Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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lunes, 23 de marzo de 2009

The Killers. Palacio de los Deportes. Madrid 2009.

REDONDO.

The Killers. Palacio de los Deportes. Madrid 2009.

O COMO LAS LUCES LE GANAN AL PODER DEL AMPLIFICADOR.

Les hacen nombrar muchos como la “banda del momento”, pero los momentos cambian, mutan, se dan paso unos a otros y se desfiguran. Al final siempre permanece el símil de una era; el momento de las siempre bandas del momento. Los momentos musicales no dejan que la historia los contagie y deciden evaporarse ante el llamamiento de algunos años de gloria y el siempre benéfico recuerdo nostálgico de quienes presenciaron los tiempos perdidos.
The Killers es, pues, para muchos, la “banda del momento”, uno de tantos grupos generacionales que aún no definen su permanencia en dichas mentes con las que coexisten, aunque, claro, como es costumbre, hay que hacer de lo vivido algo un poco más embellecido; ¿sino qué es lo que uno asumirá con presunción ante la nueva oleada? La afamada banda de Las Vegas cerro la gira europea de su tercer material en un Palacio de los Deportes abarrotado de jóvenes que desconocían del todo sus anteriores discos, que se presentaban ante un llamamiento snob por seguir la fuerza con que han atacado en su nuevo sencillo, el cual reza en su estribillo la banal y vaga cuestión de si somos humanos o bailarines, lo cual pretende venderse como un hito, un grito generacional que la mercancía oficial y el juego de la pantalla central no dejaron en duda; cosa tanto inquietante como irónica ante un aforo lleno que no hizo más que saltar y dejarse llevar por los espectaculares juegos de luces y visuales con que interpretaron sus canciones, algunas de ellas seguidas más por la masa que por el conocimiento pleno de ellas.
The Killers, pues, dio un viaje irregular por algunos de los temas de sus cuatro producciones, incluyendo el improvisado Sawdust (que da lógica total al porque la mayoría de esas canciones no se incluyeron en los anteriores discos) y pasearon cómodos ante la oleada de coros en sus más conocidas canciones, aunque se dieron un par de lujos al interpretar algunos temas alejados de los singles y que gustan a los fans más efectivos de la banda como Bling y Shadowplay, un cover de la mítica banda Joy Division mientras se proyectaban imágenes de la película Control de Anton Corbijn en lo que intentó ser un momento cumbre - y de rendición de cuentas y honores - pero que paso desapercibido por ese desconocimiento generacional, irónicamente lo que los tiene en ese alzado popular.
The Killers pues conquistó a la juventud Madrileña - y foránea - que se dio cita para eso mismo, para ser conquistados sin resistencia alguna a la exigencia o critica (propio de cada generación, esta no exenta) y se dejaron vencer por los excéntricos juegos de luces e imágenes que soltaron ante unas interpretaciones grisáceas de la banda que en ocasiones se torneaban de color debido al manejo del cantante pero que nunca explotaron. El terreno fue vencido con los coros pegadizos de canciones como Mr Brightside, Smile Like You Mean It, All These Things That I've Done, Jenny Was A Friend Of Mine, Sam's Town, Read My Mind, Bones, When you were Young, Space Man, Dustland Fairytale, This Is Your Life, The World We Live In, entre otras. De más está decir la obviedad en que se convierten este tipo de conciertos. The Killers es una banda del momento, es una banda de singles fuertes y rompedores de marcas ante sus seguidores que se incrementan y se han acrecentado enormemente en lo que va de su corta carrera, no obstante es una banda de estudio, que requiere de producción y artilugios técnicos para sonar adecuadamente, la técnica como músicos queda alejado de todo propósito y es tal vez por eso que el concierto se lo llevaron esos muy bonitos juegos de luces. Después de dos horas de la banda principal y tres cuartos de hora de la banda abridora Louis XIV - que pasó casi por completo desapercibida y que en ocasiones llego a ser somnolienta - las luces de sala se encendieron para despedir a la audiencia bajo las notas de aquella ya clásica melodía de Johnny Mercer y Henry Mancini, Moon River y que interpretara por primera vez Audrey Hepburn en el clásico cinematográfico de Blake Edwards, Breakfast at Tiffany's, en una clara alusión a su tema balada de su último disco, Dustland Fairytale.
The Killers llegó como lo debe de hacer una banda del momento, al momento exacto (y es que por curiosos que parezca no siempre suceda así) y dejó a estas tierras europeas hablando de ella, ante los gustosos de los siempre cambiantes sucesos sonoros y una nueva oleada de jóvenes que se volcarán a descargar sus discos o bien comprar algunos de ellos. No podemos negarles la energía que en ocasiones parecía que iba a salir de ese escenario, pero tampoco podemos decir que el grupo se dejará conquistar por su público, lo cual siempre resta los más importantes méritos. Ha acabado pues la gira europea de una banda digna de representar, eso sí, la música propia de estos años, de este concepto aún indefinible para mi como lo Indie; este sonido que no es grito, que no pide ni reclama, que tan sólo se escucha y se pierde, propio de estas nuestras generaciones, propias de este desleal acto de de consumir y desechar al instante - en mi viaje de regreso a casa observé a varios de los asistentes como si nada hubiera pasado en el metro, como si vinieran de ver a cualquiera de sus amigos un sábado por la tarde, sin esa energía no agotada, ni ilusión en la mirada por ser protagonistas de un concierto de música, cuando me lo pensé, yo estaba de igual manera.
¿Qué si somos humanos o bailarines?, ¿más humanos o más bailarines?, la verdad lo tomó como el coro de una canción que busca atacar la ironía que presenta el precepto vago con que fue compuesto, un simple juego de palabras. Es obvio que donde se toque convertirá el foro en una discoteca, pero que más daría si no hubiera gente allí. En realidad no me importa, lo que sí me queda claro es que The Killers es más una bonita banda de luces que algo trascendental. De eso no hay cuestión alguna.

The Killers en el Palacio de los Deportes, Madrid 2009.
2.5 de 5 (Agradable).

lunes, 24 de noviembre de 2008

Omara Portuondo. XXV Festival de Jazz. Madrid 2008.

REDONDO.

Omara Portuondo en el Festival de Jazz de Madrid, 2008.

GRACIAS COMPARTIDAS.

Me acerqué lentamente a las instancias del Teatro Fernán Gómez, debajo de la Plaza Colón - localizaciones perfectas para una historia de Ciencia Ficción minimalista, solitaria y un tanto experimental desde mí punto de vista - por el lado contrario al que le conocí por primera vez, en donde tomé aquella foto del pilar que sostiene parte de la estructura y decidí investigar el lugar desde el punto de vista sc-fi ya mencionado. Era de noche y hacía un tanto de frío, había llegado caminando, sin saber que esperar a ciencia cierta de un concierto, sea dicho, tenía que ser una experiencia única, rica en emociones y rica en explicaciones, dígase de más, globales.
La negrura y espesor de la noche se perdieron entre los asistentes dentro del foro, donde, para todos sería la verdadera vida nocturnal de aquel día que se despedía. Un teatro pequeño y acogedor, ideal para el estilo genérico y generacional de una cantante reconocida tardíamente y que justo venía a presentar su nueva producción titulada “Gracias” como un verdadero consentimiento a todos aquellos que han hecho parte de los últimos 60 años de su vida, que es su carrera como interprete. El cartel indicaba ya dos sorpresas adelantadas, la presencia de Jorge Drexler y Martirio.
Las luces se apagaron no para dar comienzo a la velada cubana, española, uruguaya y demás sino para darle cabida a una voz muy educadamente española que explicaba que esta, la edición 25 del festival, rendía tributo a uno de los más grandes, al siempre visible Miles Davis. Todos los conciertos dentro del marco del festejo musical comenzarían con una de sus piezas más emblemáticas, “So What!”, abridora del también inmortal Kind of Blue, así que el telón se abrió para mostrar a la banda que acompañaría a la afamada cubana, abrazada de una instalación basada y llamada igual que dicha composición abridora. Aunque la instalación no era del todo emblemática, la banda empezó a demostrar el nivel que vendría a acompañar la voz de Omara. Liderada por Swami Jr, un guitarrista, compositor y arreglista Brasileño, se complementaba por un baterista, un percusionista, un bajista y un pianista que figuran como la nueva generación de valuartes del jazz cubano. Mención aparte requiere el pianista Harold López Nussa, que a su corta edad, demostró un virtuosismo y expresión en sus interpretaciones con un equilibrio magistral como no se ve en las nuevas generaciones de músicos en todo el mundo, donde todo es virtuosismo puro y nada de comunicación.
So What! fue la primera grata sorpresa, la interpretación fue ejecutada como debía de ser, con un aire latino caribeño nadando entre la famosa frase musical de la melodía. Sin embargo esto daba paso a lo esperado, la llegada de Omara, que con paso lento arribo al escenario en medio de aplausos y gente de píe. Como es conocido, los conciertos de Omara Portuondo son una interacción total con el público, no es más que una tocata familiar donde todos representan amistades cercanas y se toca lo que se siente, como se siente y de manera tan sutilmente magistral que pocos se dan cuenta de la belleza total que rodea el ambiente. El virtuosismo, repito, se convierte en lo que debe ser siempre, en la música.
La segunda sorpresa no tardo en absoluto en llegar, una de las esperadas. Omara pidió para su primera canción a Drexler para interpretar a duo “Gracias”, el tema que da nombre a su disco y al momento de vida en que se encuentra. El tema se fundió en una mutua culpa de agradecimientos entre audiencia y cantantes, así como entre ellos mismos. El concierto continuo creciendo con las canciones de su última producción, los virtuosos solos de sus músicos dejaron sorprendidos a más de uno. “Adiós Felicidad”, “Amame como Soy”, “Yo vi”, “Nuestro Gran Amor” fueron parte de los temas que alejados de las versiones con que fueron grabados representaron dignamente lo que el festival requería, una carga de jazz ante la presencia de una de las voces más reconocidas del mundo.
Drexler reapareció para interpretar en conjunto “Oh Que Será”, una canción original de Chico Buarque y Milton Nascimiento que ya ha interpretado en alguno de sus discos, y que grabó a duo con Omara en el presente disco de la cubana, pero lejos de escuchar una interpretación fidedigna de lo ya grabado, al igual que las demás melodías, esta se extendió con un solo de cada miembro de la banda que sorprendió hasta al mismo Drexler que volteaba a ver a los músicos para agradecerles el momento, mientras Omara, como nada, figuraba como un pez en el agua, rodeada de la música, disfrutando su agradecimiento, disfrutando de una vida que ha valido la pena. Tal vez por eso se interno tanto en la interpretación de la canción de cuna “Drume Negrita” que dedico a sus nietas y que concluyo de manera magistral, con un silencio repentino que saco unos de los aplausos más sinceros de la noche. Martirio se dejo ver para cantar “Rabo de Nube” de Silvio Rodríguez en una versión que ha sacudido los estilos y géneros de los continentes encontrados. Un duelo bello de voces que al final se dejaron vencer a la letra de la canción.
Una de las sorpresas no esperadas de la noche fue la invitación que Omara hizo a uno de los cantantes más jóvenes de España que ha saltado a la fama por los reallity shows televisivos tan de moda, Manu Tenorio, con quien compartió “Tres Palabras”. La voz del joven fue buena, entonada pero podemos decir que las emociones le ganaron en partes claves para sobre-interpretar la letra que ayudo a equilibrar las tablas de Omara, una oportunidad única no mal desaprovechada y un momento lindo de la noche.
El concierto fue dando sorpresas entre las versiones que iban alentando a la isla alejada de todos en ese momento. Dos Gardenias fue interpretada en un hermoso duo junto a su director, guitarrista Swami Jr. que se ha quedado como una de las mejores versiones que se han hecho de este tema. Asimismo Omara fue narrando historias y anécdotas de toda su carrera, desde el cuarteo de las D´Aida hasta nombrar a uno de sus más grande colegas: Ibrahim Ferrer que desató otro de los aplausos más sinceros de la velada.
Omara se fue del escenario para dar paso a un puente instrumental llenado de manera impactante por su banda, una interpretación donde de nuevo a todos nos dejaron con el sabor de boca muy ameno.
El final de esta velada era el esperado, una entrada total de los invitados que se fusionaron a ritmos de “Cachita” “Guantanamera” y de nuevo “Gracias” en unas gracias compartidas, no rebuscadas, en un levantarse de los asistentes que bailaron para la felicidad mutua.
Omara se fue no sin antes agradecer cien o mil veces, no sin que el público le haya agradecido ese y otros tantos conciertos dados en sus 60 años de carrera.
Me fui cuando las luces se encendieron, sin recordar nada de la ciencia ficción pensada -que se encontraba arriba de mí - sino tan sólo pensando que estaba en una isla, y sobre todo, más cerca de casa.

Omara Portuondo en el Festival de Jazz de Madrid, 2008.
Calificación: 5 de 5 (No lo cambio por nada.)