En octubre del años pasado comencé un proyecto junto a unos colegas: "Músicos EnRuta". El objetivo era entrevistar a 10 músicos de la ciudad donde vivo, Xalapa. Reuní a un pequeño equipo de grabación y comenzó la aventura. Ésta ya ha terminado y ahora, viendo hacía atrás, he decidido compartir dichas entrevistas en este mi blog personal. Cada semana iré colocando los episodios que la gente fue experimentado en los pasados 10 meses. Para comenzar, aquí está el Promocional original que realizamos para darle la bienvenida a este proyecto. Alfredo Marín, quién sería nuestro conductor (las entrevistas se realizaron en su Taxi) se dio el chance –y nos brindó también esa oportunidad– de salir a cuadro.
Un poco distante, relajante e iraciblemente coqueto. Un acercamiento nada vital a la experencia propia de mis memorias (a corto y a largo plazo). Escritos, fotos y una que otra sorpresa.
Replicantes.
España, 2009.
Sunset Boulevard
España, 2009.
El que Busca Encuentra
jueves, 24 de julio de 2014
Músicos En Ruta: Promo
Etiquetas:
Entrevista,
Música,
Músicos En Ruta,
Promo,
Rock,
Xalapa
viernes, 9 de mayo de 2014
Cuarto 32
Cuarto 32.
A. Güiris V.
Cuando Sigifredo Márquez salió del baño después
de limpiarse la cara y la ropa del pastel que le habían obsequiado en la
oficina por su cumpleaños, miró al horizonte. En su familia siempre le habían
dicho que mirar al frente era mirar hacía el futuro. Pensó entonces que poco
había de cierto entre sus ambiciones y el ocaso de una jornada, pero al mismo
tiempo, dado el caso de su pasado reciente, se debía admitir también que esa
imagen empezaba a cobrar algo de sentido, mucho sentido. Suspiró, se ajustó la
corbata e intentó viajar un poco más dentro de su mente mientras regresaba a su
cubículo.
Cuando
tenía veintitantos creyó haber encontrado el amor en una mujer cuyo paso por su
vida quedó resumido en el mísero recuerdo de la letra inicial de su nombre; ésta
en medio del abecedario. Obviamente en el ajetreo de sus más acaecidas sensaciones
de tierno amorío –nunca fue muy pasional con respecto a lo que ciertas damas
resumen a bien como: “cerdo” o incompetente– ella era la mujer más hermosa que
el universo había creado. Y en cierto rincón de sus especulativas reflexiones,
el aroma concluía con el pensamiento: “y la creó para mi.”
Por
azares del destino nunca pudieron compartir el camino como hubieran debido o
gustado aunque tampoco se siente del todo derrotista. En algún momento, en
alguna arista del tiempo detenido, ella se interesó por él y se lo confesó
antes de que éste siquiera pudiera dominar sus demonios hacía ella. Bajando las
escaleras, mirando trozos de pastel embarrados en los escalones, Sigifredo
justificó esa truncada aventura amorosa –que le había coloreado los cachetes– suponiendo
que no ha sido el único que se ha sentido como un estúpido al descubrir que un
hombre sin mucho talento –digamos físico– puede conquistar simple y llanamente
con su honesto aliento a la mujer más hermosa con la que se ha topado. En
ocasiones, sí, aún la recuerda. Mentiría al afirmar lo contrario. Cuando por
ejemplo algún elemento, vegetal, fruta u objeto comienza con el único recuerdo
que le queda de ella, la insolación del momento le hace verla en la superficie
de aquello que recoge como un suspiro antes de que una perturbadora voz le haga
saber su precio. Quizá sea un asunto de karma universal, sueldo caído o bien
pura suerte de dados hechos con piel humana, pero mientras más se acerca a esa
esperanzadora fecha en cada hombre aguarda saber que nunca madurara, se he dado
cuenta que las cosas que más desea son las que más lejos están de su corazón
capital.
Bajo
aquellos preceptos, claro, le gustaría confesarle en alguna ocasión futura lo que
ha sido en todas esas maquetas pretéritas que ha creado para no matarla de lleno
en las memorias que aún desea escribir algún día bajo el seudónimo de Carioco: una
manzana, un mármol, una marmota, una madera y hasta una mantequilla. “Es
curioso como la importancia de esas personas que en algún momento te robaron el
corazón se van tornando en objetos tan triviales con el fin de aferrarse a tus
recuerdos”, escribió en una pequeño post-it color naranja antes de esperar al
final de la jornada cruzado de brazos.
Al
salir del edificio se dirigió a la parada y cogió el camión con la ruta más
larga hacía su hogar, no llevaba prisa. Sigifredo nunca llevaba prisa... No iba
a ningún lado en especial... A mitad del camino, cuando vio a detalle como el
camión mojaba con el agua sucia de un charco a un transeúnte, se dio cuenta que
lo más lejos que había marchado en su vida había sido en un viaje a Ixatapa
Zihuatanejo que realizó a los 8 años junto a su familia, hoy deshecha. Se percató,
con un sinfín de sentimientos cruzados, que su vida estaba o bien libre o bien faltante
de los estereotipos de su generación; no conocía Acapulco, Chiapas,
Guadalajara, Oaxaca, mucho menos Europa, Asia y Oceanía. Pensó que le
encantaría conocer la Isla del Japón milenario; aquella que prohibía la entrada
a los comerciantes extranjeros, aquella que mataba a quienes eran sorprendidos
exportando cualquier tipo de mercancía pero igualmente se percató que se
encontraba muy lejos en el tiempo y la distancia.
Repasó
su biblioteca mental de historias a desarrollar al cruzar la frontera que le
era asignada popularmente a su colonia; una patrulla de policía y una tanqueta.
Pensó en la del hombre que busca la tumba de su hija en un viaje de expiación,
en la de los Mexicanos muertos en el extranjero, en la del padre que secuestra
a su hijo para demostrarle su amor… La del detective que es contratado por otro
detective para hacer el trabajo sucio que él primero no se atreve. Recordó
entonces que en ella había un diálogo que le había hecho reír mucho cuando lo
diseñó.
El
detective principal última detalles con él que lo empleó, que es a quien contactó
la familia para un caso inspirado libremente en una novela de Fadanelli. La
conversación, de un humor negro más inclinado hacía lo acido, se torna hacía un
antiguo amor platónico del primero. El detective oficial, no el principal de la
trama, le cuestiona al protagonista si no andaría con la mujer en cuestión pues
en el presente de la historia que se desarrolla se encuentra sola (libre), a lo
que el principal se niega y defiende entre sombras y humo de cigarrillo detrás
de su escritorio: “Me enamoré de la mujer que era ella en sus tiempos, no de
ésta que es ahora y busca desesperadamente el pasado. Al igual que ella, tengo
el mismo derecho a fantasear; con su cuerpo joven, su rostro joven y su cintura
joven. La quiero a ella, a ella de 23, porque nunca me dejo tenerla cuando la
deseaba obtener de todas las formas posibles. Ahora no me interesa, se me hace
un tanto como todas… Créeme, todos los hombres y mujeres deberíamos tener ese
derecho pactado en la ley… Te aseguro que si ella tuviera una máquina del
tiempo, en este mismo momento correría hasta su casa para acostarme con ella.” Sigifredo
volvió a reír y trató de recordar quien en realidad le había inspirado esa
frase. No había sido “M” pues en ese tiempo aún no se dedicaba a crear guiones
mentales. No habían sido las tantas otras “emes” que le siguieron en esa etapa
en la que al parecer era un requisito llamarse así. Habrán sido “F”, “G”, “P” o
“Z”, pensó, quizás. El tiempo cuadraba mejor pero no logró dar con la verdadera
personalidad detrás de la amargura pasional del detective. Sus personajes, por
obvias razones, nunca tenían nombre.
Se
imaginó con un sombrero y una gabardina al bajar del camión. Aún le tocaban
caminar 5 calles, 3 de ellas comidas por la oscuridad. Paso a paso cedió su
andar al ritmo parsimonioso del cuidado y la precaución. Recordó la frase que
alguna vez le sacó a Fernando, uno de sus mejores amigos en la secundaria,
cuando le cuestionó si no tenía miedo al sacar a pasear a su perro a las once
de la noche: “Doy más miedo yo del que me pueden dar” y deseó por un instante ser
él al menos esa vez; en ese instante y no otro u otros más. Pensó como sería
una película sobre la vida de Fernando, o la de toda la cuadrilla de amigos que
siempre se le hicieron especiales. Pensó si tendría algo de interesante una
historia sobre él mismo, se preguntó de que manera podría ser mejor contado:
¿en una canción, una novela, una serie de televisión o simplemente una revista
de espectáculos? Un chiflido le despertó de su trance, era El “J”; en la
esquina de su cuadra éste personaje de la vida real le exigía “la renta”
semanal puntualmente. Era viernes. Sigifredo se acercó hasta él dándole 50
pesos en sus callosas manos sin decir nada. El “J” entonces le sonrió y le
deseó las buenas noches con un gesto. Se perdieron de vista bajo la luz de las
farolas de su unidad habitacional.
Si
bien era cierto que no iba a ninguna lugar, había llegado hasta ese rincón al
que pertenecía. Subió las escaleras hasta el quinto piso bostezando y todas su
elucubraciones se perdieron, se tornaron grises y sin que se diera cuenta todo
el mundo a sus espaldas se tornó blanco y negro: cual personaje de Jordi Soler,
sólo podría encontrar la libertad después de que alguien lamiese el iceberg que
le tenía prisionero. Arribó al departamento 32, enumerado éste con un masking
tape que resistía a su funcionalidad debido a la imaginación de los vecinos y abrió
la puerta; se quitó los zapatos. Cenó un sándwich de jamón de pavo después de
unos corn flakes calientes sumamente azucarados y entró a su cuarto cerrando la
puerta. Se quitó los calcetines, la ropa y se enfundó en su pijama. Pensó en
todas las letras que había dejado pasar en su vida, sobre todo “V”, quién
deseaba fuera inscrita en su epitafio de alguna manera simbólica, quizá como un
compás que redireccionó su vida para bien. Igual pensó en sus personajes, en
sus historias y en su vida... En como sería el terreno que dejaría detrás suyo
al partir a la inexistencia y ver
de cerca el ocaso de las jornadas; la última de ellas. Se sonrió y quedó
dormido imaginándose que se confrontaba a si mismo por la vestimenta a
colocarse en la mañana, como “V”, pero no sin antes mencionarse que quizá todo
sería más sencillo si todos fuéramos tan especiales como conocer el alfabeto.
El alfabeto. Deletreó la palabra y cerró los ojos. Jamás volvió a despertar. Ese
era el pensamiento al que estaba predestinado a llegar… Y como solía decirle a
“V” con una sonrisa secretamente entre los labios mientras ella se alegraba o se enojaba: “cuando uno llega, cuando uno verdaderamente llega, es para quedarse… Quedarse
para siempre”.
Etiquetas:
32 Años,
Cuento,
Cumpleaños,
Vía Libre
lunes, 10 de marzo de 2014
12 Years A Slave
REDONDO.
12
Years A Slave
12 Años Esclavo (Steve McQueen, 2013)
Desconozco
si Steve McQueen haya planeado comenzar su carrera como realizador en los
largometrajes ya casi entrados los 40, o si las circunstancias de tan inicuas oportunidades
en el medio no lo permitieron antes. En todo caso, el resultado está a la vista
de todos: la madurez con que entrega y concede su cine es de una sensación que
casi toda una generación ha pasado por obvia. La sencillez con que demarca la
depresión y crueldad como un sello de narrativa desde su ópera prima, “Hunger”
(2008), ha ido desarrollando un estilo de formalidad y elegancia tal, que un
cine respetuoso a la mirada, agudeza y campo emotivo del espectador se asoma de
la manera más natural –y por ello complicada a la hora de la construcción– por
la pantalla; esa hoja en blanco que todo director debe de llenar.
Aunque
la linealidad no la erige en su entereza –su primer movimiento viaja entre los
propios tiempos en que se desarrollará la cinta– su ilación es sencilla y de
una franqueza que no se asfixia tratando de contar más allá de lo que debe o
pretende (no pretende más allá de lo que cuenta), sino más bien narrando de
manera concreta –atenta– los tiempos pertinentes del ritmo que cada célula (dolor,
podríamos decir) se va presentando, formando y fortaleciendo para dejarse morir
y entregarse ante un proceso mayor de ansiedad, sufrimiento e injusticia que
experimenta nuestro protagonista, natural actuación de todo el elenco,
negándoselo y negándonoslo hasta el punto del quiebre. Hasta sentirse merecedor
de este y hacerlo suyo. Aceptarlo y aceptándonoslo.
El
cine de Steve McQueen, es cierto, no está provisto de sorpresas en la dinámica
de las llamadas “vueltas de tuerca”; no las procura ni las necesita. Durante
sus tramas, los giros “inesperados” que parecieran ser ya una parte orgánica de
cualquier filme no se presentan de ninguna forma. Su estilo, más bien, nos
sumerge en una lógica tan oscuramente humana que el real desconcierto llega en
la conclusión y la razón de vernos complacientes y allegados a las atrocidades
de nuestra propia naturaleza. Con “12 Años Esclavo” no es la excepción. La
cinta se edifica en base de un argumento sólido, simple en su trazado y
complejo tanto en su contenido como trasfondo, así como de una combinación
eficiente; cuidada y cuidadosa, de todos los elementos que componen el lenguaje
fílmico.
Sin
tratar de meter mano más allá de lo concernientemente prudente –en lo que bien
después puede originarse como moda o boga (sin duda una mala interpretación del
cine de autor en nuestro vecino del norte y su industria)– deja respirar los
fundamentos que integran una obra cinematográfica. Su mano no rige sino que
apoya a sus departamentos a lograr un equilibrio en pos, no de su nombre como
director, sino de su historia. Sus actores se sienten libres para presentarse ante
ellos y la cámara como los personajes que humanamente han construido. No se les
odia, no se les quiere. No se les desea el mal o el bien; no se les tiene mayor
piedad que la que ellos mismos rigen y permiten... La pantalla en la que
escribe el señor McQueen no es tampoco una ventana a la realidad ni mucho
menos. Se presenta como una representación de los que nos cimienta como
sociedad. Más que un guiño a la proeza, lo es a nuestros servilismos;
degradaciones, traiciones, miedos, celos e incompatibilidad con nuestros
propios es lo que pasa de una manera tan directa y elegante ante nosotros que
no hacemos más que dejarlo pasar.
De
una mano dura y fría, los acentos de “12 Años Esclavo” se elevan ante la
delicadeza con que presenta actos de atrocidad y dolo. Implica al espectador a
dar de si para su propia construcción y se muestra siempre respetuoso a pesar
de su crueldad. Bajo el relato original de Solomon Northup, el guión de John
Ridley resulta pulcro para la labor de Steve McQueen y su equipo: la esmerada
fotografía de Sean Bobbit, el minucioso arte de Adam Stockhausen, la fervorosa
edición de Joe Walker y la sorpresiva partitura de Hans Zimmer (no se parece a
su trabajo habitual).
Con
sus ya habituales momentos de contemplación, esta la obra más reciente de Steve
McQueen continúa demostrándonos que es uno de los directores a seguir en los
próximos años. Se ha ganado a pulso ese derecho a la vez que también se ha
hecho ya merecedor a ser juzgado con una mayor exigencia. Sin duda su cine no
se afana de la originalidad pues su mano como realizador se presume más bien
como selecta, estudiada, puntual y cuidadosa. “12 Years A Slave”, así comos sus
dos pasados largometrajes lo demuestran con amplitud… No obstante de todo ello,
de mostrar y demostrar con tanta honestidad una época que construyó no sólo a
uno de los países más poderosos del mundo, sino también su personalidad y
temperamento social, se alza con la estatuilla más importante en la entrega de
su industria en un gesto completamente ajeno al perdón... Justificando así el
“servicio” bajo la intención de dar la vuelta a la hoja y hacer nuevamente
efectivo y evidente el falso olvido (a conveniencia) de esa nación para con su historia. Pero de
eso, todos tenemos un poco la culpa.
12
Años Esclavo de Steve McQueen
Calificación:
4 de 5 (Muy Buena).
Etiquetas:
12 Años Esclavo,
12 Years A Slave,
Cine,
Oscar,
Redondo,
Steve McQueen
lunes, 24 de febrero de 2014
Robocop
REDONDO.
Robocop
Robocop (José Padilha, 2014)
En
el clímax de su segunda y más reacia denuncia fílmica, Tropa De Elite 2 (2010),
Padilha logra un momento sustancialmente esclarecedor al apuntar todas sus
armas (herramientas en este caso) en todo aquello que comenzó como una
acusación directa a las mafias policiales brasileñas en las favelas (2007), y que
terminó con la imputación de la políticas públicas y los hacedoras de éstas –en
aquella toma aérea al centro gubernamental del país con una voz en off que comienza
el cierre de la saga– como el origen de las malas circunstancias del pueblo.
Padilha, pues, logra un efervescente y galante instante que muchos realizadores
de las actuales generaciones en ocasiones acaso piensan ya no digamos realizar,
sino siquiera imaginar. Elementos simples para discursos reacios, o como dicen
por ahí: menos es más… Más refinado al menos, que no es poca cosa… No cabía
duda, Padilha tenía los elementos, los básicos al menos, para poder llevar a
cabo una reedición de Robocop (Verhoeven, 1987), aquel filme ultra-violento que
no sólo profetizó sino que, lamentablemente, predijo los tiempos actuales.
Queda
claro entonces que el realizador brasileño parecía el indicado para una
reedición de una trama llena de fuerte crítica social; conceptos supuestamente
“inexistentes” por las cúpulas del poder. Un marco compuesto por vejaciones
ante los que menos tienen, la oligarquía de los consorcios empresariales y el
altísimo poder de los medios de comunicación. Lastimosamente, son estos propios
preceptos, en la actualidad, los que gobiernan dentro del encuadre de una nueva
trama creada alrededor de la promesa discursiva de su predecesora.
El
trabajo de Padilha se nota en la gran mayoría de las escenas: el tiempo no
lineal como pretexto para viajar dentro de la trama (incluso el espacio onírico
lo presenta de esta manera), el sistema como un absurdo que se rige por
caprichos sumamente personales (en este caso más inclinado a la mercadotecnia) y
sus pulcras escenas de acción (pocos atacan este género con tal garbo y elegancia
en estos tiempos). Es por ello que, hay que decirlo claramente, el resultado no
deja de ser entretenido, de buena mano; con una calidad cinematográfica que
resulta más alta que la media en estos tiempos que se viven álgidamente, pero
que en todo caso, no queda ni cerca de la densidad discursiva de su antecesora.
Es una película disfrutable, sí –tiene el derecho de alentarse como una
película ajena (alejada la trama de la original)– pero que en efecto deja mucho a
deber –igualmente está obligada a compararse por su origen. Resulta obvio, quizá
hasta lógico, que todo lo que la primera entrega reprochó asociando con un
desalentador futuro, en realidad construye a esta.
Padilha
logra tejer su cine, eso sí, dentro de las (cada vez más pobres) manías del
Hollywood actual, empero no logra desarticular los estrictos fines irreflexivos
de la industria estadounidense: somos la mejor y más poderosa nación del
universo. Es más, el último plano es una total bofetada de esto. No obstante,
no resulta ser una cinta menor por los conceptos del lenguaje, medianos la
mayoría de ellos, que utiliza el realizador y su equipo. El respetuoso montaje
de Peter McNulty & Daniel Rezende, la efectiva fotografía de Lula Carvalho,
la insípida partitura de Pedro Bromfman, el look en boga (y que por ende
envejecerá rapidamente) de Martin Whist, así como el patriótico guión de Joshua
Zetumer. De sobra están las obligadas referencias a la original.
De
manifiesto, pues, resulta entonces el trabajo de Padilha. Su labor como
director ha salvado mucho de los elementos bajo los que se pensaba construir
esta nueva trama. El resultado, no lo dudo, es mejor que el que habría saldado
un director más novel o más americanizado. Sin embargo, con esta versión de
Robocop queda claro que todo aquello que en alguna ocasión el cine osó atacar, criticar;
desmantelar desde su esquina en el ring, le ha ganado por mucho la partida.
Entretenimiento irónico, acaso. No profetiza nada, sólo nos da una cachetada
total al absurdo e ignorante poder de los medios; tanto dentro del filme como
en su exterior. Y es que es eso lo que la ha construido a sus anchas y bajo sus
condiciones.
Robocop
de José Padilha
Calificación:
3 de 5 (Regular).
Etiquetas:
Cine,
José Padilha,
Redondo,
Robocop
martes, 4 de febrero de 2014
Prisoners
REDONDO.
Prisoners
Intriga
(Denis Villeneuve, 2013)
Desde
su anterior cinta, Incendies (2010), tal vez la más lograda en su corta
filmografía, Denis Villeneuve daba muestras amplias de madurez fílmica. El
trazado de su historia, humanamente intricado, se tornaba a la vez más
interesante mientras la información escaseaba para el espectador –y poder así
darle la última estocada hacía el final de la cinta. El encadenamiento de los sucesos, paralelos en aquella
ocasión, eran de una impía crueldad que se hacían soportables entre otros
factores por su delicada puesta en cámara, su inteligible narración y su
refinada mano como realizador. Estábamos pues, ante un director que sin muchos
aspavientos, lograba retratar el lado más oscuro del humano.
Con
Prisoners, su primera cinta con pasos dentro de la industria estadounidense,
ese animo por la opacidad de sus personajes no se pierde sino que incluso se
suma a las consecuencias de los actos que se van desarrollando en la trama y que
al igual que en su anterior filme, pareciera un entramado con nudos hechos al
aire pero que tienen una razón de ser para con el último movimiento de la película.
La
gama emotiva de la cinta se dispara entre los recovecos de oscuridad en que se
van transformando los miembros de dos familias promedio (y luchonas) de los
suburbios de los Estados Unidos cuando son secuestradas sus dos hijas pequeñas,
así como todo lo que comienza a trastocar el suceso; la investigación policial,
la necedad y prioridad de la evidencia, la venganza, la cerrazón del paso de
los días y una gama de personajes que tejen una red que no sólo suman presión,
sino más sombra y confusión al punto que varias secuencias rozan el horror más
eficaz.
Con
Prisoners, queda claro, estamos ante la construcción de la mazmorra donde
quedarán varados no sólo los personajes, sino nuestras propias emociones (muy
lamentable la traducción mexicana al titulo original): el suspenso, la
maquinación, el nerviosismo, la tensión y la intranquilidad que se vive en la
gran mayoría del filme. De una incomodidad elegante y sumamente cinematográfica
resulta la mano de Denis Villeneuve en esta su más reciente entrega, quién
además da muestras nuevamente de un paso firme y estoico en el mundo de la cinematografía
mundial.
Bajo
el notable guión de Aaron Guzikowski, el encadenamiento se va desarrollando con
un pulcro ritmo a cargo del meticuloso montaje de Joel Cox y Gary Roach, la
dedicada y delicada escenografía (tan importante en este tipo de tramas) de
Patrice Vermette y la siempre eficiente y pasmosa fotografía de Roger Deakins,
que en conjunto se suman a la enérgica dirección actoral del propio realizador;
su elenco responde de una manera redonda al igual que la partitura de Jóhan
Jóhannsson que genera siempre la atmosfera correcta paro lo que la escena
requiere.
Lamentablemente
la popularidad de un realizador como Villeneuve, que paso a paso ha ido
demostrando y demostrándose cine, queda enmarcado en un circulo pequeño y
tristemente cerrado. Con Prisoners, queda claro, se espera ansiosamente que su
carrera no sólo tome más brios sino más apoyo. Su visión, si no original, si
refresca y suda elegancia ante hechos plenamente lúgubres que atañen a nuestros
monstruos internos. Su toque es preciso y respeta por completo al espectador
dejándole integrarse a la trama como éste desee. “Intriga”, su primera cinta
que llega a nuestro país dentro del circulo “comercial” es una de las mejores
propuestas en años en ese circuito. Una película intrínseca, llena de pasajes
que nos “sacuden” mientras nos miramos en el opaco espejo de nuestros
sentimientos más escondidos.
Intriga de Denis Villeneuve
Calificación:
4 de 5 (Muy Buena).
Etiquetas:
Cine,
Denis Villeneuve,
Intriga,
Prisioneros,
Prisoners,
Redondo
lunes, 20 de enero de 2014
The Plugger - ¿Con Quién?
Mi último trabajo audiovisual hasta el momento. Se trata de un video musical para una banda de Rock Alternativo de Veracruz.
The Plugger - ¿Con Quién? from A. Güiris V. on Vimeo.
The Plugger - ¿Con Quién? from A. Güiris V. on Vimeo.
Etiquetas:
¿Con Quién?,
Cine,
Música,
Rock,
The Plugger,
Videoclip,
Yo y El Cine
jueves, 16 de enero de 2014
La Cajita De Las Rolas: Las Veinteavas 5 Cajitas: Las Últimas 5 Cajitas.
LAS
VEINTEAVAS 5 CAJITAS: LAS ÚLTIMAS 5 CAJITAS.
Atareados en otros proyectos, sumidos en otras metas y aunado a los meses que estuvimos fuera de circulación por asunto técnicos en la estación, decidimos que nuestro último programa sería el 100. Se nos hizo el tiempo pertinente y el tema más Ad hoc. Así que la aventura terminó aquí, con estas últimas emisiones que derivaron en viajes de carretera, otras épocas más coloridas, la espuma del mar e himnos para toda la vida.
96.- Carros &
Automóviles.
Lejos
de querer obviar el tema, el cual salió desde las primeras emisiones del
programa, siempre opté por ir abriendo caminos con temas alejados de éste en plena
conciencia que algún día debía de tomarlo por los cuernos. El momento llegó y
he aquí, por fin, lo que muchos de mis amigos siempre me propusieron: Nuestra
Lista de las máquinas rodantes.
01.
Drive
– Adrian Belew. “Side Three, 2006”
02.
Roll
On Down The Highway – Bachman-Turner Overdrive. “Not Fragile, 1974”
03.
Get
Behind The Wheel – Neil Young. “Fork In The Road, 2009”
04.
One
Piece At A Time – Johnny Cash. “One Piece At A Time, 1976”
05.
Rocket
88 – Jackie Breston & His Delta Cats. “1951 (Single)”
06.
Drive
My Car – Bobby McFerrin. “Simple Pleasures, 1988”
07.
66
Impala (Feat. Poncho Sánchez & Sheila E.). “Sound The Alarm, 2013”
08.
Trempled
Under Foot – Led Zeppelin. “Physical Graffiti, 1975”
09.
Coupe
De Ville – Mike Stern. “Big Neighborhood, 2009”
10.
Red
Barchetta – Rush. “Moving Pictures, 1981”
11.
Under
My Wheels – Alice Cooper. “Killer, 1971”
12.
Highway
Star – Deep Purple. “Machine Head, 1971”
13.
Mercedez
Benz – Taj Mahal. “All Blues'd Up: Janis Joplin Tribute, 2002”
97.- ¡Hippie!
Cuando
hicimos nuestro programa 47 “Pachequerías: Música Para Un Humeante Cerebro”,
mucha gente pensó que lejos de la música experimental que elegimos para dicha
emisión, todo confluiría más con aquella época de finales de los 60 y
principios de los 70 donde las drogas, el amor y la música se unían en un solo
canto y visión. Pagando esa no-deuda, cabe aclarar, realicé este programa donde
en efecto, los enervantes dejarían salir su efecto por las bocinas.
01.
Revival
– The Allman Brothers Band. “Idlewild South, 1970”
02.
Flowers
And Beads – Iron Butterfly. “In A Gadda Da Vida, 1968”
03.
Rain
Song (Don't Let It Bring You Down) – The Youngbloods. “Elephant Mountain, 1969”
04.
¡Que
Vida! – Love. “De Capo, 1967”
05.
Love
Street – The Doors. “Waiting For The Sun, 1968”
06.
Witchi-Tai-To
– Brewer & Shipley. “Weeds, 1969”
07.
When
The Earth Moves Again – Jefferson Airplane. “Bark, 1971”
08.
Colours
– Donovan. “Fairytale, 1965
09.
Music
Is Love – David Crosby. “If I Could Only Remember My Name, 1971”
10.
Have
You Ever Been (To Electric Ladyland) – The Jimi Hendrix Experience. “Electric
Ladyland, 1968”
11.
Magic
Carpet Ride – Steppenwolf. “The Second, 1968”
12.
We're
Going Wrong – Cream. “Disraeili Gears, 1967”
13.
Lovin'
Cup – Paul Butterfield Blues Band. “What's Shakin', 1966”
98.- El Mar.
Nuevamente
mi allegado me puso un tema sobre la mesa. Influenciado tal vez por un guión
que escribía en aquel momento, divagó y me mencionó “El Mar” y todo lo que
conlleva como tema. No pidió un ángulo exacto sino una interpretación abierta
del concepto. Tarde un poco sufragarle la apuesta, pero a vísperas del segundo
aniversario lo hice. Nota: Una de las canciones le gustó bastante para su
guión.
01.
Go
To Cross The Deep Blue Sea – T-Bone Walker. “Every Day I Have The Blues, 1970”
02.
Fish
In The Sea (Feat. Angeline Morrison) – Frootful. “The Craig Charles Funk &
Soul Club, 2012 (Compilación)”
03.
All
The Sand In All The Sea – DeVotchKa. “100 Lovers, 2011”
04.
Ode
To The Big sea – The Cinematic Orchestra. “Motion, 1999”
05.
Serra
Do Mar – McCoy Tyner. “Land Of Giants, 2002”
06.
Raging
Sea – Steve Winwood. “Nine Lives, 2008”
07.
The
Cruel Sea – California Guitar. “Echoes, 2008”
08.
Seagull
– Bad Company. “Bad Company, 1974”
09.
Cerulean
Sea (Live) – Bruford Levin Upper Extremities. “B.L.U.E. Nights, 2000”
10.
Prayer
Of The Sea – Stanley Jordan. “State Of Nature, 2008”
11.
Shallow
Sea – Allan Holdsworth. “I.O.U., 1982”
12.
Río
& Mar – León Gieco. “Mensajes Del Alma, 1992”
13.
Oceano
– Caetano Veloso. “Circuladô
Vivo, 1992”
99.- De Colores.
Hechos
ya los programas con Nombres de Mujer, Animales, Ciudades, Frutas &
Verduras, etcétera, el siguiente y lógico paso era este; los colores. Aquí,
pues, no opté por mencionar un color distinto en cada canción; hubiera sido de
una complejidad mucho mayor. No obstante, creo que la lista quedo lo
suficientemente variada como las anteriormente mencionadas.
01.
Sky
Blue Red Bird, Green House – Adrian Belew. “Op Zop Too Wah, 1997”
02.
Orange
Skies – Love. “De Capo, 1967”
03.
The
Purple Speed Queen – Curved Air. “Air Cut, 1973”
04.
Vestir
De Rojo – Chac Mool. “Caricia Digital, 1984”
05.
Blue
Condition – Cream. “Disraeli Gears, 1967”
06.
Red
House – John Lee Hooker. “Power Of Soul: A Tribute To Jimi Hendrix, 2004”
07.
Azul
– Real De Catorce. “Real De Catorce, 1987”
08.
Amarillo
Barbados – Ginger Baker. “Falling Of The Roof, 1995”
09.
In
The Land Of Grey And Pink – Caravan. “Land Of Gray And Pink,1971”
10.
Black
& White – Lite. “Phantasia, 2008”
11.
Black,
Red, Yellow – Pearl Jam. “Hail, Hail, 1996”
12.
Azul
Casi Morado – Santa Sabina. “Santa Sabina, 1992”
13.
Paint
It, Black – The Rolling Stones. “Aftermath, 1966”
100.- Canciones Que No
Necesitan Presentación: La Última Cajita.
El
Segundo aniversario llegó y el tema estaba listo desde semanas atrás. Sería una
lista un tanto cuestionable debido a lo abierto del mismo, no obstante,
siguiendo las reglas del programa (no repetir artistas del programa anterior),
la lista se fue armando tratando de colocar todas las tesituras que abarca
–genéricamente– La Cajita de las Rolas. Con el paso del tiempo y demás situaciones, esta lista se convirtió en nuestra última emisión.
01.
Baba
O'Riley – The Who. “Who's Next, 1971”
02.
Tom
Sawyer – Rush. “Moving Pictures, 1981”
03.
Take
Five – Dave Brubeck Quartet. “Time Out, 1959”
04.
Layla
– Derek & The Dominoes. “Layla And Other Assorted Love Songs, 1970”
05.
The
Thrill Is Gone – B. B. King. “Completely Well, 1969”
06.
So
What – Miles Davis. “Out Of Blue, 1959”
07.
Giant
Steps – John Coltrane. “Giant Steps, 1959”
08.
Jessica
– The Allman Brothers Band. “Brothers And Sisters, 1973”
09.
Hoochie
Coochie Man – Muddy Waters. “1954 (Single)”
10.
Hell's
Bels – AC/DC. “Back In Black, 1980”
11.
Mother
– Pink Floyd. “The Wall, 1979”
12.
Rockin'
In The Free World – Neil Young. “Freedom, 1989”
13.
Kashmir
– Led Zeppelin. “Physical Graffiti, 1975”
Etiquetas:
La Cajita De Las Rolas,
Listas,
Música,
Vía Libre
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Yo & El Cine
Cortinilla from A. Güiris V. on Vimeo.
Dos Días En Noviembre from A. Güiris V. on Vimeo.
Trailer "Los Buenos Borrachos (La Máquina Del Tiempo)" from A. Güiris V. on Vimeo.
Rave No. 1 from A. Güiris V. on Vimeo.
Boletazo En Los Mojos from A. Güiris V. on Vimeo.
Sobre la Luna en pleno Día.... from A. Güiris V. on Vimeo.
Vampirito from A. Güiris V. on Vimeo.
Rave No.2 from A. Güiris V. on Vimeo.
Ocio from A. Güiris V. on Vimeo.
Mario Cuellar - Paris from A. Güiris V. on Vimeo.