Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

viernes, 9 de mayo de 2014

Cuarto 32


Cuarto 32.
A. Güiris V.

Cuando Sigifredo Márquez salió del baño después de limpiarse la cara y la ropa del pastel que le habían obsequiado en la oficina por su cumpleaños, miró al horizonte. En su familia siempre le habían dicho que mirar al frente era mirar hacía el futuro. Pensó entonces que poco había de cierto entre sus ambiciones y el ocaso de una jornada, pero al mismo tiempo, dado el caso de su pasado reciente, se debía admitir también que esa imagen empezaba a cobrar algo de sentido, mucho sentido. Suspiró, se ajustó la corbata e intentó viajar un poco más dentro de su mente mientras regresaba a su cubículo.

Cuando tenía veintitantos creyó haber encontrado el amor en una mujer cuyo paso por su vida quedó resumido en el mísero recuerdo de la letra inicial de su nombre; ésta en medio del abecedario. Obviamente en el ajetreo de sus más acaecidas sensaciones de tierno amorío –nunca fue muy pasional con respecto a lo que ciertas damas resumen a bien como: “cerdo” o incompetente– ella era la mujer más hermosa que el universo había creado. Y en cierto rincón de sus especulativas reflexiones, el aroma concluía con el pensamiento: “y la creó para mi.”

Por azares del destino nunca pudieron compartir el camino como hubieran debido o gustado aunque tampoco se siente del todo derrotista. En algún momento, en alguna arista del tiempo detenido, ella se interesó por él y se lo confesó antes de que éste siquiera pudiera dominar sus demonios hacía ella. Bajando las escaleras, mirando trozos de pastel embarrados en los escalones, Sigifredo justificó esa truncada aventura amorosa –que le había coloreado los cachetes– suponiendo que no ha sido el único que se ha sentido como un estúpido al descubrir que un hombre sin mucho talento –digamos físico– puede conquistar simple y llanamente con su honesto aliento a la mujer más hermosa con la que se ha topado. En ocasiones, sí, aún la recuerda. Mentiría al afirmar lo contrario. Cuando por ejemplo algún elemento, vegetal, fruta u objeto comienza con el único recuerdo que le queda de ella, la insolación del momento le hace verla en la superficie de aquello que recoge como un suspiro antes de que una perturbadora voz le haga saber su precio. Quizá sea un asunto de karma universal, sueldo caído o bien pura suerte de dados hechos con piel humana, pero mientras más se acerca a esa esperanzadora fecha en cada hombre aguarda saber que nunca madurara, se he dado cuenta que las cosas que más desea son las que más lejos están de su corazón capital.

Bajo aquellos preceptos, claro, le gustaría confesarle en alguna ocasión futura lo que ha sido en todas esas maquetas pretéritas que ha creado para no matarla de lleno en las memorias que aún desea escribir algún día bajo el seudónimo de Carioco: una manzana, un mármol, una marmota, una madera y hasta una mantequilla. “Es curioso como la importancia de esas personas que en algún momento te robaron el corazón se van tornando en objetos tan triviales con el fin de aferrarse a tus recuerdos”, escribió en una pequeño post-it color naranja antes de esperar al final de la jornada cruzado de brazos.

Al salir del edificio se dirigió a la parada y cogió el camión con la ruta más larga hacía su hogar, no llevaba prisa. Sigifredo nunca llevaba prisa... No iba a ningún lado en especial... A mitad del camino, cuando vio a detalle como el camión mojaba con el agua sucia de un charco a un transeúnte, se dio cuenta que lo más lejos que había marchado en su vida había sido en un viaje a Ixatapa Zihuatanejo que realizó a los 8 años junto a su familia, hoy deshecha. Se percató, con un sinfín de sentimientos cruzados, que su vida estaba o bien libre o bien faltante de los estereotipos de su generación; no conocía Acapulco, Chiapas, Guadalajara, Oaxaca, mucho menos Europa, Asia y Oceanía. Pensó que le encantaría conocer la Isla del Japón milenario; aquella que prohibía la entrada a los comerciantes extranjeros, aquella que mataba a quienes eran sorprendidos exportando cualquier tipo de mercancía pero igualmente se percató que se encontraba muy lejos en el tiempo y la distancia.

Repasó su biblioteca mental de historias a desarrollar al cruzar la frontera que le era asignada popularmente a su colonia; una patrulla de policía y una tanqueta. Pensó en la del hombre que busca la tumba de su hija en un viaje de expiación, en la de los Mexicanos muertos en el extranjero, en la del padre que secuestra a su hijo para demostrarle su amor… La del detective que es contratado por otro detective para hacer el trabajo sucio que él primero no se atreve. Recordó entonces que en ella había un diálogo que le había hecho reír mucho cuando lo diseñó.

El detective principal última detalles con él que lo empleó, que es a quien contactó la familia para un caso inspirado libremente en una novela de Fadanelli. La conversación, de un humor negro más inclinado hacía lo acido, se torna hacía un antiguo amor platónico del primero. El detective oficial, no el principal de la trama, le cuestiona al protagonista si no andaría con la mujer en cuestión pues en el presente de la historia que se desarrolla se encuentra sola (libre), a lo que el principal se niega y defiende entre sombras y humo de cigarrillo detrás de su escritorio: “Me enamoré de la mujer que era ella en sus tiempos, no de ésta que es ahora y busca desesperadamente el pasado. Al igual que ella, tengo el mismo derecho a fantasear; con su cuerpo joven, su rostro joven y su cintura joven. La quiero a ella, a ella de 23, porque nunca me dejo tenerla cuando la deseaba obtener de todas las formas posibles. Ahora no me interesa, se me hace un tanto como todas… Créeme, todos los hombres y mujeres deberíamos tener ese derecho pactado en la ley… Te aseguro que si ella tuviera una máquina del tiempo, en este mismo momento correría hasta su casa para acostarme con ella.” Sigifredo volvió a reír y trató de recordar quien en realidad le había inspirado esa frase. No había sido “M” pues en ese tiempo aún no se dedicaba a crear guiones mentales. No habían sido las tantas otras “emes” que le siguieron en esa etapa en la que al parecer era un requisito llamarse así. Habrán sido “F”, “G”, “P” o “Z”, pensó, quizás. El tiempo cuadraba mejor pero no logró dar con la verdadera personalidad detrás de la amargura pasional del detective. Sus personajes, por obvias razones, nunca tenían nombre.

Se imaginó con un sombrero y una gabardina al bajar del camión. Aún le tocaban caminar 5 calles, 3 de ellas comidas por la oscuridad. Paso a paso cedió su andar al ritmo parsimonioso del cuidado y la precaución. Recordó la frase que alguna vez le sacó a Fernando, uno de sus mejores amigos en la secundaria, cuando le cuestionó si no tenía miedo al sacar a pasear a su perro a las once de la noche: “Doy más miedo yo del que me pueden dar” y deseó por un instante ser él al menos esa vez; en ese instante y no otro u otros más. Pensó como sería una película sobre la vida de Fernando, o la de toda la cuadrilla de amigos que siempre se le hicieron especiales. Pensó si tendría algo de interesante una historia sobre él mismo, se preguntó de que manera podría ser mejor contado: ¿en una canción, una novela, una serie de televisión o simplemente una revista de espectáculos? Un chiflido le despertó de su trance, era El “J”; en la esquina de su cuadra éste personaje de la vida real le exigía “la renta” semanal puntualmente. Era viernes. Sigifredo se acercó hasta él dándole 50 pesos en sus callosas manos sin decir nada. El “J” entonces le sonrió y le deseó las buenas noches con un gesto. Se perdieron de vista bajo la luz de las farolas de su unidad habitacional.

Si bien era cierto que no iba a ninguna lugar, había llegado hasta ese rincón al que pertenecía. Subió las escaleras hasta el quinto piso bostezando y todas su elucubraciones se perdieron, se tornaron grises y sin que se diera cuenta todo el mundo a sus espaldas se tornó blanco y negro: cual personaje de Jordi Soler, sólo podría encontrar la libertad después de que alguien lamiese el iceberg que le tenía prisionero. Arribó al departamento 32, enumerado éste con un masking tape que resistía a su funcionalidad debido a la imaginación de los vecinos y abrió la puerta; se quitó los zapatos. Cenó un sándwich de jamón de pavo después de unos corn flakes calientes sumamente azucarados y entró a su cuarto cerrando la puerta. Se quitó los calcetines, la ropa y se enfundó en su pijama. Pensó en todas las letras que había dejado pasar en su vida, sobre todo “V”, quién deseaba fuera inscrita en su epitafio de alguna manera simbólica, quizá como un compás que redireccionó su vida para bien. Igual pensó en sus personajes, en sus historias y en su vida... En como sería el terreno que dejaría detrás suyo al  partir a la inexistencia y ver de cerca el ocaso de las jornadas; la última de ellas. Se sonrió y quedó dormido imaginándose que se confrontaba a si mismo por la vestimenta a colocarse en la mañana, como “V”, pero no sin antes mencionarse que quizá todo sería más sencillo si todos fuéramos tan especiales como conocer el alfabeto. El alfabeto. Deletreó la palabra y cerró los ojos. Jamás volvió a despertar. Ese era el pensamiento al que estaba predestinado a llegar… Y como solía decirle a “V” con una sonrisa secretamente entre los labios mientras ella se alegraba o se enojaba: “cuando uno llega, cuando uno verdaderamente llega, es para quedarse… Quedarse para siempre”. 

lunes, 10 de marzo de 2014

12 Years A Slave


REDONDO.

12 Years A Slave
12 Años Esclavo (Steve McQueen, 2013)

Desconozco si Steve McQueen haya planeado comenzar su carrera como realizador en los largometrajes ya casi entrados los 40, o si las circunstancias de tan inicuas oportunidades en el medio no lo permitieron antes. En todo caso, el resultado está a la vista de todos: la madurez con que entrega y concede su cine es de una sensación que casi toda una generación ha pasado por obvia. La sencillez con que demarca la depresión y crueldad como un sello de narrativa desde su ópera prima, “Hunger” (2008), ha ido desarrollando un estilo de formalidad y elegancia tal, que un cine respetuoso a la mirada, agudeza y campo emotivo del espectador se asoma de la manera más natural –y por ello complicada a la hora de la construcción– por la pantalla; esa hoja en blanco que todo director debe de llenar.

Aunque la linealidad no la erige en su entereza –su primer movimiento viaja entre los propios tiempos en que se desarrollará la cinta– su ilación es sencilla y de una franqueza que no se asfixia tratando de contar más allá de lo que debe o pretende (no pretende más allá de lo que cuenta), sino más bien narrando de manera concreta –atenta– los tiempos pertinentes del ritmo que cada célula (dolor, podríamos decir) se va presentando, formando y fortaleciendo para dejarse morir y entregarse ante un proceso mayor de ansiedad, sufrimiento e injusticia que experimenta nuestro protagonista, natural actuación de todo el elenco, negándoselo y negándonoslo hasta el punto del quiebre. Hasta sentirse merecedor de este y hacerlo suyo. Aceptarlo y aceptándonoslo.

El cine de Steve McQueen, es cierto, no está provisto de sorpresas en la dinámica de las llamadas “vueltas de tuerca”; no las procura ni las necesita. Durante sus tramas, los giros “inesperados” que parecieran ser ya una parte orgánica de cualquier filme no se presentan de ninguna forma. Su estilo, más bien, nos sumerge en una lógica tan oscuramente humana que el real desconcierto llega en la conclusión y la razón de vernos complacientes y allegados a las atrocidades de nuestra propia naturaleza. Con “12 Años Esclavo” no es la excepción. La cinta se edifica en base de un argumento sólido, simple en su trazado y complejo tanto en su contenido como trasfondo, así como de una combinación eficiente; cuidada y cuidadosa, de todos los elementos que componen el lenguaje fílmico.

Sin tratar de meter mano más allá de lo concernientemente prudente –en lo que bien después puede originarse como moda o boga (sin duda una mala interpretación del cine de autor en nuestro vecino del norte y su industria)– deja respirar los fundamentos que integran una obra cinematográfica. Su mano no rige sino que apoya a sus departamentos a lograr un equilibrio en pos, no de su nombre como director, sino de su historia. Sus actores se sienten libres para presentarse ante ellos y la cámara como los personajes que humanamente han construido. No se les odia, no se les quiere. No se les desea el mal o el bien; no se les tiene mayor piedad que la que ellos mismos rigen y permiten... La pantalla en la que escribe el señor McQueen no es tampoco una ventana a la realidad ni mucho menos. Se presenta como una representación de los que nos cimienta como sociedad. Más que un guiño a la proeza, lo es a nuestros servilismos; degradaciones, traiciones, miedos, celos e incompatibilidad con nuestros propios es lo que pasa de una manera tan directa y elegante ante nosotros que no hacemos más que dejarlo pasar.

De una mano dura y fría, los acentos de “12 Años Esclavo” se elevan ante la delicadeza con que presenta actos de atrocidad y dolo. Implica al espectador a dar de si para su propia construcción y se muestra siempre respetuoso a pesar de su crueldad. Bajo el relato original de Solomon Northup, el guión de John Ridley resulta pulcro para la labor de Steve McQueen y su equipo: la esmerada fotografía de Sean Bobbit, el minucioso arte de Adam Stockhausen, la fervorosa edición de Joe Walker y la sorpresiva partitura de Hans Zimmer (no se parece a su trabajo habitual).

Con sus ya habituales momentos de contemplación, esta la obra más reciente de Steve McQueen continúa demostrándonos que es uno de los directores a seguir en los próximos años. Se ha ganado a pulso ese derecho a la vez que también se ha hecho ya merecedor a ser juzgado con una mayor exigencia. Sin duda su cine no se afana de la originalidad pues su mano como realizador se presume más bien como selecta, estudiada, puntual y cuidadosa. “12 Years A Slave”, así comos sus dos pasados largometrajes lo demuestran con amplitud… No obstante de todo ello, de mostrar y demostrar con tanta honestidad una época que construyó no sólo a uno de los países más poderosos del mundo, sino también su personalidad y temperamento social, se alza con la estatuilla más importante en la entrega de su industria en un gesto completamente ajeno al perdón... Justificando así el “servicio” bajo la intención de dar la vuelta a la hoja y hacer nuevamente efectivo y evidente el falso olvido (a conveniencia) de esa nación para con su historia. Pero de eso, todos tenemos un poco la culpa.

12 Años Esclavo de Steve McQueen
Calificación: 4 de 5 (Muy Buena).

lunes, 24 de febrero de 2014

Robocop


REDONDO.

Robocop
Robocop (José Padilha, 2014)

En el clímax de su segunda y más reacia denuncia fílmica, Tropa De Elite 2 (2010), Padilha logra un momento sustancialmente esclarecedor al apuntar todas sus armas (herramientas en este caso) en todo aquello que comenzó como una acusación directa a las mafias policiales brasileñas en las favelas (2007), y que terminó con la imputación de la políticas públicas y los hacedoras de éstas –en aquella toma aérea al centro gubernamental del país con una voz en off que comienza el cierre de la saga– como el origen de las malas circunstancias del pueblo. Padilha, pues, logra un efervescente y galante instante que muchos realizadores de las actuales generaciones en ocasiones acaso piensan ya no digamos realizar, sino siquiera imaginar. Elementos simples para discursos reacios, o como dicen por ahí: menos es más… Más refinado al menos, que no es poca cosa… No cabía duda, Padilha tenía los elementos, los básicos al menos, para poder llevar a cabo una reedición de Robocop (Verhoeven, 1987), aquel filme ultra-violento que no sólo profetizó sino que, lamentablemente, predijo los tiempos actuales.

Queda claro entonces que el realizador brasileño parecía el indicado para una reedición de una trama llena de fuerte crítica social; conceptos supuestamente “inexistentes” por las cúpulas del poder. Un marco compuesto por vejaciones ante los que menos tienen, la oligarquía de los consorcios empresariales y el altísimo poder de los medios de comunicación. Lastimosamente, son estos propios preceptos, en la actualidad, los que gobiernan dentro del encuadre de una nueva trama creada alrededor de la promesa discursiva de su predecesora.

El trabajo de Padilha se nota en la gran mayoría de las escenas: el tiempo no lineal como pretexto para viajar dentro de la trama (incluso el espacio onírico lo presenta de esta manera), el sistema como un absurdo que se rige por caprichos sumamente personales (en este caso más inclinado a la mercadotecnia) y sus pulcras escenas de acción (pocos atacan este género con tal garbo y elegancia en estos tiempos). Es por ello que, hay que decirlo claramente, el resultado no deja de ser entretenido, de buena mano; con una calidad cinematográfica que resulta más alta que la media en estos tiempos que se viven álgidamente, pero que en todo caso, no queda ni cerca de la densidad discursiva de su antecesora. Es una película disfrutable, sí –tiene el derecho de alentarse como una película ajena (alejada la trama de la original)– pero que en efecto deja mucho a deber –igualmente está obligada a compararse por su origen. Resulta obvio, quizá hasta lógico, que todo lo que la primera entrega reprochó asociando con un desalentador futuro, en realidad construye a esta.

Padilha logra tejer su cine, eso sí, dentro de las (cada vez más pobres) manías del Hollywood actual, empero no logra desarticular los estrictos fines irreflexivos de la industria estadounidense: somos la mejor y más poderosa nación del universo. Es más, el último plano es una total bofetada de esto. No obstante, no resulta ser una cinta menor por los conceptos del lenguaje, medianos la mayoría de ellos, que utiliza el realizador y su equipo. El respetuoso montaje de Peter McNulty & Daniel Rezende, la efectiva fotografía de Lula Carvalho, la insípida partitura de Pedro Bromfman, el look en boga (y que por ende envejecerá rapidamente) de Martin Whist, así como el patriótico guión de Joshua Zetumer. De sobra están las obligadas referencias a la original.

De manifiesto, pues, resulta entonces el trabajo de Padilha. Su labor como director ha salvado mucho de los elementos bajo los que se pensaba construir esta nueva trama. El resultado, no lo dudo, es mejor que el que habría saldado un director más novel o más americanizado. Sin embargo, con esta versión de Robocop queda claro que todo aquello que en alguna ocasión el cine osó atacar, criticar; desmantelar desde su esquina en el ring, le ha ganado por mucho la partida. Entretenimiento irónico, acaso. No profetiza nada, sólo nos da una cachetada total al absurdo e ignorante poder de los medios; tanto dentro del filme como en su exterior. Y es que es eso lo que la ha construido a sus anchas y bajo sus condiciones.

Robocop de José Padilha
Calificación: 3 de 5 (Regular).

martes, 4 de febrero de 2014

Prisoners


REDONDO.

Prisoners
Intriga (Denis Villeneuve, 2013)

Desde su anterior cinta, Incendies (2010), tal vez la más lograda en su corta filmografía, Denis Villeneuve daba muestras amplias de madurez fílmica. El trazado de su historia, humanamente intricado, se tornaba a la vez más interesante mientras la información escaseaba para el espectador –y poder así darle la última estocada hacía el final de la cinta.  El encadenamiento de los sucesos, paralelos en aquella ocasión, eran de una impía crueldad que se hacían soportables entre otros factores por su delicada puesta en cámara, su inteligible narración y su refinada mano como realizador. Estábamos pues, ante un director que sin muchos aspavientos, lograba retratar el lado más oscuro del humano.

Con Prisoners, su primera cinta con pasos dentro de la industria estadounidense, ese animo por la opacidad de sus personajes no se pierde sino que incluso se suma a las consecuencias de los actos que se van desarrollando en la trama y que al igual que en su anterior filme, pareciera un entramado con nudos hechos al aire pero que tienen una razón de ser para con el último movimiento de la película.

La gama emotiva de la cinta se dispara entre los recovecos de oscuridad en que se van transformando los miembros de dos familias promedio (y luchonas) de los suburbios de los Estados Unidos cuando son secuestradas sus dos hijas pequeñas, así como todo lo que comienza a trastocar el suceso; la investigación policial, la necedad y prioridad de la evidencia, la venganza, la cerrazón del paso de los días y una gama de personajes que tejen una red que no sólo suman presión, sino más sombra y confusión al punto que varias secuencias rozan el horror más eficaz.

Con Prisoners, queda claro, estamos ante la construcción de la mazmorra donde quedarán varados no sólo los personajes, sino nuestras propias emociones (muy lamentable la traducción mexicana al titulo original): el suspenso, la maquinación, el nerviosismo, la tensión y la intranquilidad que se vive en la gran mayoría del filme. De una incomodidad elegante y sumamente cinematográfica resulta la mano de Denis Villeneuve en esta su más reciente entrega, quién además da muestras nuevamente de un paso firme y estoico en el mundo de la cinematografía mundial.

Bajo el notable guión de Aaron Guzikowski, el encadenamiento se va desarrollando con un pulcro ritmo a cargo del meticuloso montaje de Joel Cox y Gary Roach, la dedicada y delicada escenografía (tan importante en este tipo de tramas) de Patrice Vermette y la siempre eficiente y pasmosa fotografía de Roger Deakins, que en conjunto se suman a la enérgica dirección actoral del propio realizador; su elenco responde de una manera redonda al igual que la partitura de Jóhan Jóhannsson que genera siempre la atmosfera correcta paro lo que la escena requiere.

Lamentablemente la popularidad de un realizador como Villeneuve, que paso a paso ha ido demostrando y demostrándose cine, queda enmarcado en un circulo pequeño y tristemente cerrado. Con Prisoners, queda claro, se espera ansiosamente que su carrera no sólo tome más brios sino más apoyo. Su visión, si no original, si refresca y suda elegancia ante hechos plenamente lúgubres que atañen a nuestros monstruos internos. Su toque es preciso y respeta por completo al espectador dejándole integrarse a la trama como éste desee. “Intriga”, su primera cinta que llega a nuestro país dentro del circulo “comercial” es una de las mejores propuestas en años en ese circuito. Una película intrínseca, llena de pasajes que nos “sacuden” mientras nos miramos en el opaco espejo de nuestros sentimientos más escondidos.

Intriga  de Denis Villeneuve
Calificación: 4 de 5 (Muy Buena).

lunes, 20 de enero de 2014

The Plugger - ¿Con Quién?

Mi último trabajo audiovisual hasta el momento. Se trata de un video musical para una banda de Rock Alternativo de Veracruz.


The Plugger - ¿Con Quién? from A. Güiris V. on Vimeo.

jueves, 16 de enero de 2014

La Cajita De Las Rolas: Las Veinteavas 5 Cajitas: Las Últimas 5 Cajitas.


LAS VEINTEAVAS 5 CAJITAS: LAS ÚLTIMAS 5 CAJITAS.

Atareados en otros proyectos, sumidos en otras metas y aunado a los meses que estuvimos fuera de circulación por asunto técnicos en la estación, decidimos que nuestro último programa sería el 100. Se nos hizo el tiempo pertinente y el tema más Ad hoc. Así que la aventura terminó aquí, con estas últimas emisiones que derivaron en viajes de carretera, otras épocas más coloridas, la espuma del mar e himnos para toda la vida. 

96.- Carros & Automóviles.

Lejos de querer obviar el tema, el cual salió desde las primeras emisiones del programa, siempre opté por ir abriendo caminos con temas alejados de éste en plena conciencia que algún día debía de tomarlo por los cuernos. El momento llegó y he aquí, por fin, lo que muchos de mis amigos siempre me propusieron: Nuestra Lista de las máquinas rodantes.

01.        Drive – Adrian Belew. “Side Three, 2006”
02.        Roll On Down The Highway – Bachman-Turner Overdrive. “Not Fragile, 1974”
03.        Get Behind The Wheel – Neil Young. “Fork In The Road, 2009”
04.        One Piece At A Time – Johnny Cash. “One Piece At A Time, 1976”
05.        Rocket 88 – Jackie Breston & His Delta Cats. “1951 (Single)”
06.        Drive My Car – Bobby McFerrin. “Simple Pleasures, 1988”
07.        66 Impala (Feat. Poncho Sánchez & Sheila E.). “Sound The Alarm, 2013”
08.        Trempled Under Foot – Led Zeppelin. “Physical Graffiti, 1975”
09.        Coupe De Ville – Mike Stern. “Big Neighborhood, 2009”
10.        Red Barchetta – Rush. “Moving Pictures, 1981”
11.        Under My Wheels – Alice Cooper. “Killer, 1971”
12.        Highway Star – Deep Purple. “Machine Head, 1971”
13.        Mercedez Benz – Taj Mahal. “All Blues'd Up: Janis Joplin Tribute, 2002”

97.- ¡Hippie!

Cuando hicimos nuestro programa 47 “Pachequerías: Música Para Un Humeante Cerebro”, mucha gente pensó que lejos de la música experimental que elegimos para dicha emisión, todo confluiría más con aquella época de finales de los 60 y principios de los 70 donde las drogas, el amor y la música se unían en un solo canto y visión. Pagando esa no-deuda, cabe aclarar, realicé este programa donde en efecto, los enervantes dejarían salir su efecto por las bocinas.

01.        Revival – The Allman Brothers Band. “Idlewild South, 1970”
02.        Flowers And Beads – Iron Butterfly. “In A Gadda Da Vida, 1968”
03.        Rain Song (Don't Let It Bring You Down) – The Youngbloods. “Elephant Mountain, 1969”
04.        ¡Que Vida! – Love. “De Capo, 1967”
05.        Love Street – The Doors. “Waiting For The Sun, 1968”
06.        Witchi-Tai-To – Brewer & Shipley. “Weeds, 1969”
07.        When The Earth Moves Again – Jefferson Airplane. “Bark, 1971”
08.        Colours – Donovan. “Fairytale, 1965
09.        Music Is Love – David Crosby. “If I Could Only Remember My Name, 1971”
10.        Have You Ever Been (To Electric Ladyland) – The Jimi Hendrix Experience. “Electric Ladyland, 1968”
11.        Magic Carpet Ride – Steppenwolf. “The Second, 1968”
12.        We're Going Wrong – Cream. “Disraeili Gears, 1967”
13.        Lovin' Cup – Paul Butterfield Blues Band. “What's Shakin', 1966”
  
98.- El Mar.

Nuevamente mi allegado me puso un tema sobre la mesa. Influenciado tal vez por un guión que escribía en aquel momento, divagó y me mencionó “El Mar” y todo lo que conlleva como tema. No pidió un ángulo exacto sino una interpretación abierta del concepto. Tarde un poco sufragarle la apuesta, pero a vísperas del segundo aniversario lo hice. Nota: Una de las canciones le gustó bastante para su guión.

01.        Go To Cross The Deep Blue Sea – T-Bone Walker. “Every Day I Have The Blues, 1970”
02.        Fish In The Sea (Feat. Angeline Morrison) – Frootful. “The Craig Charles Funk & Soul Club, 2012 (Compilación)”
03.        All The Sand In All The Sea – DeVotchKa. “100 Lovers, 2011”
04.        Ode To The Big sea – The Cinematic Orchestra. “Motion, 1999”
05.        Serra Do Mar – McCoy Tyner. “Land Of Giants, 2002”
06.        Raging Sea – Steve Winwood. “Nine Lives, 2008”
07.        The Cruel Sea – California Guitar. “Echoes, 2008”
08.        Seagull – Bad Company. “Bad Company, 1974”
09.        Cerulean Sea (Live) – Bruford Levin Upper Extremities. “B.L.U.E. Nights, 2000”
10.        Prayer Of The Sea – Stanley Jordan. “State Of Nature, 2008”
11.        Shallow Sea – Allan Holdsworth. “I.O.U., 1982”
12.        Río & Mar – León Gieco. “Mensajes Del Alma, 1992”
13.        Oceano – Caetano Veloso. “Circuladô Vivo, 1992”

99.- De Colores.

Hechos ya los programas con Nombres de Mujer, Animales, Ciudades, Frutas & Verduras, etcétera, el siguiente y lógico paso era este; los colores. Aquí, pues, no opté por mencionar un color distinto en cada canción; hubiera sido de una complejidad mucho mayor. No obstante, creo que la lista quedo lo suficientemente variada como las anteriormente mencionadas.

01.        Sky Blue Red Bird, Green House – Adrian Belew. “Op Zop Too Wah, 1997”
02.        Orange Skies – Love. “De Capo, 1967”
03.        The Purple Speed Queen – Curved Air. “Air Cut, 1973”
04.        Vestir De Rojo – Chac Mool. “Caricia Digital, 1984”
05.        Blue Condition – Cream. “Disraeli Gears, 1967”
06.        Red House – John Lee Hooker. “Power Of Soul: A Tribute To Jimi Hendrix, 2004”
07.        Azul – Real De Catorce. “Real De Catorce, 1987”
08.        Amarillo Barbados – Ginger Baker. “Falling Of The Roof, 1995”
09.        In The Land Of Grey And Pink – Caravan. “Land Of Gray And Pink,1971”
10.        Black & White – Lite. “Phantasia, 2008”
11.        Black, Red, Yellow – Pearl Jam. “Hail, Hail, 1996”
12.        Azul Casi Morado – Santa Sabina. “Santa Sabina, 1992”
13.        Paint It, Black – The Rolling Stones. “Aftermath, 1966”

100.- Canciones Que No Necesitan Presentación: La Última Cajita.

El Segundo aniversario llegó y el tema estaba listo desde semanas atrás. Sería una lista un tanto cuestionable debido a lo abierto del mismo, no obstante, siguiendo las reglas del programa (no repetir artistas del programa anterior), la lista se fue armando tratando de colocar todas las tesituras que abarca –genéricamente– La Cajita de las Rolas. Con el paso del tiempo y demás situaciones, esta lista se convirtió en nuestra última emisión. 

01.        Baba O'Riley – The Who. “Who's Next, 1971”
02.        Tom Sawyer – Rush. “Moving Pictures, 1981”
03.        Take Five – Dave Brubeck Quartet. “Time Out, 1959”
04.        Layla – Derek & The Dominoes. “Layla And Other Assorted Love Songs, 1970”
05.        The Thrill Is Gone – B. B. King. “Completely Well, 1969”
06.        So What – Miles Davis. “Out Of Blue, 1959”
07.        Giant Steps – John Coltrane. “Giant Steps, 1959”
08.        Jessica – The Allman Brothers Band. “Brothers And Sisters, 1973”
09.        Hoochie Coochie Man – Muddy Waters. “1954 (Single)”
10.        Hell's Bels – AC/DC. “Back In Black, 1980”
11.        Mother – Pink Floyd. “The Wall, 1979”
12.        Rockin' In The Free World – Neil Young. “Freedom, 1989”
13.        Kashmir – Led Zeppelin. “Physical Graffiti, 1975”

lunes, 2 de diciembre de 2013

Capitán Phillips


REDONDO.

Captain Phillips
Capitán Phillips (Paul Greengrass, 2013)

Para el tercer acto del filme, lejos de la obviedad en la que ha caído el básico entramado ya conocido desde el trailer, los objetivos de la película quedan cruda y evidentemente al desnudo: la sobreexplotación –una vez más– del poderío militar de los Estados Unidos y su hosco proceder que los hace autonombrarse la policía del mundo; un discurso soso, tosco y tan rústico y reconocible que resulta en suma ordinario. Pocas cosas funcionan realmente en la película que no se basen en estrategias y formulas repetidas hasta el cansancio por el cine que asoma como gran apuesta para el cine estadounidense que incluye, claro, a una estrella de alta alcurnia cuya carrera se ha visto un tanto relegada de la popularidad, así como un director de moda cuyo mayor aporte es un agilísimo uso de la cámara que ha posicionado también en boga. Al final, es cierto, la última apuesta de Greengrass es llegar a todo ese público que hace suyos todos esos valores patrioteros con los que nos ha obligado a vivir la industria.

El arco, como ya hemos mencionado, resulta simple y llano. Inclusive la mercadotecnia no le ha hecho fuerte ni auxilio; siempre vamos un paso delante de la cinta… Las propias acciones nos proveen la lógica cuando la situación podría prestarse a una ligera impresión de cambio o sorpresa. La mano del realizador, queda plasmado claramente (no sólo en esta obra sino en su filmografía), se inclina por una plástica sin mayores aspavientos que logran su mayor ejecución cuando de acción desenfrenada se trata. Lamentablemente, el caso aquí es distinto, la apuesta mayor es por el manejo de la emoción, de cierta tensión que lejos de ser lograda por medio de su puesta en cámara (ni mencionemos la puesta en escena), queda relegada a la simplicidad de sus personajes; caracteres sin un objetivo que nos circunde a seguirlos, a sentir la presión a la que son objetos durante el desencadenamiento de los sucesos.

De burda y patente manera, la historia toma partida desde el inicio a través del simple guión de Billy Ray, al dejar de lado todos los posibles complejos fondos sociales de nuestros chauvinistamente tratados antagonistas, al igual que todo el factor humano-familiar de nuestro protagonista con que lo intenta presentar, o más bien presenta, y que repentinamente vuelve hacía el final en un mal logrado intento de hacernos creer lo que la actuación de Tom Hanks nunca puede durante toda la cinta, sentirlo realmente hastiado y oprimido hasta el punto de quiebre con su situación; misma que nos deja de interesar al entrar en escena el siempre buscado, y recetado como oración, factor de la inteligencia y manejo de situaciones de crisis por el poderío del gobierno “americano”… Y es que para ese momento, seamos sinceros, nada nos debe interesar más que ese vacuo espacio que pasa por la mente de la gente que se autoproclama con la flama de la paz y se da –a la vez– la libertad de matar a quien sea que le estorba en sus objetivos a nombre de todos nosotros; su mundo.

La cámara de Barry Ackroyd, lejos de presentar ese constante movimiento tan gustado por el director, resulta inocua al igual que la partitura de Henry Jackman, que pasa mayormente desapercibida. El montaje, en caso (a cargo de Cristopher Rouse), convierte esta básica apuesta Hollywoodense tan común y trivial en una situación con el ritmo necesario para que el entretenimiento sea mayor y sobre todo occidentalmente constante en ciertas secuencias.

Lejos de contarnos una historia de vida basada en el sufrimiento de un personaje que se ha visto azarosamente en circunstancias por total extremas, la última película de Paul Greengrass resulta panfletaria, peligrosamente patriotera. Si bien podemos y queremos detallarla desde cierto punto de vista humorístico y a la vez alarmante, resulta ser una prueba más de que ciertas películas deberían llegar directamente a la tele abierta y ser programadas sin discreción para el entretenimiento de una sociedad que, eso sí muy lastimeramente, ha sido sólidamente conquistada por toda esa radical valorización de la moral Estadounidense.

Capitán Pillips  de Paul Greengrass
Calificación: 2 de 5 (Regular).