Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

Mostrando entradas con la etiqueta Vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vida. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de septiembre de 2007

Odisea

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Es de muchos conocido (y si no, sépanlo), que una de mis más grande inquietudes - y sueños guajiros - es visitar el espacio; observar el mundo como el todo que es realmente y derribar las fronteras visualmente por fin – tal vez de esa manera encontrase mí paz eterna. Pues bien, frente a está alegórica esperanza, escribí hace poco esta columna que me retrata en el regreso de ese viaje espacial imaginado. Mi humor negro obviamente combatió el deseo y ganó el poder. Heme, pues, en este regreso, muriendo en el reintegro de la nave a la atmósfera terrestre.

ODISEA.

El otro día soñé que moría, que lentamente me iba desmembrando despierto; observando con plena conciencia como me despedazaba tranquilamente, en un soplo, en un último suspiro. Nada quedaba de mí, me convertía en esa ceniza que bien dicen fue siempre mi origen. Y efectivamente creí - a medias - en ese añejo y sabio ritual de que cuando uno se va, nada se lleva consigo. Creí a medias porque, en primera, era un sueño. Nada que pudiese palpar con mis manos y decir, ¡es cierto! Me estoy yendo, alejando; poco a poco se separan de mí todos esos pedazos de cuerpo que alguna vez me ayudaron a coexistir con todos esos seres de vagos y bajos pensamientos de los que también fui parte. Empero, en la belleza del sueño, ya no lo era; me estaba yendo. Y todo, lentamente, se iba de mí, nada había de llevarme. Mientras todo ese pequeño espacio se llenaba de mis retazos, yo serenamente cerraba los ojos, no quería que se fuesen. Mí deseo (en un onírico pensar) era que aquellos que me hicieron observar - y observarme - fueran los últimos en despedirse, pues en primera, lo que anhelaba, era ver como todo lo demás se iba de mí. Digamos que un último acto de banalidad ensombrecía mi partida, que puedo decir, mi humanidad fue contagiada de insignificancia, trivialidad y corruptela de embrionaria manera. Aunque, debo advertir que tal puerilidad era también parte de un ritmo de partida; a la par que deseaba observar como todo se retiraba de su natural ubicación (lo que hacía que cuestionara a la propia naturaleza), apetecía de cerrar esos parpados para poder recordar todo esos momentos tragicómicos, que a la par de esos grandes y pequeños pedazos que se marchaban con dolor, se iban para siempre de mí. Entonces me percate que estaba soñando en el mismo sueño, que estaba anhelando en el mismo deseo y que en efecto, como siempre, esa sabiduría popular estaba en lo correcto en un 50 por ciento. Nada había de llevarme, todas esas cosas materiales desaparecían al mismo tiempo que los miembros que alguna vez sostuvo el alma. Empero, todas esas experiencias que sostienen es lo que ha de hacernos inmortales, también se alejaban; sin un despido formal, sin un hasta luego. Únicamente con un dolor más agudo que la carne, la sangre y los huesos. Esa inmortalidad quedará en la tierra me dije, y trate de sonreír con mis faltantes labios; meramente con los dientes más aguerridos que aún podían sostenerse al destino. ¿Qué pasará entonces cuando todos los que bien me conocieron, mueran? ¿Seré una leyenda a caso; una de esas retóricas figuras que la historia hace por bien cambiar en su discurso melodramático de toda la vida? ¿Seré del bando bueno o del bando malo? ¿Qué será de todos cuando todos hagamos por bien desparecer? ¿Quedará escrito algo de nosotros? Posiblemente una especia más avanzada aparezca, y a diferencia de nosotros, miren a futuro, jamás se detendrán a escudriñar en el suelo y polvo del pasado. Si así fuese, nunca se sabrá de mí, o de alguien. Una gota de sangre flotaba alrededor de un pedazo de piel ya marchito. En mi sueño yo regresaba del espacio, en una de esas sesenteras naves que poco se recuerdan. Con mis ojos entreabiertos sentía el calor y empezaba a observar esa muerte anunciada. Cuando mis ojos empezaban a partir, no tuve a mejor hacer que abrir los parpados sobrantes y voltear a mi costado. Ella estaba ahí, viva, observando de igual manera como su cuerpo se iba. Mi mirada se alejo justo cuando ella volteo a mirarme, tal vez para despedirse, tal vez para decirme la verdad en una pequeña frase que no pude alcanzar a leer con mis ojos ya idos. Una duda, que tampoco he de llevarme. Empero estaba vivo, soñando, y esa duda me despertó. Con el interés de querer conocer la verdad, pero con el miedo de seguir viviendo. Todo seguía igual.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Sangre/ La vida no es un Sueño

EL AMOR ES ODIO

Primera entrega de prosas libres que he realizado con mucho rencor. El Amor es Odio, me digo ocasionalmente para sobrellevar los fracasos (míos), que veo en el éxito de los otros y no tanto en mis propias derrotas.

SANGRE.

Claro que me gusta hablar de la sangre. Al fin de cuentas es de lo que estoy hecho. No creo en eso de que estemos hechos de amor, de amor de Dios. ¿Quién es él? ¿Alguien conoce o ha visto a ese señor? Tan famoso él que en ocasiones nos recuerda que no es él quien se despide, sino que nosotros nos alejamos de la sangre que nos dio.
Claro que me gusta la sangre, es lo que corre por mis venas. Es lo que en ocasiones detienes y en muchas otras, haces girar en pena.
Es parte de las cosas útiles, reales. De las que dan la vida y la quitan en un mísero instante.
Me gusta, me gusta mucho hablar de ella, casi tanto como me gustas tú. Porque tu la dominas; más que yo, más que el resto, más que ese señor, ese señor Dios que dicen por ahí que nos ama y nos colma de amor (más que de sangre).
También me gusta su color, ese tono marchito que en otros ojos recuerda el esmalte manzana. Ese símbolo de pecado y culpa eterna que nos impusiera ese mismo señor que no deja de pensarnos, cuestionarnos y según muchos de querernos.
¿Captas? Es probable que en realidad exista, ¿Quién sabe? ¿Lo imaginas? ¿Que ese mito de eternidad fuera cierto, palpable, manifiesto en el algún momento?
Si así fuese, a lo mejor fue él quien nos junto desde su imaginación antes de que nos diera la vida. La vida con la sangre que hoy te obsequio, antes que pensar en él, para tan sólo eternamente amarte en nuestro silencio de fe.

LA VIDA NO ES UN SUEÑO.

Que frase tan estupida esa de que la vida es un sueño.
Me niego a creerla, a pensarla siquiera. ¿Te imaginas? Después de lo que nos hemos dañado. Así, de la nada, despertar; saber que nunca lo fuimos, que nunca estuvimos.
¿Por que nos costamos tanto entonces?
No, no, la vida no debe ser un sueño. No lo es; no dolería.
Quien dijo eso no sabe lo que es amar a alguien con la costumbre del odio que se forma a través del pesado humo de los años.
La vida no es un sueño amor, no lo es. Pero si un día quieres que lo diga, puedo redimir mi escritura (que amo tanto) y decirte al oído esa frase burda, absurda, sombría.
La vida es un sueño, es un sueño amor si así lo quieres.
Lo creeré contigo; pero será hasta el día en que despierte y aún estés ahí, dormida, a mi lado, conmigo, después de la noche anterior donde nos tuvimos.