Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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viernes, 3 de junio de 2011

El Turista Lector

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En esta ocasión, retomó mi columna que hace ya algunos ayeres se publicaba en cierto periódico local debido a esta fastuosa situación en que nos encontramos: polarizados entre supuestos buenos actos, y sucesos que amargan y apenan en todo sentido.

El TURISTA LECTOR.

A aquel hombre lo había visto en otra ocasión, pero sus ojos al principio tristes se habían inundado de cierto misterio. Casi estoy seguro que vino a esta región del mundo a descargar su penas, quizá como algún personaje de Tennesse Williams; en constante exilio… No supe a bien su suerte ni quise acercármele a cuestionarlo, no me creí capaz de hacerlo. Me encontraba, en cierto sentido, en la misma posición que él. Al menos, en la lógica, tomaríamos el mismo vuelo.

Los pequeños asientos de la terminal aérea, con su incomodidad y su aburrimiento, me hicieron pues adentrarme en su rostro. Sus facciones eran completamente extranjeras, foráneas y fuera de sí. Sólo le hacía falta un periódico extendido en sus manos para caer en el cliché; el sombrero era su iniciación. ¿Cuántos años, meses o días llevaría aquí en el país? Su español era fluido y su conocimiento del folclor nacional también. Lo escuché platicando con un par de personas y ayudando a una monja a llegar a su anden. ¿Estaría huyendo de este centro de masoquistas también?, ¿se habría dado cuenta ya que está región no es más que una trampa de arena gigante? ¿De que habrá sido testigo y/o castigo?

En la sala un grupo de televisores con vista hacía nosotros mostraban la más grande gala de surrealismo posible. Por un lado el clásico e imberbe personaje de Bolaños, ¡ahora en caricatura!, haciendo una declaración –la máxima declaración diría yo– de lo ignominiosamente predecible. Por otro los dos noticiarios matutinos de las dos cadenas más importantes: sonrisas, mofas y datos por demás maquillados para contrapuntear la guerra mediática de moda (ya que, somos un país de guerras). La unión hace la fuerza. Luego, que si el video de la balacera, que si la historia triste de Doña Lupe (que se llena de esperanza al saberse en la caja idiota pero que mantendrá su indomable curso de vida al apagarse las cámaras), que si la corrupción y el fuero, que si el trillonésimo abrazo de camaradería entre dos políticos faltos de memoria e historia que se buscan para la victoria, que si la traición, que si el perdedor deportivo de nuevo es de la nación, que si el clima y la contaminación, que si la nueva legislación rige a todos menos a los que la argumentaron y crearon, que si la novela –el resumen de la novela– y, ¡por Dios!, el análisis de ésta y el apoyo gubernamental ante estos melodramas de manufactura paupérrima. Que la nueva declaración del mandatario que más bien parece broma de pésimo y peyorativo gusto. Que si el arte y la ciencia de nuevo lo lograron con el único requisito de largarse de aquí, que de nuevo hemos caído en los niveles de educación… Que la nueva manifestación y la nueva era de pensamiento (que nadie sabe cual es), que la sangre corre pero es “altamente” necesaria, que la lucha y el apoyo internacional, que la vida y el mundo se nos acaba, que la nueva campaña para leer y sus lectores son en gran cantidad actores de la televisora más poderosa. Que si la prostitución al carisma y “talento” de los niños, que si la extorsión. Que si nos ponemos la camiseta, que si somos un país de calidad, que si nos apoyamos sin apoyo real… Que sí, sí me quejo pero no hago nada por cambiar ni cambiarme a mí.

Cuando volteé a verlo tenía ya los ojos cerrados, un bolero pasaba en ese momento detrás suyo cargando un espejo. Detrás mió logré vislumbrar bajo el reflejo de un destello un pequeño puesto de revistas y periódicos. Nada diferente a los monitores que nos cubrían las cabezas; encabezados con tendencias por demás obvias, lógicas y notorias. Fotos alarmantes y alguna que otra pasada de toque editorialista: cabezas explotadas, miembros en el concreto, sangre y oscuridad… El pequeño salón que despedía o daba bienvenida al país dictaba el curso de la guerra. Somos un territorio de guerras y además, en el fondo se lograba escuchar una canción popular de una “artista” que no hace mucho estuvo encerrada en la cárcel que hoy goza de alta popularidad por lo mismo. También yo cerré los ojos, sí, y me crecieron tantas las ganas de amar y perderme en ese tenue dolor que acerca al vicio, que la alegoría de arrancarme las orejas y los demás sentidos daba por completo dirección a mi huida. Casi lo puedo jurar, de hacerme creer en el olvido, un limbo de pulcritud pecaminosa habría sido mi destino. Un purgatorio mexicano, pues, no el tártaro o las cuevas de la afrenta.

En mi imaginación –e­­ntre ilusiones concebidas– me le acercaba y le ofrecía un trago de licor. Ron. Éste lo aceptaba y al final me miraba con un dejo de miseria, de lastima, me daba un par de palmadas en la espalda y yo guardaba silencio, bajaba la mirada y me perdía entre los brillos de los azulejos. Una voz, entonces, lo recuerdo así, interrumpió el silencio exigiendo armar una fila para subir al vuelo. Abrí los ojos. Lastimeramente me coloqué detrás suyo y no sé porque, pero dieron unas escasas ganas de llorar. Cuando el vuelo comenzó a elevarse supe que ahora yo era el que estaba en el exilio, quizá para siempre, quizá para bien, quizás, tal vez… Si soy sincero, entonces (nunca me han gustado los finales felices), desperté del todo. Me encontraba en mi cama, mojada, y a aquel que ya había visto antes con mirada triste, no sé como decirlo, era a alguien que siempre he conocido muy de cerca con la nostalgia más que agotada. Quizás era yo, quizás, quizás tal vez…

viernes, 10 de octubre de 2008

Hasta Luego

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Esta es una ocasión especial, es por eso que dejo esta columna antes de tiempo. S
aldré de viaje, fuera de esta ciudad y la columna del diario se cancela en pos de atender otras necesidades. He aquí, como dice el titulo de la misma, un hasta luego. Nos volveremos a leer y, querido lector, este espacio sigue abierto y seguirá concibiendo nuevas ideas así que no se den por vencidos. Este blog está más vivo que nunca.

HASTA LUEGO.

Una de las mayores afectaciones que se le ha hecho a nuestra cultura popular mexicana es el mismo, y por tanto irónico, factor que nosotros mismo hemos empleado para con cierta parte de la cultura de otros países. Aquí debo centrarme en las sociedad nuestra y la de nuestro vecino del norte, los estadounidenses.
En cierta parte de la historia, la juventud de esta nación se vio enfrascada en un movimiento cultural más que masivo, global. Durante de la década de los 60s los estudiantes de universidad y preparatoria (así como sus equivalentes en otros países) unieron voces para hacer un llamado a la apertura de ciertos tabúes que debían cancelarse, derogarse y enfrentar una realidad, valga la redundancia, más real y menos fantasiosa como la que dictaminaba las versiones oficiales. Dentro de los conductos que se tomaron y retomaron (podemos verlo así) para hacerse notar, como un medio directo de expresión, fue la música. En aquellos años el Rock Inglés, naciente de el Blues Americano pero con una energía y fuerza mayúscula y el Rock N’ Roll Americano como un incipiente inicio de la juventud que buscaba mayores lugares de esparcimiento y que derivaría en un movimiento si bien aplastado por corrientes contraculturales de mayor envergadura como los “Beatnicks” y los “Hippies”, si con mayor fuerza en cuanto al grito colectivo que buscaba relacionarse con sus allegados de manera más libre y sin ocultamientos, derivaría en el libertinaje que llegaría, pues, con una segunda ola de jóvenes.
México no se quedo atrás y los movimientos de libertad no se hicieron esperar, pero no nos centremos, por favor, en lo que todos lamentablemente conocemos, alejémonos por un instante de aquel ataque de pena internacional e histórica con la que hemos de cargar siempre por ser mexicanos, sino enfoquémonos en el ámbito meramente popular, mercantil, en ese sonido efímero que de igual forma se catalogaría como Rock N’ Roll o Rock Mexicano (siendo que debería ser una división). Me refiero a eso que todos ya sabemos, a esas interpretaciones mexicanizadas de los éxitos del momento – de otro lugar. Muchas de las canciones con que las fueron creciendo generaciones enteras, se refieren a otras con un lenguaje que es completamente antinatural, y esto aunado a la falta de educación con la que crecieron otras, hace que no tengan las referencias exactas, que se extrañen al escuchar esas melodías con las que crecieron con una calidad mayor en su producción y en inglés. Una muestra más del debilitamiento cultural gradual por falta de instrucción de calidad y amplio margen de libertad por parte de la globalización.
Es así como el otro día pensé que no faltará quien se alarmé o levante el grito al cielo, en su afán de ser o parecer nacionalista (nunca falta), y se le hiciera saber que una de las canciones más “sonadas” en Inglaterra, cantada por un estadounidense (herencia inmediata) fue aquella llamada “She Wears My Ring” de Solomon King, que también cantase en su ocasión el Rey, Elvis Presley y que sea una versión americanizada de nuestras afamadas “Golondrinas”. Técnicamente es lo mismo que hicimos y seguimos haciendo con algunas composiciones de allá, pero lo repito, nunca faltará quien quiera sólo verlo de un lado de la moneda, del que nos convenga.
Traje a colación esta historia por el factor de que ésta, querido lector, es mí última columna en un buen rato. Debo culminar esta etapa por hechos meramente personales, por retos y metas que uno debe ir haciendo y rehaciendo, todo esto con el afán de crecer y seguir paso a paso firme, con un camino. Me alejaré un tiempo de estas tierras y traeré más experiencias, más sonidos y visiones.
Agradezco de antemano a todos aquellos que alguna vez tocaron estas hojas y se entretuvieron leyendo las palabras de un servidor. Esto es sólo un hasta luego, como bien he colocado como titulo de esta columna. Agradezco de nueva cuenta y auguro mejores tiempo por venir si es que la educación y la paciencia reinan en estos lugares. Hasta Luego.

lunes, 6 de octubre de 2008

Burdel

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En está ocasión no tuve más remedio que repudiar las acciones que embargan a esta sociedad local, esa de querer una notoriedad pública a toda costa. Alejada de los elementos serios y concretos que se requieren para que la cultura sea en efecto y en alto grado de importancia, la herencia nuestra.

BURDEL.

Antes que nada debo reprobar el fastuoso evento de que una de las instituciones “educativas” a favor de nuestra sociedad se haya rebajado, sobajado, reducido a un grado de carestía tal que da pena ajena.
Allí, en una de las calles principales de esta capital, se encuentra un monumento a la mediocridad, a la insuficiencia y la pequeñez. En una esquina, literalmente, se encuentra este edificio de buena vista (pero que es tan sólo una fachada, ahora más que en otros tiempos) donde uno puede encontrar un gran “mantel” – algunos les dicen publicidades – haciendo alusión a un par de alumnas suyas que se encuentran en uno de estos, más que vulgares, reality shows. Apoyándolas a mente abierta, a grito tendido y sin sentir culpa alguna; ¿qué es lo que pasa?, ¿acaso esta institución académica, que debe procurar por la educación de los ciudadanos de este país alarmado a cada día, presume que en vez de fomentar los principios de una cultura amplia dentro de su alumnado, ha avivado el anodino deseo de la fama pasajera? Repito: ¿qué pasa?
Esto es sólo una muestra real de lo que pasa en dos sectores primordiales de este mundo contemporáneo, irónicamente desbalanceados, lamentablemente mediados y contrapuestos; la mercadotecnia y la educación.
Por una parte tenemos el factor formativo, que es lo que más nos debería importar, pues es fácil, duro, conciso y complejo (a la vez); es esto lo que se debe atacar para que este país empiece a cambiar. Solamente esto, no hay de otra, en esta nación se debe empezar a enriquecer las mentes de su gente si queremos empezar a ver cambios reales, sustentables, fundamentales, REALES. No existe otra opción más que hundirnos más.
Por otro lado está el entumecido mundo de la mentira, la farsa y el disimulo. Hoy por hoy las cosas deben de comercializarse en un mundo que nos dicen, está divido en sectores, en mercados, en públicos metas y mentalidades clasificadas de manera imberbe como el metódico, el aventurero, etc. ¿A dónde se quiere llegar con esto? Bien creo que el factor es que no se quiere llegar a nada, estancarse en un mundo de fantasía donde nadie sale bien librado, pues inmersos en esa podredumbre hasta los creadores están clasificados.
Paseaba el otro día por esta afamada calle y lo vi, admito que como profesionista de la comunicación veo por cierto tiempo (15 minutos por mucho) estos programas que enraízan mí efervescencia a prepárame más. Son de una comedia involuntaria brutal y uno, quiera o no, debe formar parte de un mundo que obliga a resquebrajar más la falla. Uno no puede darse el lujo de no darse por enterado de las cosas que suceden en la nación que encara al mostrar sus credenciales.
Al verlo no tuve más que sorprenderme por el hecho; acepto, tal vez, que las personas en cuestión hayan decidido irse por decisión propia y buscar su mundo de gloria y notoriedad porque su ego y capacidades intelectuales no daban para más, pero de eso a que la escuela se abanderé por el acto hay una gran distancia, trayecto que sólo los que se encuentran en el mismo abismo enfrentan. Señores, padres de familia, educandos y educados, ¿qué es lo que se quiere cuando encaramos el exigente e importantísimo factor de la educación? Queremos medias tintas, cómo se dice. No, exigimos una seriedad al enfrentar esta labor, necesitamos de una notoria recuperación en los campos del arte y las ciencias, necesitamos a un pueblo dispuesto a crecer, capacitado para estar por encima de las trivialidades. Olvidemos la mercadotecnia como herramienta para la venta, pues se venden las cosas, los artilugios, no las capacidades. Esas son derechos de todos por el hecho de estar en este mismo lugar. La educación no se debe vender y tiene la obligación, valga la redundancia, de educarnos, de hacernos mejores personas y crecernos como individuos, no como gente pasajera y ridícula en una pantalla que nunca se acercará a nuestros corazones. Eduquemos, eduquemos y nada más. Todo cambiará.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Ricardo Casi Correcto

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Melómano soy, en grado enfermizo debo confesar. No podría vivir sin escuchar música, me siento vacío y gris sin no hay algún sonido que escuchar, sin sentir las cadencias compuestas en cierto grado de calidad que yo considero presentable. Entre tanto grupo y sonido que me meto a la cabeza, confieso que los discos de Pink Floyd son algunos de mis predilectos, es por eso que hoy honró de muy humilde manera a Richard Wright, su tecladista, que lamentablemente falleció en días pasados.

RICARDO CASI CORRECTO.

Mientras disfrutaba de algunas canciones de los Rolling Stones, después de una experiencia un tanto desalentadora al ver el documental que les realizará Martin Scorsese – y no es que no me haya gustado del todo, pero creía que el asunto iba encaminado más hacía lo que había realizado con Dylan en su “No Direction Home” (2005) y no tanto hacía lo que había fabricado Jonathan Demme para Neil Young en su “Heart of Gold” (2006) (altamente recomendable) – me enteré de la muerte de Richard Wright, una noticia que verdaderamente la consideré como gris, triste. El mundo de la música catalogada como rock estaba de luto ante la perdida de unos de los tecladistas más conocidos en esta escena. El otrora acompañante de Gilmour, Waters y Mason en el Pink Floyd que le cambio la faz no sólo al rock, sino a la música comercial por medio de sus mezclas de sonidos ambientales, efectos y atmósferas que trastocaban distintos géneros, dejó de estar más no de existir. Acompañante presente de Syd Barret, fundador de aquella mitica banda, será recordado no por ser uno de los tecladistas más pomposos, extravagantes y extrovertidos como lo es la figura de Rick Wakeman por ejemplo, sino por ser uno de los más brillantes (donde también tienen cabida el Sr. Wakeman, claro), su estilo no se basaba tanto en el aspecto de florituras muy desarrolladas, alejado del “virtuosismo” con el que se presentan otros instrumentistas en el genero del Progresivo como el también tecladista Keith Emerson (excelente hay que decir), sino más bien como un generador de ambientes, de climas precisos a favor de las canciones de sus compañeros. Algo que, quien sabe algo acerca de estos géneros, no es una tarea del todo fácil. Richard Wright era eso, un miembro de una banda, de un grupo, de un colectivo de mentes que desarrollaban ideas complejas y las llevaban acabo con tal sutileza que pocas veces se escuchaba a alguno de sus miembros sobresalir excesivamente ante el resto, era una parte clave en la amalgama de la música de Pink Floyd, de él mismo y últimamente de su amigo y colega David Gilmour.
Muchas otras bandas tan sólo desarrollan núcleos escalares, ideas musicales y sobreponen toda su técnica ante una composición que sólo les sirve para presumir sus habilidades; siempre a favor de la presunción, de una imagen meramente personal y alejada del conjunto, que en otros años, era uno de los discursos del rock que hoy por hoy es en realidad una leyenda respetada, promovida e impulsada por su gente; la que la creo y la que la vivió. Eso es en efecto una vida hecha que ha valido la pena. La de Richard Wright no se queda atrás, es tal vez por eso que se le vaya a hechar de menos, no obstante su legado siempre será, desde ahora, motivo de cierta vanidad.
Hasta hace algunos meses uno disfrutaba del concierto de Gilmour en el Royal Albert Hall donde se les podía ver juntos tocar dos temas clásicos de la banda, así como recordar el concierto acústico del 2002 donde interpretaban el tema “Breakthrough” del disco solista de Wright “Broken China” y dejarse llevar por ese estado de anhelo, de deseo de que las cosas no cambiasen, de que el tiempo se estancase y las cosas siguieran sucediendo, pero el tiempo es implacable y las cosas de una u otra forma deben hacerse llegar a su fin. Cual concierto, la vida de Wright se termino, sin encores, con sorpresa, sobresalto y muchos aplausos póstumos. De alguna u otra forma se le recordará, de alguna u otra manera las consecuentes generaciones escucharán su legado; en canciones, influencias y demás.
Hoy por hoy Wright puede ser recordado en el último disco lanzado por el ex-guitarrista de Pink Floyd, una grabación que retoma la ultima presentación de la más reciente gira de este, un concierto en Polonia donde el señor Wright puede ser homenajeado como a todo músico le gustaría ser rememorado; guardando silencio y que ese silencio lo construya él con sus armonías, con sus melodías. Con su canto, que es historia y siempre lo ha de ser.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Cártel-era

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Con esto de los bombazos (mejor tal vez decir granadas) todos se comportan como en un estado de emergencia, es algo lógico. Pero, ¿qué tanto esto debe ser una sorpresa real?, ¿hacía donde podría llevar este acto desleable nuestra “industria cultural” (o bien lo que conocemos como tal)?

CÁRTEL-ERA.

El tema de estos días es uno, sólo uno y ningún otro que aunque pueda relacionarse directa o indirectamente con ciertos preámbulos con los que ya se había batallado, o bien ya se estaba luchando, es una clara referencia a todos los sectores de un país en decadencia social como lo es este donde habitamos.
¡Bomba!, se diría como una especie de broma elegante en otros tiempos, tal vez unos meses antes. Posiblemente en el sur aún exista un poco de disertación y se diviertan aún haciendo alusión a esta composición de rima y folclor que ahora nos trae a mente algo que parecía no tan lejos, pero si distante: los actos delictivos nombrados como atentados y dirigidos a la sociedad en general.
Como lo es sabido, las bombas han dejado de ser las moderadas construcciones caseras que se hacían con una botella de cristal, gasolina y un trapo viejo (y que cierta cadena televisiva – con referencia a una cultura prehispánica – algún día enseño a realizar en sus noticiarios), potencialmente esta debacle sea debido al incremento en el combustible, que ya casi ningún liquido es embotellado en vidrio y es mejor conservar los trapos para el frío y los huracanes que andar recortándolo para darle fuego a otros. Ahora se ha dado paso a una período un tanto más oscuro (tampoco debemos teñir todo de lobreguez por este simple hecho, las nubes ya estaban a distancia desde hace un buen rato). Ahora las armas ya vienen empaquetadas y podemos hablar de un distensión para con el trabajo amateur. Una granada podría considerarse como una amenaza menor para con lo visto en anteriores meses, yo no sé por qué el gobierno nos muestra lo decomisado, es una visión terrible de lo que nos podemos encontrar en futuros no tan ajenos ni lejanos.
Material creativo suficiente tienen ahora ciertos sectores de nuestro país; los “videhomes” cuentan al momento con muchas tramas que bien pueden ser repetidas por unas cuantas décadas, andamios narrativos tan llanamente viserales y inverosímilmente bélico-militares como lo son sus producciones. No pueden quejarse de estas situaciones, a las que buen provecho sacarán en estos años por venir, realizaciones que emulen de manera coqueta (no creo exista otra manera) esta crisis que ellos tomarán, en su punto de vista, como algo serio y como homenaje; colocando un texto al final o al principio. La música no se debe quedar atrás, no se quedará podemos asegurar. Los narcocorridos podrán suministrarse por más años de tela por cortar, los urbanos y la industria Lora también podrán aportar ciertas tonadas al malogrado desarrollo social del país, unas dos/tres canciones, o bien todo un disquito temático, aunque tampoco podemos descartar a los Hernández, Rocos, Olvera y aquellos que se cambian a cada rato el nombre en una unión para cambiar un mundo que ya han ido cambiando desde hace mucho, según ellos, claro. Mejor manera de descubrir su inservible acto de voluntad por la que dejaron el estudio que tanta falta le hace a este país para, en efecto, mostrar una evolución de verdad.
No es que uno quiera agenciar cierta duda para con aquellos que involuntaria o voluntariamente manifiestan la idiosincrasia del México presente, pero debemos asumir las responsabilidades; tanto años de ver esos entramados cuasi cinematográficos, escuchar tanta “ira” e “impotencia” por parte de los rockeros con conciencia del país y tantas narraciones puristas por parte de los juglares norteños del país, nos hemos ido educando para con una visión que no cambia, que permanece y todo se convierte en un ciclo tan divertido como peligroso; ahora mortal.
Siempre he pensado que las expresiones artísticas de este país, de cualquier país, deberían ajustarse meramente a los criterios imaginativos del creador, situaciones triviales que llegan a algo gracias a las herramientas que cada arte manifiesta después de un estudio profundo de este, posiblemente, por que no, de vez en cuando alguna cita al pie en forma critica a ciertos asuntos, pero nunca el pie encima de nosotros. Nunca.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Susurros

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Hoy es el famoso 15, el día que todos esperan para poder beber creyendo en una serie de mentiras sistemáticas, profesando una justificación más falsa que el hecho mismo. En fin, llevo ya con esta versión, 4 años manifestando lo que para mí es realmente este “festejo”.

SUSURROS.

Vamos al grito, vamos a festejar, me dicen año tras año algunos de mis allegados. ¡Vamos al grito! lo que sabemos todos, significa una bebedera de alcohol hasta la descomposición total en pos de un inicio muy tradicionalista y un desenlace completamente globalizado. Dígase de otra manera, nos sale lo que realmente es en la actualidad el mexicano. Un ciudadano del mundo que exige tradiciones y modernidad en la misma conjugación de tiempo, un compuesto de pretérito y presente al que sólo los connacionales le podemos agarrar sentido.
Empezada la fiesta existe el pretexto perfecto (o por lo menos el ideal para con los cotidianos) de desenfundar, cual florete, las bien recibidas botellas de tequila que ya no lo es, pero que nos lo siguen vendiendo como la costumbre dicta, y si nos sinceramos un poco, sabemos lo que el valor causa en estas fechas para con uno más de los hijos del agave, al parecer en estos días no hace daño. Habrá otros, pues, nunca faltan, que en garrafas pueblerinas (que no son más que recipientes hechos para cargar gasolina) nos brinden de su aguamiel o su curado de “algo” al que muchos se nieguen en pos de cosas que han oído y lo manifiestan de esta manera, o bien, en primera e hipócrita persona (yo no lo tomo porque… ¿sabes cómo lo preparan?). La música doliente no puede esperar, las populares entonaciones de desamores en la sierra, ciudad, pueblo, rancho, hacienda, árbol o maguey, engalanan las primeras sonrisas (ironía aparte) así como los primeros retos infames, infantiles y absurdos de quien bebe o aguanta más. Los caballitos empiezan a ensuciarse.
Si bien el asunto resulta un tanto más falsamente culto, un paso más “intelectual” digamos (en el puro sentido de lo que cantase alguna vez el Rockdrigo comprando a los sabios con los nopales), no falta quien se desenchufa por instantes de ese ardor de superioridad en cuanto a gustos musicales y resuelve desenfadarse con puro rock nacional. Tequilas a la garganta mientras oímos los riffs de guitarras que se hicieron imitando el mercado inglés y estadounidense, sonidos garage, grungeros, punketos, urbano-blueseros, alternativos o bien denominados puro rock se manifiestan en la cochera de amigos que han pasado sus mejores momentos al compás de música extranjera.
La hora del baile no tarda en llegar, a mover el esqueleto en un slam de cotorreo o bien con un buen tronador de columna como lo es el nombrado duranguense, los zapatos se desgastan con un suelo que empieza a engolosinarse y texturizarse cual mosquitero. La descomposición empieza a tomar forma en las deformes sonrisas y carcajadas, en las pláticas polémicas de política, sexo, religión, amor y demás temas en pos de alguno que sabe, se puede cambiar a este país, a este mundo. Lo único que pide es que lo escuchen borracho.
Lo primeramente punzante de todo este hervor es que en la mayoría de las festividades colectivas nunca hubo un mentado grito. Sólo pocos recuerdan el sentido del festejo (que en efecto el primario es ir y ponerse una excelente guarapeta) y todo termina como una fiesta normal. Escuchando los hits del momento, sean nacionales o extranjeros, ¿por qué no un buen reggaetoncito puertorriqueño, un hit americano, una que otra rolita alegre (por no decir gay) europea? ¿Por qué no un clasiquito inglés de los 70, algo psicodélicon del 67 y todos a observar el cielo nocturno que muere? Muerte de tradición. Yo me sigo preguntando por qué demonios todos se visten como en la revolución si eso no es lo que festejamos, para eso falta más de un mes y hay 100 años de diferencia entre hechos históricos. En fin.
Esa es nuestra libertad, nuestra soberanía, nuestra patria. Ese es nuestro grito, un pretexto para el pretexto mismo. Ese es nuestro cambio expresado en marchas que no llevan a nada. Esta es nuestra cárcel; una botella de alcohol y un corazón desangrado.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Bien-vendido

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En esta ocasión admito la abominable diversión, el fastuoso entretenimiento con el que se suscitan los domingos nacionales. Las dos más grandes televisoras de nuestro país han retornado a las ya gastadas formulas con las que tratan de haceros saber que los “talentos” (o mejor dicho los “sin talentos”) son parte tan común como la corruptela policial y política y su falta de ingenio y calidad.

BIEN-VENDIDO.

Alegre estoy, los reality shows han regresado a nuestra pantalla nacional para deleite de la ignominia, la mediocridad, la bajeza y por qué no, del entretenimiento vil y viral con que se definen. En los pasados domingos las cadenas más importantes del país dieron rienda suelta a sus axiomáticas representaciones de lo que el país requiere para una sano divertimento. Yo aún me sigo preguntando el por qué nadie se ha dado cuenta del gran insulto que esto encarna (mencionó esto pues ya hasta de sangre andan hablando).
Por un lado me fascina que uno de estos emporios denote su degradación hacia con su propios artistas (o así nombran ellos a quienes salen en sus producciones), haciéndolos pasar por humillaciones y ridículos. No sé ustedes pero yo la verdad no revelaría que parte de los artículos que vendo/rento/mantengo/manifiesto (¿por qué no llamarlos así, por qué no ponerlos así?) no son para nada talentosos en lo que digo que lo son, ¿qué es eso de que nos muestren que aquellos que “apasionan masas” son bien tarugos para con el bailongo y la cantada, si se presume que eso es lo que hacen? Las suposiciones, pues, se han perdido y ahora se redimen ante una verdad que implora y se sumerge en la falsa liturgia de querer auxiliar con el corazón - y al parecer sin nada de capacidad - los sueños del mexicano común o promedio, dígase de otra manera; un jodido que no tiene ni para mantenerse en la media de lo saludable y que para mala fortuna, debe cargar con algún familiar que se encontró con una vida aún más jodida y que ahora comparten. Lindos deseos estos de ayudar, digna representación de un pueblo, que nos dicen, debe de exigir una nueva cara.
Por otra parte, y tanto más o igual de disfrutable, está esta otra nueva versión (renovada y ya nada fresca) de lo que bien en otros años pudo ser el sumamente cursi concurso de la OTI, donde las futuras estrellas de esta país deben empezar a asegurarse un espacio en el corazón de la nación. Esto, claro, con los obstáculos naturales y unos cientos de más que sazonen la sopita instantánea que lentamente se calienta en base a popularidad, polémica, carisma y evaluación del populacho mexicano; esa sociedad nada educada para sobrevivir y menos para las manifestaciones artísticas. Me pregunto yo, un tanto asombradamente (aunque cada vez menos); ¿qué no lo que se buscaba era el talento vil?, ¿una voz que resuene en lo alto de las esferas de aquellos cantores que le han dado brillo a las tan fugaces, corrientes y presuntuosas noches bohemias? Ellos deben ser los herederos de aquellos que hoy son historia, y ceniza, polvo bíblico que vemos cada vez más desparecer; son los beneficiarios de aquellos que acabaron en las drogas, el alcohol, el abuso sexual, la violencia familiar, la cárcel por no saber sumar sus impuestos y confiar en el primero que se les pone enfrente, o bien, de aquellos que hoy en vez de reinventarse, le escupen en la cara a las nuevas generaciones sus éxitos de antaño para recordarnos el insignificante y mediano futuro y desarrollo que nos depara con esta juventud bipolar que se traga todo y que critica todo para con sus gustos y nunca con fundamentos, disciplina y carácter.
Yo alegre estoy, viendo como los dobles discursos se caen por enfrente de nosotros y nadie dice ni hace nada (incluyéndome), observando las buenas intenciones que critican a los políticos por ser el poder; ¿que los medios no lo tienen?, ¿qué no lo saben, que no hasta piden leyes para sus intereses, que no censuran, cesan e invisibilizan la información? Me agrada saber que todo sigue igual, que las cosas no se mueven, que todos hablan y esconden la mano, que las costumbres siguen, eso es lo que imploramos ¿no? Jamás olvidarnos de nuestras costumbres.
Para muestra estos dos “programones” que hay que observar de vez en cuando (y nunca más de quince minutos por transmisión) para salud de todos, para ver nuestra entera realidad, para observar que estamos ahí, representados. Que realmente estamos todos jodidos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Nidos

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Después de un fin de semana lleno de marchas por razones varias, de pretextos y uno que otro capricho, y después de acabadas las olimpiadas y recordar la vida diaria (cotidiana mexicana), me encuentro con ciertas realidades que al parecer nunca van a cambiar.

NIDOS.

¿Qué es lo que hace a una persona ser más primordial que otra? ¿Será acaso lo significativo y lo trascendental o el simple hecho de la competencia social; peor aún, la conveniencia político-profesional? Yo no tengo la menor idea de a que se deba que ciertos nombres sobresalgan ante aquellos brindados cada que me encuentro en algún sitio y decido tenderle la mano para conocerle – a alguien. Personas en la frecuencia de lo habitual, tan comunes que al igual que yo, no tienen donde caerse muertos más que en el sobreprotector colchón de lo que sufridamente hemos contenido de nuestra educación.
¿Por qué entonces esa movilización tan radical (no de raíz sino más bien aparente) y esencial (mediática) para con la inseguridad – que vivimos todos – por el hecho de que un padre (sufrido, muy sufrido y honesto con su dolor hay que decir), miembro de las altas esferas de esta sociedad, haya perdido a su hijo? ¿Por qué esa actitud reaccionaria para con aquellos que sí tienen mayores posibilidades de vida, de argumento en contra de carreras políticas y/o profesionales, ya lo he mencionado?
¿Qué hay de todas esas otras personas que han pasado por lo mismo y sólo han visto pasar el tiempo ensimismados por lo pobres argumentos de un gobierno que no hace más que ser un escaparte de pretextos que en alguna ocasión fueron material para los mediocres cómicos de televisión, pero que hoy vuelven a doler? ¿Acaso no existen? ¿Acaso sólo se manifiestan las cosas si los delitos están próximos a las personas cercanas a nuestros representantes, que bien no son ellos los que deberían estar cercanos a nosotros y no al revés? Farsas y más farsas, una democracia lacónica es la que sustenta la gobernabilidad, la responsabilidad, la confianza y la fe de su pueblo, una democracia nada poderosa que nos abraza con sus brazos fríos (para sentir aún más el velo, cada que se nos pierde un hijo).
¿Por qué esas reacciones tan rápidas, sin meditar, por qué esas reuniones tan fastuosas donde todos deciden parar su cuello blanco y atragantarse con los ánimos de mayores presupuestos? Yo no lo entiendo del todo, sé que en parte es cierta naturaleza la que se refleja; cierta mediocridad nacida de una cultura que no hace más que traicionarse y re-traicionarse, que no hace más que esperar el momento justo para tomar las justas con su propia mano y acabar primero con sus enemigos y luego a sentarse para engordar, muy ajeno a lo que nuestros también vendidos, mediocres y reaccionarios (reacciones aún más vulgares y anodinas) medios nos piden ser. “No seas la gorda estereotipada que hemos creado, eso no es bueno.”
No sé que tan primordial sea yo en este caso, o los míos, en ocasiones me lo pregunto y me ofusco, ¿qué pasaría si en todo caso nos tuviera que evaluar un gobierno partidista como el que tenemos en todos los estados, y en la federación? Acaso habría movilizaciones por un tipo tan corriente como común, tan gris y usual que no hace más que de vez en cuando tomarse una cerveza con los suyos y disfrutar un tanto los minutos, segundos u horas, cantando una que otra rola que nos revela un dolor más profundo y coqueto, el amor. ¿Dónde han quedado nuestros momentos? Esos fueron secuestrados hace muchos años por gente que se dedico a regalarle este país a la desconfianza.

Hoy las cosas deben cambiar, nos dicen, van a cambiar, lo gritan por todos lados, no será lo mismo, con la ayuda de todos haremos de esto algo mejor, ¿qué no es lo que hemos pedido toda la vida, su apoyo para con nuestras luchas? ¿Qué acaso no somos lo suficientemente primordiales, salvo casos de fechas de elecciones próximas? ¿Qué acaso soy más que ustedes? Digo, yo tengo un reconfortante colchón de educación, al parecer, todos esos de arriba ni eso tienen, salvo sus monedas y billetes que apestan a los años.
¿Qué es lo que hace a una persona ser más primordial que la otra? No lo sé, supongo que en este país hay más cuestionamientos que dudas. Dudas que matan.

lunes, 18 de agosto de 2008

El Catrín y La Calaca

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En está ocasión me he cansado ya de todo ese fervor mediocre que realzan los también insignificantes medios con los que contamos en nuestro país. Estoy, pues, agotado de todo ese oportunismo con que lamentablemente vemos unas bellas olimpiadas. Injusticia tal cual la vivimos todos los días en la calle.

EL CATRÍN Y LA CALACA.

Claro, ¿por qué no? Es bueno regresar con una sonrisa cuando se fue en búsqueda de algo y se regresa con cierto grado de cumplimiento. Al fin y al cabo, las metas resultan la mayoría de las veces lo suficientemente personales como para disfrutarse en el regazo de quienes estuvieron palmo a palmo con esos ya famosos requisitos de “guerra” (batalla sería mejor palabra en este caso); sangre, sudor y lágrimas.
Por supuesto que no estoy cegado del mundo – de lo externo que se suscita fuera de casa – las olimpiadas son la boga del momento. Lo he afirmado y lo seguiré testificando, soy un fiel seguidor de las justas veraniegas y me emocionan las finales de casi todo deporte, la entereza y disciplina con que se compitan estas etapas son dignas de un melodrama lo bastante emotivo como para sentirse bien con aquel que consigue la victoria y las consecuentes ganancias (un tanto menores no así del todo) de los que no alcanzaron la cima de la montaña.
Siempre me he preguntado si en potencias deportivas como nuestros vecinos del norte y los ahora locales, hacen el alarde tan kitsch (cursi y mal entonado) de sus campeones olímpicos como lo hacemos aquí por cualquier lugar obtenido. No niego que el logro (porque en efecto lo es) obtenido de las ya casi “diosas mediáticas ahora inmortales” sea digna de una alegría por parte del espectador, pero no le veo la justificada diferencia de cualquier otro atleta al verle su sonrisa después de lograr parcial o completamente su objetivo.
Que bien, me alegro que estas mujeres hayan salido con uno de los lugares más honrosos con que cuentan los juegos, (todos lo son en cierto grado) y admito que hasta viví en vivo el momento, claro, debo aceptar también que fue gracias a una noche de sufrido insomnio y no al ajetreo mediático, ni a la pasión nacionalista que nos da siempre que alguien se va a romper el lomo – como dicen en nuestra tierra – y todos podremos colgarnos del orgullo. Claro que felicitaría a estas damas si alguien me las presentase en los siguientes meses (tres, cuatro máximo), tampoco vamos a vivir del pasado personal de terceros, lo que hicieron vale la pena remarcarlo como una nota positiva en el grado que se merezca. No se me hace lo suficientemente justo para ellas el ir y tratar de sacarles provecho, no lo hicieron para eso. Tampoco se me hace honesto que el país deba aceptar cualquier éxito personal como logro nacional y después tratar de sacarle provecho. ¿Qué somos?, ¿qué orgullo venden las cadenas televisivas más importantes del país al dividir a las competidoras tratando de adquirir el mediocre rafting? Simple y llanamente nos indican el vacío de sus metas como profesionales, nos escupen en la cara sus verdaderas intenciones: para ellos no somos más que vil mercancía a la cual lucrar cuando puedan vender algo como atractivo, no somos ninguna especie de seres vivientes, emotivos y quebrantables, no existe el individuo sólo la ventaja económica. De esa manera, pobremente nos hospedan en su propia ignorancia, en su bajeza, en su mediocridad, pues lamentable y míseramente han educado a la mayoría de esta nación bajos sus estatutos de pequeñez e insignificancia.
Claro que supe de la medalla obtenida (para cuando escribo esto sólo hay una, no sé que pueda pasar, la sorpresa es un factor humando), nos lo repitieron casi cada quince minutos. Claro que es un logro, como lo es también e igual de emocionante la lucha que se impuso este otro nadador que quiere hacer historias. Cada quien se impone su reto, cada quien ha llevado una vida detrás, todos pertenecemos a un factor común de vida, hemos existido por millones de años en un planeta que hemos ido destrozando (natural y socialmente). Claro, ¿por qué no? Es bueno sentirse bien por otra persona que se levanta para sonreír, en estas olimpiadas podremos hacerlo cientos de veces, ¿por qué entonces vender nuestros pensares a lo ya vendido? Eso sería una triste derrota.

lunes, 11 de agosto de 2008

Laurel

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Siempre he sido un aficionado a la justa Olímpica, cada cuatro años esta celebración logra sacarme ligeros momentos de celebración, es una competencia real que siempre engrandece el espíritu. No obstante, al paso de los años esas manifestaciones de júbilo han ido decayendo, espero que no sea una amargura real.

LAUREL.

Los Olimpiadas han comenzado; una digna justa deportiva donde, como siempre, el factor social va más lejos de los límites en los que debería de cuadrarse y porque no, comportarse.
Esta vez comenzaron grises, con noticias de altura que no se ignoran del todo; secuestros, muertos, levantamientos, números (fatalistas) y las guerras que siempre menoscaban mí impresión del ser humano. Supongo que al mundo se le vienen algunos muros abajo, ciertos encerrones en el que, como siempre, estará solo, orbitando en una galaxia portentosa pero a la vez minuciosa y que en realidad es tan sólo una de tantas. Los días anteriores no sentí esa gracia de disfrute con que se esperaban otras justas, será acaso que el mundo abre un tanto los ojos cada cuatro años para observar una cultura distinta, será tal vez que esta los prefiere tener cerrados (y no me refiero al aspecto físico). Las pasiones, sí, se han empezado a desbordar.
Así que aquí estamos, observando en un televisor, y a casi un día de distancia de esas historias, una bella y disfrutable (porque cerrarnos también) afonía del ritmo “mágico-espiritual-grandilocuente” con que se venden este y otros eventos de la misma índole. Inmersos en unas olimpiadas que al parecer ni el mismo aire - que nos ha de dar o quitar la vida - quería que fuesen en esta ciudad, abiertamente cerrada a la opinión y con gritos de libertad que callan callándose y se ciegan ante las manifestaciones del mundo, antes de recibirlo. Inundaciones, terremotos y replicas son factores naturales que esparcieron también la sospecha, o bien pudo ser también su expresiva molestia a los titubeos con que se maneja un tanto una cultura, que bien debemos decir, no nos pertenece y no logramos entender del todo, así como no lo haremos en 15 días.
Una quincena de jornadas donde podremos defender un tanto de esa humanidad que nos queda, ese alcance físico y mental con que podemos superar las metas, donde denotaremos el coraje y la fuerza, el espíritu que se colma de su gloria por existir.
Vivimos una sátira, olimpiadas de ironía. Tal vez el mundo se deba ir acostumbrando a las jugarretas que le hemos ayudar a aprender.
En aquellos lugares se han de ir cometiendo sorpresas, deportivas y algunas otras tantas que no tienen nada que ver con la fiesta. Habrá quien alce la voz y le tapen la boca y el cuerpo, habrá anécdotas que olvidar y otras tantas inexistentes que saldrán con el paso de los años. Por acá las cosas no se alumbrarán tanto, salvo quizá el oportunismo que siempre existe al observar como alguien llega a la cima – e
l acercamiento ante el victorioso que ha luchado y llorado al observar su meta cumplida (y que hizo para él, su familia y su Dios – quizá – antes que para su nación). Ante tanto derrotado y perdido en la amargura, siempre es bueno rozar y tratar de que el ganador nos arreglé la vida, malamente seremos el resto quien le quite su gloria con el olvido colectivo y la desacreditación tan natural de nuestro país.
Las olimpiadas llenaran de color algunos momentos de este incipiente mundo, país y ciudad; al fin, uno de los aros tiene ese color impuesto (ese mismo que brota cuando alguien se daña en serio), alegrarán ciertas miradas efusivas en los deportes más populares (también hay modas en esos espectáculos) y después todo será igual. Lo digo pensando en nosotros, como pueblo. Habrá más de esto y aquello, más llanto, más rabia, más indignación, más zozobra y más saliva para los discursos y oportunismo para el futuro mediático y político futuro. Todo será igual.
Las olimpiadas han comenzado, habrá que disfrutarlas, que honrarlas hasta cierto sentido y después olvidarlas, que con cada justa hemos de ir observando la debacle de un mundo que mira atónito el consecuente futuro y no hace más que eso, vivir del pasado y de lo que simbolizan sus ancestrales rituales. En parte bien, sólo en parte.

lunes, 4 de agosto de 2008

Segundos

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Últimamente me he enfrascado en cierta animadversión hacía los programas televisivos; ¿será por que ahora tengo el tiempo para ver un tanto más de está ridiculización de la humanidad, o bien que apenas me voy dando cuenta y salgo del letargo? Esto es un escrito más en contra de estas técnicas y hechos viles (y “virales”) que se dan cita en nuestra pantalla nacional.

SEGUNDOS.

El tiempo se aproxima, en si una de sus tantas faenas es esa misma – acercarse. Y bien lo logra debido a que su naturaleza es siempre estar lo justo y suficientemente cerca o lejos de lo que se necesita. Claro que este tipo de justicia varia mucho a la que el humano ha ido creando alrededor suyo; digamos que nada es justo para alguien cuando este endeble valor no le favorece. ¿Qué tan naturales seguimos siendo, qué tan alejados estamos de nuestros reales preceptos? ¿Para que poblar un mundo destinado al caos?, se preguntarán algunos, otros tantos, como yo, es el porque de seguir asistiendo a una humanidad con educaciones aparentes, obsoletas e inexistentes de carácter y disciplina. ¿Por qué seguir con simulaciones?, ¿qué todo se ha vertido en un estricto sentido de mercado? ¿Tan baratos somos?
Bien puedo levantarme en la mañana y buscar algún entretenimiento banal en el televisor – digamos que no quiero encajar en la complejidad el mundo, que tan sólo me agradaría sentirme frío ante las causalidades y consecuencias del factor social masa – pero el mismo sistema es en sí ya la causa y la pena de todo ese mediocre sentir. Yo no sé porque le ha dado a las televisoras más poderosas del país resumir toda su paupérrima programación nocturna en la de la mañana. Con programas de revista (cuasi infantil), sólo gastan su efectivo al enfrentar a unos individuos sin carácter y educación formal a las cámaras para poner en pantalla escenas que no resumen sus novelas estelares, sino que las retransmiten en cortos plazos y con comentarios vendidos, cursis e ignominiosos por parte de ese reparto que no logra otra cosa más que desarticular el animo de crecer en espíritu por parte de su “respetable” auditorio. Una vez más repito mi queja sobre su dislocado discurso; no sirven de nada sus buenas intenciones (mediocres también) si mantienen haciendo crecer a la gente en base a estereotipos gastados que no hacen más que las nuevas generaciones sigan siendo las mismas, con los mismos errores, con los mismos defectos que después tratarán de solventar con triviales campañas sociales. ¿Dónde está la buena intención pues? ¿El tiempo ha sido justo, ha sido el justo?
Entonces, asumiendo el cargo de volátil en mí estilo, debo continuar donde me he quedado, pero claro, después de haber pensado esto, como me sucede cada que deseo banalizar un tanto el día y prender el televisor para encontrar algo que valga la pena en la televisión nacional. Nada vale la pena, por lo menos no en estas dos cadenas que tan sólo mantienen su poder debido a las tinieblas que emanan de sus señales.
El tiempo se aproxima, sigilosamente – como siempre – se acerca desde hace años ya en vano, se acerca para alejarse y dejarnos con su pasado. Por todas partes observó ya la mentada onda retro que no es más que nuestra incapacidad, hoy ya muy sería, de mirarnos en futuro, mejorados, siguiendo explorando nuevos aforos para una humanidad más estable. Somos incapaces; incluso de ver el mismo tiempo correr.
El tiempo se va y nosotros nos hemos de estancar, nuestras prisiones están escapando de sus cautivos, nos aplicamos a la mentira, a la farsa, a la promesa sin cumplir que antes ilusionaba, nos adentramos a un mundo donde las palabras no valen nada, donde el desamparo cultural se pierde en vaguedades y hechos mercadológicos que deberían asombrar. Somos tan poco de lo que debimos que no hay vuelta atrás. Ahora debemos incluso mentirle a la soledad con la que hemos de compartir.
Somos soledad añejada y desempleada del tiempo, somos una masa cada vez más uniforme con ciertos baches hacia el sur. Nadie nunca quiere ver hacia abajo, hacia atrás, es malo, nos dicen. Nos venden un futuro que nadie jamás lo ha siquiera pensado, somos inertes y vagos de un tiempo ya acercado hace tiempo, que se da vueltas y nos ve de reojo. Somos un intento del hecho que debimos ser. Ya lo decía Dylan, “…si el futuro no fue suficiente tiempo, entonces la soledad no significa nada para ti…”

lunes, 28 de julio de 2008

Disimulos

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Para está ocasión, decidí redactar con un cierto tono de secreto. Es una columna que bien puede tener un par de interpretaciones diametralmente opuestas, basad en cuestiones de ego y falta de humildad en ciertas personas de esta ciudad. Espero puedan contar con alguna de estas y sino, pues con el simple hecho del interés sería más que suficiente.

DISIMULOS.

¿Qué hay de cierto con la verdad? Hay momentos en que uno piensa que las cosas posiblemente nos atrapen mayormente por una causalidad del consenso de realidad, que por su propia naturaleza errática; el humano valor de la mentira. De ahí, tal vez, proponga el sentido del delirio, del complot, del auto complot; pareja anímica, basta decir, de la paranoia citadina moderna; un legado que podemos agradecerle a la galantería de la política y su fiel amante burocracia – generadores de egos trivialmente acrecentados.
Lamentablemente yo aún no he sufrido de tal síntoma post-derrotista; será tal vez porque nunca me he atrevido a figurar en alguna de esas competencias “oficialistas” que se anuncian con “bombo y platillo” en las áreas nacionales que se nos han vendido falsamente como cunas de cultura. Nunca me he enfrascado en los anonadados eventos de glamour comprado (venerado por la ceguera formativa) y anudados discursos de éxito auto nombrado que no hacen más que el individualismo se pierda en una vorágine de inconformidades y miedos a la derrota póstuma. El ciclo, pues, de una instrucción de peso, de un aprendizaje que acerque a la madurez, se pierde por el grave factor de una naturaleza vencida y aprisionada. La falta de una educación “real” en esta nación se hace cada vez más evidente al percatarse de cómo los adjetivos creados a partir del talento, del éxito, de lo sagaz, de lo inteligible y bien desarrollado han sido utilizados de manera pobre, alejándonos de los verdaderos niveles de aptitud y competencia de este país. El amiguismo, el compadrazgo, la profunda corrupción y las meras “buenas intenciones” de los gobernantes nos han obsequiado un rezago constante, creciente y dañino para las futuras generaciones.
Yo nunca me he sentido cerca de algún sistema honesto, de algún método real de competición, de una justicia que se dirija al conocimiento real. Es tal vez por eso que seguimos estancados en el (un) mismo sitio, es tal vez razón de más para esa memoria colectiva tan débil, para el fortalecimiento de esa paranoia (irónicamente generadoras de los complots imaginarios y los contra-complots reales que han de ser contraatacados también), el alimento para esos egos que hemos dejado crecer ante una impotencia que del mismo modo existe en sus oradores. Somos, pues, tierra de mediocridad todo terreno.
Campos de maíz con detrimentos, de agave casi extinto, de sonrisas e infancias que se pierden entre el frío, el sol quemante y las inundaciones ya tradicionales.
Algún día todo se ha de ir perdiendo, es cierto, las cosas deben de ir cediendo el paso a cierto estado de desarrollo. La naturaleza ha de encontrar su ritmo, ha de encontrar el estado natural de las cosas, ¿por qué entonces luchamos en contra? ¿Por qué seguimos manifestando derrocamiento y no exigimos calidad en todo aspecto?
En ocasiones me pongo a pensar (fantasear realmente) sobre lo que hubiera ocurrido si la locura colectiva de la humanidad nos hubiera centrado en disfrazarnos en algo que no pareciese humano, ¿seríamos pues súper héroes, extraterrestres y demás monstruos expresados de nuestras oníricas reflexiones? ¿Sería acaso más poderosa, o realmente poderosa, el mito de un Dios que se aparentase a nuestro verdadero ser? Las cosas se acaban, pero antes dejan un rastro de perdición y zozobra para que la historia lo estudie así, como algo que vino en regresión.
Lamentablemente no sufro de delirios mayores que los de un corazón roto de vez en cuando, de un alejamiento y un adiós, de una enfermedad pocas veces exagerada. Me falta ser más un hombre de mundo para tal vez darme cuenta que se puede crecer sin pisar a otros, con la confianza en uno y en los equipos, con la intimidad y la libertad de un talento. Uno que se utilice para levantar a más, y más y más. No creo ser el hombre de mundo que lo sepa, agradecidamente tampoco soy el hombre limitado que hace y cree (y no se percata) de todo lo contrario. ¿Qué hay de cierto con la verdad?

lunes, 21 de julio de 2008

¿Y Después?

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Sigo en una especie de rencor mediático, no es que me haya percatado hace poco de lo funesto de estos, sólo que en esta gira del adiós, como irónicamente la he nombrado, me he centrado en las cosas negativas de esta sociedad que más notorias son. He aquí un relato más sobre esta paupérrima característica del país.

¿Y DESPUÉS?

Aún me da un tanto de pena y un tanto más de gracia (burda), el hecho de que nuestro entorno gire entorno de noticias que no deberían permutarse entre la información relevante para una sociedad moderna, pero así es. Somos, aparte de obstinados y contrastantes, arcaicos entes que no permiten que el desarrollo se abra paso por sus mentes. Cuales atormentados e inexpertos pobladores de un cuento Lovecraftiano nos negamos la existencia de los males y hacemos crecer a los monstruos gracias a nuestra tenaz y grácil ignominia cultural. Siendo el mexicano tan rico en contexto cultural, debido a la extensión tan exquisita de naturaleza y recursos de su territorio, no lo puede demostrar y se salvaguarda en los factores más denigrantes, creando el mentado y humillante estereotipo de nuestra sociedad en el extranjero; es decir, en el abuso, la corrupción, los vicios, la flojera y el desdén sentimental que ha de llevarnos a las citadas noches de alcohol y rondas de un buen cúmulo de desilusiones amorosas convertidas en pobres prosas de melodías evangelizadas. Himnos de la propia desgracia que han de servir para un momento de “felicidad” disfrazada antes de caer en el fausto suelo de la verdad. Quid de una mexicanidad cíclica que se escribe, se relata, se refiere y cuenta pero no muere, no cambia, no evoluciona, no nada. Persiste como el tiempo y con el tiempo ha de envejecer sin arrugas.
Desde hace tiempo me encuentro ya con un absurdo cada vez más creciente en los sitios de Internet (ese gran experimento tecnológico, gran fracaso de la humanidad como cultura) de información general. Sus rubros de titulares estan repletos de faltantes de interés se reconfortan con poner información acerca de rumores de estrellas y “famosos” o figuras públicas como ellos suelen nombrar. Resulta que ahora el llamado “periodismo” del espectáculo (del cual sigo negando su real existencia y mantengo mi concepto de ello como una baratez ambulante) es lo indispensable para el conocimiento cotidiano y regular de nuestra sociedad. Hasta la bandada de los gangsteriles políticos le han entrado con saña, peso y fuerza al juego. Nuestros representantes son representados para aportar nuestro juicio. Nuestra democracia es en parte chiste y es parte un juego de planos televisivos y fotos de primera plana en revistas que dan pena a alguien que tenga lo mínimo de educación. El rumor es esencial para la vida cotidiana, parecemos rezar.
Los mínimos y básicos placeres de escuchar un buen disco (con verdaderas y esmeradas composiciones), ver una buena película, comer sana y gustosamente, tener una charla alejada de la banalidad y donde el camaderismo vaya más allá de nuestros errores sino en el factor de complementación interpersonal de las amistades – con sus especialidades culturales debatiéndose alegremente con fundamentos que enriquecen a ambas partes – son mal vistas, son aburridas nos dicen, son elitistas se quejan, son símbolos que en los supuestos (siempre los rumores), estan propiciamente fabricadas para rebajar a otros. Los mínimos placeres, pues, se alejan y los vicios y vacíos cuerpos se moldean para las nuevas generaciones. Los nuevos modelos rejuvenecen aquello que debía de perecer, somos en parte ese camino que con cada roce de lluvia se quebranta y deja un bache para los consiguientes caminantes. Somos el reflejo de lo que tenemos, y da miedo al ver lo que poseemos; esos pobres, mediocres y vulgares medios, programas de televisión sin sentido (de la estética y de la formación que se requiere), de sus impresos ya discretos y de sus campañas que más parecen un chiste mala sepa. Un mero intento de sentirse bien consigo mismos, como bien lo dicen, pero el sentido es para sus adentros no para el nuestro. Meras buenas intenciones que ya no son necesarias cuando los hechos se piden a gritos.
Me da un tanto de pena, lo he dicho, y un tanto de gracia. Nacemos cono ese mentado “don” que no lo creo sea, acerca de poder reírnos de nuestras desgracias. Desgracia más.

lunes, 14 de julio de 2008

Blanco

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Acepto el desencanto, la falta de inspiración y un tanto el rencor hacía con las razones varias de esta columna. En primera estaba en extrema cansado el día que tuve que redactarla, por tanto no tenía menor justificación que dejar caer ciertas opiniones que siempre he tratado de sobrellevar debido a la naturaleza de esta nación, dígase de otra manera; la corrupción, la mala educación y los mediocres medios de televisión con los que contamos. Así que sin mucha imaginación en la cabeza, decidí hablar sobre su nueva oleada de “buenos gestos”.

BLANCO.

Bien, muy bien, la cadena televisiva por “excelencia” en este país nos indica que seamos dignos para con nuestros cuerpos y para con la salud, pero ¿ellos nos han dado algo con lo que poder combatir en todo sus años de existencia?
Son pocas las ocasiones en que nos percatamos de aquello con lo que vivimos cotidianamente, por lo menos puedo indicarlo de manera personal, muy personal, personalísima. Había escuchado, oído, vivido, varios de estos absurdos comerciales, meros productos mediáticos (que más pueden hacer estos limitados seres), pero no me había percatado del todo de lo que significan. Es grosera toda esta campaña que tiene esta televisora en contra de la mala salud, la ignorancia y la mala vida, lo digo pues es ella una de las principales causales de estas atrocidades. Y no es que ahora quiera enmendar la situación, sino que ya es demasiada la broma de estos delincuentes del intelecto mexicano.
Conversaba con algunos queridos amigos sobre las angustias de esta sociedad nacional, y encontré dos elementos sustentables en cuanto a nuestras necesidades; digamos que nos hace mucha falta el valor de la exigencia, no demandamos calidad en ningún sentido, y para contrarrestar esto (o bien para darle más al traste en términos más que coloquiales) somos sumamente complacientes. Misteriosamente todo lo que hacen nuestros más cercanos colegas está bien y nunca tiene un pero para la crítica; todo está bien, bien, bien. Si lo vemos en escala, todos son amigos de alguien, entonces el mundo es perfecto. La envidia es algo que mata todo ese otro valor. Somos, como ya se sabe desde hace varias décadas, una sociedad de contrastes que está perdiendo su fervor folclórico en pos de la imitación, de la irritación, de la ignorancia.
Hemos sido educados en gran parte por el universo mediático que nos dice que hacer, que decir, que comprar y hasta que creer. Ahora resulta que estamos mal y debemos cambiar. Suena bien, claro, todo lo que indique un sentido positivo de desarrollo no se debe de tachar, sólo me pregunto; ellos que estan dando a cambio; ¿únicamente el resaltar más su ignaro proceso de “evolución” exhibiendo a sus más regordetes conductores? ¡Que barato!
Para colmo, esta productora de falsedades, hace uso de sus más viejos recursos para llevar a cabo su más reciente broma generalizada (en todos su “benditos” programas nos la recuerdan), es decir, nos colocan con sus ridículas canciones y demás estrategias de antaño sus mensajes que no conciben más que la idea alocada de alguno de sus directivos que cree salvar al mundo. Con alguno dueto o mezcla de éxitos del momento nos tratan de colocar su mensaje, su estrategia para con unos ideales ya vendidos por ellos y comidos por la gente que no tiene, lamentablemente, más que verlos y educarse con sus programas, noticiarios y bofas tramas de novelas. Ideales que nunca han sido tradicionales pero que ahora son parte de una reminiscencia de lo que será.
Bien, no niego tampoco el asunto que en efecto es necesario que este país cambie muchos de sus elementos radicales (“radical de raíz” si es que alguien recuerda esa maravillosa película de Raúl Busteros), entre ellos su alimentación, pero creo que sería más importante y más radical (de raíz) el intelecto. La educación lo indica todo, siempre lo diré y siempre apostaré por una formación cultural de envergadura ante todo esos juegos mediáticos mediocres como los que ahora podemos observar de gratis con tan sólo encender nuestro televisor.
Nos piden elegir, nos dicen que debes estar bien, nos ponen a dos atrocidades “musicales” de su repertorio a cantarnos sus ridiculeces (¿qué no una de esas muchachitas tenía serios problemas alimentarios?). Acepto la broma, acepto que nos recomienden, pero ¿por qué no eligen ellos mejor darnos una televisión de calidad?

lunes, 7 de julio de 2008

Cuevas

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Dice la canción; sombras nada más, y en esta ocasión las elegí como quid de este escrito, donde describo un sentir un tanto bajo de lo que es nuestra naturaleza propia. Es decir, no podemos cambiar las razones ya establecidas para nosotros, pero tal vez podamos vérnoslas de mejor manera si nos disciplinamos, aunque es algo ya incierto.

CUEVAS.

El otro día observaba las sombras de las demás vidas que caminaban, al igual que sus dueños, por una de las calles principales del centro de esta ciudad (breve, siempre breve, lo he dicho). Permanecía de pie cerca del transitar de todos esos pares de brazos contorneándose al ritmo del que se encontraba enfrente en la fila improvisada que se crea en la cotidianeidad; así hasta las esquinas que dividen nuestra brevedad, la cadencia citadina de todos esos pasos, de todas esas parejas – conocidas y desconocidas – de todas esos cuerpos, de todos esos amos, de todas esas almas, de todas esas negruzcas siluetas. La observaba como ellos bien pudieron hacer lo mismo con la mía.
Es ilusorio y aparentemente interesante si lo observamos desde un punto virginal; animado por la imaginación, inanimado por el recurso del relato, cual Peter Pan que trataba de alcanzar la suya. Supongo que esa excéntrica idea ha de traer suficientes golpes si uno lo llevase a acabo, el caso aquí es que una sombra no es nada fantástico. Es tan sólo una región donde la luz ha sido bloqueada, donde la oscuridad ha quedado a merced de un obstáculo, un cuerpo físico que ha dejado sin oportunidad a la emisión del sol de llegar a todos lado de manera uniforme, si es que lo vemos desde el punto en donde yo me encontraba hace algunos días. Cada uno de nosotros hemos de detener el paso de otro objeto por naturaleza misma. Somos sombra y estorbo, estorbo y sombra, somos origen y tropiezo. Podemos causar pero no crearnos, podemos resolver pero no deseamos, tan sólo aspiramos a mejores cosas sin aportaciones argumentativas de peso, creamos a través de impedimentos y para salvaguardar el orden establecido de las cosas (dejémoslo así y no en el caché de la frase), debemos fabricar más. Entre opciones nos ahogamos y no llegamos a ninguna solución, somos como aquellos que no hacen más que pagar interese por el hecho de no querer gastar lo que se tiene. Siempre aspiramos a más y no debemos, no podemos, somos como este fachoso ejemplo que acabo de hacer, somos el reflejo de lo que consternamos como tradición, lo que juzgamos como pasado para seguir siendo futuro. Somos nuestra propia sombra y como niños, jamás nos la lograremos quitar.
Me encontraba detenido en un lugar “con sombra”, así le dicen, así le decimos. Era un lugar techado (algo obstruía la luz antes de que esta pudiese llegar a mí para el mismo destino), y todos afuera de este caminaban a la par que el resto, era una masa como bien se menciona en los libros de texto – en todo caso yo era parte de la masa inmóvil – y observaba sus siluetas seguir a cada unos de sus patronos, sin rostros ni gestos, sin coyunturas ni tonos; eran tan sólo un borrón. Del tipo de borrón que sería de mí cuando me hartase de no hacer nada, de andar de vouyerista anodino y me decidiese, al igual que los rayos del sol, ha realizar mi destino; a formar parte del mundo y salir a tratar de ganármelo sin merecimiento alguno. Ser una sombra o ser luz que ha de volverse sombrar al topar con algo, o acaso a algún.
El otro día me detuve a observar, el calor era un tanto exagerado para mí y decidí refugiarme de las altas temperaturas que han de cambiar, siempre cambian, ahora un tanto más (no hace falta que me expliquen). Me cobije en el mismo sitio que lo hubiera hecho si estuviera lloviendo o haciendo frió, me contuve, me amarré y no realice acción alguna por un par de minutos. Me hice en parte visor y en parte visible. Algo detenido frente a tanto movimiento es bastante peculiar.
Lo mismo hubiera sido si me hubiera ido a comprar un helado o sentado en aquella vieja banca de parque que siempre he de visitar. Si hubiera seguido la rutina, la costumbre de no hacer mucho y gozar poco. Un día lo es como tantos otros, como toda esa gente que camina y se lleva su sombra y se lleva las sombras de los demás entre sus rítmicos desplegados de ideas e ideales, y días, y noches.

lunes, 30 de junio de 2008

En Casa

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Entre temas viejos y recientes, más de un pasado no tan lejano que de un presente que debería estar apartado de estos tiempos, es que redacté lo siguiente. Una critica sosa sobre el atraso colectivo y global. Sobre lo que ha pasado antes y lo que ha de pasar, seguir pasando y siendo olvidando y vuelto a cumplir un ciclo.

EN CASA.

Para sorpresas la experiencia misma de respirar –un estornudo puede considerarse como un presagio en ciertas mentes – uno aspira y respira de la misma capara airosa en que otros se dan el lujo (ya acostumbrado) de vivir y todo lo que ello implica también, que lo es todo o casi todo. Ciertos insultos pueden salir de la boca de algún ente meramente imaginario, pues no lo vemos todos, desconocemos y desconoceremos la mayor parte de nuestro bestiario universal (así como del cercano propio), y atravesar las capas que no lo son, pues es una; el aire, y mezclarlo con la básica experiencia de suspirar por un recuerdo acordado que yacía oculto en la sombra de un olvido generacional. La vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida, reza una canción movidona, creo.
Extrañezas son las que uno encuentra a la vuelta de la esquina, las hay de muchos tipos pero siempre las catalogo en dos: las plenas de ficción, díganse irreales y las reales, que en la mayoría de las ocasiones deberían encontrarse con sus contrapartes en el mismo plano. Las dos las fabrica el humano en su ingenio natural, unas sobresalen por la imaginativa individual (o de grupo) y las otras por la ignorancia colectiva (o de masa). Ambas son risibles y festivas, como lo somos nosotros. Todos caemos en ellas pero pocas veces queremos percatarnos. Sin darnos cuenta, al querer salir librados de ellas no hacemos más que sumirnos otro tanto en el fango de la situación.
El otro día me enteré que algunos sudamericanos, peruanos para ser más exactos, se quejaron de la trama inverosímil (y medianamente llevada) de la última cinta del famoso arqueólogo de Lucas y Spielberg. Cosa que me trajo a la mente esa otra anécdota, ese otro recuerdo perdido generacionalmente, aquel también banal lamento que se tuvo en estas tierras por aquella trama fílmica del bastante venido a menos de Mel Gibson.
Risible como mencioné anteriormente, pues no creo que exista cabida para estos clamores, las cosas en contexto, por que todo parte de uno y se debe desarrollar en el, si en todo caso se quiere llevar a otro se deben esperar resultados de los más gallardos. Nunca he entendido la razón ni los argumentos del enojo manifiesto de algunas cintas que plenamente ostentan ficción, ciencia ficción y fantasía. No entiendo el porque de esa ansia de montarse sobre una polémica que no lo es, sobre el escaparate que brilla por encima de la montaña, del desconocimiento de los objetos y los objetivos.
El cine es un simple manifiesto de su autor (en lo que respecta a lo artístico), a un básica critica (en lo que respecta a la practica social), y en hollywood o la meca del cine comercial, pues a un mero divertimento cuando bien va, ya que sabemos que parte importante del éxito se valúa en lo redituable de la obra. ¿Por qué pelearnos con ese devenir?, tampoco son nuestra cultura, ¿por qué fusionar elementos que no corresponden? No creo contradecir los argumentos con el anterior cuestionamiento. Sí, ellos vienen pero no creo que mezclen, eso sería una tarea por mayor inteligible a lo que realizan, que es un mero asistir, observar, comparar y destruir para con sus objetivos. Al final, es algo que hacemos de la misma manera al quejarnos. Vamos, asistimos, observamos, comparamos y destruimos. Lo que es una cinta con expectativas de oro no es más que eso. Esperando que lo logré – o es que así nos han educando moralmente para con el prójimo. ¿Por qué todas las reglas del culto se encuentran en un vital enfrentamiento con lo que se nos hace natural?, ¿será mera falta de disciplina o un avistamiento más de que los tiempos en efecto nos han vencido? Me da un tanto de risa el asunto, porque yo aún no sé de nadie que se haya quejado de la cinta sobre los conquistadores que descubren que el mayor dios azteca es un tiranosaurio, que compré “pirata” el otro día en esa lugar donde todo es “pirata” y robado y del cual tampoco nadie se queja, salvo cuando la economía decae y todos ocultan la parte de corresponsabilidad que nos toca. ¿Y los muertos? leía el otro día, pues los muertos lo serán. Siempre. Olvido.

lunes, 23 de junio de 2008

Un par de Notas

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Comenzando con la gira del adiós, pues me retirare de estos lares por lo menos por un año (esperemos un tanto más), esta semana decidí dedicar mí texto a ciertos gustos y temores personales que como tantas otras cosas, me contradicen cual debe ser para seguir siendo humano. He aquí un texto brevemente familiar con nexos a mí amor por el progresivo (rock) y mi temor a la tecnología.

UN PAR DE NOTAS.

Mi primo me visitó el otro día, trataba de que de alguna u otra manera le dijera como manejar su nuevo aparato, suele comprarse varios artilugios de alta tecnología que nunca logro asimilar, lo repito, son de avanzada, o por lo menos para mí, que en ocasiones batallo con los auto-estéreos comunes – de los autos más que comunes. Me visitó y me lo enseñaba repetidas veces para que le dijera si estaba en lo correcto al tocar aquello o al aceptar lo otro, era uno de esos celulares tan de moda que lo tienen casi todo, o bien todo - para mí - que cuento siempre con una visión limitada del futuro (como todos, pero en referencia al lado fashionista). No es que mí primo ignorase de mí oscuridad ante tales pomposidades, el otro día leía el cabezal de un artículo con referencia a tal artefacto; “el objeto del deseo” le nombraron, pero fue tal vez esa parte humana tan disoluble como sólida que encaja casi a la perfección en los entramados de la alegría y la tristeza, a veces en ambos, lo que le hizo venir; la soledad y su contrariado deseo de encuentro o repulsión. Tal vez no quería sentirse desolado cuando algo malo ocurriese, cuando por un descuido (o bien plena tosquedad, o bien rudeza, o bien miedo, mucho miedo) algo ocurriese que le quitará de las manos – de tajo – el control sobre su nuevo aparato. O bien, como es también costumbre humana (¿qué no lo es?) quisiera testigos del hecho para disminuir el agravante de la culpa. En todo caso yo tendría algo de responsabilidad también, en cualquier momento pude haber detenido la acción que mataría la ilusión de lo recién adquirido. Tal vez por eso nos enamoramos de seres humanos y nos alienamos de objetos, y nos habitamos a los hechos. Tal vez por eso nos encerramos como individuos y nos abrimos como estereotipos. Tal vez por eso algunos son monógamos y otros tantos no. ¿Qué se yo? Nunca he querido responderme ese factor, el de no querer estar en boga con todos los aditamentos nuevos que existen para la vida social. Asimismo tampoco deseo (ni como quimeras) ser un ermitaño. Tan sólo anhelo una casa con jardín de buen tamaño, donde no falté la música y el verde y el aire y el sueño y un tanto de azul. Los matices cada vez con más dudas. Todo tiene un matiz.
Mi primo vino el otro día a visitarme, él con su celular (si así le podemos llamar) y yo escribiendo sobre algún tema ya pasado de moda (o bien predestinado a) escuchando un poco de Krautrock, Faust para ser exacto, él observando como el mundo puede pasar por sus manos y yo retando los turnos, amaneando el tiempo con esa música hecha a base de ruido, esas tonalidades de principios de los 70s que no son asimiladas, que aún apresan a cualquiera (pues a pesar de su extrañeza no pasan desapercibidas) y que explotan la duda de cualquiera al preguntar el clásico ¿qué estas escuchando?, prediciendo al ¿de dónde es eso?, ¿cómo escuchas eso?, ¿de dónde lo sacaste? Mi primo con un universo de posibilidades en un rectángulo pequeño, yo con un etéreo sonido que cuesta aceptar a pesar de los avances. ¿Estaré entonces un tanto más cerca de la tecnología? No lo creo, nadie lo creería conmigo. Esa música es de locos, dirán. Soy un nostálgico de vanguardia si bien me va. Si me hubiera muerto en ese momento mi primo tal vez hubiese querido poner en mí epitafio: “Escuchaba ruidos”.
Mi primo vino el otro día, traía consigo uno de esos celulares nuevos, lo que en boga estan, los objetos del deseo actual, lo que ha de cambiar cuando las curiosidades den una vuelta más al mundo de las posibilidades (o viceversa). Quería que le ayudara a instalar algunas nuevas aplicaciones, quería sentirse apoyado mientras le metía mano a ciertos sistemas y seguir aprendiendo de su nueva adquisición. Yo estaba apunto de comenzar a escribir este texto, escuchaba un poco de música un tanto extraña, un tanto añeja. Ambas cualidades. Ambos nos sorprendimos, yo de lo que puede ser el futuro al ver el presente, él del presente al escuchar su añejamiento ante el pasado. Estuvo como por alrededor de 30 minutos y se marchó, como todo lo ha hecho o lo hará. Epitafios.

lunes, 16 de junio de 2008

Verde

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Para esta ocasión decidí escribir de manera muy personal, en cuanto estilo, no obstante elegí un tema por lo más actual, actual presente y actual contemporáneamente. Es decir, que está libre en el aire de estos días, pero también desde hace ya un par de años (presentes). Escribí sobre esta división ideológica que abunda en el país.

VERDE.

Sentado en la banca del parque – la banca del parque de la que ya no escribo tanto pero a la que sigo asistiendo ocasionalmente, tanto en la imaginación como en sueños, tanto física como alejadamente – escuchando los comentarios de una ciudad breve, breve en todo sentido, y su igualmente infanta gente que camina con direcciones opuestas y pensamientos contrariados en la cabeza, nunca en la mente (siempre cerca nunca lejos, siempre excusados nunca profundos).
Sentado en la banca del parque, así me encuentro; como un apático testigo de la vida que se desarrolla frente a mis ojos, irónicamente, tal vez, esa sea parte de mí función en ese momento, ser un inerte prototipo de la calma, de lo vago, de lo no desarrollado. El tipo de a lado no parece estar igual, sonríe, ríe, se mantiene con una especie de alegría en el corazón. Señala frecuentemente a alguno de los caminantes. Veo lo que él observa pero desde mí ángulo, unos cuantos centímetros a su costado izquierdo, posiblemente sea la suficiente diferencia como para no encontrarle el mismo sentido. De otra manera, se encontraría en mí banca, la banca del parque público, donde no recuerdo si he visto reír a alguien que se encuentre sentado en ella, quizás porque siempre me encuentro en ella cuando me percato de este asunto, quizás porque cuando paso por el parque y la veo a la distancia siempre me figuro ahí y nunca reparo en quien se encuentra allí, en la banca, en eso que he hecho como mío en mis textos, que tanto son míos como de los míos “mí banca del parque”, así digo, escribo, imagino, atiendo.
Sentado, escucho y desfiguro lo real, lo vuelvo irreal (lo escribo) y lo desdibujó más, las anécdotas pesan cuando uno se da a la tarea de matar la pureza de una hoja en blanco, como alguien que ve en ella una oportunidad, la de asesinar creando. Irónicamente me encuentro como algo apático entre mí espacio y todo lo que se mueve, entre mi lado (que son dos pero uno para quien lo ve de perfil) y él individuo que ríe, sonríe y señala para seguir con esa feliz sensación de estar bien y que se encuentra a mí derecha, o yo a su izquierda y me ve de perfil. ¿De que ríe me preguntó?, ¿por qué no ríe? puede decirse él, acaso se pregunta algo de mí, acaso se ha dado cuenta de mí presencia. ¿Quién se percata de algo indolente, lento, indiferente ante la móvil y estorbada conformidad?
Soy sólo un lado aunque tenga dos que en realidad es uno y no debería ser ninguno. Soy algo para mí que para los otros no, me fragmentan, como cuando escribo y divago, soy vago en sí, por eso lo hago. ¿Quién quiere sentarse cuando todos caminan, quien quiere caminar cuando todos duermen, acaso sueñan que lo siguen haciendo; caminar, permanecer sentado, seguir soñando?
Sentado en la banca del parque escucho los comentarios de una ciudad breve, divididos en bancos de pensamiento que poco a poco incrementan sus intereses a la usanza de una vieja obra del teatro de lo absurdo. Alguien ríe, el hombre de a lado que ha decidió, como yo, sentarse a observar, talvez, no puedo saberlo, su risa les da un ritmo distinto a los pasos, a las pautas de ritmo de cada comentario; un poco más acelerado cuando estan optimistas, un poco más lento cuando se niegan ante la posibilidad. Soy sólo uno, como el que camina, que son varios, como el que ríe y se carcajea como dos, o tres, no cuatro, no tiene la capacidad tampoco de ser tan alegre. No me lleva más de tres años y se ve que ha sido educado de la misma manera en que lo fui yo.
No permanecí más de mis acostumbrados 15 – 20 minutos, él hombre que señala, que señala y ríe (y que también es sólo un lado para mí, su izquierda) era pasado, sus acciones ahora tendrían que ser conjugadas en pretérito. Se había marchado cuando levanté mí vista para divisar el árbol que nos cubría del sol, a los dos, a nuestros lados (que juntos eran cuatro) y que era inerte, más que yo, irónicamente más vivo y viejo que cualquiera en la escena. Me marché hiriente después de hallarme solo y empecé a reír.

lunes, 9 de junio de 2008

Frases

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Debo admitir que en esta ocasión decidí sincerarme de forma particular, durante algunas semanas atrás he estado trabajando en una serie de historias que estoy a punto de culminar para poder empezar a desdibujarlas (o dibujarlas de manera más seria). He aquí un resumen bastante escueto de algunas de ellas entremezcladas que me sirvieron para obligarme a olvidar lo compón de los días. No obstante la esclavitud hacía el mundo.

FRASES.

El otro día imaginé la historia de un hombre, de un hombre que ha cargado una culpa que bien pudo ser indultada, que lo fue, pero que ha quedado plasmada como una carga en su pasado, que extinguió su futuro mientras se hacia presente y este muriendo al pasar y dejarse pasar (todo pasa). Este hombre habría matado a alguien a sus 26, o 25, tal vez menos, tal vez más. Era joven. Fue en defensa propia durante un asalto dentro de la tienda de armas de su padre, no puede decir que lo deseo (el hacerlo, el matar), tampoco que fue un accidente; “tal vez un poco de ambos” se reza en una frase que es ya disyuntiva por si misma. Pasó, que más se puede decir (todo pasa, incluso cuando el muera – también – la pena habrá sido relegada).
Imaginé la vida del hombre, no la del joven que fue el que perpetro el acto. La de una edad ya cansada (no madura, pues no lo soy) que no logró prepararse para el arribo del tiempo. La imaginé un día al escuchar el relato (parcialmente ficticio) de un amigo que nos ofrecía un adelanto de su nueva recitación, una influenciada de fuertes animaciones encontradas en archivos de gente mentalmente insana, de crímenes duros que fueron causa y efecto de la vida misma que se negó – o fue negada o autonegada mayormente – a dar una cierta pizca de razón a los perpetradores. Como al hombre de mí historia, que en cambio sí la encontró segundos después de haber efectuado el disparo jalando el gatillo de un rifle de alto calibre. Le gusta pensar que ambos murieron en el acto (él en cierta parte y el hombre, que en efecto perdió la vida como la conocemos naturalmente).
Ahora él se encuentra emprendiendo un viaje después de haber vendido la vieja y tradicional armería de su padre, que le fue heredada y que trabajo durante casi cuatro décadas más pasada la anécdota (que es para los demás como lo recuerdan, cuando lo recuerdan). Se dirige hacia la casa de su hijo, su esposa, su nuera, está muriendo de cáncer (la vida también se le ha negado) y va a poyarlo. Él sabrá al verla a los ojos que no hay más que hacer, pero su hijo no, nunca. Alguien no puede nunca imaginar que su contraparte, su respaldo, su otra mitad del mundo perfecto (como dijera Cohen), la puerta hacía lo que nunca se fue y ella podía hacer saber, o bien su mera elección (viéndose interno en un discurso insulso) vaya a desaparecer. Uno no puede predecir la perecedera naturaleza de quien se ama.
En el camino, pues tomó rumbo en carro (sólo cuatro o cinco días para pensarse en el tiempo) ha decidido ser acompañado por un joven (inmaduro, pues lo soy) que ha pedido aventón, que ha decidido no saber nada más de su vida (la que intenta dejar atrás y nunca podrá hasta que muera, que será pronto en un accidente absurdo), que ha elegido seguir los pasos de su hermano desaparecido hace años y del cual no sabe nada, del que suele contar que se suicido, pues prefiere pensar que está muerto y no ausente. En la vida lo que importa son las certezas. En el camino caminarán, como debe de ser por obviedad y lógica, o lógica y obviedad, hasta encontrarse con los momentos que se han quedado, que nunca dejaron pasar pero que deben de. Todo pasa.
Decidí imaginar, desde hace unas semanas para acá, no más. Imaginé la vida de un hombre como todos, que carga con una piedra en su regazo, con esa parte del cuerpo con la que apoya y con la que se siente apoyado cuando alguien le cincela un poco de esa carga. No me abstuve de deshacer una ficción una y otra vez, no me negué a divagar ante la realidad (que siempre vence los relatos, incluso los más curveados) y me aleje de ella. Ahora que regreso (brevemente) pues ha quedado configurada mí utopía, me doy cuenta que tuve un poco o mucha de razón. Al ver los asaltos engrandecidos de gente “conocida” (por mediocres labores) y el discurso derrotista también exagerado (zozobradamente) en el deporte nacional, no me queda más que sentirme agradecido por imaginar una vida rendida. Una vida imaginada con bríos de felicidad. Todo pasa. Pasará.

lunes, 2 de junio de 2008

Una película no antes vista

EL BOLSILLO IZQUIERDO

He aquí un relato muy breve, y que al final quedo un poco cortado por el limite del espacio (o las palabras), acerca de mí experiencia como espectador ante los espectadores del concierto de Ennio Morricone. Me hubiera gustado mucho expenderme más pero cuestiones oficiales y de tiempo. No me niego algún día expandir lo siguiente escrito.

UNA PELÍCULA NO ANTES VISTA.

Sabía muy bien que asistir al concierto de Ennio Morricone sería toda una experiencia cinematográfica, lo fue incluso desde el momento en tener en las manos el boleto, ¿o será acaso que todo lo aparto de una realidad convenida con el fin de adosarlo a una verdad cinéfila en la que me contengo?
Bob Gruen fue el primer invitado a la mentada cita cuando ya me encontraba en el foro que posteriormente se transformaría en una pantalla invisible que habría de recordarnos escenas legendarias de la cinematografía mundial, asimismo fue el último, pues seguirá ahí por un tiempo más. El cine es fotografía en parte por su naturaleza, así que la mejor manera de empezar la velada fue con una buena de dosis de este captador de imágenes de rock (igualmente legendarias para los gustosos de este género musical). Aunque en buena parte los también asistentes no reconocían del todo a alguno que otro retratado, salvo a Lennon, claro, el eterno Lennon de los 80s; intransigente e idealista (admirado tanto hasta en la y la muerte). Y digo que estuvo presente porque un artista es su obra.
Dentro de la cómoda sala que es el Auditorio, debo admitirlo; foro a la altura de la de calidad de algunos (no todos) artistas que en el se han presentado, me encontré inmerso en un set gigantesco de cine, o bien en el set que todo director (o bien la gran mayoría) quisiera para una de sus películas; lleno de gente común. Salvo los dos o tres “famosos” de los que pude percatarme también venían, como cualquiera, a disfrutar de la noche y a rendir tributo de pie y aplausos al homenajeado (a la altura y edad de Ennio Morricone toda presentación es un homenaje), el resto éramos una comunidad lo suficientemente coqueta.
En frente mío se encontraba sentado el que bien pudiera ser un doble de Jame Cromwell en unos de sus roles políticos, aunque toda la familia era en sí toda la trama de un buen melodrama familiar. La esposa elegante, de buen porte y presencia fuerte que presume a su hijo, el bien vestido, a cada amiga de sociedad que se da cita para el concierto y asumir un grado de cultura mayor a la familia por la básica presencia. A lado del padre (Cromwell) trajeado como buen abogado que debe ser, se encontraba el otro retoño, el rebelde que ha encontrado el confort a su pesadilla de comodidad infinita por medio de la cultura callejera de Jamaica, vestido con chaleco, jeans y camisas (de alcurnia) y sus inmortales rastas y gorro rastafari. A mis espaldas, el infaltable grupo de amigas que han de socializarse porque dos de ellas trabajan en la embajada italiana, desde su espacio han de localizad a todo aquel que consideren presumible al resto del clan. “Mira, ahí está el embajador.” Un vestigio de Sex and the City en una ciudad similar pero con un grado meritorio de conocimiento sobre la materia a presentar, cual fanáticas se sabían la canción apenas empezadas las notas; o bien era eso o habían estudiado al maestro en las pasadas tres semanas como riguroso detalle para el concierto. Fue gracias a ellas que me percate de los dos o tres “famosos” que habían entrado a la sala, incluso, en uno de los encores juraron haber visto a la primera dama, pero decidí no seguirles el juego (no sabía a que primera dama se refería). Contiguo a mí, no del lado de mi padre que me acompaño, o nos acompañamos, se encontraba la pedantería en persona, a su vez la ignorancia detallada. Acompañado de su esposa, pues así la presentaba a todo aquel que lo reconocía para después dejarlo e ir a un asiento de mayor precio (cosa que lograba sacarle un ceño más fruncido al natural de su acompañante), el tipo, que se mantuvo con el teléfono prendido todo el concierto, contestando una llamada al inicio de una pieza. Al igual que su esposa, que nos deleito con el tono de su celular. Lo más agraciado es que ambos se enojaron en el intermedio cuando se les pidió permiso para pasar. Pero lejos del gran concierto, lejos de esa bella imagen de Cromwell tomándole la mano a su esposa con el “Oboe de Gabriel”, me quedo preguntando, ¿quién era yo para todos ellos?