Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

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jueves, 8 de diciembre de 2016

Sully: Hazaña en el Hudson

REDONDO.

Sully
Sully: Hazaña en el Hudson(Clint Eastwood, 2016)

Sabemos de antemano que cuando Tom Hanks se deja ver en la pantalla grande la bandera de los valores estadounidenses más ortodoxos ha de ondearse por todo lo alto dentro del metraje presencial, sobre todo hacía su parte final (y resolutiva). Ahora bien, cuando detrás del encadenado de acciones se haya alguien como Clint Eastwood, es de suponer que dicho aire ondeante habrá de multiplicarse. Y es que estamos ante dos de las figuras más representativas de dichos intereses morales por parte de nuestro vecino del norte. El primero, claro, es una figura en la que ha recaído a lo largo de su carrera la interpretación norteamericana de la bondad, mientras el segundo se rodea de figuraciones de alcance, autoridad, poderío y, aunque suene irónico a sus 86 años, de fuerza y vitalidad. Si bien no podemos negarnos ante esos hechos, tampoco podemos negarnos al factor de que Eastwood quizá sea uno de los directores más formales y pulcros de la última década. Si bien sus trabajos más recientes fluctúan tanto en sus propias acciones como dentro de su propia filmografía, con Sully nos enfrentamos ante la reintegración plena de su cine más efectivo. 

La historia en si parece calzada para ponderar los bonos normativos de la sociedad estadounidense, exaltando –e integrándose– en la siempre inicua batalla entre el interés y la honestidad. Es una trama predispuesta, pues, para ello, y quizá otra mano la habría llevado a rebuscar ciertos elementos que dieran como resultado una obra exacerbada, pero no es el caso aquí. En la balanza de los hechos presentados: la narrativa y el campo emocional, se percibe la madurez del realizador, su soltura dentro del control de la ficción y su buen tacto. Es el propio encadenamiento el que se viste y respira con cierta pericia a favor del espectador, quien más que verse obligado, se dejará llevar más o menos libremente para dar sus valoraciones y experimentar el dramatismo propio del filme. 

Anacrónicamente Eastwood nos coloca de lleno y de manera eficaz en el centro del conflicto; la película no se centra dramáticamente en el afamado contratiempo aéreo que dio la vuelta al mundo, sino en lo que se suscitó después con los protagonistas de los hechos. Para ello se apoya en un doble debate. El principal es aquel donde las fuerzas burocráticas intentarán, como es sabido, lavarse las manos sacrificando la carrera del piloto; nuestro personaje central, él cual sostiene la disputa interna entre los nombramientos populares de héroe, así como los oficiales y mediáticos de posible fraude y peligro. No obstante, con cierta obligación y haciendo uso del tiempo como representación fílmica –sobre cavilaciones e inflexiones de nuestro eje humano central– el realizador nos hará parte de ese vuelo bajo un comando elegante y hábil desde distintos puntos de vista. Se revisita el acontecimiento bajo unidades separadas para poder lograr un climax en conjunto: accidente y resolución del caso. 

La fotografía de Tom Stern y el montaje de Blu Murray sobresalen en el valor adecuado; están a disposición del filme y a pesar de desplegarse de manera sobresaliente son invisibles durante la proyección. La partitura de la Tierney Sutton Band y Christian Jacoby encaja y se mimetiza con el estilo del propio Clint Eastwood acentuando los momentos claves. Sobresale igualmente el control y la colaboración de Hanks y el director. La actuación del histrión es calma, estoica (bajo las parámetros que le conocemos) y permite que el flujo de la cinta provea y le provea. Hacía tiempo que no veíamos a un Tom Hanks tan efectivo en un filme que no busca otra cosa más que narrar un fragmento y una versión de las cicatrices que van construyendo al Nueva York post 9/11.Por la parte técnica no hay más que agradecer. 

Sully es, entonces, una película particularmente sencilla. Una cinta sin aspavientos que no busca dobles fondos o profundidades en el sistema, se aboca a sus personajes y humaniza el hecho sin criticar de más, sin ataques frontales. Al verla no queda más que identificarse bajo su ritmo y pasar un tiempo placentero de un cine sobrio, claro, sin pretensiones y disfrutable. Un cine que no busca más que mostrarse y, sobre todo, escribirse y realizarse bien. Y vaya que en estos tiempos, y en esa área del mundo–honestamente- es más que suficiente.

Sully: Hazaña en el Hudson de Clint Eastwood

Calificación: 3.5 de 5 (Buena a secas). 


martes, 24 de febrero de 2015

American Sniper

REDONDO.

American Sniper 
El Francotirador (Clint Eastwood, 2014)

Si bien Clint Eastwood nos acostumbró a una mano firme, portentosa y elegante como realizador durante los 90 y la primera década de éste siglo –con alguno que otro claro vaivén, por supuesto. Durante éste su periodo más reciente, su cine; chapado a la antigua y con una escuela más que clásica, se sigue manteniendo pero resulta obvio que la elección de ciertos guiones no han dejado llevarle a esos rincones a los que nos tuvo aclimatados. Sus últimas cintas se quedan un tanto lejos de esa fineza fílmica. No obstante “American Sniper”, que sí bien no se inscribe entre sus obras mayúsculas, sí resulta ser lo más cercano a ese gran director que reconocemos al escuchar su nombre. 
Eficiente y manejada a detalle bajo ciertos elementos de un fino melodrama, la cinta se sostiene bajo una hábil dirección actoral y un ritmo a detalle de lo que pretende colocar como objetivo discursivo el director: la educación, el destino y el quebranto interno –sin ser ésta una trama abocada en especifico a alguno de estos rubros. Con una estructura sencilla en cuanto a las elipsis presentadas, la trama se va desarrollando sin hacer hincapié en elementos que habrían tornado ese código melodramático en algo realmente kitsch. El balance que logra el guión en conjunto con el montaje final respeta la visión del espectador y no nos hace caer en situaciones emocionalmente desmedidas sobre los dos universos claros que confronta la cinta: los familiares y los militares.
Sin llegar a ser un dilema moral para los personajes de forma directa, sin llegar a retratar los horrores de la guerra bajo un enmarcado y riguroso discurso nacionalista o anti-nacionalista pero, sobre todo, sin llegar a presentarse como una cinta cuyo peso recae en las escenas de acción y/o enfrentamientos, el principal acierto del entramado es mantearse lo más alejado posible de un rincón específico y afirmarse como una ventana a los tiempos bélicos presentes. A las causas y consecuencias del factor humano que está en juego, no razones políticas o económicas. Aunque claro, ese lado estadounidense no puede negarse. Mucho menos si se trata de Eastwood.
“El Francotirador” sencillamente no llega a estar a la altura de otros entramados del mismo tono que ha realizado el propio realizador como “Letters From Iwo Jima” (2006), pero sí se somete a otro tipo de presión y raciocinio como la contraparte de esta última,“Flags Of Our Father” (2006). El sentido no es el ataque o la denuncia abierta a esos recovecos de ilógica violencia que todos hemos escuchado sobre la guerra de Irak, sino mediar la ceguera emocional por la que vive –y por la cual se desvive– nuestro protagonista. Que dicho sea de paso, se sostiene dentro del filme de una manera más que palpable. 
Con un trabajo fotográfico bastante preciso por parte de Tom Stern y un más que cuidado montaje de Joel Cox y Gary Roach, el trabajo de Eastwood se sustenta durante el metraje al dejarnos parte de la trama. No nos cuenta por demás las cosas, aboca a ciertos espacios para después confirmarlos o bien enfrentarlos. Los objetivos durante la cinta son antagonistas que marcan una pauta a seguir y en la que quedamos al margen de nuestras propias emociones y juicios. 
Si bien no logra ser una película en su totalidad redonda, si bien recae en algunos golpes bajos encuadrados en el código melodramático del que ya hablamos antes, “American Sniper” se alza como una cinta echa a conciencia y que nos entrega una versión, si bien no fresca, sí más concreta de la atmósfera en Irak durante la invasión de los Estados Unidos. 

El Francotirador de Clint Eastwood

Calificación: 3 de 5 (Buena a Secas).

martes, 14 de febrero de 2012

J. Edgar


REDONDO.

J. Edgar

J. Edgar (Clint Eastwood, 2011)

Sobre uno de los personajes definitivos de la política estadounidense; emblema superlativo de la envergadura ideológica de su siempre discutible moral, la vida del otrora intocable Edgar Hoover es puesta en las manos de Clint Eastwood, director heredero de la narrativa clásica de la cinematográfica americana, dando como resultado una ambivalente trama que refresca el sentido del Eastwood más autor.

De sobra está, entonces, decir que el accionar del film se fundamenta en el desarrollo del trabajo actoral y una puesta en escena sobria, elegante y sin muchos aspavientos. El gran acierto, pues, de Eastwood –como en muchas de sus cintas anteriores como realizador– es entender a la perfección su personaje, cinematográficamente hablando. No pierde el enfoque de su construcción fílmica: sin juzgar representa, sin criticar relata: paso a paso y tratando de avanzar en el entramado. Asunto nada sencillo pues las dificultades son claramente las de un guión con severos huecos que tratan de ocultarse al señalar de forma abreviada, fragmentada y atemporalmente, ciertos casos que al final se exhiben como un paralelismo onírico de una vida que ostenta siempre a más –y de la cual nos hacemos complices– pero que en realidad nos quedan a deber un poco. No obstante, la virtud de la cinta se enfoca en la prescripción del carácter que encarna Leonardo Di Caprio, el propio Edgar Hoover, pues ambos, realizador e histrión, lo comprenden y sitúan como un símbolo entre sombras –bajo una la siempre eficiente fotografía de Tom Stern– de lo poderoso, lo temido, lo polémico y lo complejamente más humano de la debilidad introspectiva.

Bajo la pluma de Dustin Lance Black, prolífico activista de los derechos homosexuales, la cinta evoca también el lado más furtivo de nuestro protagonista. Lo cual, agradecidamente, no resulta ser una especie de embestida, sino una de las aristas más refinadas de la cinta: la parte más significativa y emblemáticamente enternecedora de toda ella. Esto, claro, bajo la mano de un director tan capazmente sutil como Eastwood. Y es que al final, la cadena de sucesos se centra en ésta relación que se mantiene oculta hasta para las conciencias de nuestros propios representantes amorosos; no así para la aparentemente inerte partitura del propio director, que la va trayendo a la vida tan etéreamente como su explosión y desenlace.

Con turbios cambios de ritmo, ya mencionados con antelación, pero eficientes elipsis en su mayoría, así como de un montaje contenido en la expresión actoral, Clint Eastwood se maneja oportunamente por una trama que tiene el propio defecto de los últimos años en Hollywood: querer abarcar demás. No obstante, fiel a su disertación del sueño americano, frescamente se da el chance en más de una ocasión de señalar algunos valores perdidos, y quizá nunca encontrados o inaugurados, a lo largo de la historia de los Estados Unidos de Norteamérica.

Resulta, pues, naturalmente a contraste con su último trabajo, el cual dejó mucho que desear. No obstante, y sin ser tampoco uno de sus trabajos más refinados, podemos catalogarlo como digno en base a un discurso honesto que ha ido labrando sorpresivamente a una edad que da prueba y fe de que la madurez artística es medular en el paso de un realizador, cosa que o bien pocos alcanzan, o malamente dan muestras de querer lograr.

J. Edgar de Clint Eastwood
Calificación: 3 de 5 (Buena a Secas).

viernes, 14 de enero de 2011

Hereafter

REDONDO.

Hereafter

Más Allá de la Vida (Clint Eastwood, 2010)

Aunque al final todo resulté en una confabulación más cercana al amor fraternal que lo que uno pudiese esperar dado el discurso inicial de la trama, no podemos tampoco negarnos al hecho de que Clint Eastwood es el gran heredero del estilo más clásico y puro de aquel Hollywood de Ford, Huston, Curtis, Welles, Zinnemann y demás grandes realizadores. Es un director que piensa en sus actores como una pieza fundamental para la creación del universo a mostrar –y no como meras piezas de orfebrería como tantos otros hacen en estos años– así como por la búsqueda de historias profundas, humanas y sencillas con el fin de darles un tratamiento de lo más pulcro y redondo. Y es quizá, en esto último (honestamente), que en esta su nueva película deja mucho que desear el señor Eastwood. El problema de primera instancia es el guión; se denota claramente en el curso de la historia misma que el libreto no estaba del todo bien cuajado. Las tramas jamás evolucionan a un punto en que uno, como audiencia, realmente necesite ese punto de unión que al final, resulta ser más obligado que deseado. Las necesidades dadas de cada uno de los personajes centrales están medianamente dadas y casi nada o nada bien plantadas para la obtención de una cohesión para con los apremios que los lleva a tomar sus decisiones. Resulta notorio que no es sino hasta tres cuartos de la cinta que uno comienza a explicarse algunas de esas validaciones, pero sin encontrar, repito, la fuerza pertinente como para formar parte de ellas. No obstante, lejos de indicar también –si es que nos ponemos más serios y menos “fans”– que el director no encontró del todo la forma o formula de sacar a flote las carencias de un escrito a leguas (insistiendo) a medio camino de poder llegar a ser “algo” (un guión apresurado, sacada a luz mucho antes de su entera conclusión pues), no podemos ocultar que tiene sus sorpresas y sus momentos memorables. Esto debido a esa herencia ya mencionada con antelación.

El trabajo de dirección actoral es notable y es siempre una escuela ver la mano de este señor detrás de un interprete; ya sea profesional o no, ya sea con una amplia carrera detrás de sus espaldas, o no. Y lo mencionó porque ésta es una de las razones principales, sino la principal, por la que la película se mantiene, porque es esta misma labor la que logra circunstancialmente enmarcar realmente al público en la pantalla, atrapándolo. Porque es esto donde se encuentran los mejores brillos de esta película y es ahí donde no se debe perder detalle.

Sin duda alguna resulta ser una de las película más oscuras y contrastadas, fotográficamente hablando, de la carrera de Clint Eastwood, no así en el contenido; cuyo tema central –que al final se deja, irónicamente morir en pos de un romance “de película” (nada tan impactante como el inicio)– lo exigía. No obstante, podemos decir que se sintió ese antagonismo en el “mood” de la película hasta que, claro, encontró sus propios límites dentro de los estereotipos en los que Eastwood se inmerge para narrar una cerrada y complicada necesidad de fe y creencia por medio de sus dubitativos personajes. De sus ansiosos, hambrientos, urgidos y olvidados personajes. Estereotipos que aunque en efecto supo manejar con buena mando, marcaron el estancamiento de una trama que cae en ligeras pausas innecesarias, y la inverosimilitud dentro de la diégesis pactada en los primeros minutos.

Está bien, quizá no sea la mejor película de esta aún leyenda viva (los Dioses nos lo mantengan vivo y activo muchos años más), pero tiene esa atmosfera que le pertenece ya con un sello difícil de igualar. Esto debido también a su equipo que lo acompaña desde hace años: Tom Stern, Joel Cox, Deborah Hopper y hasta él mismo en el departamento de la música (que también ya se hace sentir desde los primeros segundos). Hereafter termina por ser un pequeño enfrenón –natural– en una carrera tan ágil y creativa como la suya, que ya planea la biopic de John Edgar Hoover. Es una película lenta pero que tampoco desagrada. Subrayo que tiene algunas partes muy sobresalientes pero que no se puede decir que manejen todo el entramado, pues dentro de este también caben muchos elementos bastante predecibles. Es una película, en todo caso, que mantiene atento al espectador y que entretiene en la mayoría de su metraje, el cual, si nos ponemos reacios para concluir, también pudo ser menor.

Hereafter pasa, lamentablemente pues, un tanto inadvertida ante el ultimo estirón de las películas de la temporada. No obtendrá grandes premios, y acaso creo tampoco nominaciones importantes. Pero si nos ponemos a detallar la cartelera actual, resulta ser una de las mejores opciones para acercarnos a un cine real, honesto y de hechura de punta fina. Un cine que se piensa y se inquieta dentro de los estatutos de arte y no vil mercadotecnia.

Más Allá de la Vida de Clint Eastwood

Calificación: 2.5 de 5 (Regular).

viernes, 27 de marzo de 2009

Gran Torino

REDONDO.

Gran Torino
Gran Torino (Clint Eastwood, 2008).

Siempre que me manifiesto sobre alguna película realizada por Clint Eastwood, o bien, cada que puedo hacer alusión a la cinematografía de este icono del cine mundial, no me canso de aplaudir su mano fina, fuerte y sobre todo eficiente para con su narrativa; siempre de suma elegancia. Y es que en los últimos años no ha dejado más que hacerse notar por buenos filmes, no da cabida a malas interpretaciones y no se permite que las cosas se le salgan de la manos. Siempre que puedo hablar de Clint Eastwood y honrar su trabajo no es implícitamente porque así lo quiera yo, sino porque no hay otra opción.
Con Gran Torino, realizada casi a la par que Changeling, el señor Eastwood nos da una prueba más de su maestra mano al tratar una película, una cinta que tiene claramente dos visiones y perspectivas; ambas de manufactura inquietante y de gran calidad. Por una parte, esta cinta se puede ver independiente de saber y conocer el contexto de los personajes y películas que hicieron grande a Clint Eastwood, siendo así, la trama nos retrata la vida de un hombre en la etapa final de su vida que se ha quedado solo y ahora se percata del mundo real y contemporáneo en el que vive, de los problemas que se aquejan en cada esquina y como alguien de su generación, veterano de guerra, tiene o no la capacidad para entenderlo e intentar llevar acabo la justicia sobre un entramado que se balancea entres los asuntos de la moral, la obligación, la vida y la muerte, después de encontrarse repentinamente no con una amistad, sino con los sentimientos perdidos hace ya muchos años. Un hombre que no tiene en mente más que esos gruñidos y malos tratos de repente se ve envuelto en los recuerdos de las aflicciones humanas; ira, risa, alegría y llanto.
Ahora bien, si observamos esta película desde este ángulo, uno particularmente un tanto alejado del director y lo que se nota cómodamente como el ajuste de cuentas para con uno de sus más emblemáticos caracteres, la película resulta ser un entramado inteligentemente llevado hasta la suma que juega de manera muy sobria - pero con una eficacia enorme - sobre las emociones del espectador, una audiencia ya rendida ante los abates de este amargado personaje que permuta ligeramente a un corazón enternecido por esa educación mutuamente recibida por sus vecinos, y sobre todo, en ese cambio tan bien realizado y que nos lleva al terror, al miedo, a la zozobra y la impotencia de una escena a otra. Pocos directores, en la actualidad, lo he dicho consecutivamente, se pueden dar el lujo de jugar así con las emociones de un publico sin agredirlos de ninguna manera, sino al contrario, de acompañarlos ante esos cambios y justificar las razones de un relato que como es costumbre ante la mano del talento - y la experiencia - siempre están muy bien narrados.
Por otra parte, no podemos negar las señas que esta cinta retoma de aquel ya mítico personaje; Harry Callahan. No está por más decir e interpretar que a estas alturas, el Sr. Eastwood se ha tomado la modestia de rendir cuentas morales con él, de hacerle pagar sus actos y dejarlo rendido en un césped que se convierte en toda esa justicia desperdigada de aquellos años. Vista de esta manera, podemos incluso acrecentar la cinta y degustarla de manera de una manera aún más espectacular, más grande. La cinta nos muestra a un Dirty Harry cansado, en su ultima etapa de vida, solitario y perdido en ese barrio ya rendido ante la migración oriental, un territorio inhóspito donde las pandillas han ganado el terreno de la quietud y donde el extraño no es más que él.
Visto de ambas maneras, la cinta despega y no recae nunca, plantea de manera soberbia los hechos que pronto a pronto irán haciendo explotar los artilugios narrativos y juega con nosotros, la audiencia, como si fuéramos parte de ese entramado, de ese vecindario y muy apesar de conocer las consecuencias de los actos sociales modernos, no nos deja de hacer sorprender sobre las acciones que se suscitan , nos mantiene en el filo del asiento, ya sea por medio de las risas, las carcajadas o la impotencia, o la tristeza, o ese bello final que nos deja entrever un cierto aire de esperanza para con los años a seguir. Basta decirlo una vez, no importa que me repita una vez más, pero al mundo le hace falta educación. Las películas y autores que se toman en serio su tarea, hacen referencia claro bien alusiones a este gran problema mundial.
Gran Torino pasa de manera ágil y veloz a ser una cinta que se disfruta de principio a fin sin baches y sin momentos que desperdiciar, la siempre efectiva y clásica puesta en escena de Clint Eastwood no nos deja librar el pensamiento y nos mantiene centrados en lo que él quiere que pensemos, su uso de la cámara es de un virtuosismo cada vez mayor, sobre todo ahora que ya ha encontrado su pareja en la fotografía Tom Stern. Asimismo, lo que corresponde a los demás departamentos, como montaje, casting y música (en esta ocasión a cargo de su hijo, el bajista de Jazz Kyle Eastwood) no dan píe a una critica negativa. Gran Torino pasa las pruebas exigentes de un cine exigente, de un cine que no trastoca los estilos generacionales, ni los roza, sino que se manifiesta para romper la barrera de las modas, como todas las cintas de Clint Eastwood, y posiblemente, sin miedo a equivocarme, puedo decir que esta cinta se irá haciendo más grande con los años.
Gran Torino es una cinta que observar para presenciar ese cine ya pocas veces realizado, ese cine enorme en narración, grande en calidad y de ahorro y sobriedad cinematográfica, un cine “moderno” que ya pocas veces se da el lujo de contar historias. Al parecer ahora el asunto de la estética y la sobre-explotación visual, tan común, siempre recae en una lamentable mediocridad - en la mayoría de los casos.
Por mi parte puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto una cinta, una historia tan bellamente contada, tan sencilla y potente. Juega contigo de manera soberbia, te hace reír y llorar, disfrutar de temas tan complejos como la vida y la muerte, te saca de si y te vuelve a enternecer. Es una cinta que degustar si es que el verdadero cine es lo que se busca. Una vez más, el señor Eastwood lo ha conseguido.

Gran Torino de Clint Eastwood
Calificación: 4 de 5 (Muy Buena).

martes, 23 de diciembre de 2008

El Sustituto

REDONDO.

El Sustituto.
Changeling (Clint Eastwood, 2008).

En los último años el cine mundial se ha manifestado por un discurso visual (estético llanamente) que se aleja un tanto de ese lenguaje purista que declara, ante los ojos de cualquier espectador, el verdadero asomo de las emociones que se pueden crear a través de los elementos que tiene el artista de esta rama para atacar al espectador; una hoja en blanco donde detallar ciertas acciones, y una pantalla virgen, sin nada en ella, donde se reposarán encuadres, únicamente encuadres y movimientos (falaces realmente); que bien ordenados - y con la duración precisa - deben aparentar una realidad, más nunca ser ella.
El señor Clint Eastwood no sólo se ha inclinado por este sentido clásico y estricto de la cinematografía cuando se encarga de llevar a cabo sus proyectos, sino que alcanza limites que pocas veces se tocan ya en un cine cada vez más alzado al espectáculo de un marketing establecido; estilos propios de una generación que se vive, ya lo he dicho en anteriores ocasiones.
El Sustituto (Changeling), última entrega de Clint Eastwood, es una muestra vil de un cine duro, pensado y sobradamente realizado desde el punto de vista de la creación, desde el lenguaje cinematográfico. No se abraza de artilugios de relleno y hace lo que toda película debe de hacer - y nunca dejar de hacerlo - contar su historia, no se exagera a si misma en pos de la sobre-expresividad tan de boga en estos tiempos (como en los últimos comics llevados a la pantalla por ejemplo) y se centra en sus funciones vitales, explorándolas y explotándolas con inteligencia, fuerza y sobre todo elegancia.
No deja de ser el discurso y estilo de un director que ya nos ha acostumbrado a un cine de buena manufactura, no es obviedad decir que el señor Eastwood muestre en las planificaciones de sus entramados una madurez real.
Changeling es una historia que se va entretejiendo de a poco, no podemos decir que conozcamos los caminos que se van a ir sugiriendo en su entorno. Los indicios que se van creando, y acompasando lentamente en esta amalgama de subtramas trabajan únicamente, y a través, del canal de la historia principal, como deben hacerlo., como siempre debe de ser. Y, apoyándose en su personaje principal, en una buena (a secas) interpretación de Angelina Jolie, como un ser vacío, atacado y dejado sin esperanza, flirtea con un temor generacional actual, algo que se agradece ante tanto intento de analogías actuales.
Changeling es una bocanada de aire ante ese ensombrecimiento de espectacularidad actual, y es que, irónicamente, esa espectacularidad le quita su grado de espectáculo al cine, ante la técnica que se requiere para llevar a cabo un mensaje por medio de este arte grandilocuente ya en si (como lo denotan esas escenas casi al final de esta misma película), así como de la honestidad que requiere el auditorio para dejarse creer en que lo que se nos enseña.
No podemos discutir tampoco esta cinta como la mejor en la carrera del Director Clint Eastwood, es claro que lo alcanzado en The Unforgiven, Mistyc River o Million Dollar Baby (para muchos), sobre todo en la primera, queda un poco alejado de esta puesta en escena, pero es que creo, debo indicar en primera persona, que en está película dejo llevarse más por otro tipo de conflictos, lo que enrudece su estilo y le auxilia a tener una estructura que si bien, es lineal, es un poco fuera de ese orden al que nos había acostumbrado, y es que el mundo, allá afuera, nos tiene tendidas varias sorpresas, y esas sorpresas logran salir a la luz aqui de manera más que eficaz.
La escenas donde se nos muestra ciertas muertes son de un tacto, gusto y conocimiento tanto del plano como del montaje, que hacen que todos en la sala sientan un horror ante algo que en realidad no muestra nada. Y a eso, se quiera o no, en mi tierra y las demás, se le llama cine, cine en la forma más pura.
Changeling es una opción que se deja entrever comercial y sabiamente por estos meses, preludio a los premios de nuestros vecinos del norte. No me sorprendería verla en algunas categorías, pues el look que contiene es uno de los que más agradan a la academia, la fotografía es impecable, muy bien cuidada y la edición puede decir lo mismo. En su parte musical, como también ya es costumbre, el señor Eastwood nos regala su minimalista manera de componer para la pantalla, pero en esta ocasión, creo personalmente, aquí sí muy personalmente, que ha dado en el blanco con toda esa sensación anudada en su película. Es sin duda uno de los mejores scores que nos ha brindado.
Changeling se aproxima a las carteleras de nuestro país, su estreno se vaticina para el 22 de enero. Yo he podido ya observarle gracias a la distancia y es por lo mismo que no ahondo en ciertos temas que requerirían de desnudar más la trama. El señor Eastwood ataca de nuevo, con esas ganas de hacer buen cine. El espectador debe y puede responder de la misma manera al acercarse a esta cinta, con ganas de ver buen cine.

El Sustituto de Clint Eastwood
Calificación: 4 de 5 (Muy Buena).