Replicantes.

Replicantes.
España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

martes, 19 de noviembre de 2013

ALPS: Los Suplantadores


REDONDO.

Alpeis
ALPS: Los Suplantadores (Giorgos Lanthimos, 2011)

Queda claro, incluso desde el primer plano de la cinta, que la puesta en cámara que estamos a punto de vislumbrar –y a la cual el director nos tratará no de integrar, sino de sumergir– recae lejos de la ortodoxia más formal del cine, pero lejos del posible ruido que pudiese causar se denota como una parte relevante de su discurso visual y narrativo; es una constante. Estamos, pues, ante un cine plenamente autoral que raya en lo personal.

Con “Los Suplantadores” las cosas son más sencillas de lo que pudiesen parecer a lo largo de su complejo disfraz. Si bien su historia se centra por un lado en una debilidad interna, es contada y tratada a su vez desde una esquina peligrosamente coloquial; la necesidad. Es el alejamiento a ciertas convenciones como las unidades dramáticas de los personajes centrales, así como la presentación más “académica” de estos lo que le dan un cierto aire de sorpresa, pasmo y espesura a la vez que tesón, fuerza y vigor a una trama que, hay que decir, cae en su propio juego y se complica más de la cuenta: Un grupo de personas ofrece el servicio de actuar a los recién fallecidos para con sus familias y así solventarles de manera más calma el dolor.

Construida en base a un ligero “des-encuadre” (los tercios forzados al máximo) y el “des-enfoque” (las referencias y puntos relevantes diferidos) la trama se va generando con cierto o mucho apego a la comedía de lo absurdo. Inclusive nosotros, los espectadores, formamos parte del juego; sabemos quienes son quienes, quien representan a quien y somos de igual manera los que dotamos de personalidad a los carácteres de la cinta. Sobre todo para el final de la cinta… Al fin y al cabo, son estos mismos los que han renunciado a sus propios valores como individuos ya sea por su soledad, su posible fracaso, su temor a la incomprensión, o bien su presente venido a menos. Somos nosotros los que los entendemos para bien o para mal, para juzgarlos, advertirlos o bien entenderlos y justificarlos.

Lanthimos, quien ya había llamado la atención del mundo con “Kynodontas” (2009) reaparece en escena con cierta frescura y poder al llevarse el galardón a mejor guión en el Festival de Venecia del año (2011) bajo ciertas remodelaciones y constantes, entre ellas su igualmente desapego a la cotidianeidad: su vuelta de tuerca a la visión cotidiana de los hechos más humanos. Cómoda o incomoda para algunos, esta cinta escéptica se codifica bajo la visión propia del espectador pues todo en ella se encuentra para que éste le de sentido, le de forma y volumen a la no silueta que se traza dentro de su diégesis.

De una apertura interpretativa mediana, “Los Suplantadores” nos va adentrando a lo largo de su metraje en dos historias que terminan por ser las rectoras en la solidificación del señuelo al cual podemos ajustarnos y obtener así un campo emotivo fijo, bien en este caso enfermizo o temible sin dejar de lado un fino recorte de humor. El guión, escrito por el propio director junto a Efthymis Filippou, se conjunta a la centrada –“cabalmente” en la alienada personalidad de nuestros guías– fotografía de Christos Voudouris y el tejido temporal del montaje a cargo de Yorgos Mavropsaridis para dar como resultado una película con sus particularidades.

Lejos de ser una trama de fácil seguimiento, tiene escenas que nos horrorizan de una manera tan sutil, que a la vez mostramos como otorgamos miedo mientras nos compaginamos con ella… Es cierto, bajo ciertos criterios, puede ser una película que no cale de todo en los ojos plenamente occidentales, no obstante, es de un aire liberador para nuestros cánones. Lejos de ser de una mayúscula compostura, se debe observar para entender que el cine griego se mantiene fiel a la construcción del tiempo y el espacio como estirpe y sello de su cine. Sin ser del todo redonda –dista mucho de ello– esta nueva entrega de Lanthimos nos deja un halo de inhumanidad que seguir para descubrir nuestro "yo" más monstruosamente habitual.  

Los Suplantadores  de Giorgos Lanthimos
Calificación: 2.5 de 5 (Regular).


lunes, 11 de noviembre de 2013

Gravity


REDONDO.

Gravity
Gravedad (Alfonso Cuarón, 2013)

Desde los inicios de su carrera, la mano de Alfonso Cuarón se vislumbraba sumamente personal; su visión para el cine se alejaba de los estilos y técnicas del cine nacional que le tocó vivir y experimentar en sus primeros pasos como realizador. Su apuesta fue siempre una constante entre proyecto y proyecto a menor o mayor escala  dependiendo la capacidad presupuestal de sus producciones, es decir, un balance entre el uso de las tecnologías a gran escala y la narrativa de sus historias. Queda claro, entonces, que con su evolución como director todo esto se fue detallando más claramente: el equilibrio previsto entre sus historias (meramente sencillas) y el uso de ciertos procesos bajo pretexto de éstas encontró su constante en el tiempo; el uso de este como eje cronista. El uso de este como una unidad fija y única que le da pleno sentido a la lógica de sus secuencias.

Con su anterior proyecto lanzado a las pantallas comerciales, “Children Of Men” (2006), logró algunas de sus escenas más complejas y mejor logradas en el sentido antes descrito. Estaba pues, en plenas facultades técnicas y monetarias para intentarlo… Habrá que recordar también que incluso en su aporte a “Harry Potter” (2004), el tiempo forma parte elemental de la historia, así como en su colaboración dentro de “Paris, Je T'Aime” (2006), que se conforma únicamente de un plano secuencia.

En Gravedad, el pretexto narrativo es el mismo, sólo que termina por ser sobrado y más que aportar a la historia en si –al desarrollo narrativo del drama– lo aplana; le quita dimensión, volumen, densidad. Lo torna cíclico, previsible y hasta cierto punto peligrosamente cercano a lo inverosímil; sólo faltaba que en la secuencia final hubiera tiburones para que siguiera el martirio. Con Gravedad, es cierto, nos enfrentamos a un desliz plenamente técnico (en cuanto a la tecnología se refiere y no en cuanto a la técnica de la sintaxis más formal del cine). La cinta nos pretende asombrar con sus ambientación espacial que en efecto es impactante pero que no logra el objetivo conmovedor que justifica ciertos elementos del guión… El desarrollo de la trama se mantiene más en la complejidad de los artificiosas y sumamente complejas coreografías (a las cuales se les podrá aplaudir por su elaboración) que por una sucesión de eventos lógicos y sorpresivos que sumen a los campos emotivos y de suspenso que se trabajan dentro de la cinta. Dicho en otras palabras, Gravedad es una película mejor ejecutada que narrada.

Bajo el pretexto y el capricho del campo espacial, la cinta nos presenta ciertas reglas que se van rompiendo a conveniencia durante su metraje. La música, mediana y más apegada al uso del melodrama para poder exaltar y explotar ciertos momentos “sentimentales” que no se lograron cuajar por el uso del lenguaje, compuesta por Steven Price, se une a un montaje que utiliza ciertos artilugios tecnológicos para poder crear ese espacio temporal que lejos de lo contemplativo, también se vence a discreción con –y como– mero afán que justifique el uso de las citadas coreografías. Cuentas aparte rinde la labor de Emmanuel Lubezki (fotografía), Mark Scruton (Arte) y todo el departamento de efectos especiales y visuales cuyo aporte visual es en realidad la gran mayoría de la película.

Las actuaciones de Clooney y Bullock no dejan a desear, no, pero tampoco son profundas… Las acciones a las que se deben también son relegadas por esa cámara constantemente móvil que busca primeramente una estética que una dirección actoral en forma. Gravedad, pues, es resultado también de una galante mercadotecnia en nuestro país debido, lógicamente, a que un connacional da de que hablar en una industria que claramente se ha visto inclinada por manifestar gustosamente el uso de sus nuevos “juguetes”. Las buenas críticas y reseñas lanzadas al albedrío, pues, iban de la mano de un sentimiento de apego.

Gravedad, entonces, resulta ser una entrega más de un Cuarón entregado al cine industria plenamente occidental… Y visto desde esa esquina, claro, resulta refrescante ante sus “camaradas”, sí, pero también habrá que decir que con esta, su más reciente cinta, nos encontramos con su más plana obra cinematográfica.

Gravedad de Alfonso Cuarón
Calificación: 2.5 de 5 (Regular).

martes, 29 de octubre de 2013

Black Sabbath. Foro Sol. México. 2013.


Black Sabbath. Foro Sol. México. 2013.
26/Oct./2013


La tarde fue propicia para la llegada del ocaso; después la oscuridad… La tan anunciada y pronosticada lluvia por los vendedores no arribó y cierto candor originado en el ambiente atenúo la espera para que dos de las escuelas más importantes en la historia del Heavy Metal; la vieja (y original) y quizá la última de relevancia, rompieran la calma bajo el cobijo de la experticia de los años y una energía que, lejos de la lógica de los cansino, se encontró explosivamente renovada. Quizás por la conjunción de los pilares que se habrían de encontrar sobre el escenario: el pasado y su futuro en un presente que concluía su más reciente gira.

Faltaban 10 minutos para las 20:00 horas cuando las luces del foro detuvieron su brillo y cedieron su paso a los watts del escenario. Megadeth, con una energía rica en sustento y nostalgia; sabedora de que su último álbum dejó muchos oídos insatisfechos, planificó su participación en base de clásicos que hicieron a más de uno dar un viaje a sus pretéritos adolescentes y primerizos en el rock; contextuados de manera inteligible en estos tiempos multimedia bajo una serie de videos al ritmo de su fuerza y base que mostraron brío, carácter y sobre todo contemporaneidad (a pesar de haber bastante pietaje de su generación). Su paso por el escenario despertó no sólo los oídos y miradas sino también una que otra conciencia adormilada por el paso de los años. El foro rugió por aproximadamente una hora con todo y los encores. El candor ya roto como copa de cristal por la potencia de Mustaine y compañía dejó  inquietud en el aire, estacionó por encima nuestra la espesura que habría de caer en pocos minutos. El asunto quedaba más que claro; la noche estaba en pleno, pero a la oscuridad aún no la habíamos visto de frente todavía.

Durante unos 20/30 minutos los oídos se mantuvieron turbios, aún se encontraban en la cúpula los riffs poderosos y veloces, los ecos de una época distante traída de tajo hasta las sienes. Bastó entonces sólo un par de palabras, aún con el escenario encendido, para que las últimas barreras temporales se rompieran –era Ozzy llamando a la ceremonia. Black Sabbath, la banda que sacara un disco homónimo hace 43 años y que cambiara el mundo de la música originando toda una ramificación de géneros y estilos a través de sus canciones, se encontraba frente a nosotros. El árbol creador se dejo sentir en pleno con la densidad que creara el concepto del Heavy; lo pesado, lo espeso: la negrura. El abrazo de la historia nos acogió y se respiraron aires de tiempos inmemoriales.

Tonny Iommi con su siempre estilo de “intelectual” (pelo medianamente largo, lentes, gabardina de cuero) y siendo más bien el cura relator de los primigenios riffs y ritos del metal, se postró sobre el escenario junto a la imagen de su primera iglesia, Ozzy Osbourne –que lejos de las pasadas desdichas mediáticas y largos años de malogrados proyectos musicales se notó alegre y centrado en su labor, recitar algunas de las primeras grandes frases en la historia oscura del Rock– al igual que con Geezer Butler como la portentosa base que hizo retumbar los pechos de todos los asistentes al ritmo de su bajo cuasi hasta el agotamiento y la detención, así como el nuevo integrante/colaborador de los Sabbath para esta gira, Tommy Clufetos, quien no sólo hizo su parte de forma decorosa, sino que se hizo notar en cada una de las interpretaciones –de sobra el solo que encaminó hacía uno de los momentos más emblemáticos de la noche.

Ni tan alejados de los elementos multimedia; denotando eso sí las diferencias generacionales con sus predecesores en escena, Megadeth, Sabbath utilizó las pantallas sobre el entarimado para mostrarse junto a pietajes de películas que denotaban y explotaban en la sociedad; en lo oscuro de ésta. Repeticiones y escalas dispares fueron el vestido de una noche de alta consistencia. De un grosor tonal y musical que entonó severos gritos ahogados de generaciones que enmarcan, en si, el legado de una de las bandas más importantes en la historia de la música popular.

Un par de horas más tarde al primer grito que desafiara el silencio que había dejado tras de si la herencia, los murmullos se hicieron escuchar al compás de la canción más tranquila del último álbum de la banda. La gente salía aún sin reconocer el momento y el sitio en que se habían encontrado y sumergido. Pasados los vendedores de playeras, tasas, encendedores, promesas y nostalgia, en las calles los transeúntes se unían sin rumbo fijo; acaso por que no deseaban tenerlo. Quedaba claro, el pasado estaba siendo, literalmente, dejado atrás. En las pupilas y las miradas de todos los asistentes quedaba impreso un sello que entonaba una verdad futura; las noches a partir de ese momento serían mucho más claras. Habían estado en conjunto con Black Sabbath.


SETLIST MEGADETH: Hangar 18. Wake Up Dead. In My Darkest Hour. Kingmaker. Sweating Bullets. Tornado Of Souls. She Wolf. Symphony Of Destruction. ENCORE: Peace Sells. Holy Wars.

SETLIST BLACK SABBATH: War Pigs. Into The Void. Under The Sun. Snowblind. Age OF Reason. Black Sabbath. Behind The Wall Of Sleep. Nativity In Black. End Of The Beginning. Fairies Wear Boots. Rat Salad. Iron Man. God Is Dead. Dirty Women. ENCORE: Children Of The Grave. Sabbath Bloody Sabbath (Intro)/Paranoid.

viernes, 4 de octubre de 2013

Miradas Múltiples: La Máquina Loca


REDONDO.

Miradas Múltiples: La Máquina Loca
Miradas Múltiples: La Máquina Loca (Emilio Maillé, 2012)

Gabriel Figueroa no es sólo el mejor y más importante cinefotógrafo en la historia del cine nacional, sino que es uno de los más notables e influyentes directores de fotografía en la historia del también llamado séptimo arte. Su legado trasciende las fronteras y ha sido, desde sus años en activo hasta el presente: académica, cinematográfica y lúdicamente la escuela de muchos adeptos al cine y la técnica de la luz; una de sus razones de ser y existir.

Su obra no sólo enmarca un estilo sumamente personal y fuertemente distinguible que ha causado a lo largo de los años la imitación como tributo, sino que se alza como relatora; cronista y creadora. Sus encuadres, en conjunto a las acotaciones y sugerencias de Eisenstein sobre el territorio mexicano, trazaron un territorio ficticio en el que todos creían vivir o haber vivido. La fantasía de su cámara se convirtió no sólo en la realidad de las masas, sino en los sueños de generaciones que le relevarían y un simbolismo nacional. Según se relata, fue el primer director de fotografía del mundo cuyo nombre aparecía en los carteles de las películas al ser un indicativo de lo que la gente quería observar y sentir; un estilo apegado a un deseo nacional.

Ahora, a 16 años de su fallecimiento, el realizador televisivo Emilio Maillé le rinde un homenaje más –de todos los que ha tenido (y merecido)– al entrevistar a diversos fotógrafos de alcurnia en el cine del mundo bajo dos vertientes muy claras: su personal oficio dentro de la construcción cinematográfica y el portento y herencia del propio Figueroa. Desde Haskell Wexler hasta Vittorio Storaro, pasando por Janusz Kaminsky, Javier Aguirresarobe, Phillipe Rousselot, Shoji Ueda, Luciano Tovoli y una serie de nombres que han trabajado con directores de la talla de Kurosawa, Kubrick, Bertolucci, Godard, Coppola, etcétera, se dan cita de una manera sumamente simple y franca para hablar sobre estos temas de manera sencilla y esclarecedora.

Junto a algunas de las tomas más poderosas del fotógrafo (la mayoría de ellas sumamente bien remasterizadas) y bajo las entonaciones de la característica música de Michael Nyman, el resultado es un documento que desnuda por un lado el siempre debate combatiente de la labor de un director de fotografía dentro de la escritura de una obra cinematográfica (¿hasta dónde debe llegar su poder?), al tiempo que asombra; no nostálgicamente sino prodigiosamente, a través de los fotogramas (imágenes vivientes) que Figueroa realizara durante su carrera.

Miradas Múltiples: La Máquina Loca es una obra realizada con simpleza y pulcritud, con cariño y honor ante un realizador que bien puede ser la excepción de la regla ante aquellos que mitigan el acercamiento en la importancia de la belleza fotográfica al de la obra fílmica como un todo. “No sólo puede ser bello el campo visual sino todo el conjunto”. Figueroa bien puede ser ese nexo que existe entre estos campos siempre secuaces que a oscura suelen atacarse… Queda claro, pues, que el “arte” de realizar la fotografía en una cinta ha ido cambiando brutalmente con la tecnología; lo ornamental y la técnica ha sido cedido a la prontitud y la práctica. El mundo hoy se mueve y maneja de una forma distinta. No obstante, observar estos pequeños fragmentos ensombrecen la novedad al presenciarse en ellos algo que no es más que la Total Belleza.

Gabriel Figueroa, es pues, uno de los más grandes maestros de la luz. Trabajó con gente de la talla de John Ford, Luis Buñuel, John Huston, Roberto Gavaldón, El Indio Fernández, Fernando de Fuentes y demás. Fue pedido por la industria Hollywoodense en varias ocasiones pero decidió quedarse en México para poder retratarlo de una forma tan especial, que aún al ver su obra en una de esas nostálgicas cintas, se nos aparece en la pantalla como lo que es cinematográficamente y más allá: nuestro hogar... Siempre es y será un buen momento para recordarlo.

Miradas Múltiples: La Máquina Loca de Emilio Maillé
Calificación: 3.5 de 5 (Buena).

viernes, 27 de septiembre de 2013

Cortos Circuitos Cortos


Cortos Circuitos Cortos
A. Güiris V.

Terminé con Margo porque no nos entendíamos, o tal vez porque en efecto lo hacíamos y simplemente así debía de ser. En ocasiones, es cierto, una relación se mantiene como tela rasgada sobre clavos; ya saben, una mano firme basta para colocarla nuevamente en su lugar y darse otra y otra y otra oportunidad. En tantas otras, como es el caso aquí, las partes tan sólo se mantienen por un velcro que pasado el tiempo, deberá gastarse. Parte destino, si se quiere creer en el, parte naturaleza. Éramos tan diferentes como complementarios, y eso, queridos amigos, siempre termina dando un poco de escalofríos. Cuando a mí se me antojaba un helado, por ejemplo, ella venía con la loca idea de pasar el verano en el polo norte simplemente porque “nunca habíamos estado allí”. Cuando me despertaba de una siesta creyendo firmemente que no debía sentir vergüenza de mi estupor, ella lloraba con alguna escena de las novelas de Televisa… Y para cuando ella me encontraba viéndolas sin una sonrisa en la cara, sencillamente decidía solventar las deudas con otro crédito bancario. Nos complementábamos de manera tan atroz, que decidí dejar de abrazarla, besarla y hacerle el amor a mediados de un septiembre bastante caluroso. Supuse que si algún día el pensamiento de matarla comenzaba a vislumbrarse en mi mente, seguramente me encontraría –yo– en el crematorio con la boca sellada en cinta canela y las extremidades (ambas) atadas a una madera. Siempre estaba un paso delante de mis decisiones. Siempre. Creo que en primera fue por eso por lo que comencé a amarla.

Nunca me arrepentí de nuestro rompimiento, incluso cuando me enteré que había sido electa para un cargo de elección popular: Diputada Federal. No había razón alguna para afligirme por ello. Si acaso la posición o la solvencia económica hubieran sido de gran ayuda cuando me despidieron de la planta, como bien me dijeron en su momento mis mas allegados al aconsejarme buscarla, hubiera preferido ser su amante. Es sabido que en esas instancias de poder les va mejor a los consortes. Además, creo que éramos lo suficientemente infieles como para sobrellevarnos uno al otro en ese rol.

En realidad, lo digo a años de distancia, quizá le estorbé más que ayudarle en ese sexenio que pasamos juntos. Ella gustaba de empeñar su palabra en cada merendero y esquina sin importarle razas, credos y colores –o bien si algunos de estos se contrariaban– con tal de sentirse arropada por la comunidad que le rodeaba (así no supiera en realidad nada de ella), mientras yo divagaba sobre como sería estar dentro del cuerpo, la vida y los ojos del primero que me pasará por enfrente cuando caminábamos por la calle, tomados de la mano, en vez de centrarme en como mejorar las cosas en mi trabajo, en mi persona y en mi hogar. Reconozco que cuando nos molestábamos, ninguno era capaz de ponerse en el estado de seriedad pertinente que el otro necesitaba... Tal vez eso sea lo que en realidad extraño de ella, que siempre, no importaba qué, terminábamos riendo cuando las cosas se tornaban turbias. “Eres como un cardiólogo cuyo consultorio está como para darte un buen infarto”, le dije alguna vez en una discusión… A lo que ella reviró diciendo “Y tu como un agente de tránsito que al llegar a su casa siempre queda mal estacionado, pendejo”… Reímos, sí. Recuerdo que reímos bastante esa vez, lo suficiente como para olvidar aquello que nos había quebrado por dentro y en definitiva, pocos minutos antes… Habrán pasado tres semanas, si acaso lo recuerdo bien, antes de que llegará ese septiembre. El septiembre más caluroso que habríamos de sentir juntos.

15 años, pues, se han sucedido desde que abandoné el departamento, 3 meses después de que ella me abandonase a mi; hasta ahora hago las cuentas. No supe más de su persona hasta la campaña, cuando desperté de un largo letargo y me encontraba trabajando en un Oxxo. Fue entonces que decidí terminarla, sí. Terminé a Margo (en mi corazón) porque no nos entendimos, dos quincenas después de mi renuncia. Es cierto, muy cierto, el amor entra por los ojos o la boca del estómago: una buena cena, la llamada primera vista, sí… Pero créanme, la estabilidad entra por los bolsillos y allí se queda junto a la pasión. Es sencillo, una simple cuestión de ofertas y demandas.

Ahora bien, si me encuentro aquí, sentado en una de las mesas del “Toledano”, es porque Pilar se ha molestado conmigo. Y Pilar es una mujer buena, seria y comprometida con la relación. Una de esas mujeres que lucha férreamente ante todas la adversidades que sabe de antemano va a vencer, mientras las tantas otras –la gran mayoría– las olvida en el psicólogo. Una de esas mujeres de buen habla que recibe las visitas de diversos editores de revistas sociales en cuyas entrevistas la pregunta más profunda es “¿Quién es tu ejemplo de vida?” a lo que todas responden indiscriminadamente: “Mi madre” (ni siquiera mamá, o mami). Una mujer de sociedad que a cada mañana, al verla vestirse y arreglarse con ese esmero ante el espejo, me hace preguntarme qué demonios hace conmigo... Aún así, la quiero de sobremanera, quizá la ame; no puedo asegurarlo. Y no es por falta de cariño, pero por los caminos uno se va encontrando diversas piedras de tamaños y formas tan similares, que llega una edad en que la confusión es siempre la ocasión perfecta.

He intentado ser lo mejor para ella, sí, créanme que desde el principio me lo propuse. No le he sido infiel durante estos tres años que llevamos juntos, por ejemplo. Junto a su abogado y hermano he aprendido y sobajado ese estúpido rol de macho con que te educan desde pequeño. Trato de mostrármele, si bien no fresco, al menos coherente con mis sentimientos hacía ella. No quiero que algún día al caminar encontremos que a nuestras charlas les ha pasado lo que a nuestras rodillas; desarticulación, rigidez. Nuestros problemas no son graves, son domésticamente sencillos; la despensa inadecuada (marcas de jabón o champús), el regalo inadecuado (el verde acqua no es siempre el mismo verde acqua), la ordenanza y limpieza de la casa, etcétera. En pocas ocasiones las cosas suben de tono, aunque es normal. Hay situaciones en que le recrimino sus divorcios (dos) y ella mi pasado como recomendador de chocolates y demás confiterías, pero no me vengo a menos por ello, entiendo que es una mujer de categoría y me ha dejado atrás. ¿Qué puedo decir? Son tiempos modernos y yo tan sólo una máquina del tiempo que por falta de uso, sólo viaja hacía el pasado.

¿Saben?, ahora mismo me gustaría regresar a casa, verle a la cara y decirle alguna broma, o intento de… pero ella prefiere una buena cara a una estupidez que conduzca a una carcajada. Una buena tanda de descuentos en Zara o Liverpool a la alta fidelidad del estereo. En ocasiones, es cierto, no nos complementamos, pero créanme que eso resulta muchas veces un alivio. Con Margo la vida era de otro color, quizá carmesí, como el vestido de esa mujer que me la ha recordado hoy… ¿Es curioso como los rojos siempre entonan nuestras nostalgias con los viejos amores, no?, cómo entran en sintonía y luego, pasados los primeros buenos recuerdos, se desvanecen ante el presente… ¡Sí!, me gustaría tener entre los brazos a Pilar en este momento y decirle, en ese abrazo, que no hay nadie más a pesar de los pasados. Que ella es mi única y que pienso serle igual, si ella así lo desea… No estamos, pues, ya a esa edad de casarnos y prometernos no cometer tantas faltas que nos hemos en realidad de cometer, algunas de ellas a consciencia, aunque sea por sociedad y tapujo. Quizá ella así lo piense y lo deseé, es en parte su estilo de vida. Quizás lo hagamos algún día y pronto me encuentre recordando los consejos de mi madre en algunas cuentas entrevistas. Todo puede pasar; la vida lo permite más que lo que el amor lo ciega… Así es…. Lo mejor será pagar la cuenta y salir rumbo a casa a darle buena cara, al menos eso… Después ya se verá.

Me pregunto si Margo aún recurrirá a las risas cuando las cosas se ponen tensas. Espero que al menos sonría… Se lo deseo. 

jueves, 15 de agosto de 2013

Heli


REDONDO.

Heli
Heli (Amat Escalante, 2013)

Ganadora del premio a Mejor Director en la pasada edición del festival de Cannes, Heli, tercer largometraje en forma de Amat Escalante, resulta una de las cinta mexicanas más portentosas en la historia reciente del cine nacional. Deriva, a su vez, de una esclarecedora pero lúgubre realidad nacional; nuestra actual capacidad para observar –cuasi contemplar– actos de violencia con una sensatez de cotidianeidad.

Lejos de las excedidas polémicas que intentaron ponerle sazón a su estreno, “Heli” en realidad da muestras de un cine íntegro, frugal (pero fibroso), intenso y bien realizado… Pensado y llevado de la  misma manera; su intención no es la de demandar (ni señalar) sino la de mostrar… Mediante una historia cuyo corte a primer lectura parece sencillo, nos va sembrando en un mundo que entre rumores, reportes, confesiones y un largo etcétera, nos pertenece en plenitud como sociedad. Heli, su colateral y paciente protagonista, se encuentra envuelto en la rutinaria realidad del sobrevivir bajo el manto de un territorio dominado por el narco; una cultura dominada por la venganza, los ajustes de cuenta; el atropello, la rabia, el estupro y la ferocidad que se enseña y ensaña desde los primeros años de edad, y que no hace más que germinar ante la necesidad… La cinta de Amat Escalante no es, pues, un retrato intimo de la nación mexicana, sino un retrato en si. Una instantánea de tantas posibilidades y sucesos reales que se van conociendo como evaporando ante su propia densidad.

Con un manejo claro de sus personajes, el realizador teje una situación que lejos de salirse de control, denota las consecuencias naturales de un territorio con las características antes descritas.  El terror y la sorpresa no son factores aquí pues la lógica impera de una manera que resulta ser, bajo los códigos establecidos, sensata. Tan legitima como ilegitima: Tan mexicana.

Bajo la bella y eficiente cámara de Lorenzo Hagerman, la punzante edición de Natalia López, el detallado arte de Daniela Schneider y el cabal sonido de Sergio Diaz, la mano –cada vez más madura– de Amat Escalante nos coloca en medio de una situación tan cruda como cinematográfica. Su dirección actoral hace que el talento de sus histriones sea sumamente eficiente y natural, sobresaliendo las excelentes interpretaciones de Armando Espitia como el propio Heli y Andrea Vergara como la hermana del protagonista.

Recibida con dispares valores en el pasado festival de Cannes, Heli nos demuestra la larga distancia que existe entre el tacto y el hecho, el impacto y el retrato de una puesta en escena cruda y veraz sobre la violencia que se ha generado en nuestro país alrededor del mundo; la aceptación de esta y la negación también por parte de todos los involucrados: gobierno y entidad.

“Heli”, pues, se erige en un campo ajeno a los cánones supuestamente regulares del cine mexicano. Demuestra una vez más, e incisivamente, junto a otras cintas de “Mantarraya”, la apertura ya no temática, sino de hechura, técnica y visión autoral. Se levanta no sólo bajo el cobijo de los palmares, sino en sobriedad y eficacia. Es audaz y apremiante, es pasmosa y ferozmente vigorizante. Queda claro, pues, que en esta su tercer película de larga duración, Amat Escalante nos ha brindado una de las mejores películas mexicanas (y por qué no de Latinoamérica) en los últimos años. Se debe de ver, no hay más.

Heli de Amat Escalante
Calificación: 4 de 5 (Muy Buena).

jueves, 8 de agosto de 2013

Halley


REDONDO.

Halley
Halley (Sebastián Hofmann, 2012)

Tanto “No Dream” como “Mantarraya Producciones”, es claro, han ido creando un legado distintivo entorno al cine mexicano. Si bien su camino y toque (cinematográfico) no puede situarse en lo original, su sello revoluciona refrescando el contexto local; abriendo puertas y caminos un tanto desconocidos por la ficticia industria nacional. Y es que no se trata de que todo haya estado perdido, sino más bien no encontrado.

Con “Halley”, ópera prima de Sebastián Hofmann, nos enfrentamos a una muestra clara de ello. Situada en la alegórica prisión que es una de las ciudades más grandes del mundo, el realizador nos coloca frente a frente con el dolor del tiempo, su paso y estancia; no tanto la añoranza (eso queda al margen del encantador decorado). Nos emplaza, pues, a la par de su protagonista, una figura cuasi estática por la que fluye la vida en excepciones. Su trama y ritmo de mediana lentitud nos abraza antes que sumergir, nos induce antes que catapultar. Su estado de animo no es estático sino partidario a la sutil y trivial fricción social.

Bajo el cobijo de lo grotesco, “Halley” se va desdoblando en etapas muy claras y precisas que van dándole cabida y razón a una estructura abierta, sí, pero con un sentido sumamente claro por parte de su director. Sus personajes, excepcionalmente naturales, son retratados bajo un uso detallado y personal del plano que contrasta con esa propia sinceridad que emanan, pues forman únicamente parte de su mundo habitual. Pareciera que ninguno de ellos es capaz de mantenerse a flote con el grueso de la sociedad.

Avocado al detalle de la deformación, no sólo física, de su personaje central sino también de su intrascendencia; con un manejo del encuadre que nos recuerda a las más que eficiente “Hunger”(2008) de Steve McQueen, “Halley” se va abriendo paso eficientemente ante la sobria y consistente fotografía sobre-expuesta y tajantemente desenfocada de Matías Penachino, ante la imponente atmosfera sonora de Aldo Arechar y Uriel Esquenazi, el seductor arte de Gabriela Garciandia, la observadora edición por parte del propio Hofmann y el extraordinario y escalofriante maquillaje de Adam Zoller bajo la coherente trama diseñada por el realizador y Julio Chavezmontes.

Hofmann da muestras, pues, de una portentosa mano para con su cine. Su manejo del tiempo y dirección actoral difiere de algunos otros directores que también han colocado su sello particular en ello como Reygadas o Escalante, pertenecientes ya a un mismo grupo… Con “Halley”, es claro, estamos ante una generación de realizadores que a pesar de conjuntarse bajo mismo criterios, no son un símil uno de otro. Sus particularidades lo dicen todo. Hofmann coloca su sello de manera tajante ante estos nuevos brios de un cine mexicano interpretativo, “abierto”, pero sobre todo honesto.

“Halley”, entonces, no sólo demuestra, una vez más, que el reencontrado cine de autor en México se encamina en calidad y tacto artístico, sino en la posibilidad de vivirlo, sentirlo y reaccionar ante el. Deja entrar la luz en rendijas antes desprovistas de cerrojos y llama a su experiencia. Hofmann y se equipo, pues, han armado una de las cintas a ver este año; una bella película que nos retrata y escupe a la cara que quizá la amarga soledad no está tan lejos de la siempre buscada eternidad.

Halley de Sebastián Hofmann
Calificación: 3 de 5 (Buena).