Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

martes, 17 de febrero de 2009

Arropiero, El Vagabundo de la Muerte

REDONDO.

Arropiero, El Vagabundo de la Muerte
Arropiero, El Vagabundo de la Muerte (Carles Balagué, 2008)

Manuel Delgado Villegas es tal vez uno de los asesinos seriales más relevantes en toda la historia de España, empero lo que pudo haber sido toda una leyenda se perdió entre los archiveros policiacos por años, mientras a él, con terapias de choque y demás brutalidades, le fue borrado su pasado, sin que jamás se le realizará algún juicio por todos los asesinatos en los que él mismo se implico, más de 48, 22 investigados y comprobada su participación en 7.
El documental citado desvela e indaga, no obstante estos datos fríos de la vida de un asesino, la vida de aquel que realizo alguno de los más crueles y enfermizos asesinatos en territorios españoles, italianos y franceses. Con una propuesta meramente sencilla, clásica; el director intenta desde el inicio presentarnos la mente de un criminal que entendemos, lo único que requería era de reconocimiento, una persona inculta pero con un coeficiente elevado que le hacía perder en varias ocasiones los estribos y cometer de manera impulsiva algunos de los más absurdos asesinatos, seguidos, ocasionalmente, de actos necrofilicos por varias semanas.
En base de entrevistas a todos aquellos que le conocieron en diversas partes de su vida; jueces, investigadores policiales, peritos, psicólogos, investigadores, forenses, amigos y material de archivo, se nos relata esta historia en base de capítulos que no vienen precedidos de una presentación de antesala pero que sí están logradamente divididos. Estos se van revelando y relevando uno a uno bajo secuencias que se van efectuando con mejoras a lo largo de este documental que en su inicio tiene su punto más bajo pero que ágilmente se compone y que a la mitad de su segunda parte, cuando se nos relatan los periodos de investigaciones después de ser apresado, no te deja ir. Los argumentos de todas las personas elegidas para contar su visión de la historia se van formando una a una, conformando el universo dispar por el que vivía el asesino, denotando las siempre faltantes pruebas de crímenes que aún hoy se tienen sin resolver.
Mediante una música original y un montaje lo bastante efectivo y sencillo, la historia va tornándose importante frente a nosotros, contando con la honestidad de una narración que de por sí y como siempre fue en realidad, un tanto ilógica, deja soltar los puntos más fuertes en momentos claves, esto no con el pretexto de impactar, sino de entender de lo que realmente trata la historia, no sólo la historia del asesino, sino la vida del hombre que lo fue y que bajo años de brutalidad y olvido, lograron despojarle de eso por lo que había siempre luchado, ese reconocimiento que siempre buscó y que fue lo que lo llevó a cometer sus primeros asesinatos.
El director Carles Balagué logra un documental fresco, clásico, sobrio y eficaz en una época en que este género trata de relevarse ante las nuevas tecnologías y trata de incluirse en las ficciones de una manera predominante. Arropiero, El Vagabundo de la Muerte es un ejercicio tanto periodístico como cinematográfico que va de menos a más, concluyendo en el punto más alto de una tensión y emotividad lograda, trabajada a lo largo de la cinta. Es un documental honesto, simple, básico y oportuno. Nos revela la vida de uno más de los resultados de presiones sociales, nos revela los destinos de ciertos desaparecidos, nos revela las necesidades y conclusiones de un sistema que se vive y adapta en todas partes del mundo, nos desdibuja un éxito casi logrado y nos describe el camino de alguien que simplemente quiso ser importante a cualquier coste. Nos fragmenta su fracaso, no en manos propias, e intenta darle un poco de justicia con la fabricación de la misma película. Porque lo es, porque lo fue, fue y es cierto. Hay vidas que deben ser contadas.

Arropiero, El Vagabundo de la Muerte de Carles Balagué
Calificación: 3.5 de 5 (Buena).

lunes, 16 de febrero de 2009

Quisiera ser Millonario

REDONDO.

Quisiera ser Millonario
Slumdog Millonarie (Danny Boyle, 2008).

Si hay algún director al cual todas las generaciones de cineastas existentes, tanto nuevas como las más hechas y maduras, deberían tener cierta envidia es a Danny Boyle. Lo anterior me lo permito decir porque es él tal vez, la gran figura del verdadero cine independiente, del director que aún gobierna su estilo como nadie, con una soltura que deja a cualquier profesional embellecido con su puesta en escena, con su discurso, con su estructuración de entramados, con su sencillez en la dirección actoral, con sus diversos proyectos que se relevan uno a uno sin aparente nexo pero que lo tienen en demasía y sobre todo, con su frescura. Es el cine independiente maduro en toda la extensión de la palabra, se abre campos entre diversos géneros y sale siempre bien librado, se da la libertad de crear cine en cualquier región, temática y geográfica, del mundo (y también alejado de el). Se le ve y siente alegre al hacer su cine, al contar las cosas que él cree pertinente se debe de contar, relatar, decir, hacer cine, en estos tiempos, como debería cualquier director que se toma con seriedad y fortuna su oficio, que es el de crear. Para detallar esto último no queda más que no restar méritos a su última cinta, Slumdog Millonarie, que es sin duda la cinta que llegó a la temporada de premios con amplia ventaja artística ante sus competidoras, siendo esto, como siempre, no una garantía.
Con un atrevimiento jovial y juvenil, el señor Danny Boyle viaja a la India y arma una trama de por si compleja, en medio de todos los problemas de organización que se suscitan en un país con carencias sociales más que evidentes, retratándolas con una veracidad pocas veces vista en el cine, para esto contando con todo un mundo de experiencia en técnicas por más que trucadas a la antigua y usando las nuevas tecnologías como cámaras pequeñas, bajo el mando de su fotógrafo Anthony Dod Mantle, logrando integrarse de una manera impresionante a las calles, barrios y vida de los habitantes de las zonas que nos presenta esta historia que no deja de entretejer uno de los discursos centrales del Sr. Boyle, esa decadencia humana en pos de la artificiosa vida material, sobre todo el dinero.
Y es que es Slumdog Millonaire no tiene respiro en su técnica, entrelaza un viaje por los difíciles años de una vida que recién comienza y debe buscarse, pelearse y dejarse vencer en una ciudad que no tiene nada de alejamiento con las grandes urbes de este mundo moderno, cosa aparte es que otra industria trate de negarlas. Con una frescura inusitada y un estilo más que reconocible (algo que posiblemente sea más difícil de lograr de lo que suena), esta cinta no es más que una muestra de aquello con lo que comencé diciendo, una prueba del porque el Sr. Boyle debería ser uno de los directores más envidiados por todas las generaciones actuales del cine, sobre todo las que apenas dan sus primeros pasos. Es una muestra de lo que el cine debería ser en estos tiempo modernos, cuando las tecnologías acercan a muchos al fastuoso, complicado y mal leído arte de contar alguna historia mediante el cine, que se crea mediante análisis y estudio de sus estructuras (de las más sencillas a las más complejas), siendo estas siempre narrativas, siempre, narrativas, y nunca creando a partir de imágenes sueltas que deben unificarse en pos de una banal pretensión de creación plástica. El cine es de carácter narrativo, pues, esa es y debe ser su génesis.
Mención aparte merece la codirectora hindú Loveleen Tandan por su parte colaborativa en esta obra que se denota fue ardua en su proceso, pero que se enriquece, no me canso de repetirlo, por esa pasión que se entrega por parte de un equipo que gusta de su oficio. El guión de Simon Beaufoy no se queda detrás, unifica una novela que entresaca momentos de la vida del protagonista pero que no logra unificar del todo como lo hace la cinta. El montaje de Chris Dickens se percibe ante ese estilo fresco del cine independiente que se entre-ve con la madurez de alguien como Danny Boyle.
El trabajo actoral es destacable, se inunda de una veracidad fiable que te mantiene inmerso dentro de la trama desde los primeros minutos y no te deja salir, te presiona hasta el grado en que deseas, al igual que ese mundo presentado, la respuesta final de un concurso que todo damos ya por sentado desde el inicio. Mucho me han comentado algunos colegas sobre el feliz final de la cinta, ¿pero es que acaso una obra debe siempre negarse al optimismo para mantenerse del lado más artístico, maduro? ¿debe siempre mostrar el lado visceral de nuestras almas? No lo creo, menos en estos años de tanta vaguedad. Algo que destacar es esto mismo, pues Danny Boyle sortea lo que me parece hubiera sido el principal tratamiento de cualquier otro director, la critica a los mass media, el golpeteo - constante o breve - a los programas contemporáneos a los que hace alusión la cinta. No se mete con ellos, los utiliza únicamente como pretexto de su narración principal, que es la vida detrás de las verdades, de la falta de educación, de la veracidad y la falta de fe en la gente común. El Sr. Boyle muestra aquí su faceta más madura, al pasar de lado ese tópico que era sin duda alguna una gran tentación.
El trabajo musical es más que destacable. A. R. Rahman nos regala una selección de temas compuestos para esta cinta como hacía años no escuchaba, es un trabajo de impresionante envergadura, una música que recrea esa globalización que roza la cinta de manera frágil, la necesaria, siendo tal vez la música su mayor nexo y a la vez un camino de presentación de la música local en India. Una partitura como pocas veces se crea en una cinta, un trabajo impresionante que no deja de adaptarse a una película de igual fabricación. No obstante, su belleza no obstruye nunca el paso de las reales emociones a conseguir.
Slumdog Millonaire se alza como la más justa ganadora en esta temporada de premios, es de las cintas que siempre se asoman en el pequeño grupo de diversos premiaciones; la más redonda, la más entera, la más fresca, la más sería cinematográficamente, la más divertida, emotiva y sabia de todas ellas. Es una cinta que se merece los premios que lleva a cuestas, y esto no siempre es así. Basta decir una vez más que Danny Boyle es, o debería ser, la imagen real del cineasta independiente, un director del que tomar las ganas de soñar y hacer un cine personal, sí, pero sobre todo, honesto.

Quisiera ser Millonario de Danny Boyle
Calificación: 4 de 5 (Muy buena).

El Curioso caso de Benjamin Button

REDONDO.

El Curioso Caso de Benjamin Button.
The Curious Case of Benjamin Button (David Fincher, 2008).

Inspirado bajo un relato corto de Francis Scott Fitzgerald, y este a su vez sobre una cuestión dialogada por diversos autores, entre ellos el querido y tan gustado Quino, que no reparaba en una muerte siendo apenas un ser de “brazos” sino en el extremo factor de placer que sería el orgasmo, esta cinta desvía la visión acostumbrada de uno de los cineastas más iconoclastas de la década pasada, incluyendo en su filmografía dos de los títulos de culto más recientes en el gusto de diversos estilos generacionales.
Si bien David Fincher había mostrado ya un desempeño más adulto, por decirlo de alguna manera, en su anterior cinta, Zodiac, y que paso desapercibido, siendo una película mal entendida por algunos de sus más fervientes fanáticos al criticarla temáticamente, y mostrando obvio desconocimiento en la fabricación de un mensaje y estilo cinematográfico, dígase lo que el cine requiere para serlo - y yo aún me preguntó porque las nuevas generaciones requieren de repeticiones para seguir creyendo en sus directores sin el menor margen de crecimiento, en esta su nueva cinta su devenir es obvio en pos de un acercamiento a los estantes de lujo como son los premios de su industria. Esto era obvio, no nos dejemos sorprender, desde la elección de un guión de Eric Roth, uno de los favoritos de esa purista sección de la academia americana de cine.
Podemos, pues, hacer, toda una lista de las similitudes, algunas de ellas muy golpeadas, de esta cinta con aquella otra que le hiciera ganar su estatuilla al señor Roth, Forrest Gump, una cinta que con el paso del tiempo encuentro cada vez con más gusto por su detallada dirección y magistral visión (en este caso de Zemeckis) al realizarla, pero no es el caso aquí. Cualquiera con el mínimo sentido común las verá de igual manera, pero con esto no obligo a pensar que esta nueva cinta sea una especia de copia de la anterior, no, ni mucho menos, sólo trato de afianzar que el estilo del guionista , sus constantes, se desnudan por completo al tener ambas en la mente. La estructura, los personajes y hasta puntos claves se dibujan sobre mismos elementos. No obstante, creo que la dirección contenida, pues no es del todo el perfil entero de Fincher, hace que se desdibuje parte del entramado sentimental de la cinta, quitándole parte de su brillo, de su alma.
Con una actuación a medias del señor Brad Pitt - pues honestamente hay que aceptar que en la mitad de la película, la mitad de su actuación son los efectos especiales que le circundan - la cinta logra sostenerse en este departamento gracias a las siempre agradecidas presencias de Tilda Swinton y Cate Blanchett que se dirigen casi solas (esto en termino de sus siempre buenas actuaciones, nada que reniegue el trabajo de los directores con los que han trabajado) y de Faune A. Chambers como la madre de nuestro protagonista, así como de un muy buen cast, que se logra siempre en este tipo de producciones, que desde un inicio se sabe que darán sus pleitos serios para con los premios más rebosantes de la industria estadounidense.
Creo que la cinta se queda corta para con los objetivos iniciales que tiene una producción de esta índole; falta de escenas cargadas de emoción total, fabricadas por un uso determinado de los elementos cinematográficos al servicio del director, una dirección de actores cargada de sencillez e intensidad, una fotografía honesta cargada de belleza y de nuevo sencillez (esto último faltante en la excelsa pero sobrecargada de artilugios de belleza de la presente cinta), un manejo sutil pero efectivo de la partitura y música a utilizar y un montaje fino y perfectamente pensado desde la planeación de la grabación, cosas que tenía y tiene, de manera magistral la cinta de Zemeckis y no del todo esta del Sr. Fincher.
Lamentablemente la cinta se queda en una armadura estética que engaña y maneja a ciertos de los espectadores a un sentimentalismo obligado, engaña en pos de eso que he citado ya tanto en anteriores reseñas, ese sobre-encantamiento del aspecto visual que hace que el verdadero discurso despegue - en el mejor de los casos - y que se asome apenas en los estilos más fallados. Siendo en este caso el primero, pues hay que decir que la película no es del todo malograda, sólo que se reserva todo esa magia con que se venden este tipo de cintas. No es tan difícil de entenderlo al notar que los pasajes técnicos de su hechura son los que más sobresaltan, dejando a un lado los más humanamente artísticos. No es tan difícil de verlo cuando sabemos ahora que el señor Fincher ha decidido verterse de nuevo sobre el estilo que lo volviera popular ante toda una generación de jóvenes y alejarse de esa madurez que había empezado a lograr con Zodiac. Ahora prepara una versión de la mítica película de animación Heavy Metal que marcó a toda una generación en los 80s.
El Curioso caso de Benjamin Button es un curioso caso en si mismo, lo sería más aún si logra llevarse alguno de los Oscars más duros, más buscados, los más importantes, los técnicos los tiene casi asegurados. No es una mala película, es sólo una re-búsqueda de lo ya logrado en anteriores años y en manos de un cineasta que no busco y/o encontró del todo la fortuna de hacer suya la historia y hacerla sentir al público. El Curiosos caso de Benjamin Button tendrá una vida parecida a la de su protagonista, con los años empezará, creo yo, a hacerse un poco menos, a envejecer notándose joven en varios de sus artilugios técnicos. Ya se verá, ese será su verdadero juicio; cuando tenga los años que hoy tiene Forrest Gump, veremos que tanto poder tuvo realmente en la audiencia.

El Curioso Caso de Benjamin Button de David Fincher
Calificación: 3 de 5 (Buena a Secas).

domingo, 25 de enero de 2009

Sólo un Sueño

REDONDO.

Sólo un Sueño.
Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008).

Si bien Sam Mendes ya había emprendido un viaje hacía un estilo con mayor inteligibilidad en Jarhead (con respecto a sus dos primeros filmes), donde la tensión se desarrollaba en una gala de gran manufactura con respecto al manejo del tiempo y los instintos adquiridos de sus personajes durante casi todo el metraje, explotando en aquella ya memorable escena de los soldados disparando al are cuasi como pubertos tocando sus cuerpos en una necesidad expresa de violencia y recibiendo como respuesta el petróleo de los pozos quemados, en una analogía perfectamente lograda de los sinsabores de la guerra, ahora este mismo sentido estricto de un cine tenso, dramático e inteligible le revienta en las manos como a aquellos personajes suyos, recibiendo tal vez la calificaciones regulares por parte de varios críticos.
Al observar Revolutionary Road no podemos negar que existe un director serio y conocedor en Sam Mendes, se ha convertido con tan sólo 4 largometrajes en uno de los directores más fiables de la industria, cosa nada fácil de lograr ante la critica y el público, no obstante, creo que en esta su última película, ese aire de inteligibilidad que ha adaptado ya a su estilo se le escapa un tanto de las manos, revolviendo las lecturas básicas de una película, cosa no alarmante, claro, pero que sí encierra más su mensaje, enmarcándolo a un público menor. A lo que si bien le otorgamos el beneficio de la duda , cabría la cuestión de si lo errado no esta en como ha sido vendida.
Revolutionary Road no es una cinta fácil de ver, hay que decirlo con claridad, los entramados que va creando exigen de un público un criterio y un conocimiento especifico, una neutralidad de parte suya ante ciertos abates que ocurren impulsivamente ante un ritmo constante que divaga entre una serie de guiños arrítmicos que creo, hacen una película con mucho color para cierto tipo de audiencia (por lo menos yo lo disfrute así), tiempos que recorren una habitación fílmica de manera monótona en un aire de patetismo constante y que revientan de la nada ante la ira contenida de la costumbre no vencida o el humor sardónico de la locura. Sam Mendes se ensimisma en el arte de su cinta que la devela, la desnuda ante esa segunda lectura que un espectador siempre busca en los subtextos de las unidades dramáticas que conforman un discurso fílmico, es por eso que esa segunda lectura no existe, puesto que es lo que vemos frente a nosotros, lo que, repito, crea ese aire de inteligibilidad, sí, pero que rebasa en ciertas partes a la cinta misma, lo que conlleva a que ciertas partes de esta se alcen ante el todo de manera estricta y visible, reduciendo la cinta a una categoría que bien pudo ser mayor, estamos pues ante una cinta que no termina por ser enteramente redonda debido a ese estilo y aire que la sobreprotege, es una cinta con escenas de una calidad mayúscula pero que deja al espectador con ánimos de una sutileza más tangible, que confía toda la humanidad de la obra a la desarrollada de manera notable mediante sus personajes, hay que recordar aquí el génesis teatral de Sam Mendes
No dudo que el director hubiera tenido esta visión desde el inicio, que apostará por componer esta película de esa manera, que haya tomado ciertos riesgos personales que se ven enfrentados ahora ante la mirada cautiva de la critica y la gente, cosa normal. Sí, lo he dicho, Revolutionary Road no es una cinta del todo fácil de degustar, tampoco ofusca del todo, pero que bien merece la pena.
Rodeado de su equipo habitual, Sam Mendes nos entreteje como espectadores ante la verdadera vida del idealismo, nos coloca dentro de la verdadera razón de lo bien visto, lo bien vivido; los anhelos, las crisis, los sueños pedidos y perdidos, los temores y los sacrificios, los sacrificios de una vida real que sólo la conocen sus habitantes, sus prisioneros. Con una edición notable va cortejando esa pesadumbre para con nosotros, haciendo que los momentos de traición sean justificables, incluso antes de haberlos mostrado o bien acercado a ellos. La siempre eficiente cámara de Roger Deakins auxilia en esta ocasión de manera seria al discurso de Sam Mendes, denotando en sus movimientos y encuadres relaciones que después serán de relevancia en la trama, denotando de manera, igual de inteligible, emociones que dentro del marco de la cinta, los personajes son incapaces de hacerlo por su propia humanidad pueril, cosa que a mi parecer, corto un poco el estricto estilo de la mano de Deakins (haciendo cosas que pocas veces se le ve hacer). El caso de la música termina por ser uno de los más pobres de la cinta, y no es el caso que la partitura del también ya colega constante de Mendes, Thomas Newman, este errada o bien que el director no la haya sabido utilizar, no, podríamos decir todo lo contrario incluso, pero bien, es algo que también se debe decir de igual manera; desde su primera cinta, todos los fondos de Mendes son de una similitud más que evidente, al parecer ha exigido a su compositor un leit motiv para la obra de toda su vida. No dejan de ser pedazos que parecen salidos de su cinta primera. No obstante, ayuda como ha ayudado a todas sus anteriores cintas, cosa lógica, obvia y que no termina por convencer, ahora menos ya en un cuarto filme.
Revolutionary Road logra el cometido, cumple el objetivo de enfrascarte en una situación incomoda y repensarte varias situaciones que acontecen, uno no sale de la sala completamente resuelto a la primera, tarda un poco el sentir de los sinsabores de una vida social y culturalmente ideal como la que se trataba de justificar una sociedad ya perdida en el tiempo, signo de debilidad y ocultamiento, como lo fue la de los Estadounidenses en los años 50s.
Sam Mendes se atreve, maquilla su cine y lo empolva más de ese aire de inteligibilidad ya descrito antes que ya hacía emerger en su anterior cinta, no sale del todo victorioso; esto en el sentido de que una obra puede -y/o debe - llegar a cualquiera, aquí esto se reduce de manera tangible como he mencionado, eso sí, siempre a conciencia del director, eso se entiende claramente; fue su apuesta, su estilo, su gusto, por tanto tampoco es el derrotado, ha brindado una alternativa a un entramado de difícil acceso. Revolutionary Road es una cinta que debe de verse, experimentarse, sentirse, incomodarse y reacomodarse. Es una cinta que lleva el sello de Sam Mendes y que, como uno de los directores más serios en la escena actual, debe de acercar a gente habida de cine.

Sólo un Sueño de Sam Mendes
Calificación: 3.5 de 5 (Buena).

lunes, 12 de enero de 2009

En Búsqueda de un Beso de Medianoche

REDONDO.

En Búsqueda de un Beso de Medianoche.
In Search of a Midnight Kiss (Alex Holdridge, 2007).

El fenómeno independiente es un caso curioso dentro de la industria del cine mundial, su concepto es obvio, se basa en el factor único de la libertad creativa buscada a través de recursos propios (alejados de los estudios de mayor renombre y poder) para desarrollar un proyecto. A su vez, no deja de ser una etiqueta que se coloca en algún sitio y cierto público hace un despliegue extraño para acordonarse y arropar cierto estilo manierista.
El Cine Indie, como le llaman, es en si - en la mayoría de las ocasiones - una mescolanza de cierto humor alternativo o violencia inusitada explícita (en ocasiones juntos estos elementos), bajos recursos (casi siempre visible en el look del filme, lo que le da, según, una frescura inusitada) y una inocencia en su hechura que en ocasiones enternece a cierta audiencia, o bien nos hace preguntar si en realidad lo independiente está casado con lo que alguna vez un critico mexicano dijo, de nuestro cine por cierto, está como mal hecho apropósito, esto tal vez para la defensa posterior.
Ahora bien, el cine independiente de nuestros vecinos del norte tiene las concernientes ventajas de una industria mucho más desarrollada, lo que no significa que exista por ahí la oportunidad de recubrirse de las etiquetas antes dictadas y no salir airoso de ellas y su critica. Tal, creo, es el caso de este filme aún sin nombre oficial en nuestro país, por lo que me obligo a traducirla tal cual. Como suele suceder con películas de este corte, las criticas se han polarizado, y creo que por vez primera debo inclinarme por el lado negativo de ellas. Si bien el cine indie había ya ganado terreno en casi toda entrega importante de Estados Unidos, teniendo año tras año una cinta participante (que casi en la mayoría de los casos se llevaba el Oscar a mejor Guión Original; Lost in Translation, Little Miss Sunshine, Juno) este ha sido un poco dejado a un lado para los cineastas independientes que han crecido y siguen realizando sus proyectos con mayor ambición y cine, sin perder, claro, esa frescura en su visión, como debe de ser, no en un look, repito, que denote la mal nombrada etiqueta indie.
In Search of Midnight Kiss es una película demasiado singular, ya vista, y es este tal vez uno de sus principales errores; dentro de esta etiqueta indie - que si bien está llena ya de artilugios clave que se deben seguir (dictados anteriormente), sí deben requerir a una alternativa de visión y genio por parte de un director en vísperas de oportunidades de mayor envergadura (como cualquier profesional) y es que es una historia de amor y relaciones de parejas como ya hemos denotado en diversos estilos, desde lo clásicos dramas y melodramas que siempre existirán, hasta los alternativos actuales que hacen alusión a los nuevos foros de conexión entre individuos que existen en nuestra sociedad. Es una historia de amor que trata de envenenar las calles menos conocidas de Los Angeles y mostrarla como lo que es, la ciudad desesperanzadora donde el sueño americano casi nunca se logra, una especie de infierno donde al final, las metas del día se pueden lograr a medias. No me asusta el blanco y negro con que se presenta, nunca he sentido, como tantos otros, que el uso de la escala de grises sea símbolo de presunción, es estilo, me queda claro. Es gusto por parte del director. Aún así, el error fundamental de esta cinta es su localista forma de llevar la historia, se deja llevar únicamente por un discurso encerrado y circular (sin mucho a donde abrirse y dejar sentir algo al espectador foráneo a la ciudad o la cultura estadounidense) que se enmarca en la ciudad de las estrellas. No somos más que testigos de dos perdedores caminando por las calles en busca de un capricho socio-cultural; un beso a finales de año que debe llegar para sentirse menos jodidos, eso sí, haciendo con su andar, jodidos a uno que otro en el camino.
No podemos negar las consecuentes similitudes en cuanto a trama, no estilo ni forma de llevar la historia, sino a origen del conflicto, que conllevó a otros directores, hoy ya más hechos, a realizar su primer paso como Kevin Smith, Jim Jarmusch o Richard Linklater. En todo caso, las comparaciones no hacen que la presente cinta se elevé.
Y es que la cinta comienza un tanto floja, queriendo sorprender de manera burda, diría yo (que no soy un puritano) al espectador con una idea del todo agotada en otro tipo de cintas de corte más juvenil y cómico. El inicio, pues, es flojo, lo que lleva a la película a cojear del todo hasta pasada un poco la mitad de esta, donde, hay que decirlo, logra en ciertos momentos una fuerza inusitada - y en partes claves para su fortuna - ayudándose en ocasiones de la siempre presente y también indie música melancólica que le impregna eficazmente ese look independiente que rodea a las películas de este corte. Es tal vez por estas escenas que la cinta no termina por desfondarse y logra edificarse en el tercer cuarto de su duración, en su último movimiento, único que vale la pena. No obstante, ahondado en su estilo, la escena final cae de nuevo en el cliché y recae en la clásica escena de una conversación de amigos que se resuelve con la cantada de un himno generacional del rock de estadio, esta vez, no lograda al cien como otras tantas cintas de directores que saben colocar con mucha rabia y conocimiento la canción exacta.
Los diálogos, siempre más que presentes en este cine, aparecen de la manera acostumbrada, por medio de conversaciones largas, voces en off mediante mensajes a los celulares de uno de nuestros personajes y bromas que en está ocasión recaen a una generación de poca fe para con los sueños dorados de la cultura norteamericana, cercana a los 30 y que ven todo de manera opaca, cosa que el director intenta ingresar a cierto humor pocas veces logrado. Los elementos de tristeza, bajeza emocional y depresión los logra con mejor mano.
Estamos, pues, ante una cinta de corte independiente que no trastoca un devenir más que el suyo propio, una cinta local que nos encierra de mala manera en una cultura que no termina por ser estructurada debidamente para el entendimiento de un espectador que no la viva; es tal vez, por eso, que la mayoría de las criticas que la alzan como positiva sean de esa nación y casi ninguna de otro lado. El cine independiente no tiene un símbolo más, eso se notaría ya en otras partes del orbe, repitiendo cierta parte del estilo o generando tributos por alguna parte. El cine indie queda igual, alejado este año de los premios, alejado de las glorias vividas en los años pasados. Es tal vez, así lo creo fervientemente yo, porque los directores predestinados a alzarlo se han dado a la tarea de concentrarse en proyectos de mayor reto, lo que no les quita el sentido de lo independiente, sólo de la etiqueta, como lo es este filme, esperando, claro, que el director proponga cosas de diferente manera, apuntalando sus aciertos vistos en esta trama, pues no se puede negar tampoco que no tenga una madera solida para continuar en esta carrera.
En está ocasión el cine indie no ha obtenido uno más de sus aciertos, se ha quedado bajo y callado, pero sólo me refiero al cine de etiqueta, pues el cine independiente ha logrado más que contaminar las mentes de nuevos directores, o bien de una nueva generación que se enfocará en el cine. El cine independiente se ha despegado de las etiquetas, la mayoría de las encuestas dictaminan como las mejores cintas del 2008 a There Will Be Blood y No Country For Old Men, cintas duras y difíciles para un cine comercial, basta ver el valor que tuvieron los realizadores para con los finales de ambas cintas. Sencillos planteamientos en temas que recaen en una sociedad venida a menos. Muchos analistas han dictaminado una sorpresa mayor porque estos discursos provengan no del indie (indie etiqueta diría yo) sino de la clase mayor, pero es que acaso no recuerdan el origen de estos creadores. No es que estemos ante un devenir de lo independiente, sino en la madurez de este cine que ha demostrado vivir y exige el oficio que se requiere para hacer realmente un cine diferente, que es siempre su propósito.

En Búsqueda de un Beso de Medianoche de Alex Holdridge
Calificación: 2.5 de 5 (Regularmente Buena)

jueves, 8 de enero de 2009

Cafe Tacvba. Joy Eslava. Madrid 2009.

REDONDO.

Cafe Tacvba en la Sala Joy Eslava, Madrid. 2009.

EL OLOR DEL ROCK & ROLL.

Para las 12:15 estábamos recogiendo nuestras chamarras, abrigos, guantes y demás artilugios que habrían de protegernos del duro frío que nos acogería al salir del recinto, estábamos a -1 grado y la noche comenzaba tan sólo a sentirse por el hecho de que al caminar nos encontrábamos cada vez más unidos en las calles solitarias del centro de la ciudad. Eramos tan sólo 4 caminantes nocturnos con dirección a la última cerveza de la noche que tardaron en darse cuenta de ese frío pesado que golpeaba sus cuerpos. La realidad es que mucho de ese calor encontrado dentro de el pequeño y galante escenario con los Tacvbos, como se les dice más animosamente, recorrería con nosotros más metros, más cuadras, más días, en un año que se espera, más que animosamente, sea el más musical para los 4 individuos que salimos encarnados con un poco de rock mexicano.
Hay que decirlo bien, con las palabras exactas; hace años que Cafe Tacvba dejó de ser la bándita independiente que sólo agradaba a los iniciados del rock nacional, de aquellos que crecieron de su mano y de otras tantas bandas que se quedaron ahí (la lista es enorme). No son el grupo de culto folk que sólo trastocaba los gustos de algunos cuantos, hace tiempo y un par de producciones atrás que forman parte del main stream mexicano, algunas de sus canciones han sido adoptadas como parte de una banda sonora individual por todo tipo de personas, son el momento de la noche donde los trajeados y lo desaliñados de pelos largos comparten garganta. De eso no se les puede acusar, son la voz que cualquier grupo debería ser (o bien con intenciones de llegar a serlo, el rock es tan sólo uno más de los medios de expresión de todas las generaciones), así como tampoco de haberse dejado vencer por la implícita evolución que se requiere en el mundo de la música mundial. Si en todo caso hubieran seguido con sus tonos basados en los estereotipos del mexicano, posiblemente ya nos hubieran cansado. Cafe Tacvba ha dejado hace tiempo de ser esa pequeña banda que engrandecía el patrimonio del Rock hecho en México, en nuestro idioma y tiene ya reservado su lugar en la historia. Es, pues, una banda grande que se da el lujo, y le da la oportunidad a sus seguidores, de vez en cuando, a verles en una sala pequeña, breve e intima como lo fue en está ocasión. Son una banda que domina todo tipo de escenarios.
Cuando uno observa su ultimo DVD en vivo, con el que celebraron sus 15 años en el palacio de los Deportes, uno se percata de como han crecido en el sentido de dominar un estadio, y aquí, en una pequeña sala de menos de mil personas hicieron que ese estadio se transportara a los sentidos de todos los que estábamos ahí, desde los que ya iban rendidos a medir el concierto como algo maravilloso, hasta a gente como yo y mis tres acompañantes que aún manteníamos un sentido critico a la presentación. La verdad es que la última producción de la banda no se nos hace del todo a su nivel y temíamos que se basará la mayoría del reparto en estos temas.
Las sorpresas empezaron desde temprano, cuando la banda apareció sobre el escenario unos 20 minutos antes de lo marcado en nuestros boletos, haciendo uso de un muy buen sonido, un juego de luces preciso para cada emoción y una pequeña pantalla que con gráficos más que sencillos daban una pequeña atmósfera de estar en un concierto más grande del que nos encontrábamos.
Con inteligencia los miembros de la banda escogieron los temas necesarios para dar una velada única a sus seguidores, su estilo ahora con más apego a ser una banda de núcleo los ha hecho dar un giro más rockero a todo lo que les rodea, incluso lo dijeron en una entrevista previa al concierto. Y la verdad es que el concierto de Cafe Tacvba fue eso, fue un concierto de Rock, algo extraño de pensar para quienes han visto a estos con sus invitados predilectos en violines, guitarras, etc. Cafe Tacvba es ahora una banda de rock, y es una banda de rock como pocas veces se ve una sobre un escenario, disfrutando a cada momento el amor de su público y dejándose rendir por el cariño dado, dando todo de si en cada uno de los temas que ahora encarnan con su nuevo estilo. Lejos quedaron en esta presentación las guitarras acústicas que jamás aparecieron y nunca se extrañaron. El poder de un rock eléctrico hizo mover y saltar a toda la sala por horas. El paseo por algunos de sus temas más clásicos llegaron en el momento exacto, no cuando uno predecía que podrían venir. El ritmo fue el exacto, tan sólo 4 temas de su nuevo disco, aliviándonos ese temor inicial, cosa agradecida por todos. Canciones como Ingrata, Las Flores, Chilanga Banda, El Fin de la Infancia, No Controles, Alármala de Tos, La Locomotora, Cero y Uno, Eo, Mediodía y otros de la gran lista de clásicos que tienen ya llegaron siempre a momento de sorpresa y dejando cansados a todos en la apretada pero mexicanizada sala. Sorpresa mayor y que se llevó la nota de la noche, fue el momento cuando en una muy movida versión en directo de La Chica Banda, dejaron subir a más de 30 mujeres al escenarios para echar un desmane muy improvisado.
Obviamente y como era de esperarse, dejaron para el único encore que harían (de más de 30 minutos) una lista de temas que ya fueron menos sorpresa, pero que para ese momento ya no importaba de todo, el latir estaba conquistado; Eres, El Baile y El Salón, Déjate Caer (con el ya infaltable bailecito) y una versión instrumental de Pinche Juan casi al final y que se repitió en ocasiones para el disfrute del slam, acabaron ya con el poco aliento de los que comenzaban ya a volcarse en estampida hacia el frente. Como te Extraño fue el tema final y uno de los más coreados de la noche, no sin antes de que el multi-nombrado cantante mandara un mensaje para todos aquellos que estamos lejos de la tierra. Palabras de aliento de alguien nunca esperado pero que siempre son bien recibidas, a lo que se desató un cántico muy nacional con el clásico México, México, que le saco una muy honesta sonrisa a la banda, pero es que en ese momento, puedo decirlo, todos nos sentimos más cerca de Latinoamérica (pues había muchos compatriotas) que en lo que lleva toda nuestra estadía en esta ciudad. La banda se marchó, no sin antes dejarnos disfrutar cada momento de su presentación, con las clásicas bromas del cantante, pidiéndonos oler el sudor del tipo de alado, pues dijo, todo en esa sala olía a rock and roll. Y es que en realidad eso fue lo que experimentamos los afortunados en conseguir boleto - pues se agotaron en días y mucha gente esperaba afuera para ver si lograba entrar - un verdadero concierto de rock, de ese que no ha muerto.
Cafe Tacvba está vivo, de eso no me queda ninguna duda, es una banda que comenzó siendo pequeña, tuve la oportunidad de verles en la gira de su primer disco, y hoy son unos gigantes en el escenario, cálidos, entregados per sobre todo divertidos. Es un prueba de que la calidad puede tenderse de la mano con lo comercial, con lo masivo, con lo multitudinario.
Me desperté al otro día, detallando las reseñas en los diarios locales, todos hacían alusión a la pasión entregada por la banda. En una de las fotos de unos los diarios principales de estas tierras se ve al cantante señalar al público y varios manos alzadas, siguiendo el ritmo que imperaba en todo el recinto. ¿Alguno de ustedes, queridos lectores, han escuchado esa famosa anécdota de rock, que más bien es una especie de chiste, donde un amigo dice conocer a otro que jura que en una de las fotos de un concierto masivo logra encontrarse? Pues bien, yo casi puedo asegurar que una de esas manos es mía. Ahora a esperar las sorpresas de esta banda en su 20 aniversario.

Cafe Tacvba en la Sala Joy Eslava, Madrid, 2009.
5 de 5 (Pocas veces).
  

miércoles, 7 de enero de 2009

RocknRolla

REDONDO.

RocknRolla.
RocknRolla (Guy Ritchie, 2008).

Un director es sus constantes, sus fantasmas internos, es algo innegable en el mundo adquirido por el cine, que es el del arte. Un creador manifiesta en sus hallazgos, repeticiones estilísticas que van originando su firma a través de una obra que se forja únicamente a través de los años. De esta manera, aunque no se le considere estrictamente como un autor, podría no estar tan lejos del concepto, puesto que ha creado un universo detallado que muchos pueden ya reconocer. Es así como Scorsese, por ejemplo, basa su entramado central en la lucha de los días, utilizando a sus personajes como luchadores y la vida como un ring. Spielberg, por otro lado, siempre nos ha relatado la historia del niño perdido, acaso tal vez porque de niño se extravió dentro de unos estudios de cine y allí fue donde encontró su pasión en la vida. No podemos negar que estos dos directores (buenos o malos, no lo diré), poderosos, eso sí, y famosos, pero sobre todo, con oficio (algo cada vez menos visto en este campo) han repetido su discurso hasta el cansancio - un director es su discurso, siempre - pero sus películas, la mayoría de ellas, son distintas unas de otras, incluso a veces haciéndose guiños para con ellos mismos; autoparodiandose, rindiéndose un merecido homenaje, ¿por qué no?
Guy Ritchie entra en el contracampo de lo dicho anteriormente, es un director que al parecer está predestinado a no explotar sus fantasmas sino a plasmarlos del todo sobre la pantalla, no a re-dirigir su entramado central o discurso (no creo sea el caso) sino a contar la misma historia en si. Ya ha tratado de adaptarse a distintos géneros y ha fallado de manera notoria, al parecer pertenece solamente a un sólo estilo, género y tipo de película, muy enmarcada en un breve núcleo que tiene sus pros y contras. Al parecer debe resignarse a siempre regresar a su primera película, lo curioso del asunto es que, por más irónico (o lógico) que parezca, ya está hecha.
No se puede afirmar que Rocknrolla sea una película mala, aburrida, mal realizada, o mucho menos. Cumple con su objetivo de ilustrar cómicamente un enredo de gángsters ingleses con algunos que otro altibajos, cierto, pero al final uno sale de la sala de cine con todos los elementos con que se nos afirma hemos de experimentar; Sexo, Drogas y Rock and Roll, (aunque en lo personal me quedaron a deber en esto último, pero que se le va a hacer, supongo que a un junkie también le faltaron más referencias a sus sagrados alimentos). Y es que no se le puede quitar lo ya aprendido al señor Ritchie después de tantas veces de realizar la misma cinta. Rocknrolla logra adecuadamente situar cada uno de esos elementos en la cantidad necesaria para que no se vayan por encima de la cinta, es tal vez el mejor acierto de este relato, algo que confirma la citada experiencia del señor Ritchie. Cualquier otro director hubiera caído en la tentación de hacer una película de Sexo, Drogas y Rock and Roll disfrazada de gángsters urbanos y junkies perdedores - o peor aún, intentar una y obtener la otra. No es el caso aquí, lo que le da méritos al director, ex-esposo de Madonna. Sí, jamás se quitara esa referencia.
Estamos pues, ante una cinta más de mafia inglesa con el típico humor negro de los británicos que ya nos ha abordado en otros entramados como Layer Cake del colega de Guy Ritchie; Matthew Vaughn, o Gangster No. 1 de Paul McGuigan (creador de Acid house), así como de las otras tantas versiones de la misma cinta del realizador y un largo etcétera. El asunto es que no se muestra nada nuevo, no refresca la formula y en ocasiones se libera de más en ciertos encadenamientos ya establecidos por aquellos que se dedican a este tipo de cintas. Si ya sabemos que al entrar a ver una cinta de estas características la replanteación en estilos de música, fotografía y sobre todo de edición van dando saltos por más bruscos y anímicos para con situaciones especificas, cosa que no debería de suceder pero que en está ocasión concedo el beneficio de la duda ante la teoría por un estilo logrado, aquí el señor Ritchie comete un poco de errores y replantea de sobremanera estilos en corte, ritmo y lenguaje, cosa que hace que ciertos bloques claves de la cinta no logren la fuerza necesaria para cuajar con todo el enredo. El inicio es demasiado abrupto, incluso para este tipo de cintas, asimismo el final, que carece en ciertas partes de sentido, saltando a la vista un desarrollo incompleto de la historia en pos de un sentido estético, en pos de brindarle un look llamativo al entramado, un error cada vez más habitual en el cine actual.
La película es lograda, sí, gracias a que ciertas escenas logran ese efecto de ironía, humor negro y sentido del absurdo que se espera. El Sr. Ritchie aún tiene diálogos punzantes que a mí parecer, le han quedado de sus películas anteriores, o mejor dicho de su película primera en todas su versiones. Uno puede ir a ver Rocknrolla con reservas, es una película con sus detalles y con sus brillos, es una película de momentos, no así de escenas. El Sr. Ritchie manifiesta aún un buen uso de los recursos de una formula ya por más conocida. La volverá a hacer, de eso estamos seguros, esperemos por lo menos que la próxima vez le quede mejor, porque esta no es la mejor versión que le conocemos de su película.

RocknRolla de Guy Ritchie
Calificación: 3 de 5 (Buena a Secas)