Replicantes.

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España, 2009.

Sunset Boulevard

Sunset Boulevard
España, 2009.

El que Busca Encuentra

lunes, 24 de septiembre de 2007

Sideral

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Para mí columna de este lunes decidí burlarme un poco de este nuevo emperador mediático que es el Internet - tantos años coexistiendo con el y nunca se me había pasado por la mente tratar de adjetivarlo.
Como es mi baja y vaga costumbre – debido a lo cascarrabias de mí personalidad – no le va muy bien en mí escrito, aunque sí opino que la penitencia que carga no es culpa de el sino de sus usuarios, en fin…

SIDERAL.

Abrir el Internet siempre es una sórdida sorpresa, un golpeteo constante a la cabeza que no cesa hasta que alguno de los dos contrincantes, el hombre o la maquina, ceda por completo ante los pedimentos del otro.
Por ejemplo, durante todos estos años en que he tenido que convivir con estas nuevas tecnologías- como vulgarmente se les han nombrado - he descubierto con igual asombro mi alienación ante ellas. Aunque claro, nunca he creído eso de que inmerso en su universo, uno puede viajar por la entereza del mundo, en todo caso, el traslado virtual que uno hace dentro de este espacio, es, para mí, sólo el éxodo de la pena del mundo; la vagancia de todo el errar y posible acertar humano.
Debo aceptar que en ocasiones, cuando me despego un poco del mundo - en pos de un poco de paz - debo retornar a el para encontrar un motiv que explote el texto que debo escribir a cada semana para este espacio; cosa que me agrada en demasía por que me doy cuenta de lo ruin e indignos que somos como raza.
Y apartado, debo enterarme de lleno de todo este ramplón colectivo de referencias sociales. Por lo que me dirijo a la herramienta más pueril y tramposa de todas con la que cuenta este piadoso ordenamiento humano; la afamada red - entonces me queda la eterna duda de si quedamos como las arañas o como las moscas, como la victima o el victimario.
Todas las semanas entonces, llenamos estos espacios virtuales de todo y nada, de pocas cosas que realmente valen la pena y la sobajamos de pura hablilla política, deportiva o del vulgar espectáculo nacional que maltrechamente nos representa en un mundo sobajado por videos de bromas pesadas (humillantes), fotos amarillistas, músicos mediocres y oportunidades sin cesar para echar a perder el lenguaje, con el llamamiento mediático para que todos apliquemos las triviales e improvisadas técnicas de grabación, captura y composición. En fin, al pueblo hay que hacerlo sentir importante, ¿o no?
Para mí es risible y fascinante el adentrarme al mundo del Internet, pues es en su discurso lleva la penitencia, la mentira que ofusca su verdadero brillo. El mundo no se encuentra en nuestras manos, sino el instinto de cada ente a tratar de discernir entre la regla y lo opuesto a ella (abriendo el campo totalmente a la interpretación) para poder expresar algo - y que en muchas de las ocasiones no rebasa esa categoría (del vil intento).
El Internet para mí, en su mayoría, es la más grande broma jamás desarrollada, una más de las promesas del postergado progreso mundial. Es claro, también un pretexto para andar disponiendo de la sapiencia popular y adoptarla al discurso global, es un momento relegado en el tiempo, es la manifestación de la faltante cultura, el disimulo para la creencia de una pertenencia; la del ciudadano mundial.
Cada que me abro paso sobre este campo de información internacional, me percato de lo ya percatado, digamos que sólo puedo evidenciarlo de alguna manera. Percibo más lo que somos y menos lo que no; la lógica pues, revuela ante los incrédulos ojos de las nuevas generaciones que cada vez olvidan más la capacidades reales de expresión artística, acercándose a actividades de la boga contemporánea tratando de ubicarlas como subculturas que parten, según ellos y nadie más, de movimientos de décadas pasadas que en su trasfondo contenían elementos de revelación social; cosa que no logran entender del todo pero que no valen la pena, la imagen es y será la importante. Lo que me hace pensar que la red es usada de la misma forma en que toman un libro, dígase claramente, sólo ven los dibujitos. ¿Por qué la quieren tanto entonces? Pues en ella existe la diametralmente oportunidad de cortar y pegar información sin ser revisada, (ilusos aquellos que impliquen aquí el concepto de análisis). La Internet, pues, es siempre una sórdida sorpresa que nunca cambia, sólo se llena de lo mismo. Bienaventurados.

¿Dónde estas Hermano?

REDONDO.

¿Dónde estas hermano?
(O Brother, Where Art Thou? Ethan & Joel Coen, 2000).

Se escucha un disparo mientras un tranvía pasa, es la década de los 40. Tom Reagan sabe que alguno de los dos que aún quedan con vida ha muerto, su plan está a punto de ser culminado. Lentamente sube por las escaleras mientras se delata el rostro desangrado de Johnny Caspar. Acorralado, en una esquina, se encuentra Bernie Bernbaum. Tom establece una inteligente y muy desarrollada charla para el poco cerebro e inventiva de Bernie, lo desarma y le hace confiar en el por última vez en su vida, minutos después le confiesa que debe matarlo. Bernie cree tener la solución, se arrodilla ante él a llorar como en la anterior ocasión en que debía de matarlo. Bernie sollozadamente le pide que escuche su corazón, a lo que Tom responde: ¿Cual corazón? Y le atraviesa la cabeza con un balazo.
Una de las primeras imágenes con las que me topé al enfrentarme al cine de los Hermanos Coen fue la muerte, aunque estoy seguro de que a muchos les pasó lo mismo, y es que hablar de la inventiva de esta pareja de realizadores uno no puede quedar conforme. Su ingenio traspasa la vida misma de sus personajes que divertidamente matan una y otra vez.
Ocasionalmente se dan a la tarea de aligerar la carga de su excéntrico e impresionante humor negro bajo uno de los discursos más crudos de los últimos años. El círculo narrativo que manejan siempre ha de guiarse temporalmente, originando como solución a sus conflictos más conflictos aún. Sorpresa tras sorpresa en lecturas aparentemente simples, permanentemente complicadas; cargadas siempre de una de las filosofías cinematográficas más originales de las últimas generaciones.
¿Dónde estas hermano? es un viaje regido por todo menos por la fe. Es la miseria, la sordidez y la codicia la que nos guían por esta variación libre de la Odisea de Homero; tres convictos de los años 20, prófugos de la justicia - bendecidos por la inventiva de uno de los héroes más memorables de la historia, Odiseo (Ulises; un líder nato que nos guía por este vagar, no en aras de la libertad, sino en pos de un desarrollo secular) - entablan el mediocre viaje hacía la promesa.
El tesoro prometido está por perderse, el desarrollo ha de llevárselo bajo el manto del futuro venidero, la modernidad - el sur va a cambiar nos dicen, y el sur cambió. El viaje, pues, no es otra cosa más que el despido de toda razón de fe; las esperanzas se han ido, se le ha dejado el destino a las manos de la nueva política, la que no cree en tratos sino en la deshonra del contrincante. La moral, entonces, queda varada en un anillo perdido en medio de un rió hecho por el hombre en pos de la renovación - justo en el mismo sitio en el que el mal es negado y enterrado; justo como para nunca dejar ese lugar. La inundación fue anunciada, el desarrollo prometido. La vida moderna llega en tiempo y forma, sin retrasos ni demoras; la vida no espera y es la vida de estos tres corrientes y grises hombres la que creyentemente se salva, justo después de la noche en que los hombres los habían condonado por sus errores; el desarrolló ahora lavara los pecados.
El mundo ha muerto, el futuro se aproxima y con él las nuevas manías del hombre. El Blues (el grito del individuo común) se ha vendido, se ha dejado vencer en un crucero donde su voz - la del hombre de las penas constantes - le ha cedido su alma al diablo, los hombres se convierten en animales, pues el amor ha descubierto el encantamiento de su veneno, los humanos se han deslumbrado por el artificioso poder capital y han perdido parte de su vista; ahora concentran todos sus sentidos al dinero. El mestizaje ha sido borrado, ahora todos seremos parte del mismo pecado; el génesis de la vida, dictado mucho antes de las doctrinas de Homero, ha sido ostentado en una soez campaña política, en una vulgar fama que es dada por necesidad y talento, por un insignificante viaje sin sentido, inmerso y originado por medio en una mentira y repleto de traidores, ladrones, charlatanes, racistas y asesinos – todos ellos, justificados por la necesidad de ese mundo moderno prometido por una voz silente que se escucha entre las líneas del dolor de aquellos que picaban piedra para curar su pena y rogar su perdón.
Los hermanos Coen nos golpean con risas y burlas, nos arrojan a la cara nuestra propia naturaleza humana, nuestra debilidad principal, nuestro razonamiento pueril sobre los malos actos que siempre se quieren ocultar bajo las faldas de la fe. La natural ignominia que significa ser humanos.
Los Coen desarrollan su trama, nos insultan y se insultan, nos ignoran en un tiempo; - nunca hemos de cambiar parecen decirnos - y se dan el lujo de sacarnos una que otra risotada. ¡Que mejor que burlarnos de nuestra mísera pena, ajena a dios, al diablo y a todos a los que los acompañan ya muertos! ¿Será por eso que maten a tanta gente?
Necesitamos del mal para seguir siendo humanos. Desde muy temprana su carrera nos lo han dicho con magistrales obras que no dejan de sorprender, es un discurso negro - oscuro internamente pero que de frente nos llena de un gran rato de buen cine. ¿Dónde estas hermano? no puede ofuscarse de las obras que le anteceden así como las que le continúan. Es parte del maravilloso discurso del demérito humano, del antisueño americano, de la falaz fragilidad de la naturaleza humana, del saber que la vida es tan sólo un paso más para de nuevo encontrarnos, frente a frente, con la muerte. En está ocasión, como un viaje que ha vencido el mortal paso del tiempo. La musa nos ha escuchado, roguemos.

¿Dónde estas hermano? de Ethan & Joel Coen
Calificación: 3.5 De 5 (Muy Buena).

El Desesperar de los Muertos

REDONDO.

El Desesperar de los Muertos.
(Shaun of the Death. Edward Wright, 2004).

Cuando George Romero presentó al mundo su primer filme “La noche de los muertes vivientes” en 1968, dictaba con un muy bajo presupuesto un discurso más inteligente de lo que implicaba una película independiente acerca de muertos que despertaban de su eterno letargo. En el entramado de su historia advertía un alejamiento humano de la humildad, la compasión y la humanidad misma. Romero ubicaba al humano rendido ante una cultura de consumo bajo el naciente género del cine gore, abrazando parte básica y fundamental de las religiones sincréticas de Haití.
Después de esto, generaciones de realizadores se desbordarían ante la creciente hechura de este tipo de cine, un cine que no muchos aceptaron en ese momento y que aún sigue siendo rechazado. Bien dice Andrés Pascoe Rippey, experto en el cine zombi: “La gente educada, culta y fina suele ver con desprecio las películas de muertos vivientes. En parte tienen razón. Los fans del cine zombi – y del cine de terror en general – son una especia con una gran tolerancia a las malas películas, dispuesta a ver cosas que la mayor parte de la gente nunca vería.”
A casi 40 años de la aparición de los muertos vivientes en el cine, y posterior a que muchos de los cineastas que comenzaron en este estilo pasarán a las grandes ligas de la industria, encontramos a Romero aún enamorado de sus seres, de su doctrina acerca del humano contaminado por la política y la mercadotecnia. En una etapa de rezago ante este culto, salvo remakes que no agregan nada al género, es que nos topamos con el filme “El desesperar de los muertos”; comedia tributo a este mundo dentro del séptimo arte; un entretenido largometraje que nos divierte partiendo del culto que nos atrapa con una hechura pocas veces vista dentro de este tipo de cine.
Lejos de acercarse a la doctrina de Romero de manera eficaz - y en varias partes de fina manera - lo que absorbe a la trama principal de esta película es el quebranto irónico en una avanzada premisa de romance. Un muy sutil humor negro que avanza ironizando el modus vivendi de una contemporánea sociedad inglesa.
Edgard Wright, su director y Simon Pegg, coguionista en conjunto con el director - y a la vez personaje principal - nos contextúan desde el inicio en el bunker que siempre establece el género. Lo irónico se establece desde la naturaleza del tributo, ahora no es un centro comercial el retenedor de la masa consumista, sino un bar inglés el que será el testigo fiel de todas las resoluciones habidas y por haber en un mundo contextuado en el presente. El amor, el dinero, la vida, la muerte y la familia se basarán en las últimos pedimentos que se encargan ante el misterioso ser que ha de verter en nuestros vasos - Algo ya llevado a la pantalla de buena manera por Fred Schepisi en el 2001 en su filme “The Last Orders”.
El desesperar de los muertos despierta bajo el manto tendido de la rendición de un tributo, sin más miramientos que el exacerbar un poco los clichés de una situación de crisis de identidad personal, que se ve reflejado en una homogénea relación amorosa - que pide a gritos un cambio y una renovación - y el alejamiento familiar causado por el rencor de los años que mantienen a Shaun, nuestro protagonista principal, recluido en un trabajo adolescente al ya casi llegar a la tercera década de su vida. ¿Cómo te va?, le pregunta Yvonne, en cada encuentro casual que tienen durante el filme; obviamente el concepto de sobrevivencia cambia, madura. El amor, la lucha por la vida y el derrocamiento de la muerte bajo el ímpetu del consumo por un casual consumidor fiel a su proveedor es, tal vez, el máximo discurso que tiene esta película. Pero no podemos pedirle más a esta enternecedora comedia que garantiza un atrevimiento dentro del género, tal vez el único después de “Bad Taste” del entonces debutante Peter Jackson. Este filme es en realidad lo que promete ser, una divertida comedia romántica británica repleta de zombis de buena manufactura.
El hecho consumado de un buen rato frente a la pantalla y de unas buenas risotadas es algo ya no tan visto ni siquiera en las comedias burdas de los estadounidenses. El desesperar de los muertos es un buen momento, un tiempo ganado en la sonrisa y en el recuerdo de una película que recomendar sin más miramientos que el hecho de disfrutar de una agradable pesadilla.

El Desesperar de los Muertos de Edgard Wright.
Calificación: 2.5 De 5 (Regular, divertida).

lunes, 17 de septiembre de 2007

Eme, e, acento, equis, i, ce y o.

EL BOLISLLO IZQUIERDO

Esta es la primera columna que sale al mismo tiempo en que se publica en cierto diario local.
Como es de algunos sabido, hace unos cuantos días se celebró en nuestro país el dizque grito de independencia; y como bien menciono en alguna parte del siguiente texto, todos los años me doy a la tarea de escribir sobre este disimulo. He aquí la de este año…

EME, E, ACENTO, EQUIS, I, CE Y O.

Los tequilas se fueron traspapelando. Lenta y sigilosamente mutaron “milagrosamente” en unos muy comunes - y por tanto corrientes - whiskys escoceses, en la igual tarda y falsa celebración de la primera quincena de Septiembre.
Los tricolores adornos que engalanaban con mísero intento el techo - muy a principios de la ya tradicional fiestas de pretexto - formaban parte ya de la impureza del suelo; todos los pesos y centavos que habían costado los papeles maché y china eran ahora pisoteados por los ex-bebedores de tequila.
Confieso abiertamente que entre todas las dudas que me han mantenido incesantemente con vida durante todos estos años; una es la que en particular nace y renace siempre cuando se acerca el ya rebasado 15 de septiembre. ¿Por qué si celebramos la independencia disimulamos todo a la usanza de la revolución? Ya saben; sombreros de palma, adelitas, rebozos, nopales, botas de piel tipo charro, hebillas vistosas y el ya exhibido tequila (la fiel voz de la sinceridad del mexicano). En lo personal, preferiría un estilo más Victoriano.
En fin, supongo que hay cosas que no tienen una respuesta del todo clara; cosa que me he respondido románticamente en cada ocasión con el sencillo rezo de vivir en una tierra surrealista por naturaleza. ¿Por qué nos vestimos como revolucionarios en la “celebración” de independencia si eso fue 100 años después? Es el México surrealista me digo, me apapacho y me alejo del tequila, prefiero el Ron y esa es mi libertad.
Los tequilas, pues, se habían traspapelado, mejorado o empeorado según el gusto del cliente. Los tricolores eran ya parte del prado urbano del festejo, el fin se había perdido como en todo fin de semana, el pretexto inicial yacía oculto y sedimentado en la botella de tequila que poco tenía de morir. Y mientras los corazones rotos se zurcían de nueva cuenta en los primeros compases del estereotipado y vulgar cántico puertorícense, los cuerpos se fundían en un candente baile sin sentido, dejando atrás toda tradición vencida, se dejaban conquistar, pues, por el sentido común de una vida cualquiera. Los símbolos eran pisoteados por todo el conjunto.
Algunos - los recalcitrantes puristas - bien pudieron sentirse ofendidos. ¡Miren que dejar atrás todo lo que implica ser conacionales! Pero yo no, no me ofendo, ni cristianizo ni maldigo. Año tras año escribo en este espacio acerca del sobrevaluado festejo de independencia. Todo pasa/ nada pasa.
Mucho se ha dicho ya de que en realidad no somos ni independientes, ni libres y muchos menos autónomos, pero en un discurso ampliamente más vencido como el mío, lo razonó de una manera un poco menos acorde con la moral patriótica que nos debería enorgullecer. Lo más cercano a la libertad que podemos llegar a tener, es simple y llanamente la subordinada elección de la cultura de masas.
El mexicano es una mezcla de todo aquel que nos ha vertido (y de los que nos verterán) un poquito de flagrante cultura populachera (no tanto popular), multiplicada a la potencia de la irracional naturaleza surrealista que siempre he defendido. El mexicano, pues, es un coqueto muñeco voodoo vestido de charro futbolero con cerveza en mano - por aquello de que se nos desarrolle la costumbre del deporte - y actitud de galán machista pueril y contracultural que en ocasiones le da por vestirse con la camisa de moda (en los tonos de la temporada), con la absurda creencia de que siendo una homogénea plasta para con el todo, llamará más la atención. El mexicano es creencia vil, por eso la virgen, la policía y el fútbol, por eso cuando El Papa vino a esta tierra lo inmortalizamos con la rola de un brasileño. Por eso adoptamos a cuanto “artista” de las bajas legiones del mundo; porque somos creencia y creemos en él. Por eso celebramos la independencia con toques mexicanos que después pisamos; porque pretendemos lo que se debe en cada contexto que nos es dado.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Ar-ma-ge-dón

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Un día me encontré con la cruel realidad de un domingo ya entrada la tarde - cuando uno quiere distraerse un poco del mundo y este lo abofetea fuertemente con la programación del televisor. No importa que sistema de cable o satélite se tenga, uno nunca encuentra nada bueno; lo que envuelve con una misteriosa tela de interesante a la programación nacional. En aquella ocasión estuve tentado a ver los maltrechos y penosos “realitys” de televisa. Me detuve, me regañé, me imaginé en el fin del mundo y me petrifiqué. He aquí lo que escribí inspirado en ese instante.

AR-MA-GE-DÓN.

Ruinas, ruinas y más ruinas. Posiblemente debemos irnos acostumbrando a observar dichas imagines en el televisor (el verdadero mejor amigo del hombre… …flojo), instruirnos a la visión del post-apocalíptico mundo que desde niños se nos mostraba en caricaturas como Thundar el Bárbaro. Puentes caídos en estados unidos (sí en minúscula), China y próximamente en… (mejor no profetizo nada), así como la mina derrumbada en Utah que dejó sepultado a todos sus trabajadores, que como severa lección para todos nuestros conacionales, nos demuestra que este tipo de tragedias no son exclusivas de nuestros territorios. Y ya para que todo quedase más claro, dentro de dicha desventura internacional, mandamos a nuestros representantes nacionales; en eso sí nadie nos gana - el otro día, por ejemplo, rememoraba aquello del fuego eterno en Francia que resulto no ser tan eterno después de su encuentro con un paisano en el mundial -.
Y es que con esto de dichos paisajes derruidos, el calentamiento global y sumando el estado de las carreteras que tenemos en el país, así como los agobiantes topics de los reallity shows (con todo su nombre cache), empieza a formarse en mi mente la imagen que muchos han tratado de imponer desde algunas décadas atrás, respondiendo aquella milenaria pregunta ¿Cómo será el futuro?
Es ahora que empiezo a observar el futuro, como presente inmediato y luego como un pasado no lejano que no deja de ser elemento para una lectura más a futuro, que me doy cuenta que malgaste parte de mi fe al confiarles esa visión a algunos de mis directores favoritos. Siendo el 2007, nada de este mundo tiene una connotación con todas esas cintas de ciencia ficción, que en efecto, si mostraban una vida pos-revolucionada después de un cataclismo natural, mora, ético y/o político que había trastocado los mismos nodos de origen social del mundo.
Revalorando todos estos factores y observando los primeros indicios de mutación (¡cuanto feo se encuentra uno ya en la calle!), me he tirado ya a un vicio imprescindible de nostalgia y terror. Jamás me imagine un futuro tan caótico e hilarantemente surrealista como el que estamos viviendo, es más, no creo que ninguna mente, por más imaginativa e inteligente que fuera, lo habría llegado a pensar.
Cautelosamente camino por las calles sin saludar a mucha de esa gente con la que he de luchar por un pedazo de pan y una gota de agua en unos cuantos años, a la que dentro de poco tendré que acusar de traición a la soberanía autoritaria de los que se quedaron con el poder, el dinero, las bellezas naturales y todo lo que nos unía con el medio ambiente para sentirnos parte de una creación divina (sin tener que manifestar un sentido de deidad).
Posiblemente cohabite debajo de uno de los tantos puentes caídos (y no gracias al cataclismo), sobrellevando el hambre, la sed y sobre todo el placer cultural. Me imagino que para esos años podré comprar otro tipo de placer con algún buen disco de antaño, de esos que desde hoy he empezado a cuidar más para poder sobrellevar la post-apocalíptica que nos deparará a todos.
Y varado en ese terreno de lo que alguna vez fue, meditare lo que alguna vez observe y viví, los niños se me acercarán para que les cuente historias fantásticas llenas del ya inexistente color verde. Así será mi vida, sí, un poco cruel y triste pero que a ciencia cierta, debo admitir, tendrá un nexo con el pasado más bochornosa de esta época. Puedo jurar que en ese árido e infecundo mundo que heredaremos, los timbiriches seguirán siendo escuchados y tocados; como una muestra de lo que debimos erradicar para los que recordamos, y aún como una hipnosis social para los ignaros que no deben de pensar en el mal que se le hace a la comuna. No cabe duda, televisa lo logrará.

De Regreso

EL BOLSILLO IZQUIERDO

En forma de cuento escribí en la ocasión en que tuve que presentar esta columna. No tenía mucha tela de donde cortar para una opinión acerca de lo que en ese momento se presentaba en las noticias, así que me dirigí a mi buena e imaginaria banca de parque donde todo pasa… … he aquí otra de esas cosas que suceden.

DE REGRESO.

…Y nos encontrábamos sentados en la misma banca del parque; ella con el sol de frente – había decidido no sentarse en la parte en la que daba sombra el edificio contiguo – contando cierto relato de abandono y desazón; y yo, apacible, únicamente respiraba su historia.
Nos habíamos encontrado súbitamente mientras me sentaba en la banca que ella había elegido para tomar el sol. Su rostro estaba sonriente de lágrimas, deslumbrante ante ese sol que lentamente quemaba el daño de quincenas pasadas – en el último par de años había aprendido a contabilizar las fechas por medio de las fechas de pago -.
En cambio, para mí, ese día no había tenido nada en especial; salvo el instante aquel en que casi nos atropellaba (a unos cuantos y a mí) uno de esos camiones de servicio urbano, y los momentos en que mi miedo “animal” se había manifestado al ladrarme un perro y al abalanzarse sobre mí una de esas malditas palomas del parque; hechos ya bastante comunes y coloquiales, no obstante, eran lo más parecido a algo que pudiesen darle color al grisáceo día que había amanecido para mí, - juro que no volveré a levantarme por la parte de enfrente de la cama.
Cansado de buscar una aventura, y agotado de correr por aquella empinada subida después de oír el rugir de un perro enorme (basándome en el decibel de su consecuente ladrido), opte por buscar una sombra. El único rincón en que se asomaba un lúgubre espacio para descansar del quemante sol era a lado de esta mujer que estaba por conocer.
No puedo decir que no era bella, pero creo que todos sabemos aquí que alguien con un dejo de tristeza nunca ha de mostrar su mejor rostro. Ese siempre viene acompañado con el desfigurado semblante de una buena carcajada, y más si esta proviene de una burla con trasfondo de tragedia humana. En fin, no puedo decir que no era bella; lo que agradezco de sobremanera, digo, era una mujer bastante atractiva, y si bien me la hubiera topado en su rutina de alegría, no se que tantos malos pensamientos habrían pasado por mi cochambrosa mente.
Había dejado de llorar aproximadamente media hora atrás. El tostado de sus lágrimas lo delataban casi con exacta precisión. Yo me senté, un poco consumido por el temor infundido de aquellos pesados ladridos, y segundos después de un ataque aviar.
Al principio no me percate de su desconsuelo; eso sucedió cuando mi perversa naturaleza empezó con su accionar, y mi alocada lógica comenzó a preguntarse porque esta loca mujer – nótese ya como el calificativo predominaba – no había elegido la parte con sombra y dejar a algún mísero ser la parte con sol en este día con exceso de calor (en este caso yo). Estaba en eso cuando mire de reojo el rostro de esta loca mujer, estaba en eso cuando me percate que al parecer, ella ni siquiera sentía el calor de ese sol que quemaba su sonriente olor a tormento.
Al verse acompañada cerró sus ojos y agacho la mirada; pero no pudo contener el habla. Platicaba sola su desgracia, yo respiraba su historia de una manera apacible, tratando de entender el lenguaje extraño pero familiar con el que la contaba.
Éramos dos personas que se habían conocido como sólo las personas se pueden conocer; de una manera tan común que se convierte en especial.
Ella era una mujer bella, alejada por mucho de su hogar – lejos de casa como suele decir un amigo – y que cargaba un penar ajeno, no muy justo que digamos. Yo era un tipo asustado por lo coloquial y común de mi territorio – de mi casa –. Éramos dos personas que no se podían del todo definir…
…Y nos encontrábamos sentados en la misma banca del parque; ella con el sol de frente, y yo, en medio de las sombras…

Hoy

EL BOLSILLO IZQUIERDO

Esta columna fue escrita pensando un poco en el pesar cotidiano de los días. Vienen, se van y regresan de nueva cuenta. Es un ciclo malicioso que ha de terminar algún día con nuestra vida. Sintiéndome aprisionado, fue que traté de darle un poco más de sentido a esa cárcel.

HOY.

“Los días comienzan y se acaban”, nos dice una canción, y si mal no recuerdo, nos lo decía también una película. “Y es que ahí el tiempo es muy largo” acababa diciendo, repito, si mal no recuerdo.
Pero es que al final de los casos, todos los casos - incluyendo los de la cocina - es de ahí que parte el encanto del cotidiano accionar de todas las funciones que nos dan la vida; el saber que en algún momento han de detenerse para dar paso a un tiempo aún más largo.
“Los días comienzan y se acaban”, y mientras ese transcurrir sucede, a mí me da el tiempo exacto para salir a caminar un rato, saludar a unos cuantos conocidos en el camino y platicar un rato con el aire todas sus historias; mientras ellos van quedado atrás. - Ese de allá es Orlando, un adicto al desamor, ¿Qué cómo es un adicto al desamor? Digamos que le encanta enamorarse de quien sabe, lo va a dejar. De esa manera siempre está un poco a la búsqueda de alguien más (según él, el amor verdadero) y mucho muy triste por aquella que lo acaba de traicionar (el que no lo fue, según él, claro). Posiblemente después de Orlando nos encontremos a Raúl, él cree en la resurrección, es más, dice estar en su sexta vida. Un día le cuestione que si después de tanta experiencia no se ha percatado de la ineficacia de seguir siendo humano, pero no supo que contestarme en realidad.
Orlando y Raúl, o tal vez al revés, o tal vez otras personas; no siempre he de tomar las mismas calles para llegar al mismo sitio. En ocasiones, incluso, camino sin rumbo fijo, sin oficio propio, con faena ajena; dejándome llevar por los momentos que se van suscitando a mis alrededores. Sé que por mucho que me apure, se me irá haciendo tarde; al fin y al cabo, “los días comienzan y se acaban”.
Los días…
Comienzan cuando uno abre los ojos con el objetivo de acabar cansado de trabajar y disfrutar de dichas pláticas, cuando uno requiere de dicha comodidad para acabar en los brazos de una bella mujer, o pareja, o bien de la suma - en importancia - tristeza que corteja desde hace algunos años el buen Orlando, y a la cual, no ha logrado conquistar del todo.
Terminan cuando se decide cerrar los ojos con la esperanza de reabrirlos en un lugar mejor, o bien, por lo menos, en el mismo sitio que uno dejo al retirase para dirigirse a la onírica experiencia de volar, de volar y ser acompañado por esos mismos brazos en los que uno se está reconfortando en la plena experiencia de vivir soñando.
“Los días comienzan y se acaban” Esa es su naturaleza, al igual que la nuestra, en ocasiones hasta pienso que todos estamos hechos, verdaderamente, de tiempo y no de ese amor del que habla todo el mundo.
Claro está que en ocasiones ni siquiera salgo de casa, me guardo un poco de la lluvia, el sol, el polvo, el frío, el calor, o cualquier situación en que nos ponga la eterna y repetitivamente, moribunda jornada.
En ocasiones, únicamente, me doy el tiempo para comer un pequeño pedazo de pan para “bajármelo” con un poco de leche fresca o un buen café en compañía de alguna buena plática; (las pláticas con pan y café son buenas). Y claro, siempre he de encontrarme con aquellas buenas conversiones que me sitúan, no como el que camina y deja todo atrás, sino como el estático que es dejado atrás. Me pongo del otro lado de ese diario rolar y me rió en la soledad del hogar. Espero que la última gota de sangre del día caiga y yo pueda irme con el (de la mano).
Todos tenemos nuestros ratos en que no queremos saber de todas esas “malas-nuevas”, tan sólo queremos recordar las calles como bien las dejamos y no enterarnos del nuevo bache noticioso. Al fin y al cabo, algún día tendremos que volver a sentirnos parte de la lluvia, el sol, el polvo, el frío, en fin, del mundo, “Y es que ahí el tiempo es muy largo.”