Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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martes, 20 de noviembre de 2007

Cajita Musical

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Una vez más, hartado de la ignominia televisiva nacional, relato una ficción más que combino con una foto observada en un bar, colocada como “curiosidad” y de la cual no tengo ni la menor idea de cómo llegó a estar ahí. En fin, basado en todo un devenir de sentimientos es que escribo lo siguiente en contra de la tele, y de todos aquellos que no hacemos nada por cambiarla.

CAJITA MUSICAL.

Un hombre embarnecido cuelga de las paredes de un bar, los que ahí beben y logran percatarse de su presencia, sienten una pequeña pero extraña sensación de interés y repulsión. Algunos se acercan para mirar más cerca; ríen, otros, en cambio, tan sólo piden otra cerveza y se alejan con la mirada fija a la de la fotografía que representa al rollizo ser. Un hombre embarnecido - parcialmente desnudo - cuelga de las paredes de un bar.
Posiblemente nunca lo veamos frente a nosotros, es parte de la magia moderna que combina a las tecnologías, los medios y el desarrollo globalizado. Para muchos, ese tipo no puede ser mexicano; un tipo regordete de esta nación no puede llegar a ser tan interesante, un tipo con tales dimensiones y venido de esta tierra no puede llegar a ser parte importante en los foros internacionales de la afamada red. Para mí, sinceramente, se llama Juan, es un tipo depresivo que ha perdido todo; su hogar, su familia y su amor por la vida.
Sentado por meses en la sala de su casa, sin nada más que hacer mas que tragar helado y entretenerse con la programación de las cadenas nacionales, ha perdido la mitad de todo el desarrollo cognitivo que había logrado en la educación publica hasta el nivel medio superior (no mucho, pero algo). En tan sólo un par de meses, su sentido del humor ha ido en detrimento; ahora los chistes que contienen vulgares y excesivamente claros dobles-sentidos (que combinan a estudiantes de primaria con minifaldas, religión, alcohol y clichés venidos a menos), son las mejores bromas que jamás ha escuchado. Dentro de dos semanas, se habrá reído del mismo chiste un centenar de veces, creyendo - fervientemente -que la originalidad y el talento en esas casas productoras es inagotable. ¿Para que salir a la calle?, se pregunta a menudo - Aquí está la vida, se dice repetidamente mientras juega enternecedoramente a completar letras de canciones mientras cierra los ojos para no hacer trampa. Asimismo, el control le ha dado el poder de convertirse en juez anónimo de pasos de baile que jamás podría realizar, así como de observar con deseos la “exitosa” vida de otros que se resume en pertenencias y encierros ridículos de gente, que en realidad, no tiene un trabajo fijo más que la explotación ramplona de su imagen pública (que después quiere mágicamente tener una vida privada). Todo es hilado en una bella y alargada trama por Juan, en ocasiones espera los noticiarios de la noche para obtener un poco de drama, pero a menudo se lleva grandes decepciones al ver meras repeticiones de los contenidos de sus programas de espectáculos. Es el juez de jueces, el hombre poderoso que siempre había deseado; sentado es su trono - que no es más que un sillón carcomido por el gato que un día tuvo hasta que dejo de darle de comer - y su helado cual corona.
Un día Juan intento aparecer en esa ventana, esa pantalla que enseña el mundo (como dice él). Apuntó un número telefónico e hizo un par de llamadas para que alguien viniese a retratar la miseria en la que habita (“Para hacernos saber cuanto sabes de nuestras estrellas” decían ellos). Para su gran sorpresa, salio ganador. Y ese día, con las camionetas con los logotipos de la televisora y las cámaras y los cables y un “famoso”, Juan fue la persona más importante de la colonia, ahora él era parte de esa ventana al mundo. En un momento de descanso, justo antes de que todos se marcharan, alguien tomo esa foto. La de Juan, semidesnudo, tirado en un su sillón. La fama término ahí, en un par de días volvió a encerrarse en su mundo. Nadie volvió a dirigirle la palabra, su sueño de popularidad había sido arrebatado por el tiempo y el infortunio. Hoy, simplemente es la imagen que más capta la atención en un bar como parte de una “curiosidad” que viaja por la red. ¡Que mejor!
Aunque ya viéndola bien, en realidad no parece mexicano. Se ve bastante güerito.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Sideral

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Para mí columna de este lunes decidí burlarme un poco de este nuevo emperador mediático que es el Internet - tantos años coexistiendo con el y nunca se me había pasado por la mente tratar de adjetivarlo.
Como es mi baja y vaga costumbre – debido a lo cascarrabias de mí personalidad – no le va muy bien en mí escrito, aunque sí opino que la penitencia que carga no es culpa de el sino de sus usuarios, en fin…

SIDERAL.

Abrir el Internet siempre es una sórdida sorpresa, un golpeteo constante a la cabeza que no cesa hasta que alguno de los dos contrincantes, el hombre o la maquina, ceda por completo ante los pedimentos del otro.
Por ejemplo, durante todos estos años en que he tenido que convivir con estas nuevas tecnologías- como vulgarmente se les han nombrado - he descubierto con igual asombro mi alienación ante ellas. Aunque claro, nunca he creído eso de que inmerso en su universo, uno puede viajar por la entereza del mundo, en todo caso, el traslado virtual que uno hace dentro de este espacio, es, para mí, sólo el éxodo de la pena del mundo; la vagancia de todo el errar y posible acertar humano.
Debo aceptar que en ocasiones, cuando me despego un poco del mundo - en pos de un poco de paz - debo retornar a el para encontrar un motiv que explote el texto que debo escribir a cada semana para este espacio; cosa que me agrada en demasía por que me doy cuenta de lo ruin e indignos que somos como raza.
Y apartado, debo enterarme de lleno de todo este ramplón colectivo de referencias sociales. Por lo que me dirijo a la herramienta más pueril y tramposa de todas con la que cuenta este piadoso ordenamiento humano; la afamada red - entonces me queda la eterna duda de si quedamos como las arañas o como las moscas, como la victima o el victimario.
Todas las semanas entonces, llenamos estos espacios virtuales de todo y nada, de pocas cosas que realmente valen la pena y la sobajamos de pura hablilla política, deportiva o del vulgar espectáculo nacional que maltrechamente nos representa en un mundo sobajado por videos de bromas pesadas (humillantes), fotos amarillistas, músicos mediocres y oportunidades sin cesar para echar a perder el lenguaje, con el llamamiento mediático para que todos apliquemos las triviales e improvisadas técnicas de grabación, captura y composición. En fin, al pueblo hay que hacerlo sentir importante, ¿o no?
Para mí es risible y fascinante el adentrarme al mundo del Internet, pues es en su discurso lleva la penitencia, la mentira que ofusca su verdadero brillo. El mundo no se encuentra en nuestras manos, sino el instinto de cada ente a tratar de discernir entre la regla y lo opuesto a ella (abriendo el campo totalmente a la interpretación) para poder expresar algo - y que en muchas de las ocasiones no rebasa esa categoría (del vil intento).
El Internet para mí, en su mayoría, es la más grande broma jamás desarrollada, una más de las promesas del postergado progreso mundial. Es claro, también un pretexto para andar disponiendo de la sapiencia popular y adoptarla al discurso global, es un momento relegado en el tiempo, es la manifestación de la faltante cultura, el disimulo para la creencia de una pertenencia; la del ciudadano mundial.
Cada que me abro paso sobre este campo de información internacional, me percato de lo ya percatado, digamos que sólo puedo evidenciarlo de alguna manera. Percibo más lo que somos y menos lo que no; la lógica pues, revuela ante los incrédulos ojos de las nuevas generaciones que cada vez olvidan más la capacidades reales de expresión artística, acercándose a actividades de la boga contemporánea tratando de ubicarlas como subculturas que parten, según ellos y nadie más, de movimientos de décadas pasadas que en su trasfondo contenían elementos de revelación social; cosa que no logran entender del todo pero que no valen la pena, la imagen es y será la importante. Lo que me hace pensar que la red es usada de la misma forma en que toman un libro, dígase claramente, sólo ven los dibujitos. ¿Por qué la quieren tanto entonces? Pues en ella existe la diametralmente oportunidad de cortar y pegar información sin ser revisada, (ilusos aquellos que impliquen aquí el concepto de análisis). La Internet, pues, es siempre una sórdida sorpresa que nunca cambia, sólo se llena de lo mismo. Bienaventurados.