Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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El que Busca Encuentra

lunes, 2 de junio de 2008

Una película no antes vista

EL BOLSILLO IZQUIERDO

He aquí un relato muy breve, y que al final quedo un poco cortado por el limite del espacio (o las palabras), acerca de mí experiencia como espectador ante los espectadores del concierto de Ennio Morricone. Me hubiera gustado mucho expenderme más pero cuestiones oficiales y de tiempo. No me niego algún día expandir lo siguiente escrito.

UNA PELÍCULA NO ANTES VISTA.

Sabía muy bien que asistir al concierto de Ennio Morricone sería toda una experiencia cinematográfica, lo fue incluso desde el momento en tener en las manos el boleto, ¿o será acaso que todo lo aparto de una realidad convenida con el fin de adosarlo a una verdad cinéfila en la que me contengo?
Bob Gruen fue el primer invitado a la mentada cita cuando ya me encontraba en el foro que posteriormente se transformaría en una pantalla invisible que habría de recordarnos escenas legendarias de la cinematografía mundial, asimismo fue el último, pues seguirá ahí por un tiempo más. El cine es fotografía en parte por su naturaleza, así que la mejor manera de empezar la velada fue con una buena de dosis de este captador de imágenes de rock (igualmente legendarias para los gustosos de este género musical). Aunque en buena parte los también asistentes no reconocían del todo a alguno que otro retratado, salvo a Lennon, claro, el eterno Lennon de los 80s; intransigente e idealista (admirado tanto hasta en la y la muerte). Y digo que estuvo presente porque un artista es su obra.
Dentro de la cómoda sala que es el Auditorio, debo admitirlo; foro a la altura de la de calidad de algunos (no todos) artistas que en el se han presentado, me encontré inmerso en un set gigantesco de cine, o bien en el set que todo director (o bien la gran mayoría) quisiera para una de sus películas; lleno de gente común. Salvo los dos o tres “famosos” de los que pude percatarme también venían, como cualquiera, a disfrutar de la noche y a rendir tributo de pie y aplausos al homenajeado (a la altura y edad de Ennio Morricone toda presentación es un homenaje), el resto éramos una comunidad lo suficientemente coqueta.
En frente mío se encontraba sentado el que bien pudiera ser un doble de Jame Cromwell en unos de sus roles políticos, aunque toda la familia era en sí toda la trama de un buen melodrama familiar. La esposa elegante, de buen porte y presencia fuerte que presume a su hijo, el bien vestido, a cada amiga de sociedad que se da cita para el concierto y asumir un grado de cultura mayor a la familia por la básica presencia. A lado del padre (Cromwell) trajeado como buen abogado que debe ser, se encontraba el otro retoño, el rebelde que ha encontrado el confort a su pesadilla de comodidad infinita por medio de la cultura callejera de Jamaica, vestido con chaleco, jeans y camisas (de alcurnia) y sus inmortales rastas y gorro rastafari. A mis espaldas, el infaltable grupo de amigas que han de socializarse porque dos de ellas trabajan en la embajada italiana, desde su espacio han de localizad a todo aquel que consideren presumible al resto del clan. “Mira, ahí está el embajador.” Un vestigio de Sex and the City en una ciudad similar pero con un grado meritorio de conocimiento sobre la materia a presentar, cual fanáticas se sabían la canción apenas empezadas las notas; o bien era eso o habían estudiado al maestro en las pasadas tres semanas como riguroso detalle para el concierto. Fue gracias a ellas que me percate de los dos o tres “famosos” que habían entrado a la sala, incluso, en uno de los encores juraron haber visto a la primera dama, pero decidí no seguirles el juego (no sabía a que primera dama se refería). Contiguo a mí, no del lado de mi padre que me acompaño, o nos acompañamos, se encontraba la pedantería en persona, a su vez la ignorancia detallada. Acompañado de su esposa, pues así la presentaba a todo aquel que lo reconocía para después dejarlo e ir a un asiento de mayor precio (cosa que lograba sacarle un ceño más fruncido al natural de su acompañante), el tipo, que se mantuvo con el teléfono prendido todo el concierto, contestando una llamada al inicio de una pieza. Al igual que su esposa, que nos deleito con el tono de su celular. Lo más agraciado es que ambos se enojaron en el intermedio cuando se les pidió permiso para pasar. Pero lejos del gran concierto, lejos de esa bella imagen de Cromwell tomándole la mano a su esposa con el “Oboe de Gabriel”, me quedo preguntando, ¿quién era yo para todos ellos?

1 comentario:

Montané dijo...

Que onda Güiris, interesante blog, mucho que leer, saludos.