Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

jueves, 7 de enero de 2010

Låt Den Rätte Komma In

REDONDO.


Låt den rätte komma in
Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008)

Si somos honestos, el cine es en parte, lejos de una teorizarción de la narrativa audiovisual, una estrategia temática que se basa en el “drama” para contar una historia. Los elementos que lo conforman deben tender siempre a favorecer la explicación de los hechos en la dialéctica del filme. Ahora bien, que en la mayoría del cine veamos fragmentos que se unen con cierta lógica concordante no nos indica que el producto que estemos viendo sea de calidad. Asimismo, no podemos afirmar que por hacer uso de los temas de moda, el producto carezca de jerarquía.
Todo esto nos lo hace notar, y bien lo podemos observar con claridad, en la película Låt den rätte komma in del sueco Tomas Alfredson. Pues lejos de hacerse partidario a la temática tan de moda en la industria americana del Vampirismo, da rienda suelta a un cine fresco, intimista, inteligente y bien llevado a la pantalla haciendo un excelente uso de dos códigos genéricos que de primera se podría pensar que se contradicen; el romance y el terror. Claro está que ejemplos de que esto último ya ha sido llevado a la pantalla de manera eficiente sobran, por lo que tal vez no podamos referirnos a la combinación utilizada por el director como vanguardista o moderna, claro, ¿qué lo es? (desde los 70s el cine no muestra una evolución clara dentro de su lenguaje o cuerpo interno, como de su técnica), pero en efecto podemos afirmar las cualidades de este filme, que dicho sea de paso, se basa en el best seller del mismo nombre escrito por John Ajvide Lindqvist, como algo vivaz y sumamente atrayente.
La trama no es por lo demás compleja, es una bella y atractiva historia de atracción y amor por dos entes olvidados de la sociedad. El primero, un estudiante de educación básica que se ve dominado y negado por los demás del clan educativo (tanto profesores como alumnado) y una bella niña que distando mucho de la naturaleza humana, se encuentra encerrada en un constante devenir de ciudades, eterna mudanza, y sus laberínticas posibilidades en busca de la sobrevivencia. Acompañando a esta, y en un ejercicio de personajes por demás enriquecedor, se encontrará un individuo adulto tan misterioso como débil, caracter que imposibilitado de una vida “normal”, catarticamente deberá de realizar los actos más hostiles con el fin de ofrecer el dilema en que al recurre esta trama: la búsqueda del amor eterno. Todo esto en un tratamiento serio, fino y por demás elegante (cinematográficamente) que dista mucho de otros intentos actuales como la saga “Crepúsculo”, que está de más decir, es misógino y chantajista.
No debemos dejar de hacer notar tampoco que este cine se acerca muy cómodamente más a un ejercicio de autor que al de un ámbito más abierto comercialmente, aunque debería (insisto). Es una película con un ritmo pausado que logra valiosamente el paso del horror a la justificación amorosa. Los hechos que se presentan dentro del universo del drama son de una naturaleza firme dentro del código del terror. No obstante, el director toma los elementos del lenguaje cinematográfico de tal forma que los cubre con toda esa virginidad que envuelven sus personajes principales.
La fotografía de Hoyte Van Hoytema, en conjunto con el diseño de Eva Norén brindan un espacio tan minimalista como enriquecedor a esta relación que crece en base a la inocencia de dos –al parecer– niños que se abren paso por el difícil camino del amor. La edición de Dino Jonsäter y del mismo Tomas Alfredson brindan ese ritmo antes descrito que balancea a la película de manera por demás correcta entre la acción y lo contemplativo. La música de Johan Soderqvist no se queda atrás, su combinación de composiciones con sonidos industriales y melodías de cadencias largas y tempos lentos embisten a la trama de una manera casi invisible, dejando que el espectador se acerque lo más posible a la atmósfera de la película. Por último, la dirección de actores es tan acorde a la trama y tratamiento temático que es muy difícil alejarse en algún instante de la historia. Lo que Tomas Alfredson logra en esta película es de admirarse, más a sabiendas que en la actualidad hay discursos similares dentro de una industria que sólo busca sacarle dinero a la vaguedad juvenil.
La calidad, por más está decir, se define dentro del cuerpo de la película. No nos mareemos con los tan nombrados premios que está ha recibido. Siempre hay que adentrarse a lo elementos y la lectura de estos para poder hacer valer esa manifestación con la que se ha comenzado este texto. Asunto que dentro del estudio mismo es mucho más complejo, basta decir.
Låt den rätte komma in, pues, es una película donde las pruebas de amor en efecto traen consecuencias graves a aquellos que son sus testigos; inmiscuidos o no. Es una trama fascinante que lejos de acercar de nueva cuenta dos códigos que se contradicen por hechura, roza lo fantástico. Y sobre esto, sobra decirlo, es un excelente ejemplo.

Låt den rätte komma in de Tomas Alfredson
Calificación: 4 de 5 (Muy Buena).

lunes, 20 de julio de 2009

Y como Tributo al Duque.

VÍA LIBRE.

Este es otro de los ejercicios que hemos realizado en los talleres de relato corto. En este caso se nos pidió la creación express de un cuento sobre la irascibilidad de un personaje. Yo basé esta ficción en una vieja anécdota mental que me había regresado a la mente un día antes, al asistir a un concierto de Jazz.

Y COMO TRIBUTO AL DUQUE.

A. Güiris V.

Me le eché encima cuando cuando interpretaban Prelude to a Kiss de Ellington, la última canción que aparecía en el mediocre programa que me habían obsequiado en la entrada -me había decidido a asistir a la presentación tan sólo media hora antes- los platillos salieron disparados por todos lados mientras los que emulaban a Thelonius Monk y Ray Brown se quedaron en sus puestos sin hacer nada, protegiendo quizás sus instrumentos, manteniendo la vista en los golpes que le propinaba al pobre líder del trío mientras le insultaba internacionalmente (cabrón, mama-huevos, gilipollas) supongo que tampoco les caía bien del todo; el público expectante, ecos de sus impresiones. Me mantuve a nivel durante todo el primer bloque de canciones, las de su disco, su primer disco; el mismo lo dijo, lo pidió de buena gana: “Son canciones mías, de mi único disco, cómprenlo. Ahora con la crisis los músicos también necesitamos ayuda”, y yo de imbécil que le hago caso y que la ayudo. 15 malditos euros gasté en el intermedio por tenerlo, en realidad las dos últimas canciones que habían tocado me sorprendieron, el contrapunto entre el cencerro, el bombo y la tarola me había dejado con la boca abierta. La calidad musical siempre va aparte, siempre, muy a lado del corazón.
En la portada su rostro, no tanto él en realidad como su representación, entonces recordé por lo que había ido, por las deudas a saldar, por todas esas indagaciones mentales, pesadillas de medio día, en que lo imaginaba encima de ella. Miren que ya estaba grandecito en esos años y ahora más, y si yo era ya grande para ella en ese tiempo; no, no, no. No quiero ni pensarlo, no otra vez. Aún no comprendo que le pudo haber dicho, con que palabras la habrá atraído. Casi estoy seguro que ni siquiera tuvo que abrir la boca, sólo dando golpes burdos con sus palitos de madera a las membranas de su DW de colección la mantuvo cautiva, pero ¿por cuantos años?, ¿los mismos que a mi? Juro que no vuelvo a enamorarme de una tipa que le guste lo mismo que a mi.
Y miren que es bueno el cabrón; volver en el segundo bloque con standards de jazz y hacer con ellos tal maravilla; no cualquiera. Prelude to a Kiss, preludio a un beso, la última del programa, ni siquiera di tiempo para las exigencias de los encores. No, pude contenerme; en la mente la imagen de él rozando su cuerpo después de improvisar de esa manera, en privado, y ella como yo, con la boca abierta. No, no, no. No esperé ni siquiera a que avanzará su improvisación cuando ya me encontraba encima de la tarima-escenario y me le aventé, mis manos tratando de llegar a sus hombros para safarselos y jamás pudiera volver a tocar, ni a ella ni a nadie, mi cabeza hacía su pecho para ver si de una vez por todas se le detenía el corazón; y de paso a ver si así dejaba de quererla, de amarla, de llamarla con los latidos de su tambor. Unas manos negras, las manos del guardia de la sala pudieron conmigo a la primera, aunque también le di un par de golpes a esa bestia, fue más por inercia que por efecto pensado, con tres cachetadas bien puestas pudo conmigo totalmente. Cuando me retiraron del lugar, o más bien cuando me votaron a la calle como bolsa de papel, aún tenía en las manos el disco de la banda, iba ya un poco doblado y ensangrentado. ¡Miren que en vivo lo hacían muy bien!
¡Pero que buenos son!, le digo a Rocío, la mujer que me cuida desde entonces, ella también les ha ido cogiendo gusto. Claro esta que no me deja ponerlo muy seguido, por salud (mental y física), y es que justo en la última canción, cuando siento que ya va a terminar el disco y no quiero que haga una vez más de la suyas, me aviento estrepitosamente a los altavoces y termino con el cuerpo ensangrentado. ¿Qué siempre he de terminar con el cuerpo dolorido cuando la recuerdo? ¿Por cuantos años?, ¿los mismos que él? La calidad del amor siempre separada de la musical, siempre.

Las Cosas que he de Ser

VÍA LIBRE.

Desde hace ya un par de semanas, mientras el verano se acercaba y las actividades cesaban un poco, ingrese a un curso de relato corto; para ejercitar esa vena que nunca debe dejar de emplearse, y de paso para conocer a más gente encantada por la fascinación del leer y escribir. He aquí, pues, un pequeño ejercicio que realizamos para conocernos entre los miembros del grupo. Un pequeño ensamble de cosas que nos gustan y disgustan. Este es el mío.

LAS COSAS QUE HE DE SER.

A. Güiris V.

Aún no sé del todo como sucedió pero ahora ya está hecho y en síntomas de recuperación, así que puedo decirlo - uno debe, o debería más bien, decir las cosas cuando ya han sucedido y no cuando están a punto de - porque ya no recuerdo bien como es que se dio: mi capacidad visual fue perdiendo su fuerza, o vitalidad, o que sé yo, el caso es que me gusta, no deparo en ello con ahínco de terror y antipatía: siempre quise tenerlos y ahora, ya pasados los años, puedo recordarlo; de niño siempre quise utilizar anteojos, quizás porque siempre me han gustado (los artefactos), o más bien porque me han llamado la atención las personas que los llevan, sobre todo porque son ellas las que me han alentado a ser “yo”, cualquiera que sea el significado de eso (muy a pesar de lo que se pueda o decir o suponer, que siempre es errar y viceversa). Me agrada utilizar gafas, sí, alguna vez incluso llevé algunas de pasta gruesa porque me gusta como se le veían a Elvis Costello en sus primeros discos, hay un par de canciones que me gustan más de lo suficiente, aunque no me agrada del todo que se haya casado con Diana Krall, sobre todo porque hace de una mujer bella e interesante algo ya ajeno a la propiedad del sueño colectivo, no así del anhelo, que no me interesa en lo más mínimo, incluso de mis sueños, pero no soy muy soñador; no me gustan las fantasías que me hacen vencedor sino los retos, me gustan las pruebas que me imponen los limites a los que me ha llevado el transcurrir de los días. Me gustan los atardeceres, sentado en algún rincón de un un parque, o plaza, seguido construyo conversaciones largas (más largas de lo apetecible) sobre y “de” personas que tienden sus vidas para desnudar el pasado que pesa; me gusta escribir y relatar, me gusta imaginar, que no es lo mismo que soñar, no para mí; no me gustan por ende los sinónimos, cada palabra tiene su poder y sus significado, no me gustan los parecidos, me gusta en todo caso deshacerlos con impropios ficticios; suelo convivir con personajes que me invento y recapitulo; algunos de ellos no me gustan pero sí el definirlos ¿por qué no? Me gusta subirme al servicio público, encontrar un par de víctimas, no más de 4 individuos - entre más coloridos y folclóricos mejor - e inventarles una historia; responderme de dónde vienen (¿qué génesis los ha colocado aquí?), a dónde van (¿cuál es su dirección?), que misterio los aqueja (¿qué oscuridad se oculta bajo ese manto de humanidad?), que tragedia les está por suceder (¿como terminarán?), ¿cómo se les ha de echar a perder la vida por alguna peripecia trágica?, un drama griego o casi griego, pero del cual uno puede salir riendo, o por lo menos no aquejado - como una comedia igualmente griega - si no es a uno, claro, al que le atañe el pesar: esto es en si una regla de oro en los guiones del cine norteamericano, no así el del cine de Europa del este, que es más intimista; de tesis le llaman algunos - no obstante, como buen latinoamericano que soy, y no me quejo de ello; no me apetece hacerlo ni la gente que lo hace; siempre he de terminar buscando en los recovecos de mis personajes que siempre optan bajo mi obligación de autoria, a dedicarse a labores que enriquecen los bajos mundos y empobrecen la bella ilusión de un mundo más sofisticado: me gusta inventar, crear de lo ya creado, no genero sólo construyo. Me gusta el humor negro y un tanto desenfrenado, me gusta contar y no mucho ser contado (pero esto es algo que a muchos no gusta, está claro, es en parte lógico y obvio), soy introvertido en suma; me gusta ser mexicano, lo soy, claro, y mí país: y sus colores, y sus fantasmas y demonios, y sus risas, sus burlas a la muerte (siempre colorida o de colores, que no es lo mismo pero suena igual), y me gusta la muerte, y el pasado, y la soledad; me gusta estar solo y escuchar jazz, soy un melómano consumado y redimido pero me inclino siempre por este genero negro norteamericano en mis ratos de vaguedad. Me gusta el bop y más el bebop, también el swing y el sonido “Chicago”, me gustan las baladas de Chet Baker, y saber que fue un adicto y murió porque su cuerpo ya no pudo más con las inyecciones, me gusta la técnica de Joe Pass a la guitarra, y también saber que murió, al igual que Baker, porque sus entrañas habían ya sido rebosadas del etílico veneno de los fines de semana. No es que yo sea como ellos, es sólo que me gusta saber que aún los “perdidos” encuentran el sentido de la belleza para el mundo y así se hacen un lugar en la historia, me gusta saber que los perdidos aún encuentran. Casi nunca escucho el “fusion” de mediados de los 80s, no le encuentro mucho sentido al sonido de los bajos electrónicos de aquellos años, me gusta la guitarra y el piano, me gustan los metales y sobre todo la trompeta, más que el saxofón - Gillespie, Farmer y Terry antes que Miles - soy vernáculo y amante del sonido puro de los instrumentos hechos a mano y con sonido a manufactura rudimentaria. También las voces de las negras damiselas que avivan la noche como Sarah Vaughan me agradan; me gustaría algún día encontrar a una mujer con ese afín, con ese sentido musical, como Elvis Costello ya lo ha hecho, y del cual también me gusta su música, ya lo he dicho, porque me gusta el rock de décadas pasadas - por mis hermanas: por herencia - no me gustan las nuevas tendencias de las culturas populares y masivas, no me gustan esos términos: lo popular y lo masivo, todo lo es. Me gustan los pequeños placeres de la vida, o lo que yo llamó los pequeños placeres de la vida; comer una buena pasta y tomar un buen vino, pero eso ya casi le gusta a todo el mundo y no me puede adjetivar más que en en lo popular y lo masivo, ¿pero qué no lo es? Me agrada escuchar la música que me gusta, básico, y hacerme el occiso cuando no resuena la que me agrada, no me gusta discutir ni criticar lo que no es de mi entero agrado con gente sin criterio en la que siempre imperan los axiomas, porque a lo mejor nunca han estado siquiera cerca del amor a la composición vertical que es la música: no me gusta andar robando corazones, ni ser infiel - ni pensar en serlo - ni que me lo roben, ni que me digan que el amor está a la vuelta de la esquina, me gusta amar lo que amo; porque lo amo, porque sé lo que no siento con tal pasión, lo que no me gusta: porque lo he comprobado: cómo decirlo, no lo sé, lo dubitativo es siempre negación, quizás me gustan más las películas en blanco y negro porque conozco ya las de color; ¿así estaría más claro? Me gustan las cosas dejadas al aire que con un poco de razón caen en la verdad. Amo el cine y los libros, no veo la tele, no me gusta, no me llama la atención, tampoco me gustan los videojuegos ni todos esos pasatiempos que considero inútiles y que siempre se parecen, más cada día, pues han pervertido a mis mejores amigos cuando mas creía que en realidad terminarían siendo gente de bien, o así he oído mencionar a los viejos, y sobre todo porque van dejando ciego, paso a paso y poco a poco, o por lo menos porque hacen que la visión de los sujetos activos a estos, como mis amigos, vayan - irónicamente - observando como decrece, como a mí me sucedió pero no por las mismas razones (me gusta vivir, que conlleva en sí lo que agrada y lo que no, ¿pero quién osa negarlo?), pero de eso ya hace tiempo, sólo que no recuerdo como, tan sólo que paso y ya es un hecho. Soy parecido a todos, igual que como soy de particular, me gusta más así.

domingo, 19 de abril de 2009

The Visitor

REDONDO.

The Visitor
The Visitor (Thomas McCarthy, 2007)

A Thomas McCarthy se le ha de reconocer más por sus trabajos actorales que por su labor detrás de cámara, ya que es mínima en comparación con su currículo como interprete en personajes de filmes o cintas de televisión que en ocasiones, no sé si irónica o agradecidamente, se acercan lo menos posible a lo que como realizador ha logrado con las dos únicas cintas que ha realizado.
Si aquella primera incursión como director, The Station Agent (2003), le fue suficiente como para que algunos de los premios más importantes del cine independiente le volteasen a ver, así como la industria que aplaudió su logro ante tan moderado presupuesto, en esta su segunda película, su mano se denota mucho más fuerte y madura en un sentido total dentro de la cinematografía. The Visitor es una historia muy sencilla, casi básica si se le quiere ver, pero está tratada de una manera tan fina que se convierte desde el inicio en una trama firme, muy firme; lo que casi no resulta de una historia sencilla, pues la mayoría de las veces se peca al querer complicar la historia y no la puesta en escena o bien la esencia de la historia, que como siempre he dicho y diré, es de lo que el cine trata, de narrar.
The Visitor pues nos denota el viaje de varios personajes que se encuentran ante la contemporaneidad de la vida estadounidense, sin embargo, y como uno de los puntos a más elogiar de esta película, estos ambientes de tal actualidad no son el punto álgido o de interés de los personajes o la historia en si, es más, el director nos lo deja rebasar en ningún sentido la historia y hace a un lado lo que casi todos hubieran hecho, hacer un uso panfletista de ciertos criterio sociales de la multi-cultural New York, sobre todo el penoso asunto de la migración, que aunque si es central en la trama, los ataques a este, así como la critica, se una tanto a la historia que no se convierte en un grito de reclamo, sino algo más íntegro y por ende, más efectivo y hondo para el espectador. En este caso en particular, el Sr. McCarthy nos de una lección de como tratar este tipo de elementos que tanto existen en el cine independiente.
La historia pues no se rebasa nunca así misma, no da espacio para vaguedades, está sobriamente construida, una redondez que te deja entrever los subtextos, lo que la enriquece y formula como algo de mayor peso. No obstante, la misma sobriedad de todo lo que gira sobre la historia, gira sobre los demás aspectos del lenguaje, lo que denota, como es lógico, la poca experticia del director, pues es su segunda película; la cámara, el montaje y el uso de la música en este caso, pues es punto medular de la trama, están bien pensadas y planeadas pero pudieron llevarse acabo de mejor manera con simples ajustes. Lo que no daña en ningún sentido la película, pero que siempre denota ese look indie, que tanto gusta a tantos, y la siempre afectiva sensación de una cinta “novata”, pero que, siendo sinceros, siempre deja una sensación de que en manos de alguien con mayores años de trabajo, pudo haber conseguido mayor emoción.
No obstante, el punto de mayor cohesión dentro de este entramado que deja un muy buen sabor de boca, es el trabajo actoral, algo que definió en buena parte la primera cinta de McCarthy, y que en este también se hace notar. Con un elenco casi por completo desconocido y que encabeza Richard Jenkins, en un muy raro protagónico (pues estamos acostumbrados a verle como personaje secundario o terciario) la película da sorpresas en todo sentido, con grandes interpretaciones que no dejan cabida a que la emoción se escape en ninguna sensación, logrando escenas que motivan, enternecen y enervan con una modestia que está para contemplarse. Con un ritmo homologado y pocos tirones, que llegan cuando son meramente necesarios, la cinta se construye a base de sus personajes, que están detallados desde el guión del mismo McCarthy y en base a un trabajo de dirección actoral que no deja a nadie duda de una preparación inmejorable y del talento como director de este más actor que realizador.
The Visitor es pues una cinta independiente, de look independiente, que refresca el sentido. Es una prueba más de una historia sencilla pero fuerte, planeada, construida, bien llevada, que como siempre en este tipo de cintas, tiene su detalle en las cuestiones técnicas, pero no obstante tiene mucha alma, enriquece y nos deja entrever un mundo más “real” (esto nunca será posible) sobre asuntos de alta importancia social, no nos vende a nadie como salvador o diablo, nos cuenta una historia que emerge de los problemas comunes.
Lamentablemente esta cinta, que obtuvo para Jenkins una muy merecida nominación al Oscar, no tiene aún distribuidora en nuestro país, por lo que casi podemos afirmar que se tendrá que obsvervar en casa por medio del DVD. Cosa que ya no nos parece rara, y más cuando ya se avecina la temporada de los efectos especiales. En fin, yo tuve la grata fortuna de poder observarle en pantalla grande y dejo aquí mis impresiones. Para mí ha sido todo un placer el poder verle.

The Visitor de Tomas McCarthy
Calificación: 3.5 de 5 (Buena).

viernes, 3 de abril de 2009

Leonard Cohen - Live in London

REDONDO.

Leonard Cohen - Live in London (2009)

Hablar de Leonard Cohen resulta complejo por el hecho de ser una de las figuras más emblemáticas en la historia de la música, sus influencias han repercutido en distintos géneros musicales que se han relegado - y buscado la forma de ensombrecerse a su vez. Su estilo, aunque sencillo, vernáculo y bastante imitable, es característico (sobre todo por esa voz dura que caracteriza la segunda parte de su carrera); es suyo propiamente dicho y sin excepción. Nadie puede negar la fuerza de sus letras, la potencia de su lírica, la explosión de emociones que se desatan con tan sólo las pocas notas que siempre le acompañan y la honestidad brutal y belleza inusitada con que acentúa sus centrados tópicos; la desgracia, el desamor, amor, el desapego, la tristeza, soledad, la política y todo aquello que embellece el lado más bajo del ser humano. Bandas de lo más dispar en cuanto a forma comercial como lo es el Punk, Pop, Rock, Folk, Progresivo, Blues, etcétera, han levantado en ya más de una ocasión la mano para señalar estar agradecidos con este señor, leyenda incuestionable de las letras y notas del contemporáneo tiempo, cuya vida personal es aún más mística que su carrera y la cual comenzase perteneciendo a aquella ya desaparecida generación de poetas malditos de la era Beat.
Reservado desde hace ya más 20 años, su último disco de estudio se remonta al 2004, seguido de uno salido en el 2001, y el cual apareció después casi diez años después a su antecesor, esto debido al encierro espiritual al que se consigno con unos monjes para la calma de sus mayores temores. Hacía más de 15 años que no se presentaba en vivo para interpretar sus éxitos, los himnos; las canciones que tanto han marcado a generaciones enteras que hoy se regodean con éxitos más pueriles en el mercado, algunos no tanto, algunos con los suyos, claro, en sentido de homenaje.
El 2008 fue un año histórico para la obra de este señor, pues ya entrado en la séptima década de su vida, se aventuró con una gira mundial para tocar en vivo después de los 3 lustros de desaparición que tenía en los escenarios. Los resultados no se hicieron esperar, la venta de boletajes fue rápidamente vendida a la par que los ritmos con que las bandas de moda suelen agotar en estos años, un eco de éxito se hizo escuchar, los aforos siempre llenos fueron participes de su regreso a los escenarios. No sobra decir que parte de la realidad que subraya esta gira fue el hecho, siempre humano, de que su contador (o bien el que le llevaba su capital), hizo de las suyas mientras este se mantuvo recluido en el monasterio. Cuando la crisis llegó, las siempre latentes peticiones de conciertos habrán sido una tentación mayúscula, no lo sé, lo supongo. No obstante de esto tan natural dentro del ámbito musical, cuando se trata de alguien como Cohen, que siempre cuida hasta la más mínimo detalle en cuanto a la calidad de sus presentaciones, la gira fue más allá de lo esperado, de una exigencia mayor. Una belleza, las criticas positivas no cesaron en ninguna fecha. Y para que el momento no pasara inadvertido, así como para hacer de paso un poco más de dinero con todo el aparato, su disquera grabó uno de los conciertos más dignos de aquel tour, la presentación que hiciera Cohen en la Sala 02 de Londres. Es así como para todos aquellos que no pudimos estar cerca de la gira mundial del 2008, el Sr. Cohen nos regala esta compilación en vivo de sus mayores éxitos y algunas de sus más bellas composiciones.
Debo indicar que siempre que aconsejo a algunos de mis allegados escuchar al Sr. Cohen, del cual soy seguidor desde que era un pre-adolescente, detalló que lo más relevante de su trabajo es el poder lírico que contiene su obra, pues no obstante, esa voz particular que lo caracteriza suele a sus “nuevos” escuchas parecerles un poco discordante. No así, yo acostumbrado, esperaba románticamente que esa voz reaparecía con fuerza en este disco, pero para mi sorpresa - ¿qué voy a saber yo de estas cosas?, sólo creo que esa inclusión en el monasterio sirvió de más cosas que para la liberación de su alma, si es que eso llego a pasar - ese canto ha retornado con una belleza particular no esperada por este humilde servidor. No así que el disco me ha dejado con más gratas sorpresas y sonrisas de las ya esperadas con el simple hecho de escucharlo en vivo después de los ya 15 años citados. Es cierto, Leonard Cohen ha vuelto, y no ha vuelto a darse un paseo como hacen ahora los grupillos modernos que se separan, haciendo de su adiós una gira de alto capital y que en menos de 7 años asombran con la gira del regreso; algunos incluso con el estricto y petulante pretexto de ser sólo ser una pasarela por falta de dinero; sucesos en los que no profundizaré porque no hace falta y no se lo ameritan. Pues, repito, Leonard Cohen ha vuelto, ha regresado con una fuerza mayúscula, con un poder ensombrecedor para todos aquellos que osan decir que hacen música de calidad. Acompañado de un puñado de músicos de alta calidad, ganas profundas que se leen en su devuelta voz, y su siempre retórica agradecida, bañada con un apego a un original sentido del humor, sus canciones toman nueva vida en este concierto, no son la re-visitación esperada de sus composiciones, no, sus temas renacen con arreglos mínimos pero que con ayuda del apego a sus esencias, resurgen con roces fuertes a géneros como el jazz, sobre todo, logrando que la fineza que ya existía en ellas, se engrandezca, se agradezca y se disfrute como si fuera la primera vez. La verdad es que este disco es un disfrute de principio a fin, es un ejemplo de la maestría que da la edad, es una muestra global de lo que ha sido una carrera apegada a la letra, a la melodía, a la calidad, la calidad; no me canso de repetir esta palabra, pues creo es la que engloba por completo el disco, el concierto, la gira, la carrera del Sr. Cohen, quien ahora se envuelve en una segunda gira mundial, ésta un poco más extensa. Con la consigna de hacer resurgir de las aún llamas encendidas - nunca apagadas - de su carrera: himnos, gritos, poemas, sensaciones que ha creado, dejará a más de uno, como lo ha hecho con este disco, con la boca temblorosa y el corazón a flor de piel. El Sr. Cohen ha retornado como sólo los grandes lo pueden hacer, haciéndonos deambular como taciturnos caminantes que sienten parte de su vida transcurrir mientras suenan sus melodías, su 40 años de existencia musical. Bienvenido sea.

Live in London de Leonard Cohen
Calificación: 5 de 5 (Sin Mejorías).

Pearl Jam - Ten Redux

REDONDO.

Pearl Jam - Ten Redux (2009)

Algunos de mis más cercanos colegas conocen y reconocen bien al rock como una de mis más grandes inclinaciones musicales, no basta recitar más lo enlistado ya en este mismo espacio que al explorarse es algo un tanto obvio. Ahora bien, este gusto generacional por un sonido ya añejado y alejado de una realidad temporal (en la mayoría de los casos), me comenzó desde temprana edad gracias a la influencia siempre acertada de mis hermanas mayores, quienes “pertenecen” a aquella generación “X” que se hiciera notar por no quererse hacer notar del todo; fracaso generacional que nos trajo estas repercusiones actuales de sobre-llamamientos y egos alzados que se evocan cual reflejo de la bruja de Blanca Nieves; Cosa aparte, en fin.
Para aquellos años de virginal infancia en una década que marcaría el inicio del internet, la adolescencia de mis hermanas, como la de la mayoría del mundo, se regodeaba por el artefacto de moda; algo que personalmente creo ha quedado en los anaqueles de la mercadotecnia musical como el último gran golpe de falsedad y inventiva, pues ha ser sinceros, lograron vender con la etiqueta “Grunge” un supuesto sonido de un puñado de bandas que en realidad era más que heterogéneo. Re-estructuraron el hartazgo de una juventud olvidada en su expresión artística, pero sobre todo musical, por el hecho de estar alejada del eje que aún se conserva en el mercado melódico de los Estados Unidos - y lamentablemente del mundo - Nueva York - Los Anegles, o viceversa, logrando al final venderlo como un sonido que se creyó existía y que años después nadie supo definir, por lo que se optó nombrarlo “movimiento”, cosa que tan poco fue. Hoy ya desentrañada un poco más de verdad, sobre todo por ese magnifico documental de Doug Pray, Hype! (1996), podemos re-visitar esos recuerdos y entender que ese paso fashionista se debió al grito de un puñado de jóvenes que se encontraban en la olvidada ciudad de Seattle, situada irónicamente al noroeste de los Estado Unidos, en el estado de Washington, un también olvidado estado que lleva el nombre de unos de ss más queridos presidentes; donde al no tener ningún ojo critico sobre ellos, se aventuraron a tocar - y expresarse - como sólo ellos se daban a entender, es decir; más cercanamente a sus influencias personales, las que cada uno obtuvo en sus años más receptivos, y no a parecerse tanto a lo que las listas colocaban como lo número 1 a mediados de los 80s. Así fue como bandas como Soundgarden, Nirvana, Screaming Trees, Mudhoney, Alice in Chains, Tad, y un puñado más se abrieron paso, algunas de ellas logrando caer fácilmente en el juego de la industria e influyendo a bandas del eje comercial como Stone Temple Pilots, Smashing Pumpkins, Soul Asylum y tantos otros que se dirigieron, a la par, rápidamente a la fama.
De entre todo ese mar de bandas, y de un sonido no existente (grunge), repito, como fue vendido y consumido por todos en aquellos años, se encuentra esta banda que citamos hoy aquí, Pearl Jam, una de las que más rápido se dieron camino al éxito comercial, una de las que más rápido se vendieron, quizá la segunda después de Nirvana.
Formada de los restos de bandas como Mother Love Bone y Green River en una historia ya muchas veces contada por lo fans y revistas especializadas, y en donde también se ha de citar aquel proyecto llamado Temple of the Dog - y que hoy es un disco de culto para los gustosos de ese “Grunge” que cada vez tiene menos sentido como palabra, concepto, y ya no se diga movimiento o sonido - Pearl Jam se lanzó al ring con un disco que hoy, innegablemente es histórico.
Ten fue el disco debut de esta ya mítica agrupación, abanderada lógica de las pocas sobrevivientes a esos años que se han llevado ya entre si carreras, vidas y caminos. Un disco al que le costó el convencer de su calidad originalmente pero que a finales del año de su lanzamiento, 1992, logró posicionarse como uno de los mejores y más vendidos. Esto también gracias a que la onda grunge ya era una ola que nadie podía detener. Sin embargo la historia no es tan cruda como se cuenta o se lee en esta reseña, pues en efecto el disco valía le pena, y la historia, como siempre, lo sitúo en su preciso lugar, hoy ya en relación con los discos más emblemáticos e influyentes en la historia del género. Ten fue un debut como pocos, un disco redondo que contenía la fuerza de toda una generación aquejumbrada y apresada entre presiones sociales, políticas y sentimentales. Un trabajo repleto de himnos generacionales instantáneos que recitaban y exploraban las necesidades de aquella generación “X” ya mencionada. Alejado del punk característico de Nirvana, Pearl Jam más rozaba el estilo clásico del rock de los 70s, con estructuras más solidas y menos “salvajes”, con coros emblemáticos, solos que recordaban los años dorados del rock y la presentación de una de las mejores voces en el rock en los últimos años, Eddie Veder.
De esta manera, con esta combinación de factores, Ten se ganó y se ha ganado al pasar de los años el prefijo de clásico, y en algunos casos más particulares, por preceptos generacionales, claro, el de imprescindible. Empero, lejos de lo que ya mucho se ha hablado o podido decir del mismo en sus ya 18 años de existencia, hoy la banda vuelve a colocarlo a la venta en una campaña que ya se hace cada vez más frecuente en la industria contemporánea; la reedición. Como antesala de los ya próximos 20 años de carrera de la agrupación, Pearl Jam ha decidido relanzar su producción debut con ciertos elementos de gracia; como es costumbre en esta agrupación. Es así como muchos demos, canciones no oficialmente lanzadas, el material visual oficializado por vez primera de su Mtv Unplugged y alguna otra sorpresa, se encuentran en este nada nuevo disco. Lanzado en varias ediciones, como también es costumbre en la banda, donde cada una contiene más “juguetitos” que la anterior y que acrecentan el precio, por supuesto.
No obstante, el elemento común y verdadero de la supuesta celebración, es que el disco original venga acompañado de una remezcla recién elaborada sobre los masters originales de grabación. Esta mezcla corrió a cargo, como ya se nos había anunciado en su disco de éxitos Rearviewmirror, por Brendan O Brien, el productor que les elaborara su verdadero sonido con sus cuatro producciones posteriores.
Así pues, el Ten Redux, como se le ha nombrado, no da mayor cabida que a los fans que se conocen de memoria el Ten original, y más aún, a los sabedores del sonido actual de la banda. En esta reedición de su disco debut, las guitarras ganan mucha más fuerza, como es ahora su sonido, claro, y las baterías despegan en tiempo, no se apagan tan de imprevisto y la voz no gana en demasía, salvo algunos coros que logran sobre-saltar y que antes se perdieron en la mezcla original. La mayoría de las canciones ganan, sí, en comparación con ese sonido primario y el actual, ya evolucionado en 18 años de experticia, pero eso es algo lógico. No le veo del todo el caso a lo que ha hecho la banda.
El Ten Redux no deja nada a un escucha nuevo, recién, no creo que sea muy apetecible particularmente para alguien que quiera acercarse por vez primera a Pearl Jam; en todo caso aconsejaría escuchar el original, por ese sentido de purismo histórico, claro, además de que el costo se dispara bastante como para optar por el más económico. El Ten Redux pasa la prueba del fan redentor, pero no así puede consignarse como una joya. No existen joyas sobre joyas. Es un premio, un placebo, para el adepto a la banda que espera su nueva producción; prometida bajo ciertos rumores para finales de año y que no deja más que un recuerdo sobre un recuero más bello. Mercadeo de Nostalgia.
Pearl Jam, pues, se pone un disfraz de cordero al emprender una caza envuelta en discurso de rebeldía. Se propone relanzar todos sus discos hasta llegar a esa fecha de los 20 años de existencia donde se rumora una sorpresa mayor, esto aunado también a una supuesta “revancha” con su ex-disquera, Sony, pues ya ha concluido su contrato,. Metas idealistas que tan sólo hacen sangrar el bolsillo del seguidor.
Pues, estos años le suenan de buena ganancia monetaria a los señores de Pearl Jam, por lo pronto yo salgo de la trinchera y observo de fuera el fenómeno, nunca me ha gustado del todo que los músicos emprendan el camino hacía una supuesta salvación del mundo cuando la educación la dejaron para dedicarse a la rebeldía del rock. De un rockero espero rock, siempre, no más, no quiero que me digan que es lo que debo hacer, como ellos exigieron en sus tiempo para dedicarse a ello; aunque acepto que muchos de sus seguidores se pierden irremediablemente en el camino. El Rock buscado pues, lo he obtenido casi siempre con Pearl Jam, la considero una de las mejores bandas de los últimos 20 años, lo que no me agrada son estas técnicas de espera y premios con poco sentido. Este Ten - Redux, entonces, sólo me ha dejado con ganas de saber lo que viene, ósea, como ya estaba desde antes de que saliera, no me ha servido de mucho. Ya lo he dicho, se me ha dado únicamente un pequeño sinsabor sazonado de nostalgia. Cosa muy común en este mundo que no mira nunca para adelante.

Ten Redux de Pearl Jam
Calificación: 3 de 5 (No más bueno de lo bueno que ya es).

lunes, 30 de marzo de 2009

Los Vigilantes

REDONDO.

Los Vigilantes
Watchmen (Zack Snyder, 2009).

Sin lugar a duda la cultura del cómic estadounidense revolucionó - notoria y potentemente - durante los años 80s, las obras cambiaron gráfica y líricamente. Sus componentes dejaron de ser los de aquella vieja guardia pro-nacionalista que hacían un uso nada ambiguo de los temores infundidos por un gobierno ante una sociedad sumida en la guerra fría, sus tópicos se manifestaron en lo que una expresión artística siempre osa permitirse; la critica social y humana. Hay que detallar que para aquellos años, también hundidos en una crisis de valores, depresiones políticas y recesiones económicas, una serie de personajes se volcaron a esta nueva modalidad, haciendo de la simple publicación semanal de aventuras, historias con un desarrollo de mayores pretensiones y nudos/estructuras con notoriedad más desarrolladas. En un punto, como lo hay en toda generación, los talentos y discursos más interesantes se cruzan, he aquí el siempre nudo de un movimiento (aunque este no exista como tal), no es en si una época de oro, sino la génesis del legado de dicho grito de revolución. Para el cómic, por lo que se escucha decir, pues indico honestamente que no es mi campo con mayor experticia, la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons fue - y al parecer aún lo es - el pico ha alcanzar para las consecuentes obras. Ahora bien; ¿qué tanto es valido que un discurso que roza ciertas semejanzas siempre presentes en las generaciones, cómo he dicho antes, se presenté ahora ante una nostalgia de temores nucleares y batallas políticas entre soviéticos y estadounidenses cuando las nuevas amenazas ya nos han rebasado?, ¿artilugio explícito de Hollywood? Claro, es sentido común, ¿dónde quedan los autores en todo caso?, porque las obras tienen autores, ¿sobre las sombras de una simple compra/venta de derechos de autor?, ¿no hay quien defienda sus ornamentos legados? En todo caso, para mí, esto no recaería más allá de esa silueta de egolatría que se remarca fuertemente en ese mundo de la anteriormente mal nombrada historieta y ahora novela gráfica, cómic, y que se ha hecho cada vez más presente en los últimos años con la explotación de sus personajes en la pantalla grande. Y es que no hay nada más sencillo que percatarse del asunto: criticar lo incriticable hace 20 años, 20 años después, es seguir negándose a criticar lo incriticable.
Ahora bien, ante esa explotación citada de caracteres e historias, no había más que esperar para que un día llegara al cine la novela gráfica presente, Watchmen, un parte-aguas, al parecer, en este mundo de héroes, heroínas y villanos, sobre todo villanos. El director nombrado para esta tarea fue el señor Zack Snyder, al cual aún no le concedo confianza y sigo sin hacerlo pasar de un realizador bastante mediano que en ocasiones, sí, ha estado cerca de explotar un talento cinematográfico, pero siempre lo derriba su propia naturaleza de escoger las artimañas técnicas a las dramáticas. No podremos comparar, nunca, el trabajo de dirección actoral de Nolan con cualquiera de las anteriores cintas de Snyder o cualquier otro director que ahora se incrementado sus bolsillos al llevar acabo una franquicia más de súper héroes.
Hablando de la versión cinematográfica de Watchmen, podemos decir que contiene el clásico error de muchas tantas otras obras llevadas al cine y que se originan de un material ajeno, como mencionara oficialmente la industria. La alta fidelidad a la obra original en este caso, como en tantos otros, origina que a esta obra, cinematográficamente, le sobren bastantes minutos. Se deambula en un ritmo peligroso, que si bien pasa inadvertido para el público en general por su uso estratégico de la llamada estética “pos-moderna” de un cine que ya no se encuentra dentro del cine mismo, sino dentro de la asimilación y copia del uso audiovisual de la publicidad y la televisión, pero que se estanca narrativamente en diversos momentos de su metraje, algo que no está de por más decir, por obvio, pero que es un error grave dentro de una expresión que se dedica a narrar principalmente, o bien que debería a ello. De acuerdo estoy que en el mundo del cómic los paradojas temporales y de ubicación estén a servicio de ciertos elementos de lucidez interna, y que en parte formen la armadura estilística del género, y que sus más fervientes fanáticos disfruten de las frases cuasi surrealistas que se van conformando obligadamente por acciones que aparecen casi como desaparecen, pero en el cine eso no es del todo una estrategia de mucha sapiencia. Hay que hacer notar que el dialogo en el séptimo arte es considerado un traje a la medida del personaje, es por ello, en parte, que los guionistas han logrado tal nivel de reconocimiento. Ya lo he comentado en otra ocasión, pero es cierto, la adaptación no se debe enfocar en la fidelidad y devoción a la obra citada, sino a la honestidad y compromiso para llevar a cabo su esencia a otra forma de expresión (y cuidado que para algunos estos conceptos pueden ser sinónimos), en otras palabras; puede que no sea vea todo tal cual aparecía en el material original, pero eso no se busca, sino que el espectador salga en la cabeza con lo mismo que cuando termino su lectura de la obra original. Esta película, como otras tantas que tratan de evocarse a ser películas de culto, esta tal vez lo logre, se manifiestan por seguir más con un juego de la estética y no con los subtextos que en el año del lanzamiento original se buscaron. En este caso, una critica lo bastante irónica y en ocasiones divertida, del mundo mismo del cómic y un gobierno que hasta el día de hoy sigue siendo uno de los más impopulares. A lo que me repito, ¿qué tanto vale la pena ahora escuchar lo que se debió hacer en sus tiempos?, ¿ya que valor tiene una obra añeja que ya logró el valor que se merece, el histórico que tiene?, no lo lograra de nueva cuenta, eso es algo que no se debe estudiar del todo.
Watchmen se sucede en casi tres horas de duración, no largas estas del todo, lo digo honestamente, pero siendo efectivos, es mucho más larga de lo que debía, sus personajes no están creados a partir de una elaborada dirección actoral, eso no se le puede pedir a un director como Snyder, y en cambio sí están construidos a base de una parafernalia de ostentosa mercadotecnia y efectos visuales que en realidad, no me sorprendieron tanto. Lleva al espectador por las uñas a través de su historia, no le suelta jamás, eso sí, algo que debemos adornar en esta cinta, pues mantiene el interés a pesar de los cambios anímicos y rítmicos bastante irregulares, esto debido, todo, a la magistral secuencia de créditos iniciales, que debe decirse, es una de las mejores que se han visto en mucho tiempo en este cine-industria. Nótese la maravillosa manera de situarnos dentro de la compleja historia de los anti-héroes y el universo paralelo en que se centrará la historia. Pensarse que con ese nivel de análisis y capacidad de síntesis se podía llevar a cabo el resto de la cinta no es difícil de imaginar. Claro, esto haría que los fanáticos saltarán de su silla porque les habrían robado el “cachito” de magia en el que suelen esconderse del mundo habitual, y lógicamente, por añadidura, haría que muchos más espectadores se sintieran preocupados por una serie de eventos bien homologados y representados simbólicamente (todo esto por los autores originales de la obra) que ya no tienen valor social actual. Repito, no puedo dejar de hacerlo, ¿qué tanto vale la pena hacerlo ahora? si bien me dijeran que no es tan sólo como un producto comercial para estas generaciones que se tragan todo - hasta una cinta de tres horas que no entienden bajo los preceptos en que se habrá manifestado en sus tiempos - habría un serio problema, pero no lo es así, yo tampoco estuve allí, no, pero se logra captar parte de esencia al denotar los contextos temporales y ciertos tópicos que se desdibujan en esta versión de Snyder - pero que más he entendido, eso sí, al leer algunas paginas de la obra y buscar información precisa de la misma.
Nos venden pues, también, a Zack Snyder como un director visionario, visionario dicen, pero esta palabra debe ser utilizada de manera más inteligente, pues no siempre evoca a la grandeza, sino a los retos que muchas veces quedan debajo de lo esperado. Boorman lo fue en su época, y sí, nos trajo Excalibur (una cinta que ahora estas generaciones verían con lo peores ojos) pero que es una cinta de calidad, para después mostrarnos The Heretic, la segunda parte de la trilogía de The Exorcist, y ya sabrán los resultados.
Watchmen pasa pues una prueba de manera sobria, sin sobresaltos, sin alzamientos más que los estéticos que siempre ponen en boga este tipo de cintas, quien se detiene a hacer alusiones es que no se percata de lo cíclico de estas obras. Yo no me inclino por alabarla, ni “hacerle el feo”, es una cinta que me hizo pasar el tiempo, que se subraya sola y que por ende hace efímeros los momentos de estancamiento. Yo no puedo decir nada más que después de que salí del cine, me topé con una manifestación a una cuadra de la sala que exigía más protección por parte del gobierno, protección en todo sentido, y bueno, esas siempre endebles voces mortales que tenemos los humanos, me hicieron olvidar del todo y casi al momento, todo el rollo que me fue desfigurado en la cinta. Una simple reunión de gente.

Los Vigilantes de Zack Snyder
Calificación: 3 de 5 (Regularmente Buena).