Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

Mostrando entradas con la etiqueta Olvido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olvido. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de octubre de 2007

Se me olvidó que te olvide

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En está ocasión me di a la tarea de politizarme - como si eso fuera una gran labor. Mi intención antes de empezar a escribir era otra (como se leerá en la columna) pero como también explico ahí, me ubique en el tema de moda; ya cuando este había pasado de estar en boga. ¡Que mejor!

SE ME OLVIDÓ QUE TE OLVIDE.

En fin, la semana pasada fue otro 2 de Octubre más, que para enojo de los pseudo-socialistas posrevolucionarios que tenemos en la ciudad, pues ha sido rebasado ya en los dos lemas (interpretados como cánticos futboleros) que existen desde hace algunos años; el histórico “2 de octubre no se olvida” y aquel, un poco más moderno, que parafrasea irónicamente el anterior “2 de octubre sí se olvida.” Y es que particularmente, observo como esta fecha ha pasado ha ser un artilugio más para el desmane sinsentido por parte de ciertos sectores sociales que sólo ubican pretextos, en cualquier fecha del calendario moderno de la vida política/social del mexicano. Ahora sólo falta que quieran conmemorar el día del levantamiento de los maestros y el sindicato en Oaxaca. - pero todo se puede esperar.
El 2 de Octubre, pues, ya no tiene derecho a cánticos legendarios que en alguna ocasión, en efecto, sí tenían un trasfondo real y de mucho peso. El 2 de Octubre ya se olvido, es por eso, que ya ningún lema, de los antes citados, le hace honor. Esa época esta muerta, y para aquellos que buscan que los inculpados toquen la cárcel, deben repatriar su fe al hecho de que en este país ya se conoce mayormente el hecho. ¿Acaso será nuestro JFK? ¿Dónde está entonces nuestro Oliver Stone? ¿En los Three Amigos?, no lo creo.
La semana pasada bien pude escribir sobre esta fecha pero no quise, se me hizo algo irrelevante, sería darle una importancia ya pérdida. Todos conocemos los hechos en alguna de las versiones existentes; todos tenemos nuestra postura ante como se ha llevado este caso durante todos estos años. Y por todos me refiero a aquellos que en alguna parte de nuestras vidas nos documentamos y estudiamos (en cierto nivel) el evento suscitado en una de las colonias más injuriadas en la historia de este país. La fecha tal, que se celebro el martes pasado, es más una industria en pos de ir y reventar vidrios con piedras por parte de los preparatorianos y universitarios, que de rendir tributo a los caídos en uno de los eventos políticos más embarazosos de esta nación, en una época donde la juventud requería de un cambio global. Es, pues, un recorrido anual de diversión “rebelde” - como en la telenovela - para aquellos que han de heredar el mando del país.
Así que la semana pasada obvie el suceso; decidí que sería hasta esta en que hablaría de ello. Sí es que no encontraba algo más interesante, claro; algo que sucedió, pues moría de ganas de hablar del artista caído del cielo; el otrora presidente municipal, pero bueno, en fin. Fue en una conversación relámpago con algunos colegas en donde todos departíamos sobre lo obsoleto de la fecha, lo que me instó a inclinarme por este tema.
Ahora bien, el hecho de haber dejado pasar la fecha, de poner a un lado la nueva moda de la inmediatez en los medio de información, se refirió a esta debilidad humana ante el olvido, a todos nos encanta relegar en el tiempo los sucesos para poder recordarlos a nuestra manera, instaurar fechas en los calendarios para solventar nuestros odios ante modelos económicos - y políticos - que difieren del estilo que nutre nuestra ignorancia.
El 2 de Octubre se olvidó. Hace tiempo que sólo es una fecha más que a algunos les hace rascarse la cabeza para poder recordar algo. Es parte de un olvido colectivo que ya no sirve de mucho para exigir un mejor desarrollo social, es un pretexto para todo aquello que se quería abolir. Ya quedará en aquellos que en efecto lo registran, el cuestionarse si en efecto sirvió. Yo diría que sí, que su labor está hecha y ahora debería guardarse en las doradas páginas de la historia, nada más.
La semana pasada celebramos, mayormente, una marcha de pedradas y barbarie. Se han borrado ya los factores de abolengo, como en otros países ya se ha hecho.
Yo espero, ferviente y sinceramente, el momento en que en el 11 de septiembre sólo celebremos la caída de dos deleznables edificios. Libertad, horrible libertad.

martes, 11 de septiembre de 2007

Espero olvidarme de ti / Cada vez después / Muchas veces

EL AMOR ES ODIO

He aquí, la cabalística – séptima – entrega de estos poemas con poco sentido común pero que bien están basados en experiencias propias y de mis más allegados.

ESPERO OLVIDARME DE TI

Espero olvidarme de ti algún día. En un instante.
Lo digo en serio.
Si vieras que en ocasiones hasta me río por creerlo
Es que imagina; que exista esa vida después de la muerte
Así como soy, capaz que te sigo pensando
En serio, te lo digo
Espero algún día olvidarme de ti. En un instante.

CADA VEZ DESPUÉS.

Tranquila, de pie, casi quieta,
Así estabas, así permaneciste el día en que te abandone
¿Recuerdas?
Cuando en mi mentira te dije que te quería;
Que jamás me alejaría,
Y que después te confesé
Y me mataste de tu adentro,
y permaneciste…
Tranquila, de pie, casi quieta,
Así estabas, así permaneciste en aquel día en que empezaste a odiarme,
Tú a odiarme y yo a no quererte como antes.
¿Recuerdas algo de mí?
¿Qué recuerdas más de mí?
Es en este reencuentro no agendado que me doy cuenta que el tiempo ha pasado.
Y de frente, tranquilos, de pie, casi quietos
Así estamos, viéndonos
Yo sin nada que decirte, tú sin nada por que odiarme
¿Nos queremos acaso?
¿Tanto para odiarnos otra vez?
No,
Así que te dejo,
De nueva cuenta,
Tranquila, de pie, casi quieta, como aquel día.
Hoy yo me marcho.
Con la mirada sombría con la que me despides,
Te pasó de largo,
Lento y pausado,
Con la distancia permanente del adiós,
Con la exacta medida para jamás volver siquiera a extrañar nuestros tactos.
Yo lo sé,
Sé que así será,
Si acaso hemos de volver a vernos, a encontrarnos,
Cada vez.

MUCHAS VECES.

Cuantas veces no te he imaginado entrar por esta puerta para pedirme perdón,
Cuantas,
Cuantas veces no te he perdonado ya en la imaginación.
Sé que lo sabes, que lo sabes aún mejor que yo,
Jamás, jamás, te has visto entrar por esta puerta,
No antes que yo.
Y me pregunto cuando has de volver, si has de volver, si te has imaginado volver,
O por lo menos sí estas cerca, cerca de volver.
Cuantas veces no me he quedado dormido en esta puerta,
Soñando que vuelves, soñando que vuelves sin pedirme perdón
Soñando en mí sueño que te quiero sin recelo,
Sin el recelo con el que escépticamente cuido el espacio para tu perdón.
Cuantas veces no he sonreído mientras imagino,
Cuantas veces no he alzado los brazos mientras dormito,
Cuantas,
Cuantas veces no hemos estado juntos de nueva cuenta en mi ilusión
Cuantas, dime cuantas
Cuantas veces no te he imaginado contar las ocasiones en que me digo que te quiero,
Cuantas.
¿Lo sabes?
Sé que no, que no
Y me pregunto
Me pregunto si me pedirías perdón
Por si un día vuelves,
¿Me pedirías perdón?
O bien, por el amor que conoces,
Sabrías ya que te he perdonado.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Olvido

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Dicho sea de paso, está columna fue escrita alrededor de un año y medio en el pasado. Sin mucha inspiración, divague entre lo que en ese momento sentía: la presión de escribir algo sin tener en demasía inspiración. Lo primero que se me vino a la mente fue, obviamente, el olvido; posteriormente se me ocurrió al relatar en primera persona a alguien que se le había olvidado la mejor idea que había tenido en toda su vida.


OLVIDO.

Se me olvido lo que iba a decir, lo que tal vez, iba a contar; no sé porque, si lo supiera, tal vez no se me hubiera olvidado.
No tengo ni la más mínima clave de lo que supuestamente iba a escribir, si es que realmente lo iba a hacer. El olvido se llevo mis ideas y todos los argumentos que había para poder establecer mi primera columna decente; tenía el tema perfecto y la frase inicial que cambiaria al mundo, el final era sorprendente, daba un cambio inesperado para cualquier lector, así fuera el más imaginativo del mundo.
Creo, porque el olvido toma cada vez mas fuerza, que iba a escribir esa historia perfecta, creo que estaba a punto de sentarme a escribir esa palabra que nunca ha sido utilizada para el inicio de algo cuando se me olvido la palabra en cuestión y todo lo demás también.
No sé realmente lo que paso, ya que tengo tres formas de olvido; el tiempo, el orgullo y la simple forma de querer que las cosas pasen a ser otras; la transformación.
La mente me da vueltas, ¿Cómo sé realmente que iba escribir algo?, y lo que es peor ¿Cómo sé que iba a escribir algo que era excelentemente bueno?, ¿cómo, si me conozco más que nadie?
El olvido se subió a mi ego y se dejo caer sobre mi gran invención, mi única defensa es que el olvido no logro quitarme el recuerdo por completo, por lo menos sé que iba a escribir algo. Conozco gente así, creo que tienen una profesión, se me olvido también quienes son, creo que realmente existen (¿políticos?)
A lo mejor me senté a escribir una carta de amor, una canción de protesta, un reclamo a la sociedad o un insulto a mi mismo. No lo sé, dudo de mí, al pensar en mí.
Tal vez simplemente me senté a descansar, me duelen las piernas, ¿camine hace un rato?, si fue así: no sé si más de lo normal, no sé si lo normal o menos. Tal vez mi edad me quiere decir algo que quiera olvidar.
Existe también la posibilidad que me haya sentado a llorar las penas que me acongojan a diario y simplemente las haya querido olvidar tratando de escribir algo o inventándome que detallaría la más grande lectura de todos los tiempos en menos de 5 líneas, ¿si era esa mi intención, lo logre?
El olvido me ha llevado a dudar de mi mismo, realmente no sé si por lo menos he escrito algo bueno en mi vida como para pensar que escribiría lo mejor de toda ella, en realidad me olvide si estoy viviendo. El olvido me ha hecho un ser lleno de incertidumbres, a su vez, un soñador, un hombre que cree que escribir es una profesión con futuro. La gente se ha olvidado de la lectura. ¿Realmente alguna vez leyeron?
Me olvide de mis sueños de ayer, ahora tengo unas ganas increíbles de escribir algo con lo que fantasee el mundo de increíble manera, ahora tengo otros sueños.
Cuando el olvido aparte su brazo de mi, tendré más sueños que ayer, más conocidos, más ganas de recordar y mucho más olvido. Tal vez me olvide de mi escritura, tal vez me encuentre sentado en un lote baldío cuando ese recuerdo de la infancia me domine y quiera ser aviador, volteare al cielo y tal vez me olvide de los aviones, tal vez se me venga a la mente una palabra que nunca ha sido utilizada para comenzar algo, tal vez eso pasó, pero se me olvido también y de nuevo.
Ahora que lo pienso y el olvido se esta yendo, no hay ningún instrumento de escritura en este cuarto, tal vez me este desconociendo. Tal vez me olvide de mi mismo.
No tengo espejo en mi cuarto.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Vírgenes Suicidas

REDONDO

Vírgenes Suicidas.
(The Virgin Suicides. Sofia Coppola, 1999).

Paul Valéry dijo alguna ocasión que “no existe un ser capaz de amar a otro tal como es. Lo que es real no puede ser deseado, pues es real”. El amor, pues, no es palpable, es un ideal que en ocasiones queda en las reminiscencias de una vida que flota en nuestros más profundos recuerdos, carentes, obviamente, de una respuesta lógica. De un entramado que nos guía a armar el rompecabezas de lo que nunca se dio, del misterio pasado que enjaula un presente que igualmente flota en esta la primera cinta de Sofia Coppola como directora.
Vírgenes Suicidas, pues, abandona la razón y el ser de sus protagonistas desde los primeros minutos de la trama, las aleja de todas sus razones y pertenencias, desde su sangre (que cae ensimismada en la carta de un santo) hasta la ilusión juvenil representada por una corona. De esta manera, las ubica como la conciencia del misterio, la contemplación de un colectivo que nunca logra detallar la secuencia de eventos que les dieron fin, un colectivo inocente que bien se da a la tarea, ocasionalmente, de tratar de unir las piezas para encontrar una lógica, una lógica desaparecida por los años que, inconcientemente, les devuelve su propia inocencia.
A través de la mirada de unos jóvenes, representados por una voz unitaria, Sofia Coppola se da a la tarea de inscribirnos en la historia de las hermanas Lisbon, 5 bellezas imposibilitadas para todos aquellos que han soñado con tenerlas.
Por medio de una vida dura y disciplinar que modela el encrespado misterio que las envuelve, pues pocas veces las sentimos humanas, Coppola disfraza y detiene el destino de sus protagonistas claramente mediante los atributos de lo que será, inminentemente, su último destino; su hogar; pues nunca saldrán de el con vida. Un amenazador baúl que les ha hecho perder la oportunidad de sentido común, convirtiéndolas en símbolos precisos de deseo, detrás siempre de algo, de una puerta, de un carro, de un salón, un cuarto, un árbol que anuncia su sentencia detrás, también, de un aviso de tala.
Una incógnita que despierta el nacimiento de un placer que se nos revela al final de la película, en un espacio – tiempo donde el olvido opaca la leyenda de estas hermanas ya desaparecidas; cuando el aire envenenado está y en las adineradas y poderosas familias se trazan los destinos de un pueblo también destinado a morir - bajo máscaras con que brindar en una ceguera social ante los problemas reales. Las futuras generaciones se alejarán de la ciudad, se convertirán en artistas, abogados; en demás egresados de grandes universidades.
Los fantasmas pues, reinan en el presente de este colectivo que narra los hechos en los que está fabricada la cinta de Sofia Coppola. Un entramado que abraza, hasta asfixiar, los principios morales de un mundo moderno que impera bajo los lineamientos de los derechos humanos y la equidad de género. Una duda que no se borra, pues el amor no es palpable.
La voz unificada de estos jóvenes, testigos fieles y fatales del origen de su duda, como guía de tantos años no descritos en que han tratado de amar el rompecabezas. Un acertijo que comenzó a tener sentido - con tintes heroicos - con una comunicación indirecta y a distancia, por medio de teléfonos y frases de música popular de le época. El rol del héroe, pues, está presente en el colectivo al ser el último eslabón, el contacto directo justo para verlas morir y con ellas su rol. No obstante, la figura clave en la pérdida de sus esperanzas, se representa en un campo de fútbol con el abandono del posiblemente verdadero héroe que aún, en el presente representado, no logra captar que su pena se basa únicamente en el haber entendido el destino fatal e inminente de estas bellezas. La muerte, igualmente, colectiva.
Sofia Coppola personifica el misterio desde los sombríos ojos de una inocencia crecida que intenta, recalcitrantemente, olvidar un amor que no se tuvo. Nos coloca de frente a esa casa abandonada que juntos vimos cambiar y nos aparta de la mirada que nos tuteló. Al final, todo recae en la mortalidad de los seres que nos mostraron lo impalpable del amor. “Lo que es real no puede ser amado, pues es real”.
Vírgenes Suicidas es, pues, un presente flotante que narra, por medio de una voz unificada, el misterio del primer amor, el fantasma de un misterio que jamás será respondido - en primera para no dejar de ser misterio y en segunda para no dejarse olvidar. Reescribe una leyenda que se conserva en el pasado habitado de un hogar de modestos detalles que pide a gritos - silenciados - una vida moderna. Un mito para siempre perdido, que al igual que el presente, deja flotando los años de inocencia perdida. Un recuento falaz de la ignominiosa creencia de la eternidad de la belleza.

Vírgenes Suicidas de Sofia Coppola.
Calificación: 3.5 De 5 (Muy Buena).

sábado, 1 de septiembre de 2007

Un Extraño Cuento sobre un Amor lejano.

VÍA LIBRE

Que más se puede decir, un cuento no tan logrado que después se modificó para que fuese más sólido. No obstante, esta es la primera versión; el borrador original.

UN EXTRAÑO CUENTO SOBRE UN AMOR LEJANO.
Marzo, 2007.

Posiblemente ella se fue un día de sequía, observando el temporal que se avecinaba a lo lejos, imaginando la tormenta. Llanamente, en su imaginación, no debió existir otro pensamiento más que aquel que se llena de las ganas de alejarse del calor, del color de la tierra que nos quita por años del camino. A menudo la recuerdo tomando aquellos horizontes que nunca optamos por visitar, en esos territorios que quedan debajo del norte y encima del sur.
Cuando me preguntan por ella suelo acomodarme en mi silla y frotarme las cicatrices que dejó al marcharse, siempre con una sonrisa mencionó su nombre, no podría hacerlo de otra manera.
Jamás he contado las veces que he tenido que relatar su historia, pero siempre la comienzo de manera distinta. En ocasiones digo que la conocí en la calle, tropezándonos. Ya saben, yo la derribo, ella tira sus papeles, yo otros, entonces nos vemos, nos hablamos, nos sonreímos. Otras veces viajo a una sierra nevada, aunque es de todos sabido que jamás he tocado la nieve, suelo mencionar que en esa ocasión estaba solo, esperando un poco de calor, y ella, cayó del cielo, aunque en realidad estaba perdida. En otros momentos narro todo en un estacionamiento, ambos habíamos perdido la ubicación del coche, misteriosamente teníamos el mismo modelo, del mismo color y con una placa muy similar, sólo un número cambiaba y ese ya estaba medio borroso en ambos vehículos. Suelo también decir que la conocí en una persecución. Ayudaba a una anciana a recuperar su bolso cuando derrumbe al ladrón y le arrebate en el suelo el motín, sin darme cuenta estaba a sus pies. En pequeñas instancias del relato me refiero como un héroe para ella, ¿mencione que yo era su héroe?
Mentiría en todo caso si no dijera que la ame; un corazón unido con un hilo es bastante prueba como para negármelo. A menudo veo su silueta en la estación del tren, ella se prepara para dejarme, alejarse de toda esta vida que llevamos juntos. Es entonces que recuerdo que el tren ya no existe y no hago nada, dejo que su silueta me abandone al igual que la dejé irse, posiblemente, en un día de sequía.
Mario es el nombre de aquel que me acompaña siempre en el bar, es un tipo retraído que cambia de rostro cada noche. En ocasiones me reconoce, pero siempre hace lo posible por escabullirse a una mesa y besar a alguna dama que me figure la imperfección que ahora veo en cualquiera. Mario siempre esta ahí, antes y después de mí, sus abrazos son de lastima y siempre silba al oído del desamparado alguna tonada de alguna canción de Leonard Cohen. Nos hace llorar para luego reír, él la conoció y sabe que debe preguntarme por ella.
No recuerdo la última vez que me vi en un espejo, pero dicen en el pueblo que tengo un rostro triste, una amalgamada condecoración de vejez justo debajo de la sonrisa, la que sale cuando arribo a aquel capítulo que reza la ocasión en que nos quedamos dormidos antes de darnos un beso, la vez que me tropecé en el escalera por seguirla después de un enojo.
Una que otra vez viajo hacia lugares remotos, camino largas distancias con el fin de propagar su leyenda, son días y noches donde el habla no me para, donde me seco por contarla. Son días y noches de aquella alegría que aún me mantiene. Duermo soñando en ese momento en que veía el televisor y ella veía a lo lejos acabarse la sequía. .- Algún día va acabarse ese calor, lloverá. Solía decirme mientras yo miraba en sus labios la oportunidad del próximo beso. Ella tomo el camión justo cuando yo empecé a buscarla.
No tenía amigos, hablaba con todos por igual, jamás confió a nadie algún secreto. Yo, al contrario, todos se los confiaba a Mario. Es él mismo él que nunca entiende bien la historia y siempre me detiene en la calle, me acerca una silla y me pregunta por ella. Todos quieren saber donde se puede conocer a alguien así, yo simplemente le respondo contándole de principio a fin una historia que jamás ha tenido coherencia. Tal vez Mario realmente entiende tanto la situación que hace lo que hace, me deja hablar sobre ella.
Una vez la vi, hace años, regreso buscando un vestido que había dejado por error en la casa de a lado. Yo me dedique a mirarla por la ventana hasta perderla en el horizonte, le dije adiós con la misma quietud con la que se alejaba de mí por segunda vez. Jamás detuve su camino, cuando estuvo a mi lado siempre luche por hacerla feliz, aunque en ocasiones se molestaba que pusiera mi música a todo volumen, que viera mis películas sin color, que me la pasara escribiendo horas y horas vidas que no existen, como bien solía decir. Ahora es distinto, soy todo lo que ella hubiera querido, dedicándome por completo a su recuerdo, salgo todas las mañanas a buscar quien me acerque una silla.
Han pasado muchos años, mi andar se ha convertido en un aletargado caminar, en un sinuoso zigzag que siempre me ha de poner frente al sol. Todo me recuerda a ella y ella me recuerda todo aquello que he vivido.
Sentado me despido del día, todos los días, cuando he de haber contado su historia unas 20 veces; al aire, a las aves, a los niños, a los niños que llegaron tarde, a los visitantes. Dicen que al contar mi historia uno puede entender la vida del pueblo. Yo menciono a Mario, él no ha envejecido, es una especie de Dios, es lo que ella hubiese necesitado. Hace poco me entere que murió. Estaba casada y feliz, fue enterrada con su corazón entero.
En cambio yo aún sigo aquí, pero me acerco a ella a cada día, siento que me llama cada que el corazón se me detiene por escasos segundos. Siento que todo ha de comenzar pronto y sonrío, en la noche, en la soledad de la casa que dejó cuando vio por terminada la sequía.
Posiblemente tomó el camión del camino largo, le gustaban los paisajes, las rosas blancas y los olores fuertes. Posiblemente existió en unos de esos tragos amargos que empine en mi garganta a lado de un desconocido en todos estos años.
Suelo reconocerla cuando envenenado por el alcohol, llego tambaleante a la puerta de mi casa, cuando huelo ese pasto recién cortado y veo la rosa blanca que tanto cuida el vecino. Suelo mirar al faro como un sol y duermo creyendo que el día ha llegado, que hay que empezar de nuevo la vida. Es posible, sí, que ella exista en algún rincón de esta vida. Yo he de buscarla para poder contar su historia después. He de caminar llevando su leyenda, que posiblemente nunca exista, es probable que aún éste muerta.