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lunes, 15 de octubre de 2007

Poli...

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Bueno, la semana fue demasiado para mí; hubo muchos casos de los cuales poder hablar, lamentablemente no pude ahondar en uno más que en la emoción de tan peculiar y agradable semana.

POLI…

Hay semanas malas, sí, donde me es difícil encontrar alguna historia que escribir, donde la complicada experiencia de observar los pequeños detalles me lleva al hastío. Entonces, me siento frente al monitor y exacerbo pequeños relatos de la penosa política mundial, de la vaga humanidad de la que está hecha la sociedad, sus ambivalentes valores que no admiten, o de cualquier otro asunto que quiera externar. Sentado, en la nocturna experiencia del desvelo, tomó (ocasionalmente) una copa de vino y me pongo a escuchar alguno que otro bossa nova. Pues, me siento a escribir. Terminando prendo el televisor para observar alguna película de Wes Anderson - o bien secuencia de alguna. Creo que prefiero ir a dormirme con una sonrisa en la boca; sabiendo, claramente, que el mundo y todo este universo de perdedores que habitamos en él, aún puede darme y darnos muchas alegrías.
Hay semanas malas, claro, todos las tenemos. Hasta las historias se ocultan un poco para no llamar tanto la atención, pero como todo, hay veces que se dejan venir en cascada. La semana pasada, pues, fue para mí un regocijo tal que no supe ni en que centrarme para ponerme a escribir. Los relatos eran tales y tantos que no había en mis interiores otra cosa que alegría desenfrenada; se podía hacer tanto con tales seres que llenaría una buena parte de mí anecdotario de vida.
Uno de mis personajes favoritos reapareció con fuerza; fiel a sus oblicuos actos que realiza con un alto grado de soez improvisación (o bien por mandato femenil), nuestro ex presidente estrenó un libro sobre sus memorias en la presidencia, bien esto puede llegar a significar dos cosas; o ya se percató de que su mandato ha muerto (por fin, ¡que bueno!), porque sino, ¿con que otro objeto escribir los relatos de una experiencia pasada? O bien, tenemos en nuestras manos el primer tomo de una publicación con tintes de ser tomada en serio, relatada (de alguna forma) por un limitado - de conocimientos - publicista (como lo son casi todos) que cuenta con toda una gira de estrenos cual estrella de música popular (aunque con tintes de sacar un segundo álbum en la onda ranchera). ¿Será que tenga que ser lectura obligada para los diputados de la comisión que lo investigará?
Por otra parte, y sin hacer menos el evento, está la ingrata trampilla “estudiantil” que realizo Madrazo en cierto evento deportivo. Pero muy a pesar de todos los que con ironía han tratado el suceso, yo he de entenderlo por medio de una lógica espiritual. Una travesía fantasmal sólo podía ser realizada por un espíritu chocarrero - y más que mangoneado - de la política nacional. Yo opino que para el siguiente maratón ni esté en el balazo inicial, que se aparezca así de repente como el espiritú de los maratones pasados, en clara alusión al ya también más que mangoneado cuento de Dickens (al fin, tal para cual). O mejor aún, que aplique la de su gobierno, que ni participe y salga triunfador.
Para lo último dejó algo que llego al hecho de darme bastante ternura. En este semana - gloriosa repito - se nos dio el berrinche terrenal de un ser que tiene poder celestial, ¿qué como es eso?, yo también me lo he preguntado. En otras palabras, más seculares y menos vanagloriadas por el vaticano; me refirió a la demanda del Cardenal (ustedes saben cual), por supuestas - pues aún no se comprueban - amenazas de muerte. Yo sinceramente no encuentro sentido al temor social que expresa el jerarca de la iglesia católica mexicana. ¿Qué no todos ellos esperan algún día poder estar de frente con el creador? ¿Qué no está matrimoniado con el mismísimo hacedor de los cielos y el tiempo? ¿Qué no son ellos los que nos quitan ese temor al último aliento cuando está por suceder? ¿Qué no ellos son los que alientan a los pobres de fe? ¿Qué no son ellos los regidores de la eterna palabra? Al parecer no; pero yo la verdad compruebo una vez más la existencia de un ser todopodersoso, pues esta semana fue todo un hermoso milagro.

lunes, 10 de septiembre de 2007

El Milagro

EL BOLSILLO IZQUIERDO

La presente columna nació al encontrarse una obra en curso en la casa de mis vecinos – he ahí lo anecdótico. Después, claro, mi mente voló y me encontre en una situación en demasía hilarante.


EL MILAGRO.

Muchos creían que era un ángel, un milagro o una presencia inmaculada que podría significar un milagro, o lo que es lo mismo, una silueta que realizaría para nosotros, nuestros más ocultos deseos (por aquello de la impotencia de realizarlos nosotros).
No recuerdo exactamente el día ni la primera imagen, sólo que regresaba de algún paseo matutino cuando observe como la casa de a lado empezaba a perder su forma, todo empezó ese día, cuando la remodelación de la casa marcada con el número 18 intentaba embellecerse.
En las semanas posteriores todo era un caos en la calle: cemento en las banquetas, polvo dentro nuestras casas y para colmo, la temporada de lluvias se aproximaba, tornando de gris el color naturalmente azul en la colonia.
Un mes más tarde se vino el suceso trágico: una monumental lluvia que acabo con varias colonias al norte de la ciudad, cientos de personas se quedaron sin hogar, algunos otros, sin familiares. Cuando el mundo despertó, había una imagen un tanto extraña, un tanto familiar en la pared de mi cuarto. Era una mancha sin forma, aunque la gente creyó que era un ángel, convirtiendo mi cuarto en una zona de visitas cotidianas. Nunca he ido a la iglesia pero ahora mi casa forma parte de la fe del pueblo.
El mito recorrió un rato las ciudades aledañas, incluso un canal latino del extranjero vino a hacer una nota. La conductora afirmo que esta aparición era una respuesta a las plegarias de los habitantes que habían perdido algo en el “Diluvio moderno” como ella lo llamo.
La figura seguía ahí, como un borrego de oro. Una figura que día a día, a pesar de la sugestión humana, yo veía con menos forma de algo divino. Incluso los trabajadores de la obra de a lado se habían convertido en algunos de los visitantes más recurrentes. Ahora el caos es mucho mayor que cuando comenzaron a trabajar. Mi hogar ha sido testigo de mítines, platicas y oratorias religiosas, igualmente ha sido visitado por padres de varias religiones y por gentes de diferentes posiciones económicas pero de entendimiento parecido.
Realmente todo este evento fue ocasionado por la humedad que produjo la construcción aledaña; la incompleta terminación del techo, en conjunto con la fuerte lluvia de la semanas posteriores. El agua se había infiltrado en la pared de mi cuarto formando una silueta que para el tipo de obras públicas (que la vio cuando me queje de la construcción) resulto ser un milagro.
Severas semanas después, mi cansancio estaba a punto del desmayo (y a pesar del astral viaje por la baja de azúcar en mi cuerpo, mi visión aún no encontraba forma a ese supuesto ángel). Decidí tomar medidas.
Si ese era un milagro de verdad pues era mí milagro y no dejaría que mis fuerzas se abatieran por un hecho imprevisto de negligencia en el negocio de la construcción. Desde hace algunos días cobro unos cuantos pesos por la entrada a ver “el milagrito” y si bien algunos diarios y sermones dominicales me han tachado de oportunista, la gente no ha dejado de presenciar mi hogar, es más, ya hasta le puse marquito a la humedad esa que la gente suele llamar como el “ángel del diluvio”. Por cierto, el otro día me entere que ya había hecho su primera curación milagrosa. Un amigo medico me explico la razón verdadera de la cura del tipo pero le dije que la ocultara y subí el precio de ingreso a mi casa, ahora soy gerente de un milagro. Lo que me hace sentir mal con lo verdaderos creadores de mi fortuna, los albañiles, ¿Qué dirían si supieran que ellos hicieron todo esto?