Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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lunes, 21 de julio de 2008

¿Y Después?

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Sigo en una especie de rencor mediático, no es que me haya percatado hace poco de lo funesto de estos, sólo que en esta gira del adiós, como irónicamente la he nombrado, me he centrado en las cosas negativas de esta sociedad que más notorias son. He aquí un relato más sobre esta paupérrima característica del país.

¿Y DESPUÉS?

Aún me da un tanto de pena y un tanto más de gracia (burda), el hecho de que nuestro entorno gire entorno de noticias que no deberían permutarse entre la información relevante para una sociedad moderna, pero así es. Somos, aparte de obstinados y contrastantes, arcaicos entes que no permiten que el desarrollo se abra paso por sus mentes. Cuales atormentados e inexpertos pobladores de un cuento Lovecraftiano nos negamos la existencia de los males y hacemos crecer a los monstruos gracias a nuestra tenaz y grácil ignominia cultural. Siendo el mexicano tan rico en contexto cultural, debido a la extensión tan exquisita de naturaleza y recursos de su territorio, no lo puede demostrar y se salvaguarda en los factores más denigrantes, creando el mentado y humillante estereotipo de nuestra sociedad en el extranjero; es decir, en el abuso, la corrupción, los vicios, la flojera y el desdén sentimental que ha de llevarnos a las citadas noches de alcohol y rondas de un buen cúmulo de desilusiones amorosas convertidas en pobres prosas de melodías evangelizadas. Himnos de la propia desgracia que han de servir para un momento de “felicidad” disfrazada antes de caer en el fausto suelo de la verdad. Quid de una mexicanidad cíclica que se escribe, se relata, se refiere y cuenta pero no muere, no cambia, no evoluciona, no nada. Persiste como el tiempo y con el tiempo ha de envejecer sin arrugas.
Desde hace tiempo me encuentro ya con un absurdo cada vez más creciente en los sitios de Internet (ese gran experimento tecnológico, gran fracaso de la humanidad como cultura) de información general. Sus rubros de titulares estan repletos de faltantes de interés se reconfortan con poner información acerca de rumores de estrellas y “famosos” o figuras públicas como ellos suelen nombrar. Resulta que ahora el llamado “periodismo” del espectáculo (del cual sigo negando su real existencia y mantengo mi concepto de ello como una baratez ambulante) es lo indispensable para el conocimiento cotidiano y regular de nuestra sociedad. Hasta la bandada de los gangsteriles políticos le han entrado con saña, peso y fuerza al juego. Nuestros representantes son representados para aportar nuestro juicio. Nuestra democracia es en parte chiste y es parte un juego de planos televisivos y fotos de primera plana en revistas que dan pena a alguien que tenga lo mínimo de educación. El rumor es esencial para la vida cotidiana, parecemos rezar.
Los mínimos y básicos placeres de escuchar un buen disco (con verdaderas y esmeradas composiciones), ver una buena película, comer sana y gustosamente, tener una charla alejada de la banalidad y donde el camaderismo vaya más allá de nuestros errores sino en el factor de complementación interpersonal de las amistades – con sus especialidades culturales debatiéndose alegremente con fundamentos que enriquecen a ambas partes – son mal vistas, son aburridas nos dicen, son elitistas se quejan, son símbolos que en los supuestos (siempre los rumores), estan propiciamente fabricadas para rebajar a otros. Los mínimos placeres, pues, se alejan y los vicios y vacíos cuerpos se moldean para las nuevas generaciones. Los nuevos modelos rejuvenecen aquello que debía de perecer, somos en parte ese camino que con cada roce de lluvia se quebranta y deja un bache para los consiguientes caminantes. Somos el reflejo de lo que tenemos, y da miedo al ver lo que poseemos; esos pobres, mediocres y vulgares medios, programas de televisión sin sentido (de la estética y de la formación que se requiere), de sus impresos ya discretos y de sus campañas que más parecen un chiste mala sepa. Un mero intento de sentirse bien consigo mismos, como bien lo dicen, pero el sentido es para sus adentros no para el nuestro. Meras buenas intenciones que ya no son necesarias cuando los hechos se piden a gritos.
Me da un tanto de pena, lo he dicho, y un tanto de gracia. Nacemos cono ese mentado “don” que no lo creo sea, acerca de poder reírnos de nuestras desgracias. Desgracia más.

lunes, 16 de junio de 2008

Verde

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Para esta ocasión decidí escribir de manera muy personal, en cuanto estilo, no obstante elegí un tema por lo más actual, actual presente y actual contemporáneamente. Es decir, que está libre en el aire de estos días, pero también desde hace ya un par de años (presentes). Escribí sobre esta división ideológica que abunda en el país.

VERDE.

Sentado en la banca del parque – la banca del parque de la que ya no escribo tanto pero a la que sigo asistiendo ocasionalmente, tanto en la imaginación como en sueños, tanto física como alejadamente – escuchando los comentarios de una ciudad breve, breve en todo sentido, y su igualmente infanta gente que camina con direcciones opuestas y pensamientos contrariados en la cabeza, nunca en la mente (siempre cerca nunca lejos, siempre excusados nunca profundos).
Sentado en la banca del parque, así me encuentro; como un apático testigo de la vida que se desarrolla frente a mis ojos, irónicamente, tal vez, esa sea parte de mí función en ese momento, ser un inerte prototipo de la calma, de lo vago, de lo no desarrollado. El tipo de a lado no parece estar igual, sonríe, ríe, se mantiene con una especie de alegría en el corazón. Señala frecuentemente a alguno de los caminantes. Veo lo que él observa pero desde mí ángulo, unos cuantos centímetros a su costado izquierdo, posiblemente sea la suficiente diferencia como para no encontrarle el mismo sentido. De otra manera, se encontraría en mí banca, la banca del parque público, donde no recuerdo si he visto reír a alguien que se encuentre sentado en ella, quizás porque siempre me encuentro en ella cuando me percato de este asunto, quizás porque cuando paso por el parque y la veo a la distancia siempre me figuro ahí y nunca reparo en quien se encuentra allí, en la banca, en eso que he hecho como mío en mis textos, que tanto son míos como de los míos “mí banca del parque”, así digo, escribo, imagino, atiendo.
Sentado, escucho y desfiguro lo real, lo vuelvo irreal (lo escribo) y lo desdibujó más, las anécdotas pesan cuando uno se da a la tarea de matar la pureza de una hoja en blanco, como alguien que ve en ella una oportunidad, la de asesinar creando. Irónicamente me encuentro como algo apático entre mí espacio y todo lo que se mueve, entre mi lado (que son dos pero uno para quien lo ve de perfil) y él individuo que ríe, sonríe y señala para seguir con esa feliz sensación de estar bien y que se encuentra a mí derecha, o yo a su izquierda y me ve de perfil. ¿De que ríe me preguntó?, ¿por qué no ríe? puede decirse él, acaso se pregunta algo de mí, acaso se ha dado cuenta de mí presencia. ¿Quién se percata de algo indolente, lento, indiferente ante la móvil y estorbada conformidad?
Soy sólo un lado aunque tenga dos que en realidad es uno y no debería ser ninguno. Soy algo para mí que para los otros no, me fragmentan, como cuando escribo y divago, soy vago en sí, por eso lo hago. ¿Quién quiere sentarse cuando todos caminan, quien quiere caminar cuando todos duermen, acaso sueñan que lo siguen haciendo; caminar, permanecer sentado, seguir soñando?
Sentado en la banca del parque escucho los comentarios de una ciudad breve, divididos en bancos de pensamiento que poco a poco incrementan sus intereses a la usanza de una vieja obra del teatro de lo absurdo. Alguien ríe, el hombre de a lado que ha decidió, como yo, sentarse a observar, talvez, no puedo saberlo, su risa les da un ritmo distinto a los pasos, a las pautas de ritmo de cada comentario; un poco más acelerado cuando estan optimistas, un poco más lento cuando se niegan ante la posibilidad. Soy sólo uno, como el que camina, que son varios, como el que ríe y se carcajea como dos, o tres, no cuatro, no tiene la capacidad tampoco de ser tan alegre. No me lleva más de tres años y se ve que ha sido educado de la misma manera en que lo fui yo.
No permanecí más de mis acostumbrados 15 – 20 minutos, él hombre que señala, que señala y ríe (y que también es sólo un lado para mí, su izquierda) era pasado, sus acciones ahora tendrían que ser conjugadas en pretérito. Se había marchado cuando levanté mí vista para divisar el árbol que nos cubría del sol, a los dos, a nuestros lados (que juntos eran cuatro) y que era inerte, más que yo, irónicamente más vivo y viejo que cualquiera en la escena. Me marché hiriente después de hallarme solo y empecé a reír.

lunes, 21 de abril de 2008

Atrás la Carretera

EL BOLSILLO IZQUIERDO

La moda me ha vencido -
una vez más - he acatado los argumentos propios de una memoria colectiva posterior a mi presente, sé que esto algún día será recordado como una mala pasada de la cual poder jactarse, espero, sinceramente espero. No obstante, me vi en la obligación de escribir sobre este asunto del congreso; soy débil, que puedo decir, tan sólo pude defenderme al darle su correcta importancia en el próximo escrito, dígase de otra manera; la menor posible.

ATRÁS LA CARRETERA.

Una de mis más grandes pasiones, junto a la música (en un muy cerrado empate técnico), es el cine. Muchos de los que me conocen, saben de esta pasión que tengo de desgastarme esta ya cansada vista mediante películas, así como de sobremanera comprar muchas tramas desconocidas. Me hechiza e hipnotiza el observar un buen entramado de situaciones que se conjugan en un sistemático, puro y complejo (en ocasiones humilde) montaje visual que narra. Tanta simplicidad no puede ejercerse con tanta belleza como en una buena canción, en mí muy sentido homenaje, claro.
Recuerdo muy claramente que de niño mis padres me llevaban a los taquilleros filmes de verano, lógicamente con la cronología con que se desarrolló el mundo me encontraba siguiendo la prolífica carrera de un tal Spielberg, el cual hizo que en mis adentros se desarrollarán algunos suspiros estimulantes para dedicarme a esa industria del sueño. Bueno, el tiempo ha pasado y “sin deberla ni temerla”, me encuentro ahora un poco – o mucho – más gastado de cuando me divertía con el tan sólo hecho de mirar por la ventanilla trasera del coche. El tal Spielberg sigue siendo un creativo del cine (con los altibajos de una carrera como la suya), me mantengo interesado por la mayoría de sus proyectos y sobre todo, aún me divierto mucho con aquellas películas suyas que no han quedado como parte de una memoria colectiva gracias a la otra magia del dvd. Recuerdo, también, que dentro de ese interés de infante por parte del mago del verano, mi padre me consiguió uno de sus primeros trabajos, el primero sino me equivoco dentro de la industria, “Duel (1971)”, una película que hoy, al querer empezar a escribir esta columna, se me vino a la mente, así como la relevancia/irrelevancia de el estilo de la misma.
Recuerdo, pues otra vez la palabra, que en aquella cinta dos conductores (uno de un trailer y otro de un vehiculo que denominaríamos como normal por el hecho de su mayoría en las ciudades) se enfrascan en una carrera en medio de una carretera cuasi-solitaria por ver quien rebasa y logra ir más adelantado que el otro, obviamente, y en lógica con la estructura del cine, la trama se complica llevando el juego a un mortal argumento. Y digo que esta historia se me vino a la mente porque mí primera opción para este escrito era el hecho de comenzar diciendo que siempre hay un momento en que todos debemos ver cuando nos ha rebasado ya alguna situación.
Pues, entonces, siempre hay un momento en que cada uno debe darse cuenta cuando ya nos ha rebasado una situación. Yo me refiero, obviamente, a este asunto político del cual me rehusaba hasta hace algunos días a hablar. Creo, patentemente, que el escenario ya ha sido demasiado, irónicamente se ha adelantado en demasía para dejarnos a todos (incluso a los que lo celebran) muy detrás del camino. Nadie sale ganador.
Admito, porque vislumbro que la admisión de los hechos es un factor importante para las soluciones no de un país como el nuestro, sino de su gente, que en otrora ocasión me causaba un poco de divertimento el folclor del hecho, el asunto que radicaba en la sinrazón pero que daba unos bizarros frutos de atención, lo admito, he dicho. Ahora, si bien lo creo y pienso, ha sido demasiado, no encuentro en ningún sentido (y forma) una justificación al hecho. La situación nos ha rebasado por completo, levantándose como una pieza más entre las cada vez más embarazosas paginas de la historia de este país.
¿Por qué decidí divagar entre mis pasiones antes de centrarme en el tópico central? Porque esa es la estrategia que está en boga gracias a este inmaduro grupúsculo de no muy cultos (hay que decirlo) muchachones, así como la incompetencia de un gobierno que se nota apacible cuando debe denotar poder político. El ejemplo es claro ante los ojos de cualquiera, el factor del fanatismo antes del análisis, el “relajo” y la “fiesta” antes de la lectura. Posiblemente no exista ya la razón en un mundo antes surrealista, los colores estan siendo lavados. El más mínimo simulacro de civilidad es algo a favor de este país.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Ensueños

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Sumado, muy a mi manera, a las tragedias que se ha suscitado en este territorio (nacional) escribí un texto para poder desahogar la impresión que me ocasionan este tipo de acciones, hechos que sí bien son desventuras de la sociedad mexicana no dejan de ser parte del gran adeudo de la risible y fachosa familia política y mediática.

ENSUEÑOS.

El sol aparece por mi ventana, es un domingo caluroso y radiante, el sonido de las aves despierta melódicamente al vecindario mientras mí vecino, el melómano, acompaña eses hermoso cántico con “Sunday Morninmg” de “Velvet Underground”. Las ventanas del vecindario comienzan a abrirse a la vez que los saludos entre vecinos no se hacen esperar; el rezo de los ¡buenos días!, se repite constantemente entre los muros de la pintoresca calle, a la par que los ecos los multiplican en un arco de tonalidades que acompañan el dueto musical de las aves y la melodía, perfectamente elegida, por el filarmónico del barrio. El sol aparece por mi ventana en una experiencia casi onírica, Tabasco sigue bajo el agua y la desgracia.
No quiero parecer el amargoso ser que represento casi todas las semanas en este espacio; en efecto apoyo a todos aquellos que en desgracia están, pero al parecer, el asunto, como en todo en lo que la política mete la mano, tiene sus “bemoles”. Mucho se ha repetido en frases - únicamente frases - que este tipo de desgracias no debe de ser un canal para los propósitos de partidos políticos y/o individuos que intenten desarrollar algún tipo de discurso que no sea el del humilde apoyo sin más miramientos que el auxilio al que necesita de ayuda, claro que eso queda ensombrecido por los rituales mediáticos, gubernamentales y sociales de este extraordinario país que una vez más, tendrá que poner el rostro de aquí no ha pasado nada.
Esta pesadilla kitch con la que comencé este escrito es parte de la realidad de aquellos que en realidad negocian con este tipo de desgracias, claro que muchos lo sabemos, claro que muchos lo obviamos, claro que muchos apoyamos a los que viven en la desdicha poniendo ese rostro de insipiencia y virginidad. En ocasiones me uno parcialmente por que suelo tener un poco más de suerte con las damiselas que me llaman la atención en mis viajes como transeúnte urbano, claro que esa parcialidad tiene su precio y ningún costo.
Esta temporada decembrina será dura, muchos habremos de tener que apretarnos un poco el cinturón, lo que no involucra un real sacrificio. Otros, en cambio, tendrán que imaginar que mejores tiempo han de venir; implícita mentira que salivan los enunciados de los gobernantes de este país, pero ¿qué opciones hay? No queda más que escucharlos con atención cuando las ganas ya no dan para más - cuando la desesperanza le gana el terreno a la fe humana. Yo ofusco sobre lo que está por venir; gastos que se han ido creando por parte de los medios para hacernos sentir mejores personas: colectas de cobijas, ropa, juguetes, comida, etcétera, etcétera, etcétera. Algo en lo que la naturaleza ya no tiene más piedad; cosa que debo admitir, me da gusto, muchos gusto. Todo el daño que le hemos hecho debe ser retroactivo para ella de alguna forma; ahora bien, que sus métodos no sean muy tenues no es nuestro problema, nosotros tampoco hemos sido muy sinceros con este nuestro hogar. ¿Nos lo merecemos? Claro que sí y aún faltan peores cosas por ver. Por ende, el discurso de los futuros tiempos mejores sigue en incremento como la más coqueta de las falacias políticas.
El otro día alguien me recordaba del mentado Teleton, cosa que me traslado a varios amargos recuerdos de navidades pasadas, pero luego vi un comercial en la tele que hacía alusión a tal evento y fui feliz. Ahora veo que hasta apuestas y premios se hacen para aquel que atine la “sufrida” cifra que mágicamente siempre se logra ¿Que no sería mejor dar ese dinero al evento? En fin, si la pregunta fuese ¿Cuánto ayudan estos eventos a la nación? Diría que nada y juro que saldría siendo todo un ganador. ¡Viva el infortunio!

lunes, 8 de octubre de 2007

Se me olvidó que te olvide

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En está ocasión me di a la tarea de politizarme - como si eso fuera una gran labor. Mi intención antes de empezar a escribir era otra (como se leerá en la columna) pero como también explico ahí, me ubique en el tema de moda; ya cuando este había pasado de estar en boga. ¡Que mejor!

SE ME OLVIDÓ QUE TE OLVIDE.

En fin, la semana pasada fue otro 2 de Octubre más, que para enojo de los pseudo-socialistas posrevolucionarios que tenemos en la ciudad, pues ha sido rebasado ya en los dos lemas (interpretados como cánticos futboleros) que existen desde hace algunos años; el histórico “2 de octubre no se olvida” y aquel, un poco más moderno, que parafrasea irónicamente el anterior “2 de octubre sí se olvida.” Y es que particularmente, observo como esta fecha ha pasado ha ser un artilugio más para el desmane sinsentido por parte de ciertos sectores sociales que sólo ubican pretextos, en cualquier fecha del calendario moderno de la vida política/social del mexicano. Ahora sólo falta que quieran conmemorar el día del levantamiento de los maestros y el sindicato en Oaxaca. - pero todo se puede esperar.
El 2 de Octubre, pues, ya no tiene derecho a cánticos legendarios que en alguna ocasión, en efecto, sí tenían un trasfondo real y de mucho peso. El 2 de Octubre ya se olvido, es por eso, que ya ningún lema, de los antes citados, le hace honor. Esa época esta muerta, y para aquellos que buscan que los inculpados toquen la cárcel, deben repatriar su fe al hecho de que en este país ya se conoce mayormente el hecho. ¿Acaso será nuestro JFK? ¿Dónde está entonces nuestro Oliver Stone? ¿En los Three Amigos?, no lo creo.
La semana pasada bien pude escribir sobre esta fecha pero no quise, se me hizo algo irrelevante, sería darle una importancia ya pérdida. Todos conocemos los hechos en alguna de las versiones existentes; todos tenemos nuestra postura ante como se ha llevado este caso durante todos estos años. Y por todos me refiero a aquellos que en alguna parte de nuestras vidas nos documentamos y estudiamos (en cierto nivel) el evento suscitado en una de las colonias más injuriadas en la historia de este país. La fecha tal, que se celebro el martes pasado, es más una industria en pos de ir y reventar vidrios con piedras por parte de los preparatorianos y universitarios, que de rendir tributo a los caídos en uno de los eventos políticos más embarazosos de esta nación, en una época donde la juventud requería de un cambio global. Es, pues, un recorrido anual de diversión “rebelde” - como en la telenovela - para aquellos que han de heredar el mando del país.
Así que la semana pasada obvie el suceso; decidí que sería hasta esta en que hablaría de ello. Sí es que no encontraba algo más interesante, claro; algo que sucedió, pues moría de ganas de hablar del artista caído del cielo; el otrora presidente municipal, pero bueno, en fin. Fue en una conversación relámpago con algunos colegas en donde todos departíamos sobre lo obsoleto de la fecha, lo que me instó a inclinarme por este tema.
Ahora bien, el hecho de haber dejado pasar la fecha, de poner a un lado la nueva moda de la inmediatez en los medio de información, se refirió a esta debilidad humana ante el olvido, a todos nos encanta relegar en el tiempo los sucesos para poder recordarlos a nuestra manera, instaurar fechas en los calendarios para solventar nuestros odios ante modelos económicos - y políticos - que difieren del estilo que nutre nuestra ignorancia.
El 2 de Octubre se olvidó. Hace tiempo que sólo es una fecha más que a algunos les hace rascarse la cabeza para poder recordar algo. Es parte de un olvido colectivo que ya no sirve de mucho para exigir un mejor desarrollo social, es un pretexto para todo aquello que se quería abolir. Ya quedará en aquellos que en efecto lo registran, el cuestionarse si en efecto sirvió. Yo diría que sí, que su labor está hecha y ahora debería guardarse en las doradas páginas de la historia, nada más.
La semana pasada celebramos, mayormente, una marcha de pedradas y barbarie. Se han borrado ya los factores de abolengo, como en otros países ya se ha hecho.
Yo espero, ferviente y sinceramente, el momento en que en el 11 de septiembre sólo celebremos la caída de dos deleznables edificios. Libertad, horrible libertad.

lunes, 1 de octubre de 2007

Replicante

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Para este lunes decidí hablar, tardíamente, del “buen uso” discursivo de nuestros políticos. Digo tardíamente por que se me ocurrió al tratar de encontrarle un sentido verdadero y funcional a lo expresado por nuestro presidente la semana pasada. Ya saben, después todo medio hablando de eso; aquí, allá, etc. Yo no quise quedarme atrás.

REPLICANTE.

Llueve, no se me ocurre otra manera de empezar; llueve. Llueve por que el agua cae, desde arriba y hasta abajo, donde rebota unos cuantos centímetros al caer al suelo, posiblemente sea la inercia, posiblemente sean sus ganas del volver al origen.
Las palabras no dejan de ser una analogía barata de las palabras, pero en el sentido estricto de la política, creo que no esta de más implementar esa baratez. El don de la palabra en la tan cotizada oratoria política, no es otra cosa más que una tormenta de proporciones olvidadas en un contexto diseñado. No es sorpresa para nadie saber que los discursos pronunciados en las altas esferas del poder son escritos por gente dedicada a implementar una realidad a futuro y meramente en papel, que encaje - junto al carisma y talento para el dominio publico del lector - con los anhelos de los más combatientes contrincantes políticos - muy de vez en cuando, con el pueblo.
A veces creo que los escritores de discursos son gente que gana su pan ingeniando pretextos y perdones para aquellos que no pueden conseguirlo. En tal ejercicio de imaginación, los analistas de dichos textos es gente similar; tratando de desnudar tales verdades bajo una visión nada real de la necesidad. Todo es un supuesto, ¿pero quien no lo sabía? Lo mejor es seguir conjeturando.
Por eso, cuando veo que alguno de esa raza gangsteríl que osa nombrarse representante del pueblo emprende su discurso, no asumo condición alguna sobre sus palabras que el sentido irónico del mismo relato; el completo vacío. Nadie sabe la verdad detrás de esas palabras escritas, pronunciadas, analizadas e interpretadas. Diseñadas, pues, con el objeto primario de enternecer la preocupación del poderoso - del “héroe” “asegún” - y dar posibilidad a la precisión y clarificación del mensaje entre líneas; que no deja de ser un reclamo al grupo opositor. Maravilloso. ¡Redondo! ¡Redondo!
Hace unos cuantos días tuvimos la oportunidad, nuevamente, de vivir este tipo de situaciones de manera masiva. El presidente se apodero de nuestras pantallas, cortando las tramas de las telenovelas favoritas de la nación; dando el paso de una disertación bofa a una de trasfondo semejante pero de mayor envergadura.
Llueve, pues, llueven palabras en estos momentos, vienen desde arriba y caen hasta abajo; desde la instancia más alta de la pirámide de una democracia fallida hasta los suelos de aquellos a los que los toco pasar la vida aquí. Aprendiendo diariamente a burlarse de la muerte; de ese inminente destino que se ha de experimentar en una pobreza que mayormente vive nuestra sociedad, pero que algunos, los que aquí leemos y escribimos, sólo nos queda imaginarnos.
Yo no caeré en el rol de hablar en nombre de ellos, yo no vivo su vida; yo hablo desde mí, desde un discurso que igualmente se estructura de palabras vagas, llenas de un hartazgo creado y sostenido por el humor negro que me fue inyectado hace muchos años.
Hablo desde la visión propia de que escucho gritar por un país mejor sin observar en las bocas el anhelo a dar el paso ineludible para la revolución necesaria, una no forzosamente violenta. Yo no quiero cambiar el mundo, creo, en todo caso, que lo que ha de sucedernos como raza, ha de estar justificado por todo lo que hemos edificado o destruido.
Oigo, pues, los gritos por una mejor nación ahogados en las pretensiones de concernir al rugido mayor, él que exclama por el mundo. Ironía que circunda alrededor del testimonio nacional. Queremos formar parte del cambio del mundo sin voltear a nuestra pobre realidad; llena de momentos, de palabras y de gotas que caen desde arriba, desde el poder (eclesiástico, político o de fe) hasta el más bajo (que siempre es el mismo en cada caso) con la inercia, posiblemente sus ganas de volver al origen para no caer jamás. Es como dijera aquella bella frase; “…todos estos momentos se perderán en el tiempo como lagrimas en la lluvia.” Buena Vida.

viernes, 14 de septiembre de 2007

De nada y nada más

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Esta columna fue escrita en el tenor de la onda retro-inmediata, dígase, pues, un concepto inventado por mera auto-justificación que implica que no se debe ir muy lejos para recordar lo absurdo que alguna vez fuimos.
En un día de esos en que la inspiración no más no llega, no tuve más remedio que sacar mi libro de frases idiotas de nuestro ex-presidente y soñar que yo quería dedicarme vehemente a la política.

DE NADA Y NADA MÁS.

Desde que Vicente Fox dijo que al ser presidente daban “ñañaras”, debo confesar, vi por truncada toda mi futura carrera política. Aquella donde yo sería regidor de las necesidades del pueblo, y sin más miramientos, obedecería el mandato de los tantos millones o miles de personas que me pusieron en ese lugar para eliminar sus carencias más básicas, impartiendo justicia real y manteniendo una libertad de expresión sin precedentes, así como demás bellas cosas que sólo la democracia nos puede dar. Pero en realidad no quería yo cercenar aquellos valores que he administrado durante los últimos lustros. En primera, no quería parecer un personaje sacado de la programación de una de las dos televisoras que han secuestrado nuestra imaginación y sentido desde hace una década (por parte de una) y ya más de 50 de años (por la otra). Dígase de manera más clara, no quería yo establecerme como un símil de los famosos (en mis tiempos) “Polivoces” y menos de aquellos personajes que construían con una prótesis gigante y aguileña nariz, pants rojo con franja amarilla y camisa del mismo color que la raya lateral de dicho pantalón. Y por último, no quería yo aparentarme a este alto ser que mezclaba los dichos de “sabiduría popular” con experiencias propias para al final confundirlos con la conciencia del mundo, y andar pregonando por ahí este doctorado en experiencias de “chiquillo” mimado que se educo a lado de lo que veía en la televisión.
Ya había logrado concentrar en mi mente la imagen mía con la banda presidencial entrando al pleno de la cámara del congreso para rendir protesta, cuando toda esta vida se acabo con uno de esos maravillosos comentarios por parte de aquel que según…
Entonces me percate, por enésima vez, de todo lo malo y negativo que significa pertenecer a la familia política de este país (y casi puedo jurar que del mundo).
De toda la magna lista que guardo con los alegatos para nunca caer en las garras de esta trivial profesión, y que tengo guardada en un casillero oculto dentro de mí cuarto. He decidido aumentarla con aquella vieja frase del “Chente”.
Muchos años pasaron para evaluar su verdadero peso, ya saben; uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.
Sinceramente no sé porque estoy recordando tales penas ajenas, pero en los pasados días me llego al pensamiento todo esto del pretexto y/o como salir avante de los cuestionamientos populares; que suelen ser bastante fuertes. Entonces pensé, y pensé, y mi mente derrumbe.
Creí haber encontrado la solución para tales interrogantes. Para un cuestionamiento popular, la respuesta deber ser una igualmente multitudinaria y nacional. Pero entonces trate de verificar tal aseveración, encontrándome con la penosa experiencia de sentirme aquel.
Sí, en efecto, al tratar de justificar mi hipotética tramitación para un interrogatorio coloquial, me llego el arduo sazón del temor. Me dieron “ñañaras”. Entonces recordé…
Cuanta razón tenía el presidente chente (sí, en minúsculas). Por algo odio tanto a la política. Quien más que sea uno de ese clan, el que nos diga lo que estar de ese lado.
Así que desde que Vicente Fox dijo que al ser presidente, a uno le agarran las “ñañaras” (que sepa usted que sea eso), mi prometedora carrera política, donde yo demostraría que se puede gobernar siendo una persona de bien y con rectitud en sus valores, con humildad y sencillez, y con el amor de mi pueblo, se trunco con aquel aplastante acierto.
Fue entonces que decidí alejarme de ese territorio adverso y me refugie en la trinchera contraria, las de las “ñañaras”. Y aclarando aquí el vacío sentido de este texto, debo esclarecer, en primera, que nunca quise tener una carrera política (sólo por aquel que de plano no de una y no conozca el sarcasmo). Pero puedo jurar que si alguna vez lo hubiera pensado; con ese comentario, en verdad se me hubieran ido las ganas.

lunes, 10 de septiembre de 2007

El Beso

EL BOLSILLO IZQUIERDO.

Al igual que muchas de las columnas aquí publicadas, esta que presento, también tenía bastante polvo en su haber… …fue redactada hace bastante, bastante tiempo. La escribí cuando nuestra ex-primera dama, la celebre “Martha Sahagún” daba los primeros indicios de ser la sucesora de su también ya sagaz marido.

EL BESO.

Así que ahí estábamos, ella y yo, frente a ese enorme reloj que marcaba las 5:45 de la tarde. Era un parque desteñido, detrás de nosotros no había más que esa sombra que tapaba discretamente el sol de la hora gris y el raquítico árbol que la generaba - que no era más que el recuerdo de lo frondoso que alguna vez fue. El organillo sonaba tan sólo en los recuerdos del imposible amor perfecto.
La observe de reojo, tan sólo sonreía, pareciese que el tiempo no era importante para ella, como si esperara algo, algo que no tardara tanto. Sonreía, pues, a un futuro que parecía, era seguro para sus aspiraciones de seguir sonriendo.
A la vez que la sombra se movía de lugar poco a poco, el reloj cambiaba sus manecillas, eran casi las seis de la tarde, la sombra ahora empezaba a rozar el estante de los gordos peces que alimentaba la gente.
Nunca pensé en preguntarle su nombre, realmente no era muy bella, me llamo la atención al caminar sin rumbo alguno: esa sonrisa tan maliciosa no la tiene cualquier mujer. Me senté a su lado, el enorme reloj que nos quedaba enfrente marcaba las 5:45, ahora son las 5:50, su sonrisa está, cada instante, más cerca de la locura total.
Al parecer era atractiva para los habitantes del pueblo, la observaban con vehemencia y pasaban rápido enfrente de ella, tal vez su lectura era importante, pensé.
Tal vez era un gran atrevimiento mió el estar a su lado, estaba cansado y mañana me iría del pueblo. Un poco de pecado nunca cae mal ante los ojos de la realidad. Soy real, lo dudo bastante de mi compañera de asiento.
Hasta hace una media hora mi vida no tenia ese cierto misterio que le había dado la sonrisa de esa mujer vestida de rosa en medio de ese parque desteñido que sólo contaba con un triste árbol sin ramas, una fuente con regordetes peces y un reloj gigante que iba retrasado por dos minutos. Esa la hora real para el pueblo, tal vez era yo el inadaptado, el adelantado.
5:55; la sonrisa se perdía entre la sombra que causaba su operada nariz y sus labios que tocaban casi sus orejas. El árbol otorgaba, ya, toda su sombra a los peces de la fuente.
Las manecillas del reloj no me tentaron a preguntarle su nombre, no sé que extraño sentimiento tuve pero estuve a punto de tirarle su revista al suelo y subir a arreglar ese reloj a la hora correcta. Su sonrisa estaba ya pérdida entre el ocio y la maldad; de la ira pase al miedo, es lo más cercano que he estado de ser una persona normal.
El reloj gigante marcaba las 5:58, el mió las 6:00 en punto, me levante al tiempo en que el sacerdote se asomaba en la puerta de la catedral, en la esquina norte del parque desteñido.
En estos momentos voy completamente sólo, mi reloj marca las 7:12 y me encuentro demasiado lejos del pueblo en el que estaba esa pequeña mujer de sonrisa diabólica en la silla de un parque desteñido leyendo una revista.
Dice la leyenda de un futuro no concreto pero si certero que ella se levanto de esa banca a las 6 en punto de la tarde, mi reloj hubiera marcado otra hora, que saludó con un beso en la mano al cura, entro en la iglesia y empezó a llover. El reloj gigante se detuvo justo a las 6:01 y nunca más volvió a correr, el árbol fue robado pero los peces cuentan ahora con un techo de plástico fino para que no los queme el sol.
Cuando mi reloj se para cambio su pila, trato de que su hora sea la correcta, por lo menos en mi vida intento dar una respuesta certera a uno de los cuestionamientos populares.
Por cierto, el pueblo ya no existe.