Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

Mostrando entradas con la etiqueta Rock Clásico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rock Clásico. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de noviembre de 2012

Robert Plant. Auditorio Nacional. México. 2012.


Robert Plant. Auditorio Nacional. México. 2012.

12/Nov./2012

Es innegable que después de la trágica muerte de John Bonham y la inevitable separación de Led Zeppelin, sus integrantes se auto-exploraran tanto personal como musicalmente. En el caso de Jimmy Page, su búsqueda se centró en un sonido ambientado y originado ya no tanto del blues tradicional, sino del ecléctico sonido que había construido junto a sus ex-colegas y cuyo resultado no fue el que se esperaba (quizá lo mejor haya sido aquel álbum junto a David Coverdale en 1993). Con John Paul Jones, por otra parte, su experimentación fue mucho más profunda y variada. Sus atributos musicales pasaron tanto por las nuevas generaciones del rock (Them Crooked Vultures) como por el progresivo (Zooma 1999,  The Thunderthief 2000) y otras tantas colaboraciones.

El caso de Plant no fue tan distinto al de sus compañeros. Su camino resultó de igual manera minado en cierta forma por la sombra de su ex-banda. Y al ir desarrollando su carrera como solista, otras inclinaciones al rock que ayudó a generar años atrás se fueron dando apertura. Es así como los nutrientes de su voz (como músico y no tanto como cantante) fueron bordeando la frontera de estilos como el Country, el Folk, el Rock N  Roll (más puro y norteamericano), e inclusive el Hard Rock contemporáneo de manera etérea. Aunado a esto, su vena espiritual con claros dejos del medio oriente que ya denotaba en su etapa Zeppelin, y que explotará de lleno con el encantador “No Quarter” de 1994 junto a Page, armaron por completo un particular sello que enmascara ya su presencia en el escenario.

Prueba de ello es la mística experiencia que brindara a todos los espectadores que se dieron cita a su tan esperada presentación en el Auditorio Nacional. Una reunión pseudo-catártica que sin aquejarse de la oportunidad perdida debido a las causales de la vida misma y el tiempo, escondía el grito de Zeppelin en los rostros que se cruzaban en la parte exterior del foro. La nostalgia, multiplicada por la exposición de su concierto de reunión en el 2007, “Celebration Day”, semanas atrás en los cines, redondeaba las causas de los que estábamos ahí.

La noche, entre templada y fría, era el ambiente perfecto para dejarse abrazar por el calor de uno de los mejores cantantes en la historia del género. Las luces de sala entonces comenzaron a desvanecerse al tiempo que los gritos ensordecedores de refugio ahogaron por fin la espera. El escenario, iluminado en su totalidad, dejo entrever la salida de su banda: los “Sensational Space Shifters”, para segundos después dejar asomar la silueta que todos anhelábamos tanto de los viejos como de los más presentes tiempos. Robert Plant estaba frente a nosotros, con su cabellera larga y su más que reconocible rostro (muy a pesar de las inclemencias del tiempo) dispuesto a entregarse… La gente y la leyenda se encontraron de píe en un momento en el que las divisiones no existieron y los pretéritos fueron borrados. Era Robert Plant, y estábamos dispuestos a escucharlo como él quisiera hacerse entender.

“Tin Pan Valley” calmó la catarsis para dar paso al placer. Con uno de los temas más gustados de su “Mighty Rearranger” (2005), que hiciera en conjunto a los “Strange Sensations” (algunos sobre el escenario), y que sería en parte eje junto a algunos clásicos de Zeppelin durante toda la velada, nos daba la bienvenida. La energía escondida durante toda la primera parte de la canción creo una atmosfera contemplativa y tensa que se rompió cuando la fuerza hizo callar el hasta ahora elegante estilo del Auditorio. Era Rock N Roll lo que salía de esas cuerdas, esas teclas y esos tambores. Eran esas cuerdas vocales las que habíamos venido a visitar. Las que habíamos venido a escuchar a todo volumen, como sonaban ya.

“Another Tribe”, de la misma entrega discográfica, se abrió camino. Con un tono más apegado al folk y ya con dejos de lo que vendría a ser la vena oriental, mantuvo expectante a la gente. Mantuvo una tersa calma, preámbulo ideal para escuchar el primer clásico de la noche. “Friends”, a la usanza de los arreglos del Unledded, nos hizo saber de una vez por todas –o más bien confirmar– porque estábamos ahí. Los ecos de Zeppelin que se enconaban silentes minutos atrás por fin tenían resguardo.

Un Blues se fue dando forma entre guitarras llenas de efectos, ambientaciones por parte del teclado y  la extraordinaria participación de Juldeh Camara con sus instrumentos africanos. La reminiscencia estaba en los oídos de todos, pero no fue sino hasta el estribillo que todos cantaron “Spoonful”, clásico elemental del género que han cantado desde Etta James hasta Cream. “Somebody Knocking” le siguió, pacificando el ritmo y las emociones en un mar de arena.

No había que esperar más, del violín del interprete africano salía un bello e interesante arreglo de “Black Dog”, Robert Plant en la cima y la gente rendida en un frenesí de memorias. De la energía prescindida del cuerpo vino la pausa, el tiempo detenido y la total belleza de una melodía como “All The King Horses.” Claramente el momento más delicado de la velada dejaba a la gente ausente, sumergida en las notas que aún perneaban en el marquesina del foro... Entonces el silencio que iba dejando esa estela de calma se irrumpio con “Bron Y Aur Stomp” en una versión más austera en cuanto a florituras pero con la misma potencia. Zeppelin había regresado, sí, como también lo hacía el “Mighty Rearrenger” con su última participación. “The Enchanter” dejó al público admirando de nueva cuenta el excelente manejo atmosférico y rítmico. La calma ahora estaba de nuevo inundada de sobriedad oriental.

Entre los aplausos, las guitarras comenzaron a dejar entrever una nueva participación de Zeppelin que no se oficializó hasta que los demás músicos hicieron su parte. “Four Sticks”, también con arreglos más apegados al “No Quarter”, resonó con un fuerte vigor y alta resistencia gracias a un intermedio de improvisaciones. “Ramble On” extendió la nostalgia con un símil a la versión de “Bron Y Aur Stomp” exhibida previamente; austera pero sumamente intensa. La despedida entonces se veía llegar, un Robert Plant entregado, feliz y alegre de hacer y re-hacer música se encontraba cansado; era el inevitable paso del tiempo.

“Fixin' To Die”, una versión del Blues original de Bukka White que Plant hiciera en el 2002 para su álbum “Dreamland” precedió a una nueva introducción dubitativa que terminó cuando el ejecutante africano hizo desde su instrumento el riff principal de “Whole Lotta Love”. El éxtasis por parte de las gradas y todo el auditorio no se dejo esperar; el legendario coro resonó en los oídos de todos los presentes, incluyendo a los músicos y el propio Plant que se despidió al termino de esta mágica ejecución.

Las luces de sala, como era de esperarse, no se encendieron y en pocos minutos el retorno de la banda y Plant era una realidad. Dos temas fueron los que cerraron por completo la nocturna mística. “Going To Caliornia” con su sutileza y elegancia hipnotizó al público para brindarle un quebranto más de ritmo al estilo de “Rock N Roll”. El clásico sedujo y rindió el tributo más grande de la noche. Aunque no en su versión original, como nada en este exorbitante concierto, las evocaciones llegaron a su clímax; y como una vela que aún ilumina hasta su último momento, todo llego a su final. Plant se despidió, hizo caravana junto a su banda y la oscuridad, misma que antes desahogó lo gritos de ansía al comienzo, ahora daba el silencio total a la música.

La salida fue pausada, pensante en todo lo vivido, como no queriendo despojarse de los momentos y de los detalles. Al exterior del foro nadie se veía a los ojos y nadie contaba con los ecos con los que ingresó a esa sala que nos despojó de toda fuerza… Con la cabeza en alto, orgullosos dejábamos morir poco a poco la experiencia y así comenzar la vanidad de la presencia. 

Robert Plant no sólo dio un concierto de duración media e ímpetu exacerbado. De arranque y furia, sino que dio cátedra de la evolución del rock, de su rock, que aunque parte de esa génesis negra, también lo hace participe de otras latitudes. El rock es mundial, arrinconado en todo sitio y en todo tiempo... O al menos ese fue el grito en todo su esplendor que el otrora voz de Led Zeppelin dio con la garantía, histórica ya, de que nunca enmudecerá.

Emotiva, eficaz, concisa y justa fue la velada que todos nos llevamos en el bolsillo y la cerilla. Pocas veces pasa, pocas veces de esta manera tan pura se puede salir de un verdadero, verdadero concierto de Rock N Roll.

SETLIST: Tin Pan Valley. Another Tribe. Friends. Spoonful. Somebody Knocking. Black Dog. All The Kings Horses. Bron-Y-Aur Stomp. The Enchanter. Four Sticks. Ramble On. Fixin' To Die. Whole Lotta Love. ENCORE: Going To California. Rock N Roll.

sábado, 14 de enero de 2012

Emerson Lake And Palmer - 40th Anniversary Reunion Concert

REDONDO.

Emerson Lake And Palmer - 40th Anniversary Reunion Concert (2011)

Debo ser sincero; siempre que me acerco a uno de esos reencuentros de bandas clásicas que son reclutadas para ciertas festividades musicales –y no– mi sentido del escepticismo claramente me pone en alerta. Sobre todo cuando se trata de algunas de mi predilección.

El caso, en esta ocasión, no fue distinto. Emerson Lake And Palmer es una de esas agrupaciones que durante años me mantuvieron esperanzado y fiel a los limites que puede realmente imponer el rock. Un poderoso trío cuyas voces musicales se hallaban siempre equilibradas al punto que en severas ocasiones se dieron el lujo, no simplemente de rozar, sino de abrazar la música sinfónica inculpándole su estilo, su género y su ecléctico acento. Una banda enérgica que impulsaba siempre hacía adelante la particular fuerza de sus canciones, sobre todo con el escenario frente a sus seguidores. Es por ello, que al tener en manos la grabación de éste su primer concierto en 12 años; bajo el pretexto de su 40 aniversario y la primera edición del High Voltage Festival, las dudas ensombrecían el panorama. No por negarme a su calidad como ejecutantes, sino debido a la mercadotecnia en esta era tan anodina en los mass media, y teniendo de fondo al tan grave mercado de la nostalgia que nunca oculta sus garras de interés por el dinero, haciendo a un lado los criterios de calidad.

No obstante, el resultado fue una muy agradable sorpresa. El documento videográfico –que se encuentra obviamente en los formatos de moda– es una muestra fiel de la aptitud y la disposición de sus integrantes. Los años han pasado, sí, pero la energía y el espectáculo aún se muestran con sumo cuidado y eficacia. El montaje de las canciones está realizado con tacto y la producción (tanto de imagen como de audio) es eficaz. La lista de canciones es tal vez breve pero no así la elegancia de su ejecución. Tenemos, pues, a un Greg Lake, a un Carl Palmer y a un Keith Emerson en un excelente estado anímico y musical –asunto aparte el físico y corporal (breve guiño de humor)– en una total entrega a sus seguidores con los impedimentos lógicos del paso de los años, claro, pero que por ganas no queda (para muestra los últimos minutos del concierto, que son de una energía inusitada y por más emotiva).

Con interpretaciones de algunos de sus más grandes éxitos, entre los que destacan: “Karn Evil 9: 1st Impression (Part 2)”, “Tarkus”, “Fanfarre For The Common Man”, “Pictures At An Exhibition”, los minutos se alargan con inquietantes interpretaciones escaladas con otras remembranzas del pasado como: “Lucky Man” o “Knife Edge”. Esto sin nombrar las siempre claras improvisaciones por parte de sus integrantes.

Con éste, su concierto de 40 aniversario; ya disponible desde hace meses en el mercado, Emerson Lake And Palmer no sólo reanima el latir de sus himnos, sino que demuestra que su sangre aún se encuentra presente en los altares del rock progresivo. Es un concierto que todos los amantes del género, así como del rock en general, no deberían perderse. He aquí, pues, la grata muestra de uno de los grandes pilares de la música popular. Imperdible.

40th Anniversary Reunion Concert de Emerson Lake And Palmer.

Calificación: 4.5 de 5 (Excelente).

viernes, 2 de diciembre de 2011

Peter Gabriel & The New Blood Orchestra. Palacio De Los Deportes. México. 2011.

Peter Gabriel & The New Blood Orchestra. Palacio De Los Deportes. México. 2011.

23/Nov./2011

Ataviado con los años; abrazado de las experiencias y los cansancios que estos dejan a través de los caminos y las rutas que uno va forjando, Peter Gabriel apareció de la manera más sutil y humilde a un escenario que prontamente lo arroparía como las tradiciones lo marcan –y tatúan– ante los artistas que cuentan con una trayectoria tan basta, original y diversa como la suya. Al fin y al cabo, después de introducir brevemente a “Jessica Hoop” y “Rosie Doonan”, las cuales fungirían como sus coristas posterior a interpretar una canción cada una, la más que emotiva velada era tan sólo un enigma revelado brevemente a voces, reseñas y videos de celular en un mundo que, como bien circundaría el mensaje del concierto, ahora tiene la posibilidad de mostrar para observar, ser observado y revelar (denunciar). No obstante, lejos de ese conocimiento previo que pudieron consumir algunos de los asistentes, se puede asegurar que nadie en esa sala estaba realmente preparado para la gama de inquietantes emociones que tenía reservado un show pulcramente diseñado y llevado a cabo ante la cada vez más atónita mirada de los 8,000 espectadores que se dieron cita.

Ante el silencio dejado por las bellas melodías Folk de las coristas, los “Heroes” de Bowie; pieza fundamental del disco que comenzó esta alegórica y minimalista puesta en escena de las remembranzas musicales, originó el primer ataque a cercar los limites del onírico vértigo en el que nos iríamos sumergiendo entre narraciones previas a las experiencias audiovisuales. Las historias, pues, se fueron sucediendo. Un primer trayecto que encrespó los sentidos del auditorio: torturas con el siempre inerte nostálgico sazón de la libertad; “Wallflower”, temores universales ante la inevitable naturaleza del hombre y la propia naturaleza en si; “Après Moi” (cover de Regina Spektor) y los importunos comunes de una vida social o sensitiva “Intruder”… Fue, pues, que al termino de esta pesadillesca y oscura primera impresión en nuestras mentes y cuerpos, el otrora líder de “Genesis” deleitó a la noche con un viaje tribal y astral: “San Jacinto”, y ante los ojos enormes ojos de un Coyote que asomaba por encima de la orquesta, los presentes sintieron el placer de viajar por un desierto mental ante las pruebas de una tradición milenaria como lo son los de la cultura Indioamericana. Terminado, pues, el éxodo, los tambores resonaron ante las pantallas que por vez primera combinaban colores claros para apaciguar el nervio y dejar a la comodidad asentarse mediante la reflexión y cuestionamiento de dónde hemos escondido al amor; “Secret World”.

Con un breve descanso y giro de ritmo, Peter Gabriel compartió entonces el lazo que lo une y unirá perennemente a su padre. “Father, Son” comenzó y concluyó con imágenes de la convivencia de ambos –pietaje del video oficial de la misma canción–, momento que remangó los corazones y respiros de más de uno, preparando el escenario para asumir el encargó que desde hace años, el también compositor de varias bandas sonoras, ha tomado con ambas manos: evidenciar la injusticia; “Signal To Noise”. Dado el discurso central de su estilo de vida, la libertad se presentó claramente en un bello cielo infinito que iluminó tanto las paredes del recinto como los rostros de los asistentes; “Downside Up”, al igual que el exhorto; “Digging In The Dirt” para dar paso al anecdotario, primero con cierto tenor a la poesía dotada de angustia y fuerza en un bello tributo a la poetisa estadounidense “Ann Sexton” con “Mercy Street”, y luego inspirarnos en la visión de “Carl Jung” sobre una danza nativa de Sudán; ”Rythm Of The Heat”.

Para emprender, entonces, el último tercio del concierto, la naturaleza nos advirtió de su deterioró; “Red Rain”, los recuerdos y sueños de la infancia del interpreté se mezclaron; “Solsbury Hill” y se recordó nuevamente la injusticia –ahora en Sudáfrica– por parte de uno de lo más emblemáticos activistas anti-apartheid asesinados a finales de los 70, “Biko”. El final estaba cerca, la presentación de la orquesta lo anunciaba a la vez que levantaba los aplausos y silbidos. Era cierto, la velada comenzaba a despedirse. Las luces lentamente extinguieron su brillo dejándonos ante la oscuridad por minutos; minutos de penumbra que se vencieron ante los colores más vivaces que se dieron paso al inició de los temas del único encore: Amor, “In Your Eyes”, Esperanza, “Don't Give Up” y el Hogar “The Nest That Sailed The Sky” para culminar el sueño, para ir a cama a dormir –como bien nos despidió el artista– y terminar la noche abrazados de las más emotivas visiones...

Fue lo suficientemente claro, después de aproximadamente dos horas de concierto, que la vieja escuela es la que mejor utiliza los avances tecnológicos para redondear sus conceptos, mezclar sus ideas y elementos de mundo. Igualmente que Peter Gabriel no cede un paso a los tiempos y evoluciona sin caer en los clichés de industria… Fue así, entonces, que después de habitar pesadillas y fantasías, el horizonte onírico se desnudo nocturnamente a la salida de la estancia de un hermoso y, sobre todo, gran concierto de experiencias atemporales. Algunos lo vivimos, sí, y puedo decir, por ellos, que la música que ingresó a nuestro brío y aliento, veloz y poderosamente nos drenó, llenándonos castamente de Sangre Nueva. Y en realidad, sin más, así fue.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Wynton Marsalis & Eric Clapton - Plays The Blues

REDONDO.

Wynton Marsalis & Eric Clapton - Play The Blues

Primeramente fue “Willie Nelson” con el exquisito “Two Men With The Blues” (2008), posteriormente una cita más con el icono hippie –en esta ocasión compartiendo escenario con Norah Jones– para abrir el año con un más que decoroso tributo a Ray Charles: “Here We Go Again” (2011), y cerrar este 2011 con un degustable “Play The Blues” con el siempre invitado standard “de honor”: “Eric Clapton”.

A nadie, en realidad, le tomó por demasiada sorpresa el hecho de que estos dos mediáticos músicos se juntarán en el escenario del Lincoln Center en Nueva York para una velada de blues fabricada a la antigüita; ambos son ampliamente admiradores de la música de antaño y en más de una ocasión lo han citado con sumo orgullo y abiertamente. Pero, en realidad, si lo pensamos bien ¿qué otra cosa podríamos esperar de un dúo así? La calidad queda relegada ante el brilloso escaparate de los dos apellidos: Marsalis-Clapton, como para que la audiencia de ambas ya “vacas sagradas” se dejé seducir por una jerarquía ya vapuleada por la fama, y la exigencia –aquella que siempre hace levantar o deja caer a un artista– no se presente en todo su esplendor. Pero repito, la verdad, a nadie le toma por sorpresa.

Es así, entonces, con un marcado –marcadísimo (casi cliché)– estilo New Orleans, que estas dos vivientes leyendas de sus respectivos géneros nos presentan 10 tracks en directo: 9 clásicos del blues (algunos de aquellos ya viejos años y territorios); y una más, sí, una versión más de la interminable ya re-revisitación del clásico de “Derek & The Dominos”: “Layla” (¿que será que el dolor de un amor doloso nunca se cansa de retornar?) para tratar de saciar nuestro oídos. Ahora bien, si somos por completo honestos, el resultado dista de ser de alcurnia y todo se conjuga en una masa un poco uniforme y monótona. Y es que ambos músicos, claramente, no salen de su espacio de confort y bien lo que te imaginas al tratar por primera vez de enfrentar a estos dos caballeros en la mente, es lo que termina llanamente por ser. No hay sorpresas, aspavientos o suspiros de una siempre bienvenida extrañeza. El desconcierto de calidad, puesto que ambos la tienen de sobra, no termina por aparecer. Repito, se quedan apacibles en su ritmo y tiempo, no se alejan del colchón favorecedor y las cosas no van más allá de lo ya acostumbrado; dicho de otra manera, la sinergia no termina por nacer. Ni siquiera cuando “Taj Mahal” se les une para cerrar en los dos últimos tracks.

“Play The Blues”, pues, es un disco de calidad, de alta calidad, claro, pero esto es únicamente por la casta de cada uno de los implicados y no más. Asimismo, no podemos negarnos al hecho de que es un una producción de elite, de que la selección (hecha por el mismo Clapton con excepción de su clásico, solicitado por el bajista de Marsalis, Carlos Henriquez) es disfrutable. De que el estilo elegido es bien ejecutado y particularmente bien trabajado para el sazón del buen añejamiento; a algunos incluso (los menos adeptos al blues de los 40s y 50s) les parecerá hasta curioso, pero que en realidad no deja de estar ante la sombra de un posible mayor acoplamiento; eso quizá debido a los pocos días de ensayo que el mismo Marsalis indica en las notas del disco: 12 arreglos en apenas 3 días.

Wynton Marsalis concluye así, al parecer, una más de sus colaboraciones con rockeros de antaño. No podemos sentirnos culpables, ni mucho menos… El estilo está ahí; se encuentra fácilmente. No obstante, no está tampoco de sobra indicar que de entre todos es el más flojo hasta el momento. Las preguntas aquí, entonces, se tornan obvias: ¿Quién, si es que habrá, será el siguiente; o si bien será que este pequeño tropiezo se ha de tornar un gran paso a favor en la siguiente ocasión? Yo no lo sé, ya tendremos oportunidad de experimentarlo. Yo al menos lo esperaré con ansía.

TRACK: La selección es especialmente alentadora, y el estilo, como ya he mencionado, un poco monótono. No obstante, me quedo con “Forty Four” en un arreglo no muy alejado a lo convenido contemporáneamente, así como con “Joe Turner's Blues” en una versión un tanto coral que disfrute con animo.

Play The Blues de Wynton Marsalis & Eric Clapton

Calificación: 3 de 5 (Bueno a Secas).

viernes, 2 de septiembre de 2011

Rock

Rock

A. Güiris V.

El segundo ron se me agotó a la mitad de “Sun/Moon” de “Eric Burdon & War”; la música no era mala así que decidí aguantar un poco más. Como la barra se encontraba un tanto concurrida traté de sorber un poco las gotas del limón restante en mi vaso con un resultado nada favorable; la media noche había sido rebasada hacía un lustro de hora y la sesgada vela que iluminaba mi mesa estaba por terminarse. La banda, tan aparatosamente presentada en el pórtico principal mediante la luz de un farol antiguo, apenas comenzaba a subir su equipo al pequeño escenario que se había improvisado. Se notaba.

No llevaba más de un mes en aquella ciudad aún desconocida para mi; perdida entre las imágenes colectivas de charlas con amigos que ya antes la habían visitado –digamos que aún mis caminatas eran más exploratorias (perdidas) que lúdicas y paisajistas– como para empezar a buscar refugios en ciertos bares que me iba encontrando en los primeros pasajes conocidos. El “Azulado”, pues, fue uno de esos primeros sitios a los que fui con conciencia de caso y autoridad ante el pesar, no como una simple y llana parada más de descanso para beber una cerveza fría y comer un par de bocadillos sin sazón, alguno de ustedes lo entenderá.

La banda, que ostentaba el pomposo nombre de “Los Ideales”, empezó a probar sus instrumentos cerca de la una. Su “presentación” no comenzaría sino hasta media hora más tarde con una improvisación enmarcada al puro estilo de “Alvin Lee”… Ordené el quinto ron al primer mesero que crucé con la mirada cuando el bajista comenzaba una sardónica sesión de jam a la “Sabbath” que terminó por ser la bienvenida a una versión muy “Beach Boys” de “Summertime” de Gershwin.” Sonreí, sí, sonreí acaloradamente cuando el clímax arribaba a la melodía así como la bebida rozaba por primera vez la vieja madera de mi mesa. El tiempo, súbita y deliberadamente comenzó a hacerse más lento: primero un “Clapton”, de su época en conjuntos después de “Cream”. Si mal no recuerdo fue “Can't Find My Way Home” de “Blind Faith”, después un “Roy Buchanan” para seguir con “Brewer & Shipley”. La angustia de la melancólica vena de melómano que me había nacido a la temprana edad de 9 años me comenzó a temblar. Ordené una orden de papas fritas y un sexto ron, lo bebí rápidamente después de una decorosa y bella versión de “Too Many Mornings” de “Dylan”. Surgió entonces la obligada pausa y me acerqué al sanitario para hacer caso y uso, para poder refugiarme del acento nostálgico y refrescarme las heridas internas y así sofocar la excitación.

La vi por primera vez al pasar por la barra y ordenar un vaso con agua y gas. La vi de cerca y detenidamente, como si alguien hubiera interrumpido la cosecha y las semillas pudieran escaparse lentamente fuera de los surcos. Era de piel clara –o quizá era la luz verdosa (cual Hitchcock en “Vertigo”) la que hacía verla así– y cabello oscuro. Sus labios se coloreaban de carmín y su sonrisa era tan honesta y original como “Lady Of The Island” de “Crosby, Stills & Nash”, la cual se oía por todo el lugar. Pasé a su lado y traté de hacerme notar: le sonreí, pero ella comenzó a besar acaloradamente al hombre que se encontraba a su lado. Arribé a mi mesa, entonces, y el séptimo y octavo ron surgieron y se extinguieron tan fastuosamente como la segunda tanda se daba a notar por medio de un estruendoso medley de “Cactus”.

Supe después que aquella no era una mujer normal (natural tal vez, pero no normal). No era uno de esos trofeos ganados a pulso y maña sino uno de esos lujos que cualquiera se puede dar a base de ceros y comas. Me dediqué entonces a estudiar la sonrisa y mirada falsa que se contenía, casi a punto de la implosión, del hombre que la había contratado. Pensé en “Layla”, pero como ustedes ya saben, el tiempo de “Clapton” había sido agotado ya en la primera hora y media del concierto. La segunda ronda fue poderosa y en ascenso: “Jeff Beck”, “Humble Pie”, “Grandunk Railroad” “Bad Company” y “Badfinger” para tranquilizar el equilibrio. Fue curioso percatarme como mi atención se había centrado en el odio de mi soledad, a la vez que mi mirada se enfocaba en las lagrimas del hombre-cliente que abrazaba a aquella bella, atractiva y hermosa mujer de paga cuando llegaba el clímax de “Without You”… El onceavo ron cayó como seda en la razón perdida de mis sentidos.

Los encores no se exigieron del todo, era ya tarde (alrededor de las tres y media). No obstante, la banda salió nuevamente para interpretar un par de canciones de Stevie Ray (no muy bien ejecutadas) y el éxito de Elton John que renaciera con aquella buena cinta de “Cameron Crowe” para cerrar la velada. Permanecí alrededor de media hora más en el bar: mi morbo se movía arduamente dentro de mis venas y quería, sin saber a bien las razones, la dirección que tomaría aquella pareja de una sola noche. Pedí mi cuenta con cautela y esperé a terminarme mi treceava copa mientras ellos pagaban su deudas. Los dejé salir antes para darles un par de metros de ventaja y los seguí unas cuantas cuadras hasta llegar a la avenida. Fue allí que se internaron tan sólo unos cuantos pasos en un viejo edificio de pobre luz en la entrada principal. Desde la esquina observé yo el beso de invitación, el beso de una bella y acabada noche. Ella lo abrazó entonces y se alejó unos cuantos metros para pedir un taxi. Cuando se subió a éste, él se despidió con una hermosa sonrisa. Se encontraba dándome la espalda pero algo me decía, estoy seguro, que se encontraba sonriendo como nunca en su vida. Yo lo hacía; tampoco sé el porque. Puedo decir al menos en mi alegato de demencia que tenía en la cabeza aquella melodía de Mick Jagger, “Don't Call Me Up”, a todo volumen. Me alejé trotando del lugar, estaba perdido, en medio de un terreno desconocido; en la madrugada (eran casi las 6 de la mañana) y sin buscar sentido o rumbo alguno. Nunca he sabido a bien las inferencias, ni las quiero o necesito, pero dejen que un antiguo caballero haga el intento por desahogar sus misterios más profundo; y es que siempre lo he pensado así: Aquella fue la vez, la primera vez, que encontré mi camino en aquel laberíntico destino, hoy ya pasado.

viernes, 10 de junio de 2011

10 Bandas clásicas (no muy populares) de Rock Clásico para enaltecer el género.

10 Bandas clásicas

(no muy populares)

de Rock Clásico para enaltecer el género.

El siguiente es un recuento muy básico sobre 10 bandas que a mi parecer, son un excelente ejemplo de Rock y toda la diversidad que ha caracterizado al género a través de su historia. Se tratan pues de 10 agrupaciones cuyo génesis fue anterior a 1974 y que dan fe a lo que se ha estado haciendo durante todos estos años; influencias claras de algunas bandas actuales. Ésta lista trata de reconocer a 10 bandas que por azares del destino no han sido del todo tan populares en el ámbito masivo. No dudamos que muchos lectores las conozcan, claro, pero como se ha dicho al inicio, es una enumeración personal que espero sea tan disfrutable como las bandas en si.

Sin ningún orden en especial, comenzamos este emplazamiento de años y mucho, pero mucho, Rock.

1.- Cactus.

Banda originaria de Estados Unidos, resulta formarse después de un accidente que dejaría por un tiempo fuera de la escena al guitarrista inglés “Jeff Beck”. Concebida inicialmente por él, “Carmine Appice” y “Tim Bogert” (colaboradores cercanos), ésta banda es la vil esencia del rock duro. De una energía imparable, sus canciones no dan tregua a la audiencia y la sumergen en una atmosfera acida de nostalgia.

Canciones a escuchar: “You Can't Judge A Book By The Cover” & “One Way...Or Another”

* En el 2006 se volvieron a reunir. Sacaron al mercado un disco con nuevo material llamado “Cactus V”.

2.- Roy Buchanan.

Uno de los mejores guitarristas de la historia es sin duda “Roy Buchanan”. Un músico que hiciera su carrera en base al sonido “Telecaster”, siendo uno de los pioneros de éste. Admirado entre otros por “David Gilmour” (él cual admite haber utilizado ciertos elementos de “Buchanan” para crear su estilo), se destacó en varios géneros que rozaban los estilos del Rock N Roll, el Blues y el Country. No obstante, su mayor aportación fue tal vez el sonido ambiental que lo caracterizó al final de su carrera.

Canciones a escuchar: “Fly… Nightbird” & “Sweet Dreams”

3.- Humble Pie.

De corte enérgico, “Humble Pie” fue una banda inglesa de heavy rock, destacó por su fuerte carácter y el control por establecerse en un sonido bluesero que reventaba en poder y fuerza. Su sonido, aunque duro, se originaba con alto grado de calidad y jugaba bien con las coros y las vocales de los demás miembros de la banda. Su sonido era bien producido y no era tan crudo como el de otras bandas que comenzaban con el sonido “hard” de esos años.

Canciones a escuchar: “Stone Cold Fever” & “30 Days In The Hole”

4.- Love.

Con un estilo mucho más cercano al folk, “Love” se caracterizo tanto en sus letras como en su sonido (que rozaba de manera muy cercana la psicodelía), para avanzar en la carrera del Rock. Estadounidenses de origen, y sumados a la sección más prolíficamente activa de la generación de los 60s, esta agrupación fue creciendo en cuanto a nivel en cada álbum hasta llegar a sumar un sonido complejo y característicamente ecléctico. Es en esta banda que uno de los primeros afroamericanos se dieron fama en el género. Son pues una mezcla muy bien balanceada de los estilos de aquella época.

Canciones a escuchar: “Stpehanie Knows Who” & “Signed D.C.”

5.- Ten Years After.

Ingleses de nacimiento, ésta es una de las mejores bandas de finales de los 60s y el primer lustro de los 70s. Sumados claramente al género del Blues, aprovecharon su virtuosismo y sensibilidad para aportar a su estilo toques de Jazz y cambios de ritmo por toda la estructura de sus canciones. Su sonido era pulcro, limpio y de mucha agilidad. “Alvin Lee”, su líder, es considerado uno de los mejores ejecutantes de la historia. De un increíble talento, el conjunto se transformaba más en una banda de “jams” en sus presentaciones en vivo. Es quizá unas de las mejores bandas de la historia.

Canciones a escuchar: “Bad Scene” & “Me And My Baby”

*La carrera de “Alvin Lee” como solista suele confundirse con una continuación de “Ten Years After”. Aunque su material sea de alta calidad, no se trata del mismo conjunto.

6.- The Paul Butterfield Blues Band.

Desde Norteamérica, esta banda fue fundada alrededor del legendario “Paul Butterfield”; interprete de Blues y ejecutante de la harmónica que siguió los pasos más pulcros y clásicos del género con una carrera por demás prolífica y problemática a causa de las drogas. Concibió su paso por la historia con ésta su primera y más reconocida banda, con ella participó en el legendario concierto de “Woodstock” y tuvo sus mejores éxitos. De un sonido de blues aletargado, sentimental y dotado de fineza, éste proyecto es el ideal para quien busca de oír el nexo casi invisible que existe entre el Rock y su padre original, el Blues.

Canciones a escuchar: “I Got A Mind To Give Up Living” & “Driftin' & Drifting”

7.- Dr. John.

Heredero del primer rey del rock, el piano, Dr. John (nombre artístico de Malcolm John Rebbenack Jr.) ha sido un inagotable músico que mezcló en su estilo géneros tan dispares como el Jazz, el Rock N Roll, el Boogie, el Pop y el Folk para crear bajo su aguardentosa voz, un talante característico que aún se mantiene hoy en día bajo el sello de una extensa calidad. Influencia de muchos grupos clásicos, contemporáneos a él y algunos más actuales, su carrera se ha manifestado siempre bajo altos niveles. Es un clásico ejemplo de perseverancia y su música siempre es una caja de sorpresa. Nunca se sabe que viene después.

Canciones a escuchar: “Accentuate The Positive” & “Jump sturdy”

8.- The Band.

Una de las bandas más aclamadas en la época dorada del rock fue sin duda “The Band”. Una agrupación que sirvió gran parte de su carrera como apoyo a gente de la talla de “Bob Dylan” y “Ronnie Hawkins”, así como de manera independiente. Amiga de grandes leyendas como “Eric Clapton”, “Neil Young”, “Ron Wood” –y originaria de Canadá– su música es una mezcla del folclor sureño de los Estados Unidos junto a un peculiar y alegre sonido tomado del Blues y el Rock más puro que predominaba en los 60s y 70s.

Canciones a escuchar: “Up On Cripple Creek” & “Ophelia”

*Aunque la banda continúo después de su despedida (retomó su carrera pocos años después de su separación oficial), ésta no fue con la alienación original. “Robbie Robertson”, su líder en la mejor etapa de la agrupación, acaba de sacar un disco nuevo este año.

9.- Jeff Beck Group.

Después de su paso por la legendaria banda “The Yardbirds”, “Jeff Beck”, uno de los más apremiados guitarristas en la historia del Rock, fundó su primer proyecto solista juntó a “Rod Stewart” y “Ron Wood”. Dicha agrupación fue fundada bajo los argumentos imperantes del Rock inglés de finales de los 60s, el blues power. Con un estilo definido bajo la potencia de sus integrantes, la primera alineación (que tuvo sus cambios bajo la siempre sombra del ego) termino por sucumbir y crear una segunda versión de la banda, la cual se acercó más al jazz fusion. En sus años, esta banda fue considerada por muchos críticos como mejor que “Led Zeppelin”.

Canciones a escuchar: “I Ain't Superstitious” & “Definitely Maybe”

*No confundir con la carrera en solitario de Jeff Beck. La agrupación de éste apartado sólo contó con 4 álbumes.

10.- Wishbone Ash.

Ingleses de nacimiento, Wishbone Ash fue de las bandas pioneras en utilizar dos guitarras lideres para la creación de sus riffs. Dicho sello los hizo ser una de las bandas más electrizantes de sus tiempos. Sus canciones eran de una energía total y la estructura de éstas eran por demás inteligentes. Su atmosfera se refinaría a partir de su segundo disco, influenciando incluso los inicios del Rock Progresivo. Su melodías eran largas y espaciosas. Eran un viaje energizante que no dejaba espacio para la pausa o el silencio.

Canciones que escuchar: “Queen Of Torture” & “The King Will Come”

*Alrededor de los años las alineaciones han cambiado. Su última producción discográfica fue en 2007. Se espera un DVD para este año.

Pues bien, he aquí una lista particular y sincera que ofrezco para los amantes del rock en general –sobre todo del clásico– para que puedan conocer, recordar o simplemente utilizar de pretexto para comenzar a buscar o rebuscar. Para los que no conozcan a algunas de estas bandas, no está de más que se involucren con algunas de estas canciones. Puedo asegurarles que no se arrepentirán.

viernes, 25 de febrero de 2011

Jeff Beck - Rock 'N' Roll Party: Honoring Les Paul

REDONDO.

Jeff Beck - Rock 'N' Roll Party: Honoring Les Paul (2011)

Algunos nuevos rockeros, supuestos agitadores, guitarristas de ensueño (o ilusión), amantes –pues– del riff; o bien simples pubertos creyentes de una rebeldía rítmica venida a menos, reconocerán el nombre de “Les Paul” como uno de los modelos de guitarra más afamados y bellos en los circuitos comerciales pero pocos de ellos –y me refiero casi exclusivamente a las nuevas generaciones– sabrán que antes de la guitarra (el modelo) existió el guitarrista. Y que dicho músico puso en la mente y los oídos de muchos de los ídolos de sus ídolos actuales, el sonido y la potencia, sobre todo la fineza y la elegancia, de lo hoy ya baratamente catalogado masivamente como rock. Pero hablemos de lo bueno, la primera división de este género por decir algo. “Les Paul”, por supuesto, es una de las más grandes influencias en la guitarra de este estilo. No sólo fue un ejecutante sino un innovador que abarco géneros tan diversos como el Doo Wop o el Jazz. Fue un técnico que impulso las grabaciones multi-pistas y el feedback, así como de igual manera sus diseños (pues también se encargaba de eso: guitarrista de tiempo completo) ayudaron a la creación de las guitarras de cuerpo macizo. Sobre todo, como ya se imaginarán, su mayor aporte en está rama fue el desarrollo del modelo que lleva su nombre. Para sumarle a su currículo, sólo por si hiciera falta; entre los nombres que le agradecen sus influyentes aportes están los "Rolling Stones", "ZZ Top", "Eric Clapton", "Steve Miller", "Peter Frampton", "Sam Cooke", "Aerosmith", "Metallica", "Kenny Wayne Sheperd", "Derek Trucks", "Sting", "Joss Stone", "Bon Jovi" y un listado más… Como era de esperarse, con su muerte, en el 2009, se han lanzado al mercado diversas compilaciones y tributos entre los que resaltan “Les Paul & Friends”, donde algunos de los músicos antes mencionados hicieron duetos con el homenajeado.

No obstante, es hasta este año que uno de los guitarristas que más le han agradecido en vida por sus aportes, enseñanzas y amistad, le ofrecen una joya de verdadera inspiración. Jeff Beck: el otrora guitarrista de la legendaria y mítica banda “The Yardbirds”. Aquel que fuera de los iniciados en grabar las primeras canciones de un proyecto sin nombre que al final terminaría por ser “Led Zeppelin”, el que hiciera afamado a “Rod Stewart”, el inventor del Rock Instrumental y hoy por hoy reconocido como uno de los mejores y más revolucionarios guitarristas de la historia, se apega a su finado amigo y colega encargándose de grabar un disco que no deja nada a la imaginación. Un verdadero diamante de nostalgia, elegancia y calidad.

Después de un año 2010 que le fue bastante ajetreado con su maravilloso “Emotion & Commotion”, una gira y un disco en directo “Live And Exclusive From The Grammy Museum” (¡excelente!), así como de varios homenajes a su carrera y uno que otro premio; el señor al parecer no se sentía del todo complacido con su labor y se encargó de juntar a una serie de compañeros musicales de la talla de "Imelda May", "Trombone Shorty", "Darriel Higham", "Gary U.S. Bonds" y "Brian Setzer" para realizar un concierto de altísima calidad en el "Iridium Jazz Club" de Nueva York que en conjunto llenó la noche de swing, añoranza y juegos tonales que han de rozar entretenida y “peligrosamente” el Doo wop, el Soul, el Surf y el Jazz con el único fin de rendir un tributo al más que homenajeable “Les Paul”. El músico, no la guitarra.

El resultado, como ya leerán entre líneas en este texto, es y será uno de los mejores discos de año; me atrevo a decir. Un disco que rescata por completo la esencia de los orígenes primigenios de este género que ha evolucionado tanto como se ha caído, por parte de uno de los músicos que lo han llevado a sus más altos límites y niveles. Es quizá también la prueba de porque Jeff Beck está en la parte más calida y virtuosa de su segundo aire, pues lejos de tomar su rock y llevarlo a un punto cada vez más lejano y evolucionado, como ha hecho en los últimos años, nos demuestra que aún no se olvida del alma de la música de antaño; la música que hizo que todo esto ocurriese. El disco en si, lo digo sin temor a equivocarme, es una fiesta que nadie no podrá obligadamente disfrutar. La calidad de todos los músicos en escena es de primera categoría y creo, honestamente, que “Les Paul” al haberlo escuchado en el cielo de las leyendas musicales (no sólo del Rock) no pudo hacer más que sonreír, recostarse en su sitio y darse cuenta de una vez por todas que su paso por el mundo de los mortales no pudo haber sido el mejor. Su legado jamás terminará.

Este nuevo disco de Jeff Beck, pues, que además ha salido en DVD y Blue-Ray, es una verdadera maestría de música y de interpretación en directo. Una excelente ventana al pasado. Una maravillosa oportunidad de viajar en el tiempo y encontrarnos antes de que todo cubriese las mente del cliché. Un disco de grandes proporciones que cualquier amante del rock o la buena música, debería de tener.

TRACK: Sería una osadía decidirme por una sóla canción del disco. Este fluye tanto por emociones como por la calidad en que se sumerge. No obstante, en un ejercicio franco de selección personal, me quedare con “Cry Me A River” (Acompañada por Imelda May & Jason Robello) y “New Orleans” (Con Gary U.S. Bonds And Jason Rebello).

Rock 'N' Roll Party: Honoring Les Paul de Jeff Beck

Calificación: 5 de 5 (Coleccionable por donde se le vea).

jueves, 16 de diciembre de 2010

The Last Waltz

REDONDO.


The Last Waltz (The Band, 1978)

En “El Día de Acción de Gracias” (tradición pilar de la cultura estadounidense) de 1976, “The Band”, una de las bandas con mayor tradición en la cultura del rock de la década de los 60s y 70s, ofreció al público su recital de despedida en una especie de banquete/concierto. La velada comenzaría, pues, con una cena (como dicta la tradición), para proseguir con un baile de pareja y cerrar la noche con un concierto de rock que, sin precedentes en esa época, se convertiría en la leyenda que hoy es considerada una de las mejores interpretaciones en vivo de dicho género. Y es que “The Band”, esa banda que entre muchas otros tantos legendarios momentos acompañó a Dylan en su primera gira a Inglaterra, no se presentó a la cita sola en el Winterland Ballroom de San Francisco, sino que acompañada por algunos de los músicos y amigos con quienes había trabajado con antelación durante su carrera como el mismísimo Dylan, Neil Young, Eric Clapton, Ron Wood, Dr. John, Van Morrison, Joni Mitchell, Ronnie Hawks, Emmylou Harris, The Staples, Paul Butterfiled y demás, se alzaron victoriosos sobre un escenario que jamás volvió a tener el mismo valor después de aquella noche.
Para los que conocen bien la historia, sabrán que el concierto no sólo quedo enmarcado en un audio hoy reconocido por su valor histórico, sino que también se tuvo la afable posibilidad de documentarlo en una película bajo la mano de un joven Martin Scorsese en uno de los mejores filmes sobre el rock que se hayan realizado hasta la fecha. Ahora bien, hablando sobre el material discográfico, fue en 1978 (año en que se estrenó la cinta) que salió a la venta una primera versión, de tres Lps, que contenía básicamente lo que se encontraba en el documental. Cosa que cambió no hace muchos años, en el 2002, cuando en un boxset de 4 discos de colección salieron a la luz mucho más grabaciones de audio de esa noche que ha enmarcado ya un hito en la historia del rock.
Ya sea en película o disco en versión de 1978, o del 2001, The Last Waltz de The Band es un material que cualquiera que se haga nombrar como gustoso del rock, debe tener obligadamente en su colección. Y claro, si son todos, mejor aún.

The Last Waltz de The Band
Calificación: 5 de 5 (Imprescindible).