Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

lunes, 20 de julio de 2009

Las Cosas que he de Ser

VÍA LIBRE.

Desde hace ya un par de semanas, mientras el verano se acercaba y las actividades cesaban un poco, ingrese a un curso de relato corto; para ejercitar esa vena que nunca debe dejar de emplearse, y de paso para conocer a más gente encantada por la fascinación del leer y escribir. He aquí, pues, un pequeño ejercicio que realizamos para conocernos entre los miembros del grupo. Un pequeño ensamble de cosas que nos gustan y disgustan. Este es el mío.

LAS COSAS QUE HE DE SER.

A. Güiris V.

Aún no sé del todo como sucedió pero ahora ya está hecho y en síntomas de recuperación, así que puedo decirlo - uno debe, o debería más bien, decir las cosas cuando ya han sucedido y no cuando están a punto de - porque ya no recuerdo bien como es que se dio: mi capacidad visual fue perdiendo su fuerza, o vitalidad, o que sé yo, el caso es que me gusta, no deparo en ello con ahínco de terror y antipatía: siempre quise tenerlos y ahora, ya pasados los años, puedo recordarlo; de niño siempre quise utilizar anteojos, quizás porque siempre me han gustado (los artefactos), o más bien porque me han llamado la atención las personas que los llevan, sobre todo porque son ellas las que me han alentado a ser “yo”, cualquiera que sea el significado de eso (muy a pesar de lo que se pueda o decir o suponer, que siempre es errar y viceversa). Me agrada utilizar gafas, sí, alguna vez incluso llevé algunas de pasta gruesa porque me gusta como se le veían a Elvis Costello en sus primeros discos, hay un par de canciones que me gustan más de lo suficiente, aunque no me agrada del todo que se haya casado con Diana Krall, sobre todo porque hace de una mujer bella e interesante algo ya ajeno a la propiedad del sueño colectivo, no así del anhelo, que no me interesa en lo más mínimo, incluso de mis sueños, pero no soy muy soñador; no me gustan las fantasías que me hacen vencedor sino los retos, me gustan las pruebas que me imponen los limites a los que me ha llevado el transcurrir de los días. Me gustan los atardeceres, sentado en algún rincón de un un parque, o plaza, seguido construyo conversaciones largas (más largas de lo apetecible) sobre y “de” personas que tienden sus vidas para desnudar el pasado que pesa; me gusta escribir y relatar, me gusta imaginar, que no es lo mismo que soñar, no para mí; no me gustan por ende los sinónimos, cada palabra tiene su poder y sus significado, no me gustan los parecidos, me gusta en todo caso deshacerlos con impropios ficticios; suelo convivir con personajes que me invento y recapitulo; algunos de ellos no me gustan pero sí el definirlos ¿por qué no? Me gusta subirme al servicio público, encontrar un par de víctimas, no más de 4 individuos - entre más coloridos y folclóricos mejor - e inventarles una historia; responderme de dónde vienen (¿qué génesis los ha colocado aquí?), a dónde van (¿cuál es su dirección?), que misterio los aqueja (¿qué oscuridad se oculta bajo ese manto de humanidad?), que tragedia les está por suceder (¿como terminarán?), ¿cómo se les ha de echar a perder la vida por alguna peripecia trágica?, un drama griego o casi griego, pero del cual uno puede salir riendo, o por lo menos no aquejado - como una comedia igualmente griega - si no es a uno, claro, al que le atañe el pesar: esto es en si una regla de oro en los guiones del cine norteamericano, no así el del cine de Europa del este, que es más intimista; de tesis le llaman algunos - no obstante, como buen latinoamericano que soy, y no me quejo de ello; no me apetece hacerlo ni la gente que lo hace; siempre he de terminar buscando en los recovecos de mis personajes que siempre optan bajo mi obligación de autoria, a dedicarse a labores que enriquecen los bajos mundos y empobrecen la bella ilusión de un mundo más sofisticado: me gusta inventar, crear de lo ya creado, no genero sólo construyo. Me gusta el humor negro y un tanto desenfrenado, me gusta contar y no mucho ser contado (pero esto es algo que a muchos no gusta, está claro, es en parte lógico y obvio), soy introvertido en suma; me gusta ser mexicano, lo soy, claro, y mí país: y sus colores, y sus fantasmas y demonios, y sus risas, sus burlas a la muerte (siempre colorida o de colores, que no es lo mismo pero suena igual), y me gusta la muerte, y el pasado, y la soledad; me gusta estar solo y escuchar jazz, soy un melómano consumado y redimido pero me inclino siempre por este genero negro norteamericano en mis ratos de vaguedad. Me gusta el bop y más el bebop, también el swing y el sonido “Chicago”, me gustan las baladas de Chet Baker, y saber que fue un adicto y murió porque su cuerpo ya no pudo más con las inyecciones, me gusta la técnica de Joe Pass a la guitarra, y también saber que murió, al igual que Baker, porque sus entrañas habían ya sido rebosadas del etílico veneno de los fines de semana. No es que yo sea como ellos, es sólo que me gusta saber que aún los “perdidos” encuentran el sentido de la belleza para el mundo y así se hacen un lugar en la historia, me gusta saber que los perdidos aún encuentran. Casi nunca escucho el “fusion” de mediados de los 80s, no le encuentro mucho sentido al sonido de los bajos electrónicos de aquellos años, me gusta la guitarra y el piano, me gustan los metales y sobre todo la trompeta, más que el saxofón - Gillespie, Farmer y Terry antes que Miles - soy vernáculo y amante del sonido puro de los instrumentos hechos a mano y con sonido a manufactura rudimentaria. También las voces de las negras damiselas que avivan la noche como Sarah Vaughan me agradan; me gustaría algún día encontrar a una mujer con ese afín, con ese sentido musical, como Elvis Costello ya lo ha hecho, y del cual también me gusta su música, ya lo he dicho, porque me gusta el rock de décadas pasadas - por mis hermanas: por herencia - no me gustan las nuevas tendencias de las culturas populares y masivas, no me gustan esos términos: lo popular y lo masivo, todo lo es. Me gustan los pequeños placeres de la vida, o lo que yo llamó los pequeños placeres de la vida; comer una buena pasta y tomar un buen vino, pero eso ya casi le gusta a todo el mundo y no me puede adjetivar más que en en lo popular y lo masivo, ¿pero qué no lo es? Me agrada escuchar la música que me gusta, básico, y hacerme el occiso cuando no resuena la que me agrada, no me gusta discutir ni criticar lo que no es de mi entero agrado con gente sin criterio en la que siempre imperan los axiomas, porque a lo mejor nunca han estado siquiera cerca del amor a la composición vertical que es la música: no me gusta andar robando corazones, ni ser infiel - ni pensar en serlo - ni que me lo roben, ni que me digan que el amor está a la vuelta de la esquina, me gusta amar lo que amo; porque lo amo, porque sé lo que no siento con tal pasión, lo que no me gusta: porque lo he comprobado: cómo decirlo, no lo sé, lo dubitativo es siempre negación, quizás me gustan más las películas en blanco y negro porque conozco ya las de color; ¿así estaría más claro? Me gustan las cosas dejadas al aire que con un poco de razón caen en la verdad. Amo el cine y los libros, no veo la tele, no me gusta, no me llama la atención, tampoco me gustan los videojuegos ni todos esos pasatiempos que considero inútiles y que siempre se parecen, más cada día, pues han pervertido a mis mejores amigos cuando mas creía que en realidad terminarían siendo gente de bien, o así he oído mencionar a los viejos, y sobre todo porque van dejando ciego, paso a paso y poco a poco, o por lo menos porque hacen que la visión de los sujetos activos a estos, como mis amigos, vayan - irónicamente - observando como decrece, como a mí me sucedió pero no por las mismas razones (me gusta vivir, que conlleva en sí lo que agrada y lo que no, ¿pero quién osa negarlo?), pero de eso ya hace tiempo, sólo que no recuerdo como, tan sólo que paso y ya es un hecho. Soy parecido a todos, igual que como soy de particular, me gusta más así.

domingo, 19 de abril de 2009

The Visitor

REDONDO.

The Visitor
The Visitor (Thomas McCarthy, 2007)

A Thomas McCarthy se le ha de reconocer más por sus trabajos actorales que por su labor detrás de cámara, ya que es mínima en comparación con su currículo como interprete en personajes de filmes o cintas de televisión que en ocasiones, no sé si irónica o agradecidamente, se acercan lo menos posible a lo que como realizador ha logrado con las dos únicas cintas que ha realizado.
Si aquella primera incursión como director, The Station Agent (2003), le fue suficiente como para que algunos de los premios más importantes del cine independiente le volteasen a ver, así como la industria que aplaudió su logro ante tan moderado presupuesto, en esta su segunda película, su mano se denota mucho más fuerte y madura en un sentido total dentro de la cinematografía. The Visitor es una historia muy sencilla, casi básica si se le quiere ver, pero está tratada de una manera tan fina que se convierte desde el inicio en una trama firme, muy firme; lo que casi no resulta de una historia sencilla, pues la mayoría de las veces se peca al querer complicar la historia y no la puesta en escena o bien la esencia de la historia, que como siempre he dicho y diré, es de lo que el cine trata, de narrar.
The Visitor pues nos denota el viaje de varios personajes que se encuentran ante la contemporaneidad de la vida estadounidense, sin embargo, y como uno de los puntos a más elogiar de esta película, estos ambientes de tal actualidad no son el punto álgido o de interés de los personajes o la historia en si, es más, el director nos lo deja rebasar en ningún sentido la historia y hace a un lado lo que casi todos hubieran hecho, hacer un uso panfletista de ciertos criterio sociales de la multi-cultural New York, sobre todo el penoso asunto de la migración, que aunque si es central en la trama, los ataques a este, así como la critica, se una tanto a la historia que no se convierte en un grito de reclamo, sino algo más íntegro y por ende, más efectivo y hondo para el espectador. En este caso en particular, el Sr. McCarthy nos de una lección de como tratar este tipo de elementos que tanto existen en el cine independiente.
La historia pues no se rebasa nunca así misma, no da espacio para vaguedades, está sobriamente construida, una redondez que te deja entrever los subtextos, lo que la enriquece y formula como algo de mayor peso. No obstante, la misma sobriedad de todo lo que gira sobre la historia, gira sobre los demás aspectos del lenguaje, lo que denota, como es lógico, la poca experticia del director, pues es su segunda película; la cámara, el montaje y el uso de la música en este caso, pues es punto medular de la trama, están bien pensadas y planeadas pero pudieron llevarse acabo de mejor manera con simples ajustes. Lo que no daña en ningún sentido la película, pero que siempre denota ese look indie, que tanto gusta a tantos, y la siempre afectiva sensación de una cinta “novata”, pero que, siendo sinceros, siempre deja una sensación de que en manos de alguien con mayores años de trabajo, pudo haber conseguido mayor emoción.
No obstante, el punto de mayor cohesión dentro de este entramado que deja un muy buen sabor de boca, es el trabajo actoral, algo que definió en buena parte la primera cinta de McCarthy, y que en este también se hace notar. Con un elenco casi por completo desconocido y que encabeza Richard Jenkins, en un muy raro protagónico (pues estamos acostumbrados a verle como personaje secundario o terciario) la película da sorpresas en todo sentido, con grandes interpretaciones que no dejan cabida a que la emoción se escape en ninguna sensación, logrando escenas que motivan, enternecen y enervan con una modestia que está para contemplarse. Con un ritmo homologado y pocos tirones, que llegan cuando son meramente necesarios, la cinta se construye a base de sus personajes, que están detallados desde el guión del mismo McCarthy y en base a un trabajo de dirección actoral que no deja a nadie duda de una preparación inmejorable y del talento como director de este más actor que realizador.
The Visitor es pues una cinta independiente, de look independiente, que refresca el sentido. Es una prueba más de una historia sencilla pero fuerte, planeada, construida, bien llevada, que como siempre en este tipo de cintas, tiene su detalle en las cuestiones técnicas, pero no obstante tiene mucha alma, enriquece y nos deja entrever un mundo más “real” (esto nunca será posible) sobre asuntos de alta importancia social, no nos vende a nadie como salvador o diablo, nos cuenta una historia que emerge de los problemas comunes.
Lamentablemente esta cinta, que obtuvo para Jenkins una muy merecida nominación al Oscar, no tiene aún distribuidora en nuestro país, por lo que casi podemos afirmar que se tendrá que obsvervar en casa por medio del DVD. Cosa que ya no nos parece rara, y más cuando ya se avecina la temporada de los efectos especiales. En fin, yo tuve la grata fortuna de poder observarle en pantalla grande y dejo aquí mis impresiones. Para mí ha sido todo un placer el poder verle.

The Visitor de Tomas McCarthy
Calificación: 3.5 de 5 (Buena).

viernes, 3 de abril de 2009

Leonard Cohen - Live in London

REDONDO.

Leonard Cohen - Live in London (2009)

Hablar de Leonard Cohen resulta complejo por el hecho de ser una de las figuras más emblemáticas en la historia de la música, sus influencias han repercutido en distintos géneros musicales que se han relegado - y buscado la forma de ensombrecerse a su vez. Su estilo, aunque sencillo, vernáculo y bastante imitable, es característico (sobre todo por esa voz dura que caracteriza la segunda parte de su carrera); es suyo propiamente dicho y sin excepción. Nadie puede negar la fuerza de sus letras, la potencia de su lírica, la explosión de emociones que se desatan con tan sólo las pocas notas que siempre le acompañan y la honestidad brutal y belleza inusitada con que acentúa sus centrados tópicos; la desgracia, el desamor, amor, el desapego, la tristeza, soledad, la política y todo aquello que embellece el lado más bajo del ser humano. Bandas de lo más dispar en cuanto a forma comercial como lo es el Punk, Pop, Rock, Folk, Progresivo, Blues, etcétera, han levantado en ya más de una ocasión la mano para señalar estar agradecidos con este señor, leyenda incuestionable de las letras y notas del contemporáneo tiempo, cuya vida personal es aún más mística que su carrera y la cual comenzase perteneciendo a aquella ya desaparecida generación de poetas malditos de la era Beat.
Reservado desde hace ya más 20 años, su último disco de estudio se remonta al 2004, seguido de uno salido en el 2001, y el cual apareció después casi diez años después a su antecesor, esto debido al encierro espiritual al que se consigno con unos monjes para la calma de sus mayores temores. Hacía más de 15 años que no se presentaba en vivo para interpretar sus éxitos, los himnos; las canciones que tanto han marcado a generaciones enteras que hoy se regodean con éxitos más pueriles en el mercado, algunos no tanto, algunos con los suyos, claro, en sentido de homenaje.
El 2008 fue un año histórico para la obra de este señor, pues ya entrado en la séptima década de su vida, se aventuró con una gira mundial para tocar en vivo después de los 3 lustros de desaparición que tenía en los escenarios. Los resultados no se hicieron esperar, la venta de boletajes fue rápidamente vendida a la par que los ritmos con que las bandas de moda suelen agotar en estos años, un eco de éxito se hizo escuchar, los aforos siempre llenos fueron participes de su regreso a los escenarios. No sobra decir que parte de la realidad que subraya esta gira fue el hecho, siempre humano, de que su contador (o bien el que le llevaba su capital), hizo de las suyas mientras este se mantuvo recluido en el monasterio. Cuando la crisis llegó, las siempre latentes peticiones de conciertos habrán sido una tentación mayúscula, no lo sé, lo supongo. No obstante de esto tan natural dentro del ámbito musical, cuando se trata de alguien como Cohen, que siempre cuida hasta la más mínimo detalle en cuanto a la calidad de sus presentaciones, la gira fue más allá de lo esperado, de una exigencia mayor. Una belleza, las criticas positivas no cesaron en ninguna fecha. Y para que el momento no pasara inadvertido, así como para hacer de paso un poco más de dinero con todo el aparato, su disquera grabó uno de los conciertos más dignos de aquel tour, la presentación que hiciera Cohen en la Sala 02 de Londres. Es así como para todos aquellos que no pudimos estar cerca de la gira mundial del 2008, el Sr. Cohen nos regala esta compilación en vivo de sus mayores éxitos y algunas de sus más bellas composiciones.
Debo indicar que siempre que aconsejo a algunos de mis allegados escuchar al Sr. Cohen, del cual soy seguidor desde que era un pre-adolescente, detalló que lo más relevante de su trabajo es el poder lírico que contiene su obra, pues no obstante, esa voz particular que lo caracteriza suele a sus “nuevos” escuchas parecerles un poco discordante. No así, yo acostumbrado, esperaba románticamente que esa voz reaparecía con fuerza en este disco, pero para mi sorpresa - ¿qué voy a saber yo de estas cosas?, sólo creo que esa inclusión en el monasterio sirvió de más cosas que para la liberación de su alma, si es que eso llego a pasar - ese canto ha retornado con una belleza particular no esperada por este humilde servidor. No así que el disco me ha dejado con más gratas sorpresas y sonrisas de las ya esperadas con el simple hecho de escucharlo en vivo después de los ya 15 años citados. Es cierto, Leonard Cohen ha vuelto, y no ha vuelto a darse un paseo como hacen ahora los grupillos modernos que se separan, haciendo de su adiós una gira de alto capital y que en menos de 7 años asombran con la gira del regreso; algunos incluso con el estricto y petulante pretexto de ser sólo ser una pasarela por falta de dinero; sucesos en los que no profundizaré porque no hace falta y no se lo ameritan. Pues, repito, Leonard Cohen ha vuelto, ha regresado con una fuerza mayúscula, con un poder ensombrecedor para todos aquellos que osan decir que hacen música de calidad. Acompañado de un puñado de músicos de alta calidad, ganas profundas que se leen en su devuelta voz, y su siempre retórica agradecida, bañada con un apego a un original sentido del humor, sus canciones toman nueva vida en este concierto, no son la re-visitación esperada de sus composiciones, no, sus temas renacen con arreglos mínimos pero que con ayuda del apego a sus esencias, resurgen con roces fuertes a géneros como el jazz, sobre todo, logrando que la fineza que ya existía en ellas, se engrandezca, se agradezca y se disfrute como si fuera la primera vez. La verdad es que este disco es un disfrute de principio a fin, es un ejemplo de la maestría que da la edad, es una muestra global de lo que ha sido una carrera apegada a la letra, a la melodía, a la calidad, la calidad; no me canso de repetir esta palabra, pues creo es la que engloba por completo el disco, el concierto, la gira, la carrera del Sr. Cohen, quien ahora se envuelve en una segunda gira mundial, ésta un poco más extensa. Con la consigna de hacer resurgir de las aún llamas encendidas - nunca apagadas - de su carrera: himnos, gritos, poemas, sensaciones que ha creado, dejará a más de uno, como lo ha hecho con este disco, con la boca temblorosa y el corazón a flor de piel. El Sr. Cohen ha retornado como sólo los grandes lo pueden hacer, haciéndonos deambular como taciturnos caminantes que sienten parte de su vida transcurrir mientras suenan sus melodías, su 40 años de existencia musical. Bienvenido sea.

Live in London de Leonard Cohen
Calificación: 5 de 5 (Sin Mejorías).

Pearl Jam - Ten Redux

REDONDO.

Pearl Jam - Ten Redux (2009)

Algunos de mis más cercanos colegas conocen y reconocen bien al rock como una de mis más grandes inclinaciones musicales, no basta recitar más lo enlistado ya en este mismo espacio que al explorarse es algo un tanto obvio. Ahora bien, este gusto generacional por un sonido ya añejado y alejado de una realidad temporal (en la mayoría de los casos), me comenzó desde temprana edad gracias a la influencia siempre acertada de mis hermanas mayores, quienes “pertenecen” a aquella generación “X” que se hiciera notar por no quererse hacer notar del todo; fracaso generacional que nos trajo estas repercusiones actuales de sobre-llamamientos y egos alzados que se evocan cual reflejo de la bruja de Blanca Nieves; Cosa aparte, en fin.
Para aquellos años de virginal infancia en una década que marcaría el inicio del internet, la adolescencia de mis hermanas, como la de la mayoría del mundo, se regodeaba por el artefacto de moda; algo que personalmente creo ha quedado en los anaqueles de la mercadotecnia musical como el último gran golpe de falsedad y inventiva, pues ha ser sinceros, lograron vender con la etiqueta “Grunge” un supuesto sonido de un puñado de bandas que en realidad era más que heterogéneo. Re-estructuraron el hartazgo de una juventud olvidada en su expresión artística, pero sobre todo musical, por el hecho de estar alejada del eje que aún se conserva en el mercado melódico de los Estados Unidos - y lamentablemente del mundo - Nueva York - Los Anegles, o viceversa, logrando al final venderlo como un sonido que se creyó existía y que años después nadie supo definir, por lo que se optó nombrarlo “movimiento”, cosa que tan poco fue. Hoy ya desentrañada un poco más de verdad, sobre todo por ese magnifico documental de Doug Pray, Hype! (1996), podemos re-visitar esos recuerdos y entender que ese paso fashionista se debió al grito de un puñado de jóvenes que se encontraban en la olvidada ciudad de Seattle, situada irónicamente al noroeste de los Estado Unidos, en el estado de Washington, un también olvidado estado que lleva el nombre de unos de ss más queridos presidentes; donde al no tener ningún ojo critico sobre ellos, se aventuraron a tocar - y expresarse - como sólo ellos se daban a entender, es decir; más cercanamente a sus influencias personales, las que cada uno obtuvo en sus años más receptivos, y no a parecerse tanto a lo que las listas colocaban como lo número 1 a mediados de los 80s. Así fue como bandas como Soundgarden, Nirvana, Screaming Trees, Mudhoney, Alice in Chains, Tad, y un puñado más se abrieron paso, algunas de ellas logrando caer fácilmente en el juego de la industria e influyendo a bandas del eje comercial como Stone Temple Pilots, Smashing Pumpkins, Soul Asylum y tantos otros que se dirigieron, a la par, rápidamente a la fama.
De entre todo ese mar de bandas, y de un sonido no existente (grunge), repito, como fue vendido y consumido por todos en aquellos años, se encuentra esta banda que citamos hoy aquí, Pearl Jam, una de las que más rápido se dieron camino al éxito comercial, una de las que más rápido se vendieron, quizá la segunda después de Nirvana.
Formada de los restos de bandas como Mother Love Bone y Green River en una historia ya muchas veces contada por lo fans y revistas especializadas, y en donde también se ha de citar aquel proyecto llamado Temple of the Dog - y que hoy es un disco de culto para los gustosos de ese “Grunge” que cada vez tiene menos sentido como palabra, concepto, y ya no se diga movimiento o sonido - Pearl Jam se lanzó al ring con un disco que hoy, innegablemente es histórico.
Ten fue el disco debut de esta ya mítica agrupación, abanderada lógica de las pocas sobrevivientes a esos años que se han llevado ya entre si carreras, vidas y caminos. Un disco al que le costó el convencer de su calidad originalmente pero que a finales del año de su lanzamiento, 1992, logró posicionarse como uno de los mejores y más vendidos. Esto también gracias a que la onda grunge ya era una ola que nadie podía detener. Sin embargo la historia no es tan cruda como se cuenta o se lee en esta reseña, pues en efecto el disco valía le pena, y la historia, como siempre, lo sitúo en su preciso lugar, hoy ya en relación con los discos más emblemáticos e influyentes en la historia del género. Ten fue un debut como pocos, un disco redondo que contenía la fuerza de toda una generación aquejumbrada y apresada entre presiones sociales, políticas y sentimentales. Un trabajo repleto de himnos generacionales instantáneos que recitaban y exploraban las necesidades de aquella generación “X” ya mencionada. Alejado del punk característico de Nirvana, Pearl Jam más rozaba el estilo clásico del rock de los 70s, con estructuras más solidas y menos “salvajes”, con coros emblemáticos, solos que recordaban los años dorados del rock y la presentación de una de las mejores voces en el rock en los últimos años, Eddie Veder.
De esta manera, con esta combinación de factores, Ten se ganó y se ha ganado al pasar de los años el prefijo de clásico, y en algunos casos más particulares, por preceptos generacionales, claro, el de imprescindible. Empero, lejos de lo que ya mucho se ha hablado o podido decir del mismo en sus ya 18 años de existencia, hoy la banda vuelve a colocarlo a la venta en una campaña que ya se hace cada vez más frecuente en la industria contemporánea; la reedición. Como antesala de los ya próximos 20 años de carrera de la agrupación, Pearl Jam ha decidido relanzar su producción debut con ciertos elementos de gracia; como es costumbre en esta agrupación. Es así como muchos demos, canciones no oficialmente lanzadas, el material visual oficializado por vez primera de su Mtv Unplugged y alguna otra sorpresa, se encuentran en este nada nuevo disco. Lanzado en varias ediciones, como también es costumbre en la banda, donde cada una contiene más “juguetitos” que la anterior y que acrecentan el precio, por supuesto.
No obstante, el elemento común y verdadero de la supuesta celebración, es que el disco original venga acompañado de una remezcla recién elaborada sobre los masters originales de grabación. Esta mezcla corrió a cargo, como ya se nos había anunciado en su disco de éxitos Rearviewmirror, por Brendan O Brien, el productor que les elaborara su verdadero sonido con sus cuatro producciones posteriores.
Así pues, el Ten Redux, como se le ha nombrado, no da mayor cabida que a los fans que se conocen de memoria el Ten original, y más aún, a los sabedores del sonido actual de la banda. En esta reedición de su disco debut, las guitarras ganan mucha más fuerza, como es ahora su sonido, claro, y las baterías despegan en tiempo, no se apagan tan de imprevisto y la voz no gana en demasía, salvo algunos coros que logran sobre-saltar y que antes se perdieron en la mezcla original. La mayoría de las canciones ganan, sí, en comparación con ese sonido primario y el actual, ya evolucionado en 18 años de experticia, pero eso es algo lógico. No le veo del todo el caso a lo que ha hecho la banda.
El Ten Redux no deja nada a un escucha nuevo, recién, no creo que sea muy apetecible particularmente para alguien que quiera acercarse por vez primera a Pearl Jam; en todo caso aconsejaría escuchar el original, por ese sentido de purismo histórico, claro, además de que el costo se dispara bastante como para optar por el más económico. El Ten Redux pasa la prueba del fan redentor, pero no así puede consignarse como una joya. No existen joyas sobre joyas. Es un premio, un placebo, para el adepto a la banda que espera su nueva producción; prometida bajo ciertos rumores para finales de año y que no deja más que un recuerdo sobre un recuero más bello. Mercadeo de Nostalgia.
Pearl Jam, pues, se pone un disfraz de cordero al emprender una caza envuelta en discurso de rebeldía. Se propone relanzar todos sus discos hasta llegar a esa fecha de los 20 años de existencia donde se rumora una sorpresa mayor, esto aunado también a una supuesta “revancha” con su ex-disquera, Sony, pues ya ha concluido su contrato,. Metas idealistas que tan sólo hacen sangrar el bolsillo del seguidor.
Pues, estos años le suenan de buena ganancia monetaria a los señores de Pearl Jam, por lo pronto yo salgo de la trinchera y observo de fuera el fenómeno, nunca me ha gustado del todo que los músicos emprendan el camino hacía una supuesta salvación del mundo cuando la educación la dejaron para dedicarse a la rebeldía del rock. De un rockero espero rock, siempre, no más, no quiero que me digan que es lo que debo hacer, como ellos exigieron en sus tiempo para dedicarse a ello; aunque acepto que muchos de sus seguidores se pierden irremediablemente en el camino. El Rock buscado pues, lo he obtenido casi siempre con Pearl Jam, la considero una de las mejores bandas de los últimos 20 años, lo que no me agrada son estas técnicas de espera y premios con poco sentido. Este Ten - Redux, entonces, sólo me ha dejado con ganas de saber lo que viene, ósea, como ya estaba desde antes de que saliera, no me ha servido de mucho. Ya lo he dicho, se me ha dado únicamente un pequeño sinsabor sazonado de nostalgia. Cosa muy común en este mundo que no mira nunca para adelante.

Ten Redux de Pearl Jam
Calificación: 3 de 5 (No más bueno de lo bueno que ya es).

lunes, 30 de marzo de 2009

Los Vigilantes

REDONDO.

Los Vigilantes
Watchmen (Zack Snyder, 2009).

Sin lugar a duda la cultura del cómic estadounidense revolucionó - notoria y potentemente - durante los años 80s, las obras cambiaron gráfica y líricamente. Sus componentes dejaron de ser los de aquella vieja guardia pro-nacionalista que hacían un uso nada ambiguo de los temores infundidos por un gobierno ante una sociedad sumida en la guerra fría, sus tópicos se manifestaron en lo que una expresión artística siempre osa permitirse; la critica social y humana. Hay que detallar que para aquellos años, también hundidos en una crisis de valores, depresiones políticas y recesiones económicas, una serie de personajes se volcaron a esta nueva modalidad, haciendo de la simple publicación semanal de aventuras, historias con un desarrollo de mayores pretensiones y nudos/estructuras con notoriedad más desarrolladas. En un punto, como lo hay en toda generación, los talentos y discursos más interesantes se cruzan, he aquí el siempre nudo de un movimiento (aunque este no exista como tal), no es en si una época de oro, sino la génesis del legado de dicho grito de revolución. Para el cómic, por lo que se escucha decir, pues indico honestamente que no es mi campo con mayor experticia, la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons fue - y al parecer aún lo es - el pico ha alcanzar para las consecuentes obras. Ahora bien; ¿qué tanto es valido que un discurso que roza ciertas semejanzas siempre presentes en las generaciones, cómo he dicho antes, se presenté ahora ante una nostalgia de temores nucleares y batallas políticas entre soviéticos y estadounidenses cuando las nuevas amenazas ya nos han rebasado?, ¿artilugio explícito de Hollywood? Claro, es sentido común, ¿dónde quedan los autores en todo caso?, porque las obras tienen autores, ¿sobre las sombras de una simple compra/venta de derechos de autor?, ¿no hay quien defienda sus ornamentos legados? En todo caso, para mí, esto no recaería más allá de esa silueta de egolatría que se remarca fuertemente en ese mundo de la anteriormente mal nombrada historieta y ahora novela gráfica, cómic, y que se ha hecho cada vez más presente en los últimos años con la explotación de sus personajes en la pantalla grande. Y es que no hay nada más sencillo que percatarse del asunto: criticar lo incriticable hace 20 años, 20 años después, es seguir negándose a criticar lo incriticable.
Ahora bien, ante esa explotación citada de caracteres e historias, no había más que esperar para que un día llegara al cine la novela gráfica presente, Watchmen, un parte-aguas, al parecer, en este mundo de héroes, heroínas y villanos, sobre todo villanos. El director nombrado para esta tarea fue el señor Zack Snyder, al cual aún no le concedo confianza y sigo sin hacerlo pasar de un realizador bastante mediano que en ocasiones, sí, ha estado cerca de explotar un talento cinematográfico, pero siempre lo derriba su propia naturaleza de escoger las artimañas técnicas a las dramáticas. No podremos comparar, nunca, el trabajo de dirección actoral de Nolan con cualquiera de las anteriores cintas de Snyder o cualquier otro director que ahora se incrementado sus bolsillos al llevar acabo una franquicia más de súper héroes.
Hablando de la versión cinematográfica de Watchmen, podemos decir que contiene el clásico error de muchas tantas otras obras llevadas al cine y que se originan de un material ajeno, como mencionara oficialmente la industria. La alta fidelidad a la obra original en este caso, como en tantos otros, origina que a esta obra, cinematográficamente, le sobren bastantes minutos. Se deambula en un ritmo peligroso, que si bien pasa inadvertido para el público en general por su uso estratégico de la llamada estética “pos-moderna” de un cine que ya no se encuentra dentro del cine mismo, sino dentro de la asimilación y copia del uso audiovisual de la publicidad y la televisión, pero que se estanca narrativamente en diversos momentos de su metraje, algo que no está de por más decir, por obvio, pero que es un error grave dentro de una expresión que se dedica a narrar principalmente, o bien que debería a ello. De acuerdo estoy que en el mundo del cómic los paradojas temporales y de ubicación estén a servicio de ciertos elementos de lucidez interna, y que en parte formen la armadura estilística del género, y que sus más fervientes fanáticos disfruten de las frases cuasi surrealistas que se van conformando obligadamente por acciones que aparecen casi como desaparecen, pero en el cine eso no es del todo una estrategia de mucha sapiencia. Hay que hacer notar que el dialogo en el séptimo arte es considerado un traje a la medida del personaje, es por ello, en parte, que los guionistas han logrado tal nivel de reconocimiento. Ya lo he comentado en otra ocasión, pero es cierto, la adaptación no se debe enfocar en la fidelidad y devoción a la obra citada, sino a la honestidad y compromiso para llevar a cabo su esencia a otra forma de expresión (y cuidado que para algunos estos conceptos pueden ser sinónimos), en otras palabras; puede que no sea vea todo tal cual aparecía en el material original, pero eso no se busca, sino que el espectador salga en la cabeza con lo mismo que cuando termino su lectura de la obra original. Esta película, como otras tantas que tratan de evocarse a ser películas de culto, esta tal vez lo logre, se manifiestan por seguir más con un juego de la estética y no con los subtextos que en el año del lanzamiento original se buscaron. En este caso, una critica lo bastante irónica y en ocasiones divertida, del mundo mismo del cómic y un gobierno que hasta el día de hoy sigue siendo uno de los más impopulares. A lo que me repito, ¿qué tanto vale la pena ahora escuchar lo que se debió hacer en sus tiempos?, ¿ya que valor tiene una obra añeja que ya logró el valor que se merece, el histórico que tiene?, no lo lograra de nueva cuenta, eso es algo que no se debe estudiar del todo.
Watchmen se sucede en casi tres horas de duración, no largas estas del todo, lo digo honestamente, pero siendo efectivos, es mucho más larga de lo que debía, sus personajes no están creados a partir de una elaborada dirección actoral, eso no se le puede pedir a un director como Snyder, y en cambio sí están construidos a base de una parafernalia de ostentosa mercadotecnia y efectos visuales que en realidad, no me sorprendieron tanto. Lleva al espectador por las uñas a través de su historia, no le suelta jamás, eso sí, algo que debemos adornar en esta cinta, pues mantiene el interés a pesar de los cambios anímicos y rítmicos bastante irregulares, esto debido, todo, a la magistral secuencia de créditos iniciales, que debe decirse, es una de las mejores que se han visto en mucho tiempo en este cine-industria. Nótese la maravillosa manera de situarnos dentro de la compleja historia de los anti-héroes y el universo paralelo en que se centrará la historia. Pensarse que con ese nivel de análisis y capacidad de síntesis se podía llevar a cabo el resto de la cinta no es difícil de imaginar. Claro, esto haría que los fanáticos saltarán de su silla porque les habrían robado el “cachito” de magia en el que suelen esconderse del mundo habitual, y lógicamente, por añadidura, haría que muchos más espectadores se sintieran preocupados por una serie de eventos bien homologados y representados simbólicamente (todo esto por los autores originales de la obra) que ya no tienen valor social actual. Repito, no puedo dejar de hacerlo, ¿qué tanto vale la pena hacerlo ahora? si bien me dijeran que no es tan sólo como un producto comercial para estas generaciones que se tragan todo - hasta una cinta de tres horas que no entienden bajo los preceptos en que se habrá manifestado en sus tiempos - habría un serio problema, pero no lo es así, yo tampoco estuve allí, no, pero se logra captar parte de esencia al denotar los contextos temporales y ciertos tópicos que se desdibujan en esta versión de Snyder - pero que más he entendido, eso sí, al leer algunas paginas de la obra y buscar información precisa de la misma.
Nos venden pues, también, a Zack Snyder como un director visionario, visionario dicen, pero esta palabra debe ser utilizada de manera más inteligente, pues no siempre evoca a la grandeza, sino a los retos que muchas veces quedan debajo de lo esperado. Boorman lo fue en su época, y sí, nos trajo Excalibur (una cinta que ahora estas generaciones verían con lo peores ojos) pero que es una cinta de calidad, para después mostrarnos The Heretic, la segunda parte de la trilogía de The Exorcist, y ya sabrán los resultados.
Watchmen pasa pues una prueba de manera sobria, sin sobresaltos, sin alzamientos más que los estéticos que siempre ponen en boga este tipo de cintas, quien se detiene a hacer alusiones es que no se percata de lo cíclico de estas obras. Yo no me inclino por alabarla, ni “hacerle el feo”, es una cinta que me hizo pasar el tiempo, que se subraya sola y que por ende hace efímeros los momentos de estancamiento. Yo no puedo decir nada más que después de que salí del cine, me topé con una manifestación a una cuadra de la sala que exigía más protección por parte del gobierno, protección en todo sentido, y bueno, esas siempre endebles voces mortales que tenemos los humanos, me hicieron olvidar del todo y casi al momento, todo el rollo que me fue desfigurado en la cinta. Una simple reunión de gente.

Los Vigilantes de Zack Snyder
Calificación: 3 de 5 (Regularmente Buena).

viernes, 27 de marzo de 2009

Gran Torino

REDONDO.

Gran Torino
Gran Torino (Clint Eastwood, 2008).

Siempre que me manifiesto sobre alguna película realizada por Clint Eastwood, o bien, cada que puedo hacer alusión a la cinematografía de este icono del cine mundial, no me canso de aplaudir su mano fina, fuerte y sobre todo eficiente para con su narrativa; siempre de suma elegancia. Y es que en los últimos años no ha dejado más que hacerse notar por buenos filmes, no da cabida a malas interpretaciones y no se permite que las cosas se le salgan de la manos. Siempre que puedo hablar de Clint Eastwood y honrar su trabajo no es implícitamente porque así lo quiera yo, sino porque no hay otra opción.
Con Gran Torino, realizada casi a la par que Changeling, el señor Eastwood nos da una prueba más de su maestra mano al tratar una película, una cinta que tiene claramente dos visiones y perspectivas; ambas de manufactura inquietante y de gran calidad. Por una parte, esta cinta se puede ver independiente de saber y conocer el contexto de los personajes y películas que hicieron grande a Clint Eastwood, siendo así, la trama nos retrata la vida de un hombre en la etapa final de su vida que se ha quedado solo y ahora se percata del mundo real y contemporáneo en el que vive, de los problemas que se aquejan en cada esquina y como alguien de su generación, veterano de guerra, tiene o no la capacidad para entenderlo e intentar llevar acabo la justicia sobre un entramado que se balancea entres los asuntos de la moral, la obligación, la vida y la muerte, después de encontrarse repentinamente no con una amistad, sino con los sentimientos perdidos hace ya muchos años. Un hombre que no tiene en mente más que esos gruñidos y malos tratos de repente se ve envuelto en los recuerdos de las aflicciones humanas; ira, risa, alegría y llanto.
Ahora bien, si observamos esta película desde este ángulo, uno particularmente un tanto alejado del director y lo que se nota cómodamente como el ajuste de cuentas para con uno de sus más emblemáticos caracteres, la película resulta ser un entramado inteligentemente llevado hasta la suma que juega de manera muy sobria - pero con una eficacia enorme - sobre las emociones del espectador, una audiencia ya rendida ante los abates de este amargado personaje que permuta ligeramente a un corazón enternecido por esa educación mutuamente recibida por sus vecinos, y sobre todo, en ese cambio tan bien realizado y que nos lleva al terror, al miedo, a la zozobra y la impotencia de una escena a otra. Pocos directores, en la actualidad, lo he dicho consecutivamente, se pueden dar el lujo de jugar así con las emociones de un publico sin agredirlos de ninguna manera, sino al contrario, de acompañarlos ante esos cambios y justificar las razones de un relato que como es costumbre ante la mano del talento - y la experiencia - siempre están muy bien narrados.
Por otra parte, no podemos negar las señas que esta cinta retoma de aquel ya mítico personaje; Harry Callahan. No está por más decir e interpretar que a estas alturas, el Sr. Eastwood se ha tomado la modestia de rendir cuentas morales con él, de hacerle pagar sus actos y dejarlo rendido en un césped que se convierte en toda esa justicia desperdigada de aquellos años. Vista de esta manera, podemos incluso acrecentar la cinta y degustarla de manera de una manera aún más espectacular, más grande. La cinta nos muestra a un Dirty Harry cansado, en su ultima etapa de vida, solitario y perdido en ese barrio ya rendido ante la migración oriental, un territorio inhóspito donde las pandillas han ganado el terreno de la quietud y donde el extraño no es más que él.
Visto de ambas maneras, la cinta despega y no recae nunca, plantea de manera soberbia los hechos que pronto a pronto irán haciendo explotar los artilugios narrativos y juega con nosotros, la audiencia, como si fuéramos parte de ese entramado, de ese vecindario y muy apesar de conocer las consecuencias de los actos sociales modernos, no nos deja de hacer sorprender sobre las acciones que se suscitan , nos mantiene en el filo del asiento, ya sea por medio de las risas, las carcajadas o la impotencia, o la tristeza, o ese bello final que nos deja entrever un cierto aire de esperanza para con los años a seguir. Basta decirlo una vez, no importa que me repita una vez más, pero al mundo le hace falta educación. Las películas y autores que se toman en serio su tarea, hacen referencia claro bien alusiones a este gran problema mundial.
Gran Torino pasa de manera ágil y veloz a ser una cinta que se disfruta de principio a fin sin baches y sin momentos que desperdiciar, la siempre efectiva y clásica puesta en escena de Clint Eastwood no nos deja librar el pensamiento y nos mantiene centrados en lo que él quiere que pensemos, su uso de la cámara es de un virtuosismo cada vez mayor, sobre todo ahora que ya ha encontrado su pareja en la fotografía Tom Stern. Asimismo, lo que corresponde a los demás departamentos, como montaje, casting y música (en esta ocasión a cargo de su hijo, el bajista de Jazz Kyle Eastwood) no dan píe a una critica negativa. Gran Torino pasa las pruebas exigentes de un cine exigente, de un cine que no trastoca los estilos generacionales, ni los roza, sino que se manifiesta para romper la barrera de las modas, como todas las cintas de Clint Eastwood, y posiblemente, sin miedo a equivocarme, puedo decir que esta cinta se irá haciendo más grande con los años.
Gran Torino es una cinta que observar para presenciar ese cine ya pocas veces realizado, ese cine enorme en narración, grande en calidad y de ahorro y sobriedad cinematográfica, un cine “moderno” que ya pocas veces se da el lujo de contar historias. Al parecer ahora el asunto de la estética y la sobre-explotación visual, tan común, siempre recae en una lamentable mediocridad - en la mayoría de los casos.
Por mi parte puedo decir que hacía años que no disfrutaba tanto una cinta, una historia tan bellamente contada, tan sencilla y potente. Juega contigo de manera soberbia, te hace reír y llorar, disfrutar de temas tan complejos como la vida y la muerte, te saca de si y te vuelve a enternecer. Es una cinta que degustar si es que el verdadero cine es lo que se busca. Una vez más, el señor Eastwood lo ha conseguido.

Gran Torino de Clint Eastwood
Calificación: 4 de 5 (Muy Buena).

lunes, 23 de marzo de 2009

The Killers. Palacio de los Deportes. Madrid 2009.

REDONDO.

The Killers. Palacio de los Deportes. Madrid 2009.

O COMO LAS LUCES LE GANAN AL PODER DEL AMPLIFICADOR.

Les hacen nombrar muchos como la “banda del momento”, pero los momentos cambian, mutan, se dan paso unos a otros y se desfiguran. Al final siempre permanece el símil de una era; el momento de las siempre bandas del momento. Los momentos musicales no dejan que la historia los contagie y deciden evaporarse ante el llamamiento de algunos años de gloria y el siempre benéfico recuerdo nostálgico de quienes presenciaron los tiempos perdidos.
The Killers es, pues, para muchos, la “banda del momento”, uno de tantos grupos generacionales que aún no definen su permanencia en dichas mentes con las que coexisten, aunque, claro, como es costumbre, hay que hacer de lo vivido algo un poco más embellecido; ¿sino qué es lo que uno asumirá con presunción ante la nueva oleada? La afamada banda de Las Vegas cerro la gira europea de su tercer material en un Palacio de los Deportes abarrotado de jóvenes que desconocían del todo sus anteriores discos, que se presentaban ante un llamamiento snob por seguir la fuerza con que han atacado en su nuevo sencillo, el cual reza en su estribillo la banal y vaga cuestión de si somos humanos o bailarines, lo cual pretende venderse como un hito, un grito generacional que la mercancía oficial y el juego de la pantalla central no dejaron en duda; cosa tanto inquietante como irónica ante un aforo lleno que no hizo más que saltar y dejarse llevar por los espectaculares juegos de luces y visuales con que interpretaron sus canciones, algunas de ellas seguidas más por la masa que por el conocimiento pleno de ellas.
The Killers, pues, dio un viaje irregular por algunos de los temas de sus cuatro producciones, incluyendo el improvisado Sawdust (que da lógica total al porque la mayoría de esas canciones no se incluyeron en los anteriores discos) y pasearon cómodos ante la oleada de coros en sus más conocidas canciones, aunque se dieron un par de lujos al interpretar algunos temas alejados de los singles y que gustan a los fans más efectivos de la banda como Bling y Shadowplay, un cover de la mítica banda Joy Division mientras se proyectaban imágenes de la película Control de Anton Corbijn en lo que intentó ser un momento cumbre - y de rendición de cuentas y honores - pero que paso desapercibido por ese desconocimiento generacional, irónicamente lo que los tiene en ese alzado popular.
The Killers pues conquistó a la juventud Madrileña - y foránea - que se dio cita para eso mismo, para ser conquistados sin resistencia alguna a la exigencia o critica (propio de cada generación, esta no exenta) y se dejaron vencer por los excéntricos juegos de luces e imágenes que soltaron ante unas interpretaciones grisáceas de la banda que en ocasiones se torneaban de color debido al manejo del cantante pero que nunca explotaron. El terreno fue vencido con los coros pegadizos de canciones como Mr Brightside, Smile Like You Mean It, All These Things That I've Done, Jenny Was A Friend Of Mine, Sam's Town, Read My Mind, Bones, When you were Young, Space Man, Dustland Fairytale, This Is Your Life, The World We Live In, entre otras. De más está decir la obviedad en que se convierten este tipo de conciertos. The Killers es una banda del momento, es una banda de singles fuertes y rompedores de marcas ante sus seguidores que se incrementan y se han acrecentado enormemente en lo que va de su corta carrera, no obstante es una banda de estudio, que requiere de producción y artilugios técnicos para sonar adecuadamente, la técnica como músicos queda alejado de todo propósito y es tal vez por eso que el concierto se lo llevaron esos muy bonitos juegos de luces. Después de dos horas de la banda principal y tres cuartos de hora de la banda abridora Louis XIV - que pasó casi por completo desapercibida y que en ocasiones llego a ser somnolienta - las luces de sala se encendieron para despedir a la audiencia bajo las notas de aquella ya clásica melodía de Johnny Mercer y Henry Mancini, Moon River y que interpretara por primera vez Audrey Hepburn en el clásico cinematográfico de Blake Edwards, Breakfast at Tiffany's, en una clara alusión a su tema balada de su último disco, Dustland Fairytale.
The Killers llegó como lo debe de hacer una banda del momento, al momento exacto (y es que por curiosos que parezca no siempre suceda así) y dejó a estas tierras europeas hablando de ella, ante los gustosos de los siempre cambiantes sucesos sonoros y una nueva oleada de jóvenes que se volcarán a descargar sus discos o bien comprar algunos de ellos. No podemos negarles la energía que en ocasiones parecía que iba a salir de ese escenario, pero tampoco podemos decir que el grupo se dejará conquistar por su público, lo cual siempre resta los más importantes méritos. Ha acabado pues la gira europea de una banda digna de representar, eso sí, la música propia de estos años, de este concepto aún indefinible para mi como lo Indie; este sonido que no es grito, que no pide ni reclama, que tan sólo se escucha y se pierde, propio de estas nuestras generaciones, propias de este desleal acto de de consumir y desechar al instante - en mi viaje de regreso a casa observé a varios de los asistentes como si nada hubiera pasado en el metro, como si vinieran de ver a cualquiera de sus amigos un sábado por la tarde, sin esa energía no agotada, ni ilusión en la mirada por ser protagonistas de un concierto de música, cuando me lo pensé, yo estaba de igual manera.
¿Qué si somos humanos o bailarines?, ¿más humanos o más bailarines?, la verdad lo tomó como el coro de una canción que busca atacar la ironía que presenta el precepto vago con que fue compuesto, un simple juego de palabras. Es obvio que donde se toque convertirá el foro en una discoteca, pero que más daría si no hubiera gente allí. En realidad no me importa, lo que sí me queda claro es que The Killers es más una bonita banda de luces que algo trascendental. De eso no hay cuestión alguna.

The Killers en el Palacio de los Deportes, Madrid 2009.
2.5 de 5 (Agradable).