antelación), haciéndolas ponerse de píe e inundándolas con un frenesí de ritmos latinos en boga (que honestamente espero no sea la verdadera herencia futura de estas hermosas tierras caribeñas).

El lugar, pues, estaba casi por completo vacío y la mirada de los meseros era furtiva, mi compañero: semi-masculino (pues no puedo negarme al hecho de que de “vez en vez” sus ojos se atrapan en el alma de ciertos cuerpos masculinos), hizo a bien interpretarlas con una actitud severamente auto-critica y humorística. “Yo creo que estos han de estar diciendo:”, me dijo, “:¿cómo le hicieron estos tipos (de la manera más elegantemente despectiva) para llegar con unas mujeres como estas?” Me reí un poco y le contesté con cierto dialogo que podría llegar a ser un tanto retórico. Me puse de píe (sí), pues esperábamos a un sexto invitado que no tardaría en llegar y me dejé acercar un poco al ridículo de los pasos y las coreografías. Me dije, “¿por qué no? ¿Por qué no?” Vaya, esto no pasa todos los días en un individuo que en realidad se acerca más a las cantinas para procrear historias de las debacle humana, que para procrear en si. No lo sé, supongo que de esta manera es que me ha afectado –a mi– toda esta algarabía del fin del mundo. Digamos que quiero llegar lo más “nuevo” posible al lugar donde los sueños de todos han de reposar y posponerse. Tampoco soy muy religioso, lo acepto, pero la experiencia nocturna había pasado de ser extraña en si, a algo casi sacro: O bien era mi fantasiosa mente la que no dejaba de imaginarse, no obstante la puesta en escena, a “ella” (de la que siempre escribo con la mente puesta sobre las espinas para colocar los sueños en los pétalos de alguna flor), o bien era que ya comenzaba a escuchar las rimas boricuas como la nueva letanía y ya me quería convertir en cura. En fin, la noche no duro tampoco lo suficiente como para hacer de ella una aventura. Tenía asuntos pendientes a la mañana siguiente y aún no soy de aquellos que dejan pasar los latigazos por un poco de apócrifos intereses selectivos e imaginarios. Me retiré cuando el ritmo comenzaba a alentarse con los rones, mis amados rones. El vaho de la noche externa me golpeó con la realidad. Pensé en ella nuevamente, mentiría si no dijera que lo hago constantemente. Tomé un taxi y me dirigí hacía casa. Basta decir que ese día no soñé, es lógico hacerse esa suposición después de encontrarse en medio de tal experiencia onírica. En fin…

Podrán decirse e interpretarse muchas de las cosas que le pasan a un hombre en la cabeza cuando se encuentra rodeado de mujeres bellas, pero casi puedo asegurar que nadie se pone a pensar, e imaginar, que lo que realmente importa es una buena bocanada de aire que nos mantenga frescos para el día siguiente, para que todos podamos volver a soñar... Y con la vida por delante.

viernes, 18 de febrero de 2011

Hipótesis (Pt. 3): El Nada Misterioso Mundo de los Títulos en Hispanoamérica.

Vía Libre.

Continuamos...


Hipótesis (Pt. 3): El Nada Misterioso Mundo de los Títulos en Hispanoamérica.

Los 10 Títulos que habrían de arruinarnos el final de la Película.

Es de muchos conocido como la traducción de los títulos de ciertas películas internacionales, sobre todo las inglesas, sobre todo las de Hollywood –que son las que más nos llegan (lastimeramente) a estas tierras de habla hispana– siempre dejan mucho que desear frente al cinéfilo experimentado; no así sobre los gustos del aficionado a los miércoles de descuento y las palomitas que el considera culturales. Pero seamos un tanto más claros, honestos en todo caso. Ya es casi una tradición el andar especulando sobre como se llamará tal o cual película que se avecina. En muchos caso, hay que decirlo con todas sus palabras, dichas traducciones vienen a delatarnos el final de la cinta, o bien alguna parte revelantísima de la trama. Por otro lado, en ocasiones estos títulos hispanos no hacen más que denotar la poca fe que tienen los directivos de las secciones latinas de las más afamadas distribuidoras para con su audiencia, pues cuando el nombre original es el indicativo de un concepto muy en concreto en forma de metáfora para con el conflicto, aquí nos lo deben traducir, sumando o bien un par de “sinónimos” (según ellos) o bien, de nueva cuenta, revelándonos algún hecho sumamente importante dentro de la historia.

Es pues, por está simple y llana razón, que en nuestro mundo hipotético de sinceridad, queremos ofrecer a la gente que es gustosa de esas titulaciones ridículas, un ejemplo muy real y conciso de cómo esa misma técnica pudo habernos echado a perder algunas otras cuantas películas (buenas o malas, el caso aquí no refiere a la calidad). Por otro caso, poco más importante, ofrecemos al otro bando, o bien queremos ofrecer, un poco de alegría y sarcasmo.

Entendido esto, he aquí el Titulo Alternativo de algunas cuantas películas con las que bien pudieron haberse dado a conocer. Creo, amablemente, que el resultado hubiera sido distinto históricamente.

“Citizen Kane” (Orson Welles, 1941): “El Trineo”

“Casablanca” (Michael Curtiz, 1942): “Me Iré Sin Ti”

“Psycho” (Alfred Hitchcock, 1960): “La Madre Imaginaria”

“The Sting” (George Roy Hill, 1973): “Al Último Minuto”

“Blade Runner” (Ridley Scott, 1982): “Yo Replicante”

“The Shawshank Redemption” (Frank Darabont, 1994): “Al Fin Libres En Zihuatanejo”

“The Usual Suspects” (Bryan Singer, 1995): “Las Mentiras De Un Asesino”

“The Truman Show” (Peter Weir, 1999): “Cruzaré El Mar Por Ti”

“The Fight Club” (David Fincher, 1999): “Golpes De Esquizofrenia”

“Memento” (Cristopher Nolan, 2000): “Asesinato Olvidado”

Y es así, de esta manera; que sumado a las posibles coincidencias que se pudieran haber suscitado con la realidad impuesta en nuestros tantos años de ir al cine y ver como ciertos títulos arruinan parte del “arte” (que también lo podría ser) de nombrar a una pieza en la que se ha trabajado con el fin de presentarse de dicha manera, que concluimos esta nueva entrega de un cine alterno y divertido en cuyo peso resalta más la ironía que el tacto.

En todo caso, si aquí nos hemos visto en cierta parte “obvios”, no dudemos que en un par de años, meses, o incluso semanas, las oficinas hispanas de los estudios de renombre nos quiten del camino y nos muestren la verdadera desazón del cine y el nada misteriosos mundo de los Títulos en Hispanoamérica.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El Día que la Tierra se Detuvo

REDONDO.

El Día que la Tierra se Detuvo.
The Day The Earth Stood Still. (Scott Derrickson, 2008)

Al parecer, muy a mí parecer, en estas temporadas de estima polar (por aquello de lo polarizado de cada quien en su cada cual) todo se puede. Se puede dar un abrazo sin pensar en el amor, se puede descansar con desvelos continuos (y progresivos), se pueden crear esperanzas sin estados de calma y sobre todo, se puede hacer una recitación al pasado, creando, de por medio, una mediana pieza de ciencia ficción basada en una de las obras más conocidas del género. Todo es posible, es navidad.
He elegido reseñar esta cinta por la exquisita razón de que todo en su entorno daba por sentado un resultado de mediana envergadura, además porque era - y soy - un asiduo a la historia original. He optado por centrarme en la película de ciencia ficción de las navidades porque fue la apuesta de la temporada, la heredera de los Harry Potters y Señores de los Anillos de fines de año anteriores. Y es que si en todo caso resultara cierto ese mito en la industria de que un director no es sino más que su última película, pues el público no se ha de quedar atrás, de alguna manera obtiene lo que exige en otras tantas actividades. En esta temporada tenemos pues, desde vampiros enamoradizos (que en otras ocasiones fueron ángeles) hasta ultimátum(s) a la tierra (que en otras ocasiones fueron pura fantasía rodeada de amistad). En efecto, el mundo se está agotando.
Ésta es, pues, la cinta de este fin de año, de un año que todos habremos de poner en la balanza dentro de poco, si la supuesta bella costumbre logra ganarle a aquella otra de beber. Lejos han quedado esos fríos decembrinos, he dicho, donde uno salía con trucos de magia bajo el brazo o un mundo fantástico que cada vez nos encariñaba más con la desconfianza hecha carácter. Ahora todo recae en la supuesta conciencia del entorno ecológico tan cantado ya desde hace años. América siempre queriendo salvar al mundo a su modo, a base de golpes.
Y es que el discurso de El Día que la Tierra se Detuvo es por más obvio y no deja en duda el juicio del estudio productor y el director, un realizador que ha pasado por breves etapas en la manufactura de un cine apegado a la catástrofe, el oscurantismo y la fantasía. Si bien la cinta original recae en esa ciencia ficción que ha envejecido mal por la azarosa creciente de efectos especiales a favor de un impacto visual, dejando de lado las exigencias dramáticas y narrativas que se exige como parte básica del cine, no deja duda de su fuerza y de su calidad, superiores a este remake que termina por quedarse inconcluso.
La película que dirigiera Robert Wise a principios de los 50 recaía en el discurso de toda una generación, en las emociones de esta, en los miedos extrapolados en una serie de cuentos de índole extraterrestre, analogías hoy claras de una verdad incipientemente escondida bajo una dura política por parte de un gobierno que desaparecería las opciones de un camino diferente, de un futuro que podría venir después y reclamar el sitio. Es por eso que ese final gris, esas pocas palabras de carente aliento de Klaatu ante las mentes más brillantes del mundo dejan certeza del hecho vivido, esa nave que se aleja sin respuesta, ese futuro que se va.
El principal error de este remake concierne a este enfoque, y es que todo lo enseña, nada se calla y en verdad no dice mucho (la homónima de décadas atrás decía bastante más) y termina con la magia del cine, esa de poder decir más de lo que se muestra, esa construcción subtextual con que en aquellos años la ciencia ficción denunciaba ciertos hechos que se suscitaban ante los ojos de la sociedad, que atroz, veía tanto la realidad como las películas. Y es que el tema no da de si, todos sabemos del problema por diversos medios de información. No hace falta el golpe.
Tratar de revalorizar una trama que en sus años fue considerada de pacifista y con elogios por parte de ese devenir generacional, no debe nunca ser parte de un debate. Si se tratan de configurar ciertas escenas claves de la cinta original en esta nueva versión, uno puede percatarse de un guión débil y una dirección en pos de llegar a las grandes escenas de efectos especiales, tratando de disfrazar todo con cierto oficio en un suspenso no logrado. A veces pareciese que Scott Derrickson creyese que toda la gente se conoce el filme original y deja ciertos caminos sueltos que se pueden cerrar recordando elementos de la cinta de Wise. Los elementos fuertes en la original como el profesor (líder real del mundo, usando plena acción de su razón y alejado de la estrategia política siempre cercana a la violencia) y la legendaria secuencia donde la prueba mayor de poder de una inteligencia superior es el solo hecho de hacernos ver lo que somos en un mundo que se detiene ante nuestros ojos, son mal leídas y erradamente presentadas. Una se queda bien como una anécdota que se pudo eliminar sin mayor dificultad, y la otra no logra jamás entenderse en el sentido en que se debía. Lo peor es que así se llama la película, en fin.
Estamos ante una cinta débil, no podemos negarlo, es una cinta débil incluso para aquellos que no conocen la película original, una trama que se marea a si mismo tratando de volver moderno un filme de culto, de rendirle tributo y al mismo tiempo de crearse un look de cinta de miles de millones de dólares, de dejar huella en escenas de alta tecnología y de crear cierta conciencia en el auditorio. Aunadas estas razones, se suman obvias razones del porque este trabajo queda inconcluso en la mayoría de sus facetas. Este filme remake de aquel legendario de 1951 no es del todo digno y bien podría dejarse pasar si es que se tiene una opción medianamente semejante. Y es que ni las escenas de efectos especiales son tan espectaculares, las actuaciones son sosas y la trama se ofusca entre varias subtramas que no despegan, que no se logran explicar del todo. Hay guiños, guiños de lo que podría ser la cinta original llevada al tema de moda, pero sólo se queda en eso, guiños.
El día que la Tierra se detuvo es, como ya he mencionado, el filme de este fin de año, un acercamiento a esta visión de baja estima y discursos de índole autoritaria, violencia y catástrofe que se exige y reclama, no lo podemos negar. Por supuesto vendrán otras producciones grandes como The Spirit (la siempre “alternativa” sangrienta decembrina que ahora tiene cabida por la creciente boga del cómic de culto en el cine), Australia (el drama obligado de la temporada) y The Changeling (otro dramón) que se presenta como una opción que se antoja mayormente, sobre todo porque el señor Eastwood nos ha mostrado que es uno de los mejores directores desde hace muchos años; su técnica, visión y puesta en escena son impecables.
Se nos ha ido el año y la tierra sigue, pues, moviéndose de un lado a otro, con muertes y guerras y asuntos ecológicos que se denuncian y se quedan en eso, mera denuncia. El destino aún no nos alcanza, pero ya le tocará su turno.

P.D. Y para aquellos, como yo, que queríamos ver de nuevo a Gort en pantalla, pues no hay las grandes sorpresas. Un decepción mayor, tanto en su aparición como en función.

El Día que la Tierra se Detuvo de Scott Derrickson
Calificación: 2.5 de 5 (Regular).