Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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sábado, 5 de febrero de 2022

Saloon Cazale Num. 57

Si bien la experiencia cinematográfica se disfruta siempre de la mejor manera en la pantalla grande, en las amplías salas donde podemos sentir todo el potencial de la narrativa audiovisual, ocasionalmente otros marcos como la televisión abren sus ventanas para que algún producto refresqué todo lo que hemos presenciado hasta el momento. Es por ello que quisimos hablar hoy de las Miniseries; no bajo el marco actual de los tan afamados streamings sino sobre el pleno contexto histórico del Cine. Aquí, pues, les traemos un par de producciones televisivas que creemos bien compiten con películas de alta envergadura. 


¡Dale Play!




lunes, 6 de octubre de 2008

Burdel

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En está ocasión no tuve más remedio que repudiar las acciones que embargan a esta sociedad local, esa de querer una notoriedad pública a toda costa. Alejada de los elementos serios y concretos que se requieren para que la cultura sea en efecto y en alto grado de importancia, la herencia nuestra.

BURDEL.

Antes que nada debo reprobar el fastuoso evento de que una de las instituciones “educativas” a favor de nuestra sociedad se haya rebajado, sobajado, reducido a un grado de carestía tal que da pena ajena.
Allí, en una de las calles principales de esta capital, se encuentra un monumento a la mediocridad, a la insuficiencia y la pequeñez. En una esquina, literalmente, se encuentra este edificio de buena vista (pero que es tan sólo una fachada, ahora más que en otros tiempos) donde uno puede encontrar un gran “mantel” – algunos les dicen publicidades – haciendo alusión a un par de alumnas suyas que se encuentran en uno de estos, más que vulgares, reality shows. Apoyándolas a mente abierta, a grito tendido y sin sentir culpa alguna; ¿qué es lo que pasa?, ¿acaso esta institución académica, que debe procurar por la educación de los ciudadanos de este país alarmado a cada día, presume que en vez de fomentar los principios de una cultura amplia dentro de su alumnado, ha avivado el anodino deseo de la fama pasajera? Repito: ¿qué pasa?
Esto es sólo una muestra real de lo que pasa en dos sectores primordiales de este mundo contemporáneo, irónicamente desbalanceados, lamentablemente mediados y contrapuestos; la mercadotecnia y la educación.
Por una parte tenemos el factor formativo, que es lo que más nos debería importar, pues es fácil, duro, conciso y complejo (a la vez); es esto lo que se debe atacar para que este país empiece a cambiar. Solamente esto, no hay de otra, en esta nación se debe empezar a enriquecer las mentes de su gente si queremos empezar a ver cambios reales, sustentables, fundamentales, REALES. No existe otra opción más que hundirnos más.
Por otro lado está el entumecido mundo de la mentira, la farsa y el disimulo. Hoy por hoy las cosas deben de comercializarse en un mundo que nos dicen, está divido en sectores, en mercados, en públicos metas y mentalidades clasificadas de manera imberbe como el metódico, el aventurero, etc. ¿A dónde se quiere llegar con esto? Bien creo que el factor es que no se quiere llegar a nada, estancarse en un mundo de fantasía donde nadie sale bien librado, pues inmersos en esa podredumbre hasta los creadores están clasificados.
Paseaba el otro día por esta afamada calle y lo vi, admito que como profesionista de la comunicación veo por cierto tiempo (15 minutos por mucho) estos programas que enraízan mí efervescencia a prepárame más. Son de una comedia involuntaria brutal y uno, quiera o no, debe formar parte de un mundo que obliga a resquebrajar más la falla. Uno no puede darse el lujo de no darse por enterado de las cosas que suceden en la nación que encara al mostrar sus credenciales.
Al verlo no tuve más que sorprenderme por el hecho; acepto, tal vez, que las personas en cuestión hayan decidido irse por decisión propia y buscar su mundo de gloria y notoriedad porque su ego y capacidades intelectuales no daban para más, pero de eso a que la escuela se abanderé por el acto hay una gran distancia, trayecto que sólo los que se encuentran en el mismo abismo enfrentan. Señores, padres de familia, educandos y educados, ¿qué es lo que se quiere cuando encaramos el exigente e importantísimo factor de la educación? Queremos medias tintas, cómo se dice. No, exigimos una seriedad al enfrentar esta labor, necesitamos de una notoria recuperación en los campos del arte y las ciencias, necesitamos a un pueblo dispuesto a crecer, capacitado para estar por encima de las trivialidades. Olvidemos la mercadotecnia como herramienta para la venta, pues se venden las cosas, los artilugios, no las capacidades. Esas son derechos de todos por el hecho de estar en este mismo lugar. La educación no se debe vender y tiene la obligación, valga la redundancia, de educarnos, de hacernos mejores personas y crecernos como individuos, no como gente pasajera y ridícula en una pantalla que nunca se acercará a nuestros corazones. Eduquemos, eduquemos y nada más. Todo cambiará.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Bien-vendido

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En esta ocasión admito la abominable diversión, el fastuoso entretenimiento con el que se suscitan los domingos nacionales. Las dos más grandes televisoras de nuestro país han retornado a las ya gastadas formulas con las que tratan de haceros saber que los “talentos” (o mejor dicho los “sin talentos”) son parte tan común como la corruptela policial y política y su falta de ingenio y calidad.

BIEN-VENDIDO.

Alegre estoy, los reality shows han regresado a nuestra pantalla nacional para deleite de la ignominia, la mediocridad, la bajeza y por qué no, del entretenimiento vil y viral con que se definen. En los pasados domingos las cadenas más importantes del país dieron rienda suelta a sus axiomáticas representaciones de lo que el país requiere para una sano divertimento. Yo aún me sigo preguntando el por qué nadie se ha dado cuenta del gran insulto que esto encarna (mencionó esto pues ya hasta de sangre andan hablando).
Por un lado me fascina que uno de estos emporios denote su degradación hacia con su propios artistas (o así nombran ellos a quienes salen en sus producciones), haciéndolos pasar por humillaciones y ridículos. No sé ustedes pero yo la verdad no revelaría que parte de los artículos que vendo/rento/mantengo/manifiesto (¿por qué no llamarlos así, por qué no ponerlos así?) no son para nada talentosos en lo que digo que lo son, ¿qué es eso de que nos muestren que aquellos que “apasionan masas” son bien tarugos para con el bailongo y la cantada, si se presume que eso es lo que hacen? Las suposiciones, pues, se han perdido y ahora se redimen ante una verdad que implora y se sumerge en la falsa liturgia de querer auxiliar con el corazón - y al parecer sin nada de capacidad - los sueños del mexicano común o promedio, dígase de otra manera; un jodido que no tiene ni para mantenerse en la media de lo saludable y que para mala fortuna, debe cargar con algún familiar que se encontró con una vida aún más jodida y que ahora comparten. Lindos deseos estos de ayudar, digna representación de un pueblo, que nos dicen, debe de exigir una nueva cara.
Por otra parte, y tanto más o igual de disfrutable, está esta otra nueva versión (renovada y ya nada fresca) de lo que bien en otros años pudo ser el sumamente cursi concurso de la OTI, donde las futuras estrellas de esta país deben empezar a asegurarse un espacio en el corazón de la nación. Esto, claro, con los obstáculos naturales y unos cientos de más que sazonen la sopita instantánea que lentamente se calienta en base a popularidad, polémica, carisma y evaluación del populacho mexicano; esa sociedad nada educada para sobrevivir y menos para las manifestaciones artísticas. Me pregunto yo, un tanto asombradamente (aunque cada vez menos); ¿qué no lo que se buscaba era el talento vil?, ¿una voz que resuene en lo alto de las esferas de aquellos cantores que le han dado brillo a las tan fugaces, corrientes y presuntuosas noches bohemias? Ellos deben ser los herederos de aquellos que hoy son historia, y ceniza, polvo bíblico que vemos cada vez más desparecer; son los beneficiarios de aquellos que acabaron en las drogas, el alcohol, el abuso sexual, la violencia familiar, la cárcel por no saber sumar sus impuestos y confiar en el primero que se les pone enfrente, o bien, de aquellos que hoy en vez de reinventarse, le escupen en la cara a las nuevas generaciones sus éxitos de antaño para recordarnos el insignificante y mediano futuro y desarrollo que nos depara con esta juventud bipolar que se traga todo y que critica todo para con sus gustos y nunca con fundamentos, disciplina y carácter.
Yo alegre estoy, viendo como los dobles discursos se caen por enfrente de nosotros y nadie dice ni hace nada (incluyéndome), observando las buenas intenciones que critican a los políticos por ser el poder; ¿que los medios no lo tienen?, ¿qué no lo saben, que no hasta piden leyes para sus intereses, que no censuran, cesan e invisibilizan la información? Me agrada saber que todo sigue igual, que las cosas no se mueven, que todos hablan y esconden la mano, que las costumbres siguen, eso es lo que imploramos ¿no? Jamás olvidarnos de nuestras costumbres.
Para muestra estos dos “programones” que hay que observar de vez en cuando (y nunca más de quince minutos por transmisión) para salud de todos, para ver nuestra entera realidad, para observar que estamos ahí, representados. Que realmente estamos todos jodidos.

lunes, 4 de agosto de 2008

Segundos

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Últimamente me he enfrascado en cierta animadversión hacía los programas televisivos; ¿será por que ahora tengo el tiempo para ver un tanto más de está ridiculización de la humanidad, o bien que apenas me voy dando cuenta y salgo del letargo? Esto es un escrito más en contra de estas técnicas y hechos viles (y “virales”) que se dan cita en nuestra pantalla nacional.

SEGUNDOS.

El tiempo se aproxima, en si una de sus tantas faenas es esa misma – acercarse. Y bien lo logra debido a que su naturaleza es siempre estar lo justo y suficientemente cerca o lejos de lo que se necesita. Claro que este tipo de justicia varia mucho a la que el humano ha ido creando alrededor suyo; digamos que nada es justo para alguien cuando este endeble valor no le favorece. ¿Qué tan naturales seguimos siendo, qué tan alejados estamos de nuestros reales preceptos? ¿Para que poblar un mundo destinado al caos?, se preguntarán algunos, otros tantos, como yo, es el porque de seguir asistiendo a una humanidad con educaciones aparentes, obsoletas e inexistentes de carácter y disciplina. ¿Por qué seguir con simulaciones?, ¿qué todo se ha vertido en un estricto sentido de mercado? ¿Tan baratos somos?
Bien puedo levantarme en la mañana y buscar algún entretenimiento banal en el televisor – digamos que no quiero encajar en la complejidad el mundo, que tan sólo me agradaría sentirme frío ante las causalidades y consecuencias del factor social masa – pero el mismo sistema es en sí ya la causa y la pena de todo ese mediocre sentir. Yo no sé porque le ha dado a las televisoras más poderosas del país resumir toda su paupérrima programación nocturna en la de la mañana. Con programas de revista (cuasi infantil), sólo gastan su efectivo al enfrentar a unos individuos sin carácter y educación formal a las cámaras para poner en pantalla escenas que no resumen sus novelas estelares, sino que las retransmiten en cortos plazos y con comentarios vendidos, cursis e ignominiosos por parte de ese reparto que no logra otra cosa más que desarticular el animo de crecer en espíritu por parte de su “respetable” auditorio. Una vez más repito mi queja sobre su dislocado discurso; no sirven de nada sus buenas intenciones (mediocres también) si mantienen haciendo crecer a la gente en base a estereotipos gastados que no hacen más que las nuevas generaciones sigan siendo las mismas, con los mismos errores, con los mismos defectos que después tratarán de solventar con triviales campañas sociales. ¿Dónde está la buena intención pues? ¿El tiempo ha sido justo, ha sido el justo?
Entonces, asumiendo el cargo de volátil en mí estilo, debo continuar donde me he quedado, pero claro, después de haber pensado esto, como me sucede cada que deseo banalizar un tanto el día y prender el televisor para encontrar algo que valga la pena en la televisión nacional. Nada vale la pena, por lo menos no en estas dos cadenas que tan sólo mantienen su poder debido a las tinieblas que emanan de sus señales.
El tiempo se aproxima, sigilosamente – como siempre – se acerca desde hace años ya en vano, se acerca para alejarse y dejarnos con su pasado. Por todas partes observó ya la mentada onda retro que no es más que nuestra incapacidad, hoy ya muy sería, de mirarnos en futuro, mejorados, siguiendo explorando nuevos aforos para una humanidad más estable. Somos incapaces; incluso de ver el mismo tiempo correr.
El tiempo se va y nosotros nos hemos de estancar, nuestras prisiones están escapando de sus cautivos, nos aplicamos a la mentira, a la farsa, a la promesa sin cumplir que antes ilusionaba, nos adentramos a un mundo donde las palabras no valen nada, donde el desamparo cultural se pierde en vaguedades y hechos mercadológicos que deberían asombrar. Somos tan poco de lo que debimos que no hay vuelta atrás. Ahora debemos incluso mentirle a la soledad con la que hemos de compartir.
Somos soledad añejada y desempleada del tiempo, somos una masa cada vez más uniforme con ciertos baches hacia el sur. Nadie nunca quiere ver hacia abajo, hacia atrás, es malo, nos dicen. Nos venden un futuro que nadie jamás lo ha siquiera pensado, somos inertes y vagos de un tiempo ya acercado hace tiempo, que se da vueltas y nos ve de reojo. Somos un intento del hecho que debimos ser. Ya lo decía Dylan, “…si el futuro no fue suficiente tiempo, entonces la soledad no significa nada para ti…”

lunes, 14 de julio de 2008

Blanco

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Acepto el desencanto, la falta de inspiración y un tanto el rencor hacía con las razones varias de esta columna. En primera estaba en extrema cansado el día que tuve que redactarla, por tanto no tenía menor justificación que dejar caer ciertas opiniones que siempre he tratado de sobrellevar debido a la naturaleza de esta nación, dígase de otra manera; la corrupción, la mala educación y los mediocres medios de televisión con los que contamos. Así que sin mucha imaginación en la cabeza, decidí hablar sobre su nueva oleada de “buenos gestos”.

BLANCO.

Bien, muy bien, la cadena televisiva por “excelencia” en este país nos indica que seamos dignos para con nuestros cuerpos y para con la salud, pero ¿ellos nos han dado algo con lo que poder combatir en todo sus años de existencia?
Son pocas las ocasiones en que nos percatamos de aquello con lo que vivimos cotidianamente, por lo menos puedo indicarlo de manera personal, muy personal, personalísima. Había escuchado, oído, vivido, varios de estos absurdos comerciales, meros productos mediáticos (que más pueden hacer estos limitados seres), pero no me había percatado del todo de lo que significan. Es grosera toda esta campaña que tiene esta televisora en contra de la mala salud, la ignorancia y la mala vida, lo digo pues es ella una de las principales causales de estas atrocidades. Y no es que ahora quiera enmendar la situación, sino que ya es demasiada la broma de estos delincuentes del intelecto mexicano.
Conversaba con algunos queridos amigos sobre las angustias de esta sociedad nacional, y encontré dos elementos sustentables en cuanto a nuestras necesidades; digamos que nos hace mucha falta el valor de la exigencia, no demandamos calidad en ningún sentido, y para contrarrestar esto (o bien para darle más al traste en términos más que coloquiales) somos sumamente complacientes. Misteriosamente todo lo que hacen nuestros más cercanos colegas está bien y nunca tiene un pero para la crítica; todo está bien, bien, bien. Si lo vemos en escala, todos son amigos de alguien, entonces el mundo es perfecto. La envidia es algo que mata todo ese otro valor. Somos, como ya se sabe desde hace varias décadas, una sociedad de contrastes que está perdiendo su fervor folclórico en pos de la imitación, de la irritación, de la ignorancia.
Hemos sido educados en gran parte por el universo mediático que nos dice que hacer, que decir, que comprar y hasta que creer. Ahora resulta que estamos mal y debemos cambiar. Suena bien, claro, todo lo que indique un sentido positivo de desarrollo no se debe de tachar, sólo me pregunto; ellos que estan dando a cambio; ¿únicamente el resaltar más su ignaro proceso de “evolución” exhibiendo a sus más regordetes conductores? ¡Que barato!
Para colmo, esta productora de falsedades, hace uso de sus más viejos recursos para llevar a cabo su más reciente broma generalizada (en todos su “benditos” programas nos la recuerdan), es decir, nos colocan con sus ridículas canciones y demás estrategias de antaño sus mensajes que no conciben más que la idea alocada de alguno de sus directivos que cree salvar al mundo. Con alguno dueto o mezcla de éxitos del momento nos tratan de colocar su mensaje, su estrategia para con unos ideales ya vendidos por ellos y comidos por la gente que no tiene, lamentablemente, más que verlos y educarse con sus programas, noticiarios y bofas tramas de novelas. Ideales que nunca han sido tradicionales pero que ahora son parte de una reminiscencia de lo que será.
Bien, no niego tampoco el asunto que en efecto es necesario que este país cambie muchos de sus elementos radicales (“radical de raíz” si es que alguien recuerda esa maravillosa película de Raúl Busteros), entre ellos su alimentación, pero creo que sería más importante y más radical (de raíz) el intelecto. La educación lo indica todo, siempre lo diré y siempre apostaré por una formación cultural de envergadura ante todo esos juegos mediáticos mediocres como los que ahora podemos observar de gratis con tan sólo encender nuestro televisor.
Nos piden elegir, nos dicen que debes estar bien, nos ponen a dos atrocidades “musicales” de su repertorio a cantarnos sus ridiculeces (¿qué no una de esas muchachitas tenía serios problemas alimentarios?). Acepto la broma, acepto que nos recomienden, pero ¿por qué no eligen ellos mejor darnos una televisión de calidad?

martes, 20 de noviembre de 2007

Cajita Musical

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Una vez más, hartado de la ignominia televisiva nacional, relato una ficción más que combino con una foto observada en un bar, colocada como “curiosidad” y de la cual no tengo ni la menor idea de cómo llegó a estar ahí. En fin, basado en todo un devenir de sentimientos es que escribo lo siguiente en contra de la tele, y de todos aquellos que no hacemos nada por cambiarla.

CAJITA MUSICAL.

Un hombre embarnecido cuelga de las paredes de un bar, los que ahí beben y logran percatarse de su presencia, sienten una pequeña pero extraña sensación de interés y repulsión. Algunos se acercan para mirar más cerca; ríen, otros, en cambio, tan sólo piden otra cerveza y se alejan con la mirada fija a la de la fotografía que representa al rollizo ser. Un hombre embarnecido - parcialmente desnudo - cuelga de las paredes de un bar.
Posiblemente nunca lo veamos frente a nosotros, es parte de la magia moderna que combina a las tecnologías, los medios y el desarrollo globalizado. Para muchos, ese tipo no puede ser mexicano; un tipo regordete de esta nación no puede llegar a ser tan interesante, un tipo con tales dimensiones y venido de esta tierra no puede llegar a ser parte importante en los foros internacionales de la afamada red. Para mí, sinceramente, se llama Juan, es un tipo depresivo que ha perdido todo; su hogar, su familia y su amor por la vida.
Sentado por meses en la sala de su casa, sin nada más que hacer mas que tragar helado y entretenerse con la programación de las cadenas nacionales, ha perdido la mitad de todo el desarrollo cognitivo que había logrado en la educación publica hasta el nivel medio superior (no mucho, pero algo). En tan sólo un par de meses, su sentido del humor ha ido en detrimento; ahora los chistes que contienen vulgares y excesivamente claros dobles-sentidos (que combinan a estudiantes de primaria con minifaldas, religión, alcohol y clichés venidos a menos), son las mejores bromas que jamás ha escuchado. Dentro de dos semanas, se habrá reído del mismo chiste un centenar de veces, creyendo - fervientemente -que la originalidad y el talento en esas casas productoras es inagotable. ¿Para que salir a la calle?, se pregunta a menudo - Aquí está la vida, se dice repetidamente mientras juega enternecedoramente a completar letras de canciones mientras cierra los ojos para no hacer trampa. Asimismo, el control le ha dado el poder de convertirse en juez anónimo de pasos de baile que jamás podría realizar, así como de observar con deseos la “exitosa” vida de otros que se resume en pertenencias y encierros ridículos de gente, que en realidad, no tiene un trabajo fijo más que la explotación ramplona de su imagen pública (que después quiere mágicamente tener una vida privada). Todo es hilado en una bella y alargada trama por Juan, en ocasiones espera los noticiarios de la noche para obtener un poco de drama, pero a menudo se lleva grandes decepciones al ver meras repeticiones de los contenidos de sus programas de espectáculos. Es el juez de jueces, el hombre poderoso que siempre había deseado; sentado es su trono - que no es más que un sillón carcomido por el gato que un día tuvo hasta que dejo de darle de comer - y su helado cual corona.
Un día Juan intento aparecer en esa ventana, esa pantalla que enseña el mundo (como dice él). Apuntó un número telefónico e hizo un par de llamadas para que alguien viniese a retratar la miseria en la que habita (“Para hacernos saber cuanto sabes de nuestras estrellas” decían ellos). Para su gran sorpresa, salio ganador. Y ese día, con las camionetas con los logotipos de la televisora y las cámaras y los cables y un “famoso”, Juan fue la persona más importante de la colonia, ahora él era parte de esa ventana al mundo. En un momento de descanso, justo antes de que todos se marcharan, alguien tomo esa foto. La de Juan, semidesnudo, tirado en un su sillón. La fama término ahí, en un par de días volvió a encerrarse en su mundo. Nadie volvió a dirigirle la palabra, su sueño de popularidad había sido arrebatado por el tiempo y el infortunio. Hoy, simplemente es la imagen que más capta la atención en un bar como parte de una “curiosidad” que viaja por la red. ¡Que mejor!
Aunque ya viéndola bien, en realidad no parece mexicano. Se ve bastante güerito.

sábado, 1 de septiembre de 2007

De Almohadas

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Esta columna nació, como bien dice implícitamente el texto, un día de mucho sueño y de rencor al contenido que impera en el televisor.

DE ALMOHADAS.

En ocasiones el sueño disturba el buen soñar. Lo digo muy en el sentido irónico de la realidad: valiente por las fuertes críticas que pudiese recibir el estilo de esta primera enunciación. En todo caso preferiría justificarme que dicho pensamiento es algo en lo que creo, puesto que siento es verdad (muy en la realidad presente en la que escribo), y que no es una mera herramienta estética de poner la misma acción en dos sentidos diversos para tratar de verme muy trovador. Eso en todo caso ese asunto se los dejó a mis estatuillas Dylan, Young, Cohen y porque no, Chava Flores (donde se encuentre).
Y es que aunque puedo empezar a evidenciar los hechos que me han llevado a discernir entre los pensamientos de muchos (así como de emparentar con los de otros tantos por igual) no puedo negarme al sutil y fútil contexto de que me estoy cayendo del cansancio. En realidad quiero dormir, pero la realidad me quita esas ansias; en ocasiones, el sueño disturba el buen soñar.
Y es que siendo sincero, mi terca naturaleza de cuenta cuentos urbanos (y de vez en cuando arbolarios) no logra cegar esa otra necia visión que tengo de pormenorizar, con un humor negro bastante corriente, las cosas que pasan en mi querido territorio nacional-surrealista. Digo, en ocasiones, casi siempre, cuando me agarra el dispar entumecimiento del poder onírico, me da por esa otra maliciosa maña que tengo de tratar de acurrucarme viendo la programación del televisor. Y pues no pasan más de dos minutos cuando ya ando con los ojos completamente abiertos del temor. ¡Que cosas tan feas se ven por estos tiempos en ese pequeño cuadro emisor de imágenes!
La pesadilla comienza con el clásico noticiario, cosa que me quita de tajo el sueño por dos razones básicas; la primera sería esa de notar la hechura, ya casi natural, de la acción de emparentar una noticia con una causa o bien en contra de otra y que favorezca o entorpezca la imagen de algo o alguien, la mayoría de las veces por una causal política. La segunda es que si se parte de ese hecho de manipular, es que lo mostrado es en cierta forma realidad. Tal vez con otros principios pero en efecto está pasando. Cosa que quita el sueño.
Es entonces cuando empiezo con el condescendiente cambio de canales en un devenir progresivo de fatalidades. Si no es un cartón animado que en verdad me entusiasme por su acidez de ver la vida, es otra caricatura que explore en los más pequeños, sus más agresivos temores por convertirse en potenciales terroristas de una nación que aún no conocen ni logran ubicar en un mapa (si es que ya conocen un mapa). Sucesivamente el sueño me lo quita esta realidad de querer abrigarme en un candente cansancio, que ya tenía, y el exploratorio hecho de querer exagerarlo con el fin ilusorio de que tal vez una hada madrina se me apareciese en el fantasioso mundo de mi dormir, y me llevase lejos de aquí. A un lugar donde sólo haya cabida para el relax y las “modernas” teorías para el desastres.
Y es que siendo sincero, al prender mi tan estimado televisor no se me da otra opción que sentir lastima por él. Para mí (en mi particular y bizarro sentido de la savia) no tiene la menor culpa por lo que lo han sometido a proyectar, y por ende nunca lo he anunciado como el enemigo. Es por eso el perdón, es por eso la costumbre y la ternura de compartir con él, el sueño. Mi sueño, que nace de un cansancio, y que muere por la realidad cohabitada de la nación que en otros ojos es también un sueño.Es así que en mi cansancio siempre termino más cansado. Bien esa podría ser la razón de mi tan alocada visión sobre el todo, pero ¿qué se le va a hacer? En realidad me la creo cuando somnoliento recito esa frase con la que hoy comienzo a dormirme. Buen día.