Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

martes, 21 de octubre de 2008

Quémese después de Leerse

REDONDO.

Quémese Después de Leerse.
Burn After Reading. (Ethan y Joel Coen, 2008)

A final, los dos personajes que se nos presentan en la última conversación no encuentran palabra o forma alguna de explicarse, lógicamente, todo lo acontecido. La verdadera y única consecuencia al jugar el peligroso, impreciso y sobre todo doloroso juego de la mentira no parece llevar a otro lado más que a los pasillos homogeneizados de los ojos que observan, escuchan y “entienden todo” ¿Es acaso una critica mayor a los procesos de entendimiento de la inteligencia estadounidense (lo que nos llevaría al campo de una fina ironía), o simplemente un filme que desencadena en el soso pensamiento de que todos estamos sobre el mismo cielo, sobre la misma vista y podemos perderlo todo, tenerlo todo, de la manera más vulgar e infame; dígase humana? Para este humilde escritor es por bien la primera con una entretenida lectura inicial de la segunda. Una película que critica siendo bastante divertida (cuan difícil como sea crea que esto pueda llegar a ser para usted querido lector).
Los Hermanos Coen, en esta su nueva película (la no muy despreciable no. 13 como largo), hacen lo que mejor saben hacer; cine. Un cine distinto al acostumbrado en el ámbito comercial pero con guiños importantes a este. Con un reparto que ímpacta de primera vista, con personalidades del main stream que pocas veces convergen bien dirigidas para con el sentido de un filme que nunca trata de sobreponerse a su naturaleza; la de una comedia con miras a una critica lo bastante cómoda y bien intencionada (para con los fines de la mente de los creadores de Fargo, Miller´s Crosing, Barton Fink, Big Lebowsky, claro esta) y nunca llegar al campo de la presunción, como creo, nunca han hecho.
Es obvio que después de una respuesta un tanto sorprendente, un tanto no, de su anterior filme; No Country for Old Men, esta película parezca un peldaño más suave, menos sofisticado para aquellos que han comenzado a observar el trabajo de estos hermanos realizadores, pero para los ya seguidores de los Coen no se puede augurar un altibajo mayor (como lo fueron sus dos comedias después de The Man Who Wasn´t There) ya que si bien su oscareado filme fue una revisión soberbia de su opera prima Simple Blood, a ésta última le siguió uno de sus trabajos más ligeros; Raizing Arizona; lo que para algunos situó en el pensamiento la duda de si esta sería una segunda revisión. Pues bien, ahora se sabe que no fue del todo así, pero en efecto hay un tacto acercado a la ligereza de su entonces segundo trabajo protagonizado por Nicolas Cage en uno de sus personajes más extraños, algo característico de cualquier actor en las manos de estos directores de culto (ahora tal vez ya con más claridad) pues siempre los han de acercar a una extravagancia para con lo que nos tienen acostumbrados, tal es el caso aquí del buenrostro Brad Pitt.
Y es que Quémese Después de Leerse no trastoca, es cierto, la genialidad de estos hermanos, empero sí roza su virtud en la forma de contar una historia revuelta de situaciones enteramente posibles en un universo contemporáneo (tal vez el más contemporáneo de su carrera) mezcladas de manera por mayor inverosímil. Al salir del cine uno puede hacer el ejercicio de tratar de explicar el enredo a otro para poder llegar a una resolución y nada sería efectivo; los Coen nos convierten, una vez más, en un personaje privilegiado, el más privilegiado, pues somos nosotros los únicos que tenemos a la mano todos los cabos sueltos y alejan, no alejándose de... a todos sus personajes de la certeza. Convierten su historia, tal vez como nunca antes lo habían hecho, completamente incomprensible para cada uno de ellos sin excepción. Nadie entiende, jamás, nada; aún para los que lo saben todo (o casi), tan vago como pueda sonar lo anterior descrito. Así es el mundo de la mentira, dicho anteriormente; peligroso, impreciso y sobre todo doloroso.
¿Que más Coeniano puede ser una historia donde lo muertos, gente inocente claro esta, es asesinada por el simple factor de un descuido y dos que tres mentirillas piadosas en pos de conseguir una cantidad “burlona” de dinero para una acción de lo más banal y estúpida?
Al más puro estilo de estos creadores, podemos observar lo mejor de sus atributos en pantalla, la forma lineal de contar todas sus historias (el desarrollo); la inteligencia y por demás elegancia en que cada uno de los personajes van sumándose (no integrándose) a los universos de los otros, pues desde el principio lo sabemos sin haberlo resuelto del todo. Los personajes se van atendiendo en cada uno de los campos que comparten. No se abordan, se complementan para acabar en el fatídico idilio en que termina todo. Los Coen regresan a un estilo humorístico de espesa negrura, al más puro estilo Fargo (con un auto-tributo incluido), sangre y risas de la mano aunque se extraña, debe decirse, un tanto la mano de Roger Deakins como su operador principal. Si bien el Mexicano Lubezki sale bien librado, se hechan de menos los pasajes lentos y cautelosos de Deakins, sobre todo en los momentos en que vemos a los amantes buscarse en el camellón de las bancas siempre ocupadas y árboles a medio deshojar; Washington D.C. Aunque como paso lógico, se sabía que un fotógrafo de la calidad de nuestro conacional daría en parte su toque y no imitaría. Un reto importante para este operador acostumbrado a acciones mucho más ágiles y menos dilatadas. El montaje y las inteligencia de los dialogo tienen en su haber, algo de los mejores efectos Coen, sobre todo en filmes como el ya mencionado Fargo y The Big Lebowsky.
Burn After Reading, pues, es divertida, sarcástica y elegantemente irónica, es una comedia que si bien no es, ni será de las mejores películas del año, sí es una de los films más inteligentemente divertidos de los últimos años.
Quémese después de leerse es una trama tan sencilla como compleja, tan desenfrenada como hilarante, tan alocada como elegante y cruda a la vez. Es una película Coen, claro, no está por demás decirlo. Vale la pena, el tiempo elegido para gastarse al entrar a la sala se quemara después de haberse vivido.

Quémese después de leerse de Ethan y Joel Coen
Calificación: 3 De 5 (Buena a Secas).

viernes, 10 de octubre de 2008

Hasta Luego

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Esta es una ocasión especial, es por eso que dejo esta columna antes de tiempo. S
aldré de viaje, fuera de esta ciudad y la columna del diario se cancela en pos de atender otras necesidades. He aquí, como dice el titulo de la misma, un hasta luego. Nos volveremos a leer y, querido lector, este espacio sigue abierto y seguirá concibiendo nuevas ideas así que no se den por vencidos. Este blog está más vivo que nunca.

HASTA LUEGO.

Una de las mayores afectaciones que se le ha hecho a nuestra cultura popular mexicana es el mismo, y por tanto irónico, factor que nosotros mismo hemos empleado para con cierta parte de la cultura de otros países. Aquí debo centrarme en las sociedad nuestra y la de nuestro vecino del norte, los estadounidenses.
En cierta parte de la historia, la juventud de esta nación se vio enfrascada en un movimiento cultural más que masivo, global. Durante de la década de los 60s los estudiantes de universidad y preparatoria (así como sus equivalentes en otros países) unieron voces para hacer un llamado a la apertura de ciertos tabúes que debían cancelarse, derogarse y enfrentar una realidad, valga la redundancia, más real y menos fantasiosa como la que dictaminaba las versiones oficiales. Dentro de los conductos que se tomaron y retomaron (podemos verlo así) para hacerse notar, como un medio directo de expresión, fue la música. En aquellos años el Rock Inglés, naciente de el Blues Americano pero con una energía y fuerza mayúscula y el Rock N’ Roll Americano como un incipiente inicio de la juventud que buscaba mayores lugares de esparcimiento y que derivaría en un movimiento si bien aplastado por corrientes contraculturales de mayor envergadura como los “Beatnicks” y los “Hippies”, si con mayor fuerza en cuanto al grito colectivo que buscaba relacionarse con sus allegados de manera más libre y sin ocultamientos, derivaría en el libertinaje que llegaría, pues, con una segunda ola de jóvenes.
México no se quedo atrás y los movimientos de libertad no se hicieron esperar, pero no nos centremos, por favor, en lo que todos lamentablemente conocemos, alejémonos por un instante de aquel ataque de pena internacional e histórica con la que hemos de cargar siempre por ser mexicanos, sino enfoquémonos en el ámbito meramente popular, mercantil, en ese sonido efímero que de igual forma se catalogaría como Rock N’ Roll o Rock Mexicano (siendo que debería ser una división). Me refiero a eso que todos ya sabemos, a esas interpretaciones mexicanizadas de los éxitos del momento – de otro lugar. Muchas de las canciones con que las fueron creciendo generaciones enteras, se refieren a otras con un lenguaje que es completamente antinatural, y esto aunado a la falta de educación con la que crecieron otras, hace que no tengan las referencias exactas, que se extrañen al escuchar esas melodías con las que crecieron con una calidad mayor en su producción y en inglés. Una muestra más del debilitamiento cultural gradual por falta de instrucción de calidad y amplio margen de libertad por parte de la globalización.
Es así como el otro día pensé que no faltará quien se alarmé o levante el grito al cielo, en su afán de ser o parecer nacionalista (nunca falta), y se le hiciera saber que una de las canciones más “sonadas” en Inglaterra, cantada por un estadounidense (herencia inmediata) fue aquella llamada “She Wears My Ring” de Solomon King, que también cantase en su ocasión el Rey, Elvis Presley y que sea una versión americanizada de nuestras afamadas “Golondrinas”. Técnicamente es lo mismo que hicimos y seguimos haciendo con algunas composiciones de allá, pero lo repito, nunca faltará quien quiera sólo verlo de un lado de la moneda, del que nos convenga.
Traje a colación esta historia por el factor de que ésta, querido lector, es mí última columna en un buen rato. Debo culminar esta etapa por hechos meramente personales, por retos y metas que uno debe ir haciendo y rehaciendo, todo esto con el afán de crecer y seguir paso a paso firme, con un camino. Me alejaré un tiempo de estas tierras y traeré más experiencias, más sonidos y visiones.
Agradezco de antemano a todos aquellos que alguna vez tocaron estas hojas y se entretuvieron leyendo las palabras de un servidor. Esto es sólo un hasta luego, como bien he colocado como titulo de esta columna. Agradezco de nueva cuenta y auguro mejores tiempo por venir si es que la educación y la paciencia reinan en estos lugares. Hasta Luego.

lunes, 6 de octubre de 2008

Burdel

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En está ocasión no tuve más remedio que repudiar las acciones que embargan a esta sociedad local, esa de querer una notoriedad pública a toda costa. Alejada de los elementos serios y concretos que se requieren para que la cultura sea en efecto y en alto grado de importancia, la herencia nuestra.

BURDEL.

Antes que nada debo reprobar el fastuoso evento de que una de las instituciones “educativas” a favor de nuestra sociedad se haya rebajado, sobajado, reducido a un grado de carestía tal que da pena ajena.
Allí, en una de las calles principales de esta capital, se encuentra un monumento a la mediocridad, a la insuficiencia y la pequeñez. En una esquina, literalmente, se encuentra este edificio de buena vista (pero que es tan sólo una fachada, ahora más que en otros tiempos) donde uno puede encontrar un gran “mantel” – algunos les dicen publicidades – haciendo alusión a un par de alumnas suyas que se encuentran en uno de estos, más que vulgares, reality shows. Apoyándolas a mente abierta, a grito tendido y sin sentir culpa alguna; ¿qué es lo que pasa?, ¿acaso esta institución académica, que debe procurar por la educación de los ciudadanos de este país alarmado a cada día, presume que en vez de fomentar los principios de una cultura amplia dentro de su alumnado, ha avivado el anodino deseo de la fama pasajera? Repito: ¿qué pasa?
Esto es sólo una muestra real de lo que pasa en dos sectores primordiales de este mundo contemporáneo, irónicamente desbalanceados, lamentablemente mediados y contrapuestos; la mercadotecnia y la educación.
Por una parte tenemos el factor formativo, que es lo que más nos debería importar, pues es fácil, duro, conciso y complejo (a la vez); es esto lo que se debe atacar para que este país empiece a cambiar. Solamente esto, no hay de otra, en esta nación se debe empezar a enriquecer las mentes de su gente si queremos empezar a ver cambios reales, sustentables, fundamentales, REALES. No existe otra opción más que hundirnos más.
Por otro lado está el entumecido mundo de la mentira, la farsa y el disimulo. Hoy por hoy las cosas deben de comercializarse en un mundo que nos dicen, está divido en sectores, en mercados, en públicos metas y mentalidades clasificadas de manera imberbe como el metódico, el aventurero, etc. ¿A dónde se quiere llegar con esto? Bien creo que el factor es que no se quiere llegar a nada, estancarse en un mundo de fantasía donde nadie sale bien librado, pues inmersos en esa podredumbre hasta los creadores están clasificados.
Paseaba el otro día por esta afamada calle y lo vi, admito que como profesionista de la comunicación veo por cierto tiempo (15 minutos por mucho) estos programas que enraízan mí efervescencia a prepárame más. Son de una comedia involuntaria brutal y uno, quiera o no, debe formar parte de un mundo que obliga a resquebrajar más la falla. Uno no puede darse el lujo de no darse por enterado de las cosas que suceden en la nación que encara al mostrar sus credenciales.
Al verlo no tuve más que sorprenderme por el hecho; acepto, tal vez, que las personas en cuestión hayan decidido irse por decisión propia y buscar su mundo de gloria y notoriedad porque su ego y capacidades intelectuales no daban para más, pero de eso a que la escuela se abanderé por el acto hay una gran distancia, trayecto que sólo los que se encuentran en el mismo abismo enfrentan. Señores, padres de familia, educandos y educados, ¿qué es lo que se quiere cuando encaramos el exigente e importantísimo factor de la educación? Queremos medias tintas, cómo se dice. No, exigimos una seriedad al enfrentar esta labor, necesitamos de una notoria recuperación en los campos del arte y las ciencias, necesitamos a un pueblo dispuesto a crecer, capacitado para estar por encima de las trivialidades. Olvidemos la mercadotecnia como herramienta para la venta, pues se venden las cosas, los artilugios, no las capacidades. Esas son derechos de todos por el hecho de estar en este mismo lugar. La educación no se debe vender y tiene la obligación, valga la redundancia, de educarnos, de hacernos mejores personas y crecernos como individuos, no como gente pasajera y ridícula en una pantalla que nunca se acercará a nuestros corazones. Eduquemos, eduquemos y nada más. Todo cambiará.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Ricardo Casi Correcto

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Melómano soy, en grado enfermizo debo confesar. No podría vivir sin escuchar música, me siento vacío y gris sin no hay algún sonido que escuchar, sin sentir las cadencias compuestas en cierto grado de calidad que yo considero presentable. Entre tanto grupo y sonido que me meto a la cabeza, confieso que los discos de Pink Floyd son algunos de mis predilectos, es por eso que hoy honró de muy humilde manera a Richard Wright, su tecladista, que lamentablemente falleció en días pasados.

RICARDO CASI CORRECTO.

Mientras disfrutaba de algunas canciones de los Rolling Stones, después de una experiencia un tanto desalentadora al ver el documental que les realizará Martin Scorsese – y no es que no me haya gustado del todo, pero creía que el asunto iba encaminado más hacía lo que había realizado con Dylan en su “No Direction Home” (2005) y no tanto hacía lo que había fabricado Jonathan Demme para Neil Young en su “Heart of Gold” (2006) (altamente recomendable) – me enteré de la muerte de Richard Wright, una noticia que verdaderamente la consideré como gris, triste. El mundo de la música catalogada como rock estaba de luto ante la perdida de unos de los tecladistas más conocidos en esta escena. El otrora acompañante de Gilmour, Waters y Mason en el Pink Floyd que le cambio la faz no sólo al rock, sino a la música comercial por medio de sus mezclas de sonidos ambientales, efectos y atmósferas que trastocaban distintos géneros, dejó de estar más no de existir. Acompañante presente de Syd Barret, fundador de aquella mitica banda, será recordado no por ser uno de los tecladistas más pomposos, extravagantes y extrovertidos como lo es la figura de Rick Wakeman por ejemplo, sino por ser uno de los más brillantes (donde también tienen cabida el Sr. Wakeman, claro), su estilo no se basaba tanto en el aspecto de florituras muy desarrolladas, alejado del “virtuosismo” con el que se presentan otros instrumentistas en el genero del Progresivo como el también tecladista Keith Emerson (excelente hay que decir), sino más bien como un generador de ambientes, de climas precisos a favor de las canciones de sus compañeros. Algo que, quien sabe algo acerca de estos géneros, no es una tarea del todo fácil. Richard Wright era eso, un miembro de una banda, de un grupo, de un colectivo de mentes que desarrollaban ideas complejas y las llevaban acabo con tal sutileza que pocas veces se escuchaba a alguno de sus miembros sobresalir excesivamente ante el resto, era una parte clave en la amalgama de la música de Pink Floyd, de él mismo y últimamente de su amigo y colega David Gilmour.
Muchas otras bandas tan sólo desarrollan núcleos escalares, ideas musicales y sobreponen toda su técnica ante una composición que sólo les sirve para presumir sus habilidades; siempre a favor de la presunción, de una imagen meramente personal y alejada del conjunto, que en otros años, era uno de los discursos del rock que hoy por hoy es en realidad una leyenda respetada, promovida e impulsada por su gente; la que la creo y la que la vivió. Eso es en efecto una vida hecha que ha valido la pena. La de Richard Wright no se queda atrás, es tal vez por eso que se le vaya a hechar de menos, no obstante su legado siempre será, desde ahora, motivo de cierta vanidad.
Hasta hace algunos meses uno disfrutaba del concierto de Gilmour en el Royal Albert Hall donde se les podía ver juntos tocar dos temas clásicos de la banda, así como recordar el concierto acústico del 2002 donde interpretaban el tema “Breakthrough” del disco solista de Wright “Broken China” y dejarse llevar por ese estado de anhelo, de deseo de que las cosas no cambiasen, de que el tiempo se estancase y las cosas siguieran sucediendo, pero el tiempo es implacable y las cosas de una u otra forma deben hacerse llegar a su fin. Cual concierto, la vida de Wright se termino, sin encores, con sorpresa, sobresalto y muchos aplausos póstumos. De alguna u otra forma se le recordará, de alguna u otra manera las consecuentes generaciones escucharán su legado; en canciones, influencias y demás.
Hoy por hoy Wright puede ser recordado en el último disco lanzado por el ex-guitarrista de Pink Floyd, una grabación que retoma la ultima presentación de la más reciente gira de este, un concierto en Polonia donde el señor Wright puede ser homenajeado como a todo músico le gustaría ser rememorado; guardando silencio y que ese silencio lo construya él con sus armonías, con sus melodías. Con su canto, que es historia y siempre lo ha de ser.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Cártel-era

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Con esto de los bombazos (mejor tal vez decir granadas) todos se comportan como en un estado de emergencia, es algo lógico. Pero, ¿qué tanto esto debe ser una sorpresa real?, ¿hacía donde podría llevar este acto desleable nuestra “industria cultural” (o bien lo que conocemos como tal)?

CÁRTEL-ERA.

El tema de estos días es uno, sólo uno y ningún otro que aunque pueda relacionarse directa o indirectamente con ciertos preámbulos con los que ya se había batallado, o bien ya se estaba luchando, es una clara referencia a todos los sectores de un país en decadencia social como lo es este donde habitamos.
¡Bomba!, se diría como una especie de broma elegante en otros tiempos, tal vez unos meses antes. Posiblemente en el sur aún exista un poco de disertación y se diviertan aún haciendo alusión a esta composición de rima y folclor que ahora nos trae a mente algo que parecía no tan lejos, pero si distante: los actos delictivos nombrados como atentados y dirigidos a la sociedad en general.
Como lo es sabido, las bombas han dejado de ser las moderadas construcciones caseras que se hacían con una botella de cristal, gasolina y un trapo viejo (y que cierta cadena televisiva – con referencia a una cultura prehispánica – algún día enseño a realizar en sus noticiarios), potencialmente esta debacle sea debido al incremento en el combustible, que ya casi ningún liquido es embotellado en vidrio y es mejor conservar los trapos para el frío y los huracanes que andar recortándolo para darle fuego a otros. Ahora se ha dado paso a una período un tanto más oscuro (tampoco debemos teñir todo de lobreguez por este simple hecho, las nubes ya estaban a distancia desde hace un buen rato). Ahora las armas ya vienen empaquetadas y podemos hablar de un distensión para con el trabajo amateur. Una granada podría considerarse como una amenaza menor para con lo visto en anteriores meses, yo no sé por qué el gobierno nos muestra lo decomisado, es una visión terrible de lo que nos podemos encontrar en futuros no tan ajenos ni lejanos.
Material creativo suficiente tienen ahora ciertos sectores de nuestro país; los “videhomes” cuentan al momento con muchas tramas que bien pueden ser repetidas por unas cuantas décadas, andamios narrativos tan llanamente viserales y inverosímilmente bélico-militares como lo son sus producciones. No pueden quejarse de estas situaciones, a las que buen provecho sacarán en estos años por venir, realizaciones que emulen de manera coqueta (no creo exista otra manera) esta crisis que ellos tomarán, en su punto de vista, como algo serio y como homenaje; colocando un texto al final o al principio. La música no se debe quedar atrás, no se quedará podemos asegurar. Los narcocorridos podrán suministrarse por más años de tela por cortar, los urbanos y la industria Lora también podrán aportar ciertas tonadas al malogrado desarrollo social del país, unas dos/tres canciones, o bien todo un disquito temático, aunque tampoco podemos descartar a los Hernández, Rocos, Olvera y aquellos que se cambian a cada rato el nombre en una unión para cambiar un mundo que ya han ido cambiando desde hace mucho, según ellos, claro. Mejor manera de descubrir su inservible acto de voluntad por la que dejaron el estudio que tanta falta le hace a este país para, en efecto, mostrar una evolución de verdad.
No es que uno quiera agenciar cierta duda para con aquellos que involuntaria o voluntariamente manifiestan la idiosincrasia del México presente, pero debemos asumir las responsabilidades; tanto años de ver esos entramados cuasi cinematográficos, escuchar tanta “ira” e “impotencia” por parte de los rockeros con conciencia del país y tantas narraciones puristas por parte de los juglares norteños del país, nos hemos ido educando para con una visión que no cambia, que permanece y todo se convierte en un ciclo tan divertido como peligroso; ahora mortal.
Siempre he pensado que las expresiones artísticas de este país, de cualquier país, deberían ajustarse meramente a los criterios imaginativos del creador, situaciones triviales que llegan a algo gracias a las herramientas que cada arte manifiesta después de un estudio profundo de este, posiblemente, por que no, de vez en cuando alguna cita al pie en forma critica a ciertos asuntos, pero nunca el pie encima de nosotros. Nunca.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Susurros

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Hoy es el famoso 15, el día que todos esperan para poder beber creyendo en una serie de mentiras sistemáticas, profesando una justificación más falsa que el hecho mismo. En fin, llevo ya con esta versión, 4 años manifestando lo que para mí es realmente este “festejo”.

SUSURROS.

Vamos al grito, vamos a festejar, me dicen año tras año algunos de mis allegados. ¡Vamos al grito! lo que sabemos todos, significa una bebedera de alcohol hasta la descomposición total en pos de un inicio muy tradicionalista y un desenlace completamente globalizado. Dígase de otra manera, nos sale lo que realmente es en la actualidad el mexicano. Un ciudadano del mundo que exige tradiciones y modernidad en la misma conjugación de tiempo, un compuesto de pretérito y presente al que sólo los connacionales le podemos agarrar sentido.
Empezada la fiesta existe el pretexto perfecto (o por lo menos el ideal para con los cotidianos) de desenfundar, cual florete, las bien recibidas botellas de tequila que ya no lo es, pero que nos lo siguen vendiendo como la costumbre dicta, y si nos sinceramos un poco, sabemos lo que el valor causa en estas fechas para con uno más de los hijos del agave, al parecer en estos días no hace daño. Habrá otros, pues, nunca faltan, que en garrafas pueblerinas (que no son más que recipientes hechos para cargar gasolina) nos brinden de su aguamiel o su curado de “algo” al que muchos se nieguen en pos de cosas que han oído y lo manifiestan de esta manera, o bien, en primera e hipócrita persona (yo no lo tomo porque… ¿sabes cómo lo preparan?). La música doliente no puede esperar, las populares entonaciones de desamores en la sierra, ciudad, pueblo, rancho, hacienda, árbol o maguey, engalanan las primeras sonrisas (ironía aparte) así como los primeros retos infames, infantiles y absurdos de quien bebe o aguanta más. Los caballitos empiezan a ensuciarse.
Si bien el asunto resulta un tanto más falsamente culto, un paso más “intelectual” digamos (en el puro sentido de lo que cantase alguna vez el Rockdrigo comprando a los sabios con los nopales), no falta quien se desenchufa por instantes de ese ardor de superioridad en cuanto a gustos musicales y resuelve desenfadarse con puro rock nacional. Tequilas a la garganta mientras oímos los riffs de guitarras que se hicieron imitando el mercado inglés y estadounidense, sonidos garage, grungeros, punketos, urbano-blueseros, alternativos o bien denominados puro rock se manifiestan en la cochera de amigos que han pasado sus mejores momentos al compás de música extranjera.
La hora del baile no tarda en llegar, a mover el esqueleto en un slam de cotorreo o bien con un buen tronador de columna como lo es el nombrado duranguense, los zapatos se desgastan con un suelo que empieza a engolosinarse y texturizarse cual mosquitero. La descomposición empieza a tomar forma en las deformes sonrisas y carcajadas, en las pláticas polémicas de política, sexo, religión, amor y demás temas en pos de alguno que sabe, se puede cambiar a este país, a este mundo. Lo único que pide es que lo escuchen borracho.
Lo primeramente punzante de todo este hervor es que en la mayoría de las festividades colectivas nunca hubo un mentado grito. Sólo pocos recuerdan el sentido del festejo (que en efecto el primario es ir y ponerse una excelente guarapeta) y todo termina como una fiesta normal. Escuchando los hits del momento, sean nacionales o extranjeros, ¿por qué no un buen reggaetoncito puertorriqueño, un hit americano, una que otra rolita alegre (por no decir gay) europea? ¿Por qué no un clasiquito inglés de los 70, algo psicodélicon del 67 y todos a observar el cielo nocturno que muere? Muerte de tradición. Yo me sigo preguntando por qué demonios todos se visten como en la revolución si eso no es lo que festejamos, para eso falta más de un mes y hay 100 años de diferencia entre hechos históricos. En fin.
Esa es nuestra libertad, nuestra soberanía, nuestra patria. Ese es nuestro grito, un pretexto para el pretexto mismo. Ese es nuestro cambio expresado en marchas que no llevan a nada. Esta es nuestra cárcel; una botella de alcohol y un corazón desangrado.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Bien-vendido

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En esta ocasión admito la abominable diversión, el fastuoso entretenimiento con el que se suscitan los domingos nacionales. Las dos más grandes televisoras de nuestro país han retornado a las ya gastadas formulas con las que tratan de haceros saber que los “talentos” (o mejor dicho los “sin talentos”) son parte tan común como la corruptela policial y política y su falta de ingenio y calidad.

BIEN-VENDIDO.

Alegre estoy, los reality shows han regresado a nuestra pantalla nacional para deleite de la ignominia, la mediocridad, la bajeza y por qué no, del entretenimiento vil y viral con que se definen. En los pasados domingos las cadenas más importantes del país dieron rienda suelta a sus axiomáticas representaciones de lo que el país requiere para una sano divertimento. Yo aún me sigo preguntando el por qué nadie se ha dado cuenta del gran insulto que esto encarna (mencionó esto pues ya hasta de sangre andan hablando).
Por un lado me fascina que uno de estos emporios denote su degradación hacia con su propios artistas (o así nombran ellos a quienes salen en sus producciones), haciéndolos pasar por humillaciones y ridículos. No sé ustedes pero yo la verdad no revelaría que parte de los artículos que vendo/rento/mantengo/manifiesto (¿por qué no llamarlos así, por qué no ponerlos así?) no son para nada talentosos en lo que digo que lo son, ¿qué es eso de que nos muestren que aquellos que “apasionan masas” son bien tarugos para con el bailongo y la cantada, si se presume que eso es lo que hacen? Las suposiciones, pues, se han perdido y ahora se redimen ante una verdad que implora y se sumerge en la falsa liturgia de querer auxiliar con el corazón - y al parecer sin nada de capacidad - los sueños del mexicano común o promedio, dígase de otra manera; un jodido que no tiene ni para mantenerse en la media de lo saludable y que para mala fortuna, debe cargar con algún familiar que se encontró con una vida aún más jodida y que ahora comparten. Lindos deseos estos de ayudar, digna representación de un pueblo, que nos dicen, debe de exigir una nueva cara.
Por otra parte, y tanto más o igual de disfrutable, está esta otra nueva versión (renovada y ya nada fresca) de lo que bien en otros años pudo ser el sumamente cursi concurso de la OTI, donde las futuras estrellas de esta país deben empezar a asegurarse un espacio en el corazón de la nación. Esto, claro, con los obstáculos naturales y unos cientos de más que sazonen la sopita instantánea que lentamente se calienta en base a popularidad, polémica, carisma y evaluación del populacho mexicano; esa sociedad nada educada para sobrevivir y menos para las manifestaciones artísticas. Me pregunto yo, un tanto asombradamente (aunque cada vez menos); ¿qué no lo que se buscaba era el talento vil?, ¿una voz que resuene en lo alto de las esferas de aquellos cantores que le han dado brillo a las tan fugaces, corrientes y presuntuosas noches bohemias? Ellos deben ser los herederos de aquellos que hoy son historia, y ceniza, polvo bíblico que vemos cada vez más desparecer; son los beneficiarios de aquellos que acabaron en las drogas, el alcohol, el abuso sexual, la violencia familiar, la cárcel por no saber sumar sus impuestos y confiar en el primero que se les pone enfrente, o bien, de aquellos que hoy en vez de reinventarse, le escupen en la cara a las nuevas generaciones sus éxitos de antaño para recordarnos el insignificante y mediano futuro y desarrollo que nos depara con esta juventud bipolar que se traga todo y que critica todo para con sus gustos y nunca con fundamentos, disciplina y carácter.
Yo alegre estoy, viendo como los dobles discursos se caen por enfrente de nosotros y nadie dice ni hace nada (incluyéndome), observando las buenas intenciones que critican a los políticos por ser el poder; ¿que los medios no lo tienen?, ¿qué no lo saben, que no hasta piden leyes para sus intereses, que no censuran, cesan e invisibilizan la información? Me agrada saber que todo sigue igual, que las cosas no se mueven, que todos hablan y esconden la mano, que las costumbres siguen, eso es lo que imploramos ¿no? Jamás olvidarnos de nuestras costumbres.
Para muestra estos dos “programones” que hay que observar de vez en cuando (y nunca más de quince minutos por transmisión) para salud de todos, para ver nuestra entera realidad, para observar que estamos ahí, representados. Que realmente estamos todos jodidos.