A Eva, en alguna ocasión, le germinaron unas incansables ganas de acariciarles de los hombros, pero hacerlo, nos dijo en otro momento de amansada cavilación, hubiera sido como quedarse en las comisuras con la sangre que le escurre al campeón de los pesos pesados después de la más cruenta pelea de box; no sabes en realidad de la de quien se trata. Así que, cual cinturón de campeonato recién curtido, se enamoró de ellos –primero de uno y luego del otro–engañando así, imaginariamente, a su novio, Marcos, profesor decano de la facultad de música y ejecutante de tuba en la orquesta sinfónica, que se refería a ellos con su vieja, conocida y repetida –hasta el cansancio– fabula del violín viejo: “Si un violín acaso tiene más polvo que música, estimados compañeros, los extremos de sus razones siempre han de ser evocativos. Bien puede que se trate de un objeto históricamente invaluable, claro, pero si lo pensamos bien y le damos la vuelta a la moneda de la desdicha, puede que retrate una extraordinaria función de ornamento y decoración”. Raúl, que solía hacerle caso más por respeto a su mal gusto que por sus canas, optó por su teoría y en ocasiones les mandaba un par de cervezas a cuenta de la casa.
Un poco distante, relajante e iraciblemente coqueto. Un acercamiento nada vital a la experencia propia de mis memorias (a corto y a largo plazo). Escritos, fotos y una que otra sorpresa.
Replicantes.
España, 2009.
Sunset Boulevard
España, 2009.
El que Busca Encuentra
viernes, 21 de octubre de 2011
SUBMARINO. La Serie, Vol. 2
A Eva, en alguna ocasión, le germinaron unas incansables ganas de acariciarles de los hombros, pero hacerlo, nos dijo en otro momento de amansada cavilación, hubiera sido como quedarse en las comisuras con la sangre que le escurre al campeón de los pesos pesados después de la más cruenta pelea de box; no sabes en realidad de la de quien se trata. Así que, cual cinturón de campeonato recién curtido, se enamoró de ellos –primero de uno y luego del otro–engañando así, imaginariamente, a su novio, Marcos, profesor decano de la facultad de música y ejecutante de tuba en la orquesta sinfónica, que se refería a ellos con su vieja, conocida y repetida –hasta el cansancio– fabula del violín viejo: “Si un violín acaso tiene más polvo que música, estimados compañeros, los extremos de sus razones siempre han de ser evocativos. Bien puede que se trate de un objeto históricamente invaluable, claro, pero si lo pensamos bien y le damos la vuelta a la moneda de la desdicha, puede que retrate una extraordinaria función de ornamento y decoración”. Raúl, que solía hacerle caso más por respeto a su mal gusto que por sus canas, optó por su teoría y en ocasiones les mandaba un par de cervezas a cuenta de la casa.
viernes, 14 de octubre de 2011
Biografías del Rockero Desconocido Vol. VIII
Biografías del
Rockero Desconocido VIII.
VIII.- H. Elías Castillo Familiar (1960 - )
De inagotable talento, este polifacético multiinstrumentista se encargó de engalanar y fusionar los géneros del norte en el rock nacional tanto en imagen como –diría él– en “silbido”. De claras influencias populares, “H”, como era mejor conocido por sus allegados, fue un eterno viajero e incansable amante de las ciencias populares reinantes en la costa del golfo mexicano. Su visión, siempre atenta antes las necesidades básicas de la sociedad, le otorgaron un reconocimiento profundo por parte de varios sectores de la colectividad musical. Su legado, ante todo, queda sostenido en las actuales entregas y aceptaciones mutuas de ambos géneros.
Sin haber tenido una educación formal en lo que respecta a la música, “H” se destaco en su adolescencia por la naturalidad de ejecutar diversos instrumentos como la harmónica, la tarola, la guitarra, el bajo, el acordeón y la flauta. Su particular uso de la voz, en clara alusión a una mezcla del sureste mexicano con los territorios más al norte, así como una lírica públicamente resonante (inteligiblemente haciendo uso de la burla y el doble sentido) le fueron abriendo espacios rápidamente en los pocos foros de su ciudad natal. Es incluso, debido a él, que algunos cuantos más (actualmente operando) se abrieran… De una personalidad marcadamente introspectiva, activó su carrera debido el empuje de sus amigos, “una pequeña tropa de callejeros con hogar” como solía introducirlos en sus presentaciones, los cuales mediante una colecta asumieron el gasto de su primer material: “Al sol se le mira con la espalda, al mudo se le habla con las manos” (1982), con el cual obtuvo un animoso éxito que se reflejó en un llamado a la capital para un breve número de presentaciones que rápidamente se extendió a otros territorios, incluyendo Guatemala y Canadá.
Con la salida de su segundo material, “Templo” (1986), su carrera explotó en un éxito que involucraba meticulosamente el son, la trova, el rock, la tambora y la música norteña. La crítica especializada, cabe resaltar, alabó dicho lanzamiento haciendo que “H” se convirtiera rápidamente en un personaje público, asunto al que fue renuente desde un inicio ocultándose en ciertos poblados del bajío por años. Aunque gran parte de su circulo de amigos conocía su paradero, nunca lo indicaron a pesar de las presiones de la anodina prensa de espectáculos.
Para 1989, un tercer material, “Casi Hermanos”, salió a la venta siendo un éxito inmediato en las listas de popularidad de todo el país y algunos países de Latinoamérica. No obstante, la crítica lo hizo a menos debido al rencor que se le tenía ya por la nula atención (entrevistas, ruedas de prensa, reportajes de color, etc.). Cercano más a la música norteña, este último material consistió en la fusión total de los géneros más populares de aquellas latitudes del país con el rock que se hacía en la capital.
Adelantado a su época, sus tres álbumes permanecieron en el olvido durante los años consecuentes debido al boom del denominado “Rock en tu idioma”. A partir de 1991, desaparece sin que nadie sepa, hasta presentes fechas, su paradero. En la actualidad, su material ha sido remasterizado y vuelto a colocar en el mercado debido a la fuerte influencia que ha tenido la música folclórica en el denominado pop. La crítica ha reevaluado sus apreciaciones y han avalado mayúsculamente su carrera.
A pesar de que su búsqueda a resultado un tanto en vano, el reconocimiento de su legado ha sido ya asegurado debido, ante todo, por su candidez humana.
Artistas Favoritos : “Los Tigres del Norte” & “Willie Nelson”
Canciones Favoritas “Distante Instante” & “El Hijo Desobediente”
viernes, 7 de octubre de 2011
SUBMARINO. La Serie, Vol. 1
SUBMARINO. La Serie, Vol. 1
Las promesas se comprometen mejor bajo el agua. Recuerda que lo que bien nace hundido, siempre ha de querer rebeldemente respirar.
A. Güiris V.
Hemos de reconocer, estimada Estefanía, que ocasionalmente Raúl se acercaba a tu lugar en la barra con las cuentas pendientes para hacer un compendio de ellas. De esta manera, si recuerdas bien, mediante una sonrisa tan amarilla como las hojas y desteñida como la tinta de la más antigua, las sumaba frente a ti en convenio atestiguado por los demás morosos dejando sólo una cifra en el costado superior izquierdo de una nueva y fresca nota que abanicaba, según los más asiduos comensales –y entre los cuales nos destacábamos– el tajante grosor del pasivo. Y es que al fin y al cabo, de un momento a otro, se convertían (todas ellas) flagrantemente en una simple, llana y ligera hoja… Seamos sinceros, ¿a quién en realidad no le quitaba eso, literalmente, un peso de encima?... Lo hemos de reconocer ya, estimada Estefanía. Aquellos fueron nuestros tiempos dorados, los tiempos que fuimos forrando en estaño.
Frankie, tu flamante admirador, que era en demasía un tipo práctico, solía acercársele a un indulgente Raúl encarecidamente antes de que se suscitará cualquier situación similar, no para sentir que resarcía de manera menos dolosa sus compromisos, sino para ahorrarle un poco de papel y tinta. No hemos de negar, pues, que cuando las compras no habían sido del todo efectivas en El Submarino, y el papel de baño se agotaba, debíamos de utilizar las comandas como tal. “Pero que forma más catártica de limpiarte el espíritu y los pedos” solía menguar el hecho Kasuo, ¿lo recuerdas?; aquel petulante reportero japonés venido a menos que encontraba más sazón en el fondo de un vaso de whiskey barato (y en los retozantes intentos de entender a Sabina), que en las malintencionadas notas que surgían a cada instante dentro del bar por parte de los estudiantes de periodismo, y/o los periodista noveles. Era en parte cierto, sí, como innegable era también el hecho de que, a pesar de lo que se rumoraba por allí (en la competencia), mujeres, muchas mujeres –como Eva y como tu– iban y venían. Buscaban y rebuscaban el lugar. Otra de ellas, si bien rememoramos, era Susie; la rubia de plata que jamás había subido al podio. Amante de Frankie. Aunque en Frankie, todos los sabíamos bien –tú más que nadie– sólo podía existir el nombre y calor de una sola mujer... Era por eso, quizá, que su relación en realidad funcionaba. Susie y Frankie, pues, eran una pareja casi perfecta. Él se aferraba a todo aquello que sonará y oliera a dinero, ahorro y apuesta. Y ella lo amaba porque era el único que podía ofrecerle seguridad económica. Él era alto, sí, mucho. Ella guapa, casi en extremo; no recuerdo a alguien que no volteara a verla cuando cruzaba el umbral de bienvenida… Era muy bella, sí. Y él alto... Bien podríamos resumirlos así.
¿Pero que podemos o podíamos decir? Era el amor Estefanía, el amor. Aquel que flota sobre el aire cual partículas de polvo embalsaman un lugar cuando intentan hacerle el aseo; jirones de aserrín que bailan alrededor con olor a cloro y humedad bajo los haces de luces moradas y verduscas que pronta y raudamente han de dejarte, si bien te va, con una aguardentosa voz como carta de presentación para la mañana siguiente, o bien con una vociferante tos canina como timbre de atención para el doctor. Hemos de reconocerlo, amiga mía, con un poco de rubor en la entrepierna, en realidad, no era otra cosa más que el amor. Aquella sensación formada en parte por el encanto del lugar y en parte por el embrujo del alcohol. Al fin y al cabo, lo entenderás, la formula más precaria y pura de este resulta siempre ser, en ese tipo de terrenos, suciedad fermentada cariñosamente que se antoja así haga frío o calor, así llueva o seque la agonía del tormento en medio del oasis del retiro. Amores de aliento, pues, como alguna vez dijiste, amores de aliento que se borran con la compra de una menta en la farmacia más cercana...
Días fueron, sí, de escritura, sonrisas y mitos locos. Días en que el respiro no podía dejar de olernos a otra cosa que no fuera anís, tequila y hierbabuena. Días en que por ratos indagábamos someramente en la naturaleza humana al escuchar relatos sorpresivamente parecidos cada quince minutos cuyo ritmo, tensión, destreza y soberbia, cambiaban proporcionalmente con el grado de licor que ingería el narrador. Yo, al menos, aún recuerdo cuando Frankie desapareció, ¿y tu? Lo hizo de la misma manera que Mike, su mejor amigo; de quien se decía contaba con mucho dinero, una enorme casa con alberca en el centro de la ciudad y tratos miles con la mafia serbia... De quién no se podía hablar, ni visitar sus aposentos pues una maldición cerniría sobre ti por el resto de tus días. Y no es que su fantasma, momia o demonio se te fuera a aparecer ni mucho menos, no. La realidad misma, si lo recuerdas bien, se jactaba de ello, o al menos hasta que a las puertas de tu hogar –si es que te atrevías a desobedecer la sapìencia popular– recibías la lúgubre y sombría visita de su abogado.
…En fin, has de imaginarte ya, a estas alturas, que he traído buenas nuevas de Frankie. Y es que resulta que el otro día me lo he encontrado. Se halla aquí, en el mismo cementerio que tu. A unos cuantos pasos, ni tan lejos… La otra vez, después de traerte tus azucenas –y mientras deambulaba por los recovecos del lugar buscando algunos nombres para mi nuevo guión– me lo encontré. Si lo vieras, la tierra que le precede tiene ese particular color con el que maquillaba sus ojeras el cansancio. Me imagino que ahora, por fin, ¡por fin!, se encuentra retozando. No quisiera sonar jocoso, ya me conoces, pero, ¿me perdonarías si acaso dijera que, tal vez, era su destino acabar uno cerca del otro? ¿Qué en ocasiones, en muchas de ellas, uno no escucha el llamado de la jungla a la cual realmente pertenece?... Me has de disculpar, pero ya te veo de su mano entre nubes y nubes de cigarro jugando a las cartas mientras cuidan los pasos de quienes seguimos aquí. Por mi parte no te apures, yo al menos espero que lo sigas haciendo por un rato más sin represalias. Al fin de cuentas, heme aquí, extrañándote a tal forma de venir a hablarle al montón de tierra en que te has convertido. Pero créeme, en serio, créeme, hasta incluso lo he preguntado, algo tiene este espacio que todos creen que fuiste una mujer muy atractiva. Siempre te lo dije, “a ti la arena te ha de hacer mejor justicia que a nosotros”…
…Del bar, bueno, ha desparecido en estadía pero no en memoria. Nada extraño realmente, siempre supimos que sería una especie de romance perdido y encontrado, un amor pasional que va tomando interés al calor de las copas, pero que se enfría con el rozar blando de las colchas de un hotel. El hotel más cercano, la casa más lejana… Pero bueno, debo retirarme, estimada Estefanía, el ocaso llega y debemos descansar. He de esperar la próxima vez que encuentre tus azucenas. No te preocupes, me supongo que ha de ser muy pronto. Mientras tanto, que tengas una bella noche. Me imagino que allá siempre es así…
viernes, 30 de septiembre de 2011
Monólogo
A. Güiris V.
Conocí a Clara un día impetuoso de agosto, ella vestía un escotado atuendo color rojo carmín y yo una pistola bajo el abrigo agujereado que me había obsequiado mi padre en la última navidad que había podido acompañarnos con vida. Me encontraba caminando por la avenida central con las mínimas suposiciones de lo que podría llegarme a pasar; y es que si nos ponemos a pensar cómodamente, en realidad un hombre siempre anda así por las calles: ligeramente sospechando que cualquier cosa puede sucederle como para que la vida, su vida, de un brinco hacía otra dirección: ya sea desde terminar asesinado por un borracho que le ha confundido con un viejo amigo (y al cual ha querido saludarle con el filo de la botella), o ser descubierto por un afamado director de películas porno (sin una rutinaria y penosa audición), o bien enterrado vivo bajo el desierto de Tijuana por parte de una secta satánica que irónicamente conjura por la paz, así como abducido, ennegrecido y/o bien amado…
No es que por mi mente pasará en aquellos momentos el fastuoso pensamiento de terminar de tajo con mi vida, o el de hacerme algún daño, o el de hacérselo a un tercero; asaltar una licorería, casa de crédito, banco o guardería infantil, no. Suponerlo sería una total barbarie y tontería, pocas veces en el día –seamos francos– puedo concentrarme en una acción conjunta más osada que la de amarrarme las agujetas mientras multiplico los intereses de mis deudas presentes y futuras. Por favor, que halla yo llevado el sueño de las balas en la cabeza no indica que en efecto el arma se encontrará cargada. Quizás en realidad tan sólo me quería sentir un poco más hombre de lo no que soy...
No obstante, debo asegurar que sin saber a bien como, o por qué, terminé en el último piso de aquella pesada y alta construcción sollozando como un chiquillo que ha perdido el cambio –y tiene miedo de decírselo a sus padres– soportando el horizonte y mirando el viento de frente mientras la flagelante bandera roja que incrementaba su escala iba dando forma a la curvilínea silueta de una dama, Clara. No es que quiera presumir mucho acerca de su cuerpo, no, para nada. Mucho menos frente a ésta, la cama en la que por primera vez la poseí. Eso, tal vez, es tan sólo el frustrante ritmo de los años. El desgaste habitual de la mirada y la razón; la perdida del corazón, la perdida de su sazón hogareño que se anuda en la amarga aventura emprendida que gusta, disfruta y edifica, pero que a la vez sabe que hará daño, dolerá y cruzará como un puñal a otro de su misma especie. Es sencillo, simple en todo caso, no puedo hablar más de ella frente a esta cama, porque esta cama ya no sabe igual. La he manchado de calor ajeno al igual que ella, y a ella. La hemos distendido juntos, con sinsabores e insultos mudos, con balas de salva imaginarias que calan un dolor que no se puede ver sino sólo pensar o presentir. Y es que todos entendemos y sabemos que en algún momento del paseo, las suposiciones y el simulacro son algunas de las armas más punzantes del amor.
Conocí a Clara, sí, un día impetuoso de agosto. Ella vestía elegante; se quería matar, me dijo (más tarde), y yo, como ya sabrán, llevaba una pistola bajo el brazo sin querer en realidad dañarme… No nos dijimos adiós sino hasta una tarde de abril en la estación central seis años más tarde. En aquella ocasión ella iba enfadada, yo, si soy sincero, un poco decepcionado. Se subió al vagón como si un paso último no significará abandonar el camino y se alejo de mi casi de la misma manera en como había llegado; desfigurándose entre sombras, claroscuros y verdugos…
No sé a bien porque, pero aquel día caminé sin rumbo fijo hasta topar con un trazo preteritamente parecido. A nadie, en realidad le ha de importunar ni sorprender que vistiera aquella tarde, a pesar del calor, mi viejo abrigo rezurcido, ni que aquella obra fuera ahora un flagrante hotel que ennegrecía mi piel y espíritu... Por un momento, lo advierto, pensé en subir hasta el último piso y dejarme caer pero no lo hice, no lo hice… Sigo aquí… Y es que, ¿con qué poco se puede acabar la vida en solitario?
viernes, 23 de septiembre de 2011
Wynton Marsalis & Eric Clapton - Plays The Blues
REDONDO.
Wynton Marsalis & Eric Clapton - Play The Blues
Primeramente fue “Willie Nelson” con el exquisito “Two Men With The Blues” (2008), posteriormente una cita más con el icono hippie –en esta ocasión compartiendo escenario con Norah Jones– para abrir el año con un más que decoroso tributo a Ray Charles: “Here We Go Again” (2011), y cerrar este 2011 con un degustable “Play The Blues” con el siempre invitado standard “de honor”: “Eric Clapton”.
A nadie, en realidad, le tomó por demasiada sorpresa el hecho de que estos dos mediáticos músicos se juntarán en el escenario del Lincoln Center en Nueva York para una velada de blues fabricada a la antigüita; ambos son ampliamente admiradores de la música de antaño y en más de una ocasión lo han citado con sumo orgullo y abiertamente. Pero, en realidad, si lo pensamos bien ¿qué otra cosa podríamos esperar de un dúo así? La calidad queda relegada ante el brilloso escaparate de los dos apellidos: Marsalis-Clapton, como para que la audiencia de ambas ya “vacas sagradas” se dejé seducir por una jerarquía ya vapuleada por la fama, y la exigencia –aquella que siempre hace levantar o deja caer a un artista– no se presente en todo su esplendor. Pero repito, la verdad, a nadie le toma por sorpresa.
Es así, entonces, con un marcado –marcadísimo (casi cliché)– estilo New Orleans, que estas dos vivientes leyendas de sus respectivos géneros nos presentan 10 tracks en directo: 9 clásicos del blues (algunos de aquellos ya viejos años y territorios); y una más, sí, una versión más de la interminable ya re-revisitación del clásico de “Derek & The Dominos”: “Layla” (¿que será que el dolor de un amor doloso nunca se cansa de retornar?) para tratar de saciar nuestro oídos. Ahora bien, si somos por completo honestos, el resultado dista de ser de alcurnia y todo se conjuga en una masa un poco uniforme y monótona. Y es que ambos músicos, claramente, no salen de su espacio de confort y bien lo que te imaginas al tratar por primera vez de enfrentar a estos dos caballeros en la mente, es lo que termina llanamente por ser. No hay sorpresas, aspavientos o suspiros de una siempre bienvenida extrañeza. El desconcierto de calidad, puesto que ambos la tienen de sobra, no termina por aparecer. Repito, se quedan apacibles en su ritmo y tiempo, no se alejan del colchón favorecedor y las cosas no van más allá de lo ya acostumbrado; dicho de otra manera, la sinergia no termina por nacer. Ni siquiera cuando “Taj Mahal” se les une para cerrar en los dos últimos tracks.
“Play The Blues”, pues, es un disco de calidad, de alta calidad, claro, pero esto es únicamente por la casta de cada uno de los implicados y no más. Asimismo, no podemos negarnos al hecho de que es un una producción de elite, de que la selección (hecha por el mismo Clapton con excepción de su clásico, solicitado por el bajista de Marsalis, Carlos Henriquez) es disfrutable. De que el estilo elegido es bien ejecutado y particularmente bien trabajado para el sazón del buen añejamiento; a algunos incluso (los menos adeptos al blues de los 40s y 50s) les parecerá hasta curioso, pero que en realidad no deja de estar ante la sombra de un posible mayor acoplamiento; eso quizá debido a los pocos días de ensayo que el mismo Marsalis indica en las notas del disco: 12 arreglos en apenas 3 días.
Wynton Marsalis concluye así, al parecer, una más de sus colaboraciones con rockeros de antaño. No podemos sentirnos culpables, ni mucho menos… El estilo está ahí; se encuentra fácilmente. No obstante, no está tampoco de sobra indicar que de entre todos es el más flojo hasta el momento. Las preguntas aquí, entonces, se tornan obvias: ¿Quién, si es que habrá, será el siguiente; o si bien será que este pequeño tropiezo se ha de tornar un gran paso a favor en la siguiente ocasión? Yo no lo sé, ya tendremos oportunidad de experimentarlo. Yo al menos lo esperaré con ansía.
TRACK: La selección es especialmente alentadora, y el estilo, como ya he mencionado, un poco monótono. No obstante, me quedo con “Forty Four” en un arreglo no muy alejado a lo convenido contemporáneamente, así como con “Joe Turner's Blues” en una versión un tanto coral que disfrute con animo.
Play The Blues de Wynton Marsalis & Eric Clapton
Calificación: 3 de 5 (Bueno a Secas).
viernes, 16 de septiembre de 2011
The Cove
REDONDO.
The Cove
Operación Delfín (Louie Psihoyos, 2011)
Siempre resulta hasta sano no sentarnos (ni mucho menos sentirnos) tan cómodos cuando nos encontramos de frente a la mano narrativa del documental estadounidense actual (aunque parte ya del tradicional reportaje televisivo más que arcaico y visto), y es que aunque su sentido de denuncia parezca el objetivo para confrontar los problemas de lo que ellos consideran su guarida –entiéndase mejor el mundo entero– las realidades se encuentran en la propia ideología con la que son educados y formados los estadounidenses.
Y es que en The Cove se nota claramente la mano culposa y gustosa del sentido coloquial “americano”; ese que se enmarca bajo las capuchas de héroes y súper héroes que no hacen más que tomar conciente y sufridamente las riendas de todo aquello que está mal, y sobre todo oculto, por parte de una cultura ajena, diferente, o bien influenciada bajo los contra-argumentos de la filosofía nacionalista norteamericana. Lo curioso aquí, si nos sinceramos un poco, es que pocos tienen tan estructurada la forma y el poder de conseguir la profundidad en cuanto a la calidad –de industria– y manejar (obvio) el mensaje, pero también de llevarlo masivamente.
Es así, entonces, como bajo el primordial argumento de una masacre anual de delfines que se lleva a cabo secretamente en un pequeño pueblo pesquero japonés, Richard O' Barry (el principal creador de esta industria marítima/espectáculo que ahora busca redención), contacta a Louie Pshihoyos –fotógrafo y activista estadounidense en pro de la vida marina– para documentar esa terrible verdad que se lleva a cabo no solamente sin que nadie realmente haga nada por detenerla, sino que parece ocultarse con placer y malicia desde todos los ángulos posibles del poder político y económico de la región. Claro está que –y es aquí donde regresa nuestra primera aproximación al tema– el espíritu de liberadores universales toma esencia dentro de la verdadera trama de la cinta. Y es que aunque todo lo vendan (el poder de industria) como la cruzada en contra de ésta maldad, la historia principal de la cinta dista de ello y nos centra más bien en toda la justificación ideológico-moralista (los pecados a lavar de Ric O' Barry), pero sobre todo los preparativos técnicos y tecnológicos de la logística (cual guerra) para llevar a cabo la tan prohibida y difícil, o así nos lo hacen pensar, grabación que cambiará el curso (también eso nos hacen creer) de la política que permite y ha permitido desde hace décadas este tipo de masacres y barbaries en contra de la fauna marina. Bien debemos hacer notar que, en efecto, el suspenso se maneja adecuadamente hasta el punto en que como espectadores les deseamos éxito y queremos –a la vez que tememos– por fin experimentar el poder de esas imágenes, finalmente resueltas en un montaje de fuerte potencia visual (que no llega a ser por completo explicito), y formalizado con buen gusto.
Es así, entonces, como nos encontramos de nuevo ante la siempre disyuntiva del cine estadounidense; que más que ocasionalmente se toma las libertades de policía mundial disfrazado de héroe furtivo y romántico: ¿qué tanta carga de ficción hay en su mediada y convenida realidad? Lo irónico de todas las posibles respuestas resulta en la verdadera potencia de su industria, como también mencionamos anteriormente. Y es que si lo pensamos bien, ¿quién más podría maquinar estas llamadas de auxilio con tal eficacia mercadológica? Lo que resulta, al final en The Cove, es en realidad una entretenida trama, que aunque de origen documentalista, es trabajada bajo los artilugios del melodrama televisivo. ¿Qué si hay que verla? Claro, resulta siempre conmovedora la fuerza de la gente que se ha decidido por hacer de este lugar, nuestro mundo y hogar, un mejor espacio para todos los que habitamos en el.
Calificación: 3 de 5 (Regularmente Buena).
viernes, 9 de septiembre de 2011
El Planeta De Los Simios (R)Evolución
REDONDO.
Rise Of The Planet Of The Apes
El Planeta De Los Simios (R)Evolución (Rupert Wyatt, 2011)
En cierto momento, que ni parece ser tan crucial por lo que va del metraje de la cinta, nuestro ya emotivo protagonista mono, Caesar, le pide permiso a su amo/padre Will Rodman (James Franco en una actuación poco más que decorosa) para liberarse de sus ataduras como figura de autoridad y vagar libre en un paradisiaco bosque de secoyas (donde también se llevara a cabo parte de la legendaria Vertigo de Hitchcock) y experimentar por vez primera la libertad en todo su esplendor. Otorgado éste, es en esta misma atmósfera y ambiente que lo veremos crecer y contemplar, al final de una muy bien desarrollada escena de montaje temporal, que contempla no sólo la ciudad de San Francisco desde lo alto de las copas de los árboles, sino el mundo entero. Un mundo, que como todos ya sabemos desde el inicio, pronto cambiará de régimen, de estilo, de vida y de mando.
Y es que sin dudarlo, nos encontramos ante la mejor película que nos ha ofrecido y ofrecerá el verano Hollywoodense en el presente año. Esto gracias que su director, el casi novel Rupert Wyatt, logra eficazmente hacer valer el poder de los magnánimos efectos especiales del cine de industria dentro de la narrativa y no al revés como ha sido la tradición últimamente. Sobre todo ahora que los súper héroes son el colchón económico de los grandes estudios.
Situada en los años previos de la ficción original de 1968, The Planet Of The Apes (Schaffner), esta precuela no se queda a medias como ha sido también la moda en las últimas presentaciones pretéritas de cintas de éxitos ya transitados, sino que hace referencia inteligiblemente a la historia que le sucederá para hacer coincidir todo lo que debe de; nótese –como un ejemplo obvio– la escena cuando el aún pequeño Caesar juega con un modelo a escala de la Estatua de la Libertad. No obstante, alejado del campo referencial, podemos hacer notar también la eficiente plantación de ciertos actos simbólicos (como al que dimos cabida al inicio de este texto) para ir integrándonos como espectadores a una nueva mentalidad cuya causalidad encuentra su fuerza en la unión y la mano del hombre; misma que irónicamente la detonará mediante la incomprensión del territorio que ambos habitan. El Planeta de los Simios (R)Evolución, plantea, pues, en un discurso de primera mano comprensible, ágil, atractivo, sumamente entretenido y hasta emotivo en ciertas partes, las fatídicas consecuencias de una decadencia social a través de los elementos más en boga: el mal cuidado del ambiente, la apatía por la aprehensión social y el temor ante el progreso médico.
Con una vigorosa técnica por parte del fotógrafo Andrew Lesnie, un detallado arte de Dan Hermansen, Grant Van Der Slagt y Helen Jarvis, un montaje creciente en emoción (con una cuasi estructura de cinta de acción; sobre todo en la segunda parte del filme) realizado por Mark Goldblatt y Conrad Buff, acompañado por un casi imperceptible score de Patrick Doyle y un guión decoroso de Rick Jaffa y Amanda Silver, la historia se va dando paso dinámicamente con excepto de aquella subtrama del padre con Alzheimer que nunca llega a calzar y creerse del todo.
Esta nueva entrega de la interminable serie de los simios conquistadores habla por si misma desde uno de los puntos de vista más finos del entretenimiento. No deja de ser una trama más de la fatídica industria que nos sigue demostrando su falta de actualidad, pero bien podemos tomarla en cuenta como la siempre excepción de la regla. Si bien quiere uno acercarse a ella, que no nos quede duda que será la más segura y bien armada narrativa que nos ofrezca el cine veraniego hollywoodense en este 2011.
El Planeta De Los Simios (R)Evolución de Rupert Wyatt
Calificación: 3.5 de 5 (Buena).
Yo & El Cine
Cortinilla from A. Güiris V. on Vimeo.
Dos Días En Noviembre from A. Güiris V. on Vimeo.
Trailer "Los Buenos Borrachos (La Máquina Del Tiempo)" from A. Güiris V. on Vimeo.
Rave No. 1 from A. Güiris V. on Vimeo.
Boletazo En Los Mojos from A. Güiris V. on Vimeo.
Sobre la Luna en pleno Día.... from A. Güiris V. on Vimeo.
Vampirito from A. Güiris V. on Vimeo.
Rave No.2 from A. Güiris V. on Vimeo.
Ocio from A. Güiris V. on Vimeo.
Mario Cuellar - Paris from A. Güiris V. on Vimeo.